10 junio 1990

Se formaliza el fin del régimen comunista

Elecciones Checoslovaquia 1990 – El partido de Vaclav Havel arrasa con más del 48% de los votos consolidando el mando del primer presidente democrático

Hechos

El 9 de junio de 1990 se conoció el resultado de las elecciones legislativas en Checoslovaquia.

Lecturas

La transformación institucional de Checoslovaquia fue extraordinariamente rápida. Durante cuatro décadas el poder efectivo había residido en el Partido Comunista de Checoslovaquia (KSČ): formalmente existían presidente de la República, Gobierno y Asamblea Federal, pero el secretario general —Gustáv Husák hasta 1987 y Miloš Jakeš desde entonces— y el Presidium del partido constituían el verdadero centro de decisión. La Revolución de Terciopelo, desencadenada por la represión de la manifestación estudiantil de Praga del 17 de noviembre de 1989, hizo que aquel edificio se desmoronara en apenas semanas. El 24 de noviembre dimitió toda la dirección comunista encabezada por Jakeš; el 29 de noviembre, la Asamblea eliminó de la Constitución el papel dirigente del Partido Comunista; y el 10 de diciembre, Husák nombró un Gobierno de mayoría no comunista encabezado por Marián Čalfa y, acto seguido, dimitió como presidente. Resultaba especialmente simbólico que Čalfa procediera del propio aparato comunista: sería uno de aquellos funcionarios que comprendieron rápidamente que su futuro dependía de colaborar con el nuevo régimen.

El protagonista político de la transición fue Václav Havel, dramaturgo, antiguo portavoz de Carta 77, varias veces encarcelado y convertido ahora en cabeza visible del Foro Cívico (Občanské fórum). No era todavía un partido convencional, sino una amplísima plataforma que agrupaba desde antiguos disidentes y liberales hasta socialdemócratas, conservadores, católicos y ciudadanos sin experiencia política; en Eslovaquia su equivalente era Público Contra la Violencia (VPN). El 29 de diciembre de 1989 ocurrió una de las mayores ironías del derrumbe comunista: la todavía vieja Asamblea Federal, cuyos miembros habían sido elegidos bajo el sistema anterior, escogió por unanimidad a Havel presidente de Checoslovaquia. Alexander Dubček, símbolo de la Primavera de Praga de 1968, recibió mientras tanto la presidencia de la Asamblea Federal.

La legitimidad propiamente democrática llegó los días 8 y 9 de junio de 1990, con las primeras elecciones libres en 44 años y una espectacular participación superior al 96%. Checoslovaquia mantenía una estructura federal y un Parlamento bicameral de 300 miembros: 150 en la Cámara del Pueblo y 150 en la Cámara de las Naciones, esta última repartida paritariamente entre checos y eslovacos. El resultado constituyó una victoria abrumadora para las fuerzas que habían hecho la Revolución de Terciopelo. En la Cámara del Pueblo, Foro Cívico-Público Contra la Violencia obtuvo el 46,6% y 87 escaños; sorprendentemente, los comunistas sobrevivieron como segunda fuerza con 13,6% y 23 diputados; la coalición democristiana obtuvo aproximadamente el 12% y 20. En la Cámara de las Naciones, OF-VPN alcanzó 45,9% y 83 escaños, frente al 13,7% y 24 de los comunistas. En total, las dos organizaciones vinculadas a la revolución reunieron 170 de los 300 diputados federales.

Havel optó por la continuidad gubernamental y el 12 de junio volvió a encargar a Marián Čalfa la formación del Ejecutivo. El 27 quedó constituido un nuevo Gobierno de coalición. Que un antiguo alto funcionario comunista continuase como primer ministro bajo el presidente que había sido encarcelado por el comunismo ilustra bien el carácter pactado y poco revanchista de la transición checoslovaca. Finalmente, el 5 de julio de 1990, ya ante una Asamblea Federal elegida democráticamente, Havel fue elegido nuevamente presidente, esta vez con la legitimidad indirecta de las urnas: obtuvo 235 votos y fue el único candidato. Checoslovaquia había cambiado así completamente la naturaleza de sus órganos de poder: el secretario general comunista había dejado de ser el gobernante real del país; el Gobierno respondía ante un Parlamento plural elegido por los ciudadanos y el jefe del Estado era elegido por ese Parlamento.

10 Junio 1990

El Foro Cívico arrolla en Checoslovaquia

Hermann Tertsch

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El Foro Cívico (FC), encabezado por el presidente de la nación, Vaclav Havel, logró ayer una arrolladora victoria en las primeras elecciones libres que se celebran en Checoslovaquia desde 1946. Con el 48% de los votos en la federación checoslovaca, según las primeras estimaciones poselectorales, el Foro Cívico consiguió la mayoría absoluta, de acuerdo a la ley electoral, mientras sus inmediatos rivales sufrían reveses. Tras más de 40 años de dictadura, los checoslovacos han votado en gran mayoría a la fuerza que identifican con la revolución que hizo caer el anterior régimen.

Esa identificación se extiende a la ya casi idolatrada figura del presidente Havel, que seguirá siendo jefe del Estado al menos durante el periodo constituyente de dos años que ahora se abre.Fieles a su tradición político-cultural iniciada con el fundador de la República Checoslovaca en 1918, el filósofo Thomas Garrigue Masaryk, los checoslovacos han sido el único pueblo de Europa central y oriental que tras la caída del régimen comunista no ha dado la espalda a los agentes intelectuales del cambio. Carta 77 -que durante 20 años luchó aislada contra la dictadura-, y el movimiento emanado de este grupo, venció ayer con rotundidad convertido ya en el Foro Cívico, y habiendo demostrado que, cuando es necesario, tienen sentido de poder.

Flores para Masaryk

Una estatua de Masaryk, instalada provisionalmente en la avenida de Na Prikope, tenía ayer el pedestal cubierto de flores de ciudadanos que antes de votar habían acudido a ofrecer sus respetos al primer presidente intelectual del Estado. Después fueron a votar en gran mayoría por la oferta del segundo, Vaclav Havel. Por la tarde, los praguenses celebraron las primeras elecciones democráticas con un acto a la altura de sus tradiciones, un concierto de música del compositor nacional Bedrich Smetana en la plaza de la Ciudad Vieja.

Los colegios electorales, que habían abierto sus puertas el viernes, las cerraron ayer a las dos de la tarde (hora local). Las elecciones se celebraron en un clima de normalidad y calma absoluta sólo turbada por el escándalo en torno al presidente del Partido Popular, Rudolf Bartoncik, que según quedó probado ayer fue un importante agente a sueldo de la policía política (StB) del anterior régimen comunista.

El Partido Popular y la Junta Electoral habían condenado las acusaciones a Bartoncik formuladas tras concluir la campaña electoral y un día antes de las elecciones por el viceministro del interior, Jan Ruml. La Unión Cristiano Democrática (CDU), una alianza de tres partidos de centro-derecha -uno de ellos, el dirigido por Bartoncik-, sufrió un severo revés con tan sólo el 12,3% de los votos en la federación. Los comunistas obtuvieron el 12,7% en todo el Estado.

Ningún otro partido logró superar el 5% necesario para acceder a la Cámara federal baja, la de los Pueblos. Con las estimaciones conocidas ayer no era aún posible saber ni aproximadamente el reparto de escaños en la Cámara alta, la de las Naciones. Ambas cuentan con 150 escaños.

En la Cámara Nacional checa ha logrado representación, además de los tres partidos mencionados, la Unión Autonomista de Moravia, de tendencia autonomista moderada, que obtuvo un resultado sorprendentemente elevado, al alcanzar cerca del 10%.

Las dos repúblicas

La Cámara Nacional eslovaca estará previsiblemente más fraccionada. Se esperaba el acceso del Partido Nacional Eslovaco (SNS), nacionalista con claras veleidades separatistas y del partido de la minoría húngara.

Las diferencias entre las repúblicas checa y eslovaca quedaron ayer en clara evidencia en los resultados de los tres principales partidos en las cámaras federales. En la república checa, el FC logró el 60%; la CDU, tan sólo el 7,5%, y los comunistas, el 9,5%. En la república eslovaca, tradicionalmente católica, la Unión Cristiano Democrática llegó al 21%, pero quedó muy lejos del 37% logrado por el Foro Cívico, al que creía poder derrotar. Los comunistas lograron en Eslovaquia el 11,5%.

El Análisis

Los comunistas que esperaron demasiado

JF Lamata

A diferencia de sus camaradas húngaros o de una parte de los polacos, los jerarcas checoslovacos no tuvieron la inteligencia de dirigir su propia retirada: después de aplastar la Primavera de Praga habían pasado veinte años practicando la llamada «normalización» y llegaron a 1989 convencidos de que podrían seguir gobernando como si Gorbachov, Solidaridad y la apertura húngara no existieran. Miloš Jakeš fue apartado en noviembre de 1989 y expulsado del partido en 1990; en junio de ese año llegó a ser detenido e interrogado junto con otros antiguos dirigentes, aunque quedó en libertad y las actuaciones no condujeron entonces a una gran condena. Más comprometido estaba Vasiľ Biľak, uno de los grandes representantes del sector prosoviético de 1968 y firmante de la famosa carta que solicitaba ayuda soviética frente a la Primavera de Praga: también fue detenido en junio de 1990 y llegó a ingresar provisionalmente en prisión. Décadas después, la Justicia eslovaca intentaría procesarlo por su participación en la invasión, pero el procedimiento se eternizó y Biľak murió en 2014 sin haber sido condenado. Jakeš también sería investigado muchos años después por las muertes de ciudadanos que intentaban atravesar ilegalmente la frontera durante el comunismo, pero falleció en 2020 sin sentencia firme.

Jakeš, Biľak y Husák fueron políticamente mucho menos hábiles que los reformistas húngaros, porque esperaron hasta que la calle los derribó, pero personalmente tuvieron un final mucho menos dramático de lo que ellos mismos habían reservado a muchos de sus adversarios. Hungría pudo decir que parte de su régimen había colaborado en su transformación; Checoslovaquia difícilmente podía decir lo mismo. Allí la democracia no nació porque el viejo poder supiera reformarse, sino porque Havel, Foro Cívico y una sociedad que había perdido el miedo demostraron que el viejo poder ya no tenía fuerza para impedirla.

JF