18 junio 1981

Ante la renuncia de sus principales líderes de la oposición, el único rival relevante fue el ex ministro Alejo Santos que logró poco más de un millón de votos, frente a los 12 que logró Marcos

Elecciones Filipinas 1981 – Ferdinand Marcos es reelegido presidente con el 85% de los votos entre acusaciones de fraude electoral

Hechos

El 16.06.1981 se celebraron elecciones presidenciales en las que Ferdinand Marcos fue proclamado ganador.

Lecturas

Ferdinand Marcos decretó la ley marcial en Filipinas en 1972

Resultados electorales según el Gobierno de Marcos:

  • -Ferdinand Marcos (Kilusang Bagong Lipunan) – 18.309.360 votos (88.02%)
    -Alejo Santos (Partido Nacionalista) – 1.716.449 votos (8.25%)
    -Bartolomé Cabangbang (Partido Federalista) – 749.845 votos (3.60%)

BENIGNO AQUINO BOICOTEA LAS ELECCIONES

Benigno_Aquino_Ninoy Los principales grupos de la oposición al régimen de Ferdinand Marcos unidos en torno a la llamada Oposición Democrática Unida liderados por Benigno Aquino no reconocieron aquellas elecciones y las boicotearon por considerar que no cumplía un mínimo de garantías democráticas. De hecho la candidatura de Aguino fue vetada por el Gobierno.

Benigno Aquino fue asesinado en 1986 al regresar a Filipinas. 

El Análisis

La Democracia de los Marcos

JF Lamata

En 1981, Ferdinand Marcos ya llevaba dieciséis años instalado en Malacañán, y desde 1972 lo hacía como dictador con todas las letras… aunque nunca le ha gustado la palabra. Las elecciones presidenciales de aquel año fueron presentadas como el gran paso hacia la “apertura democrática” que Washington —y en particular la administración Reagan— quería ver en sus dictadores amigos. El problema es que la película no tenía final sorpresa: Marcos se presentaba como candidato de su propio partido único, el KBL, y el único rival con peso real, Benigno Aquino, estaba vetado y en el exilio. El resto de la oposición seria, viendo el panorama, se negó a participar.

Para que el cartel no quedara vacío, el propio régimen apadrinó a candidatos “rivales” que parecían salidos de un concurso de imitadores políticos: Alejo Santos, exministro de Marcos y candidato de su antiguo Partido Nacionalista, que parecía más un invitado que un contrincante; y el pintoresco Bartolomé Cabangbang, cuya gran propuesta era convertir Filipinas en el estado número 51 de EE. UU. Y como si todo esto fuera poco, Marcos decretó que el voto era obligatorio, logrando —según cifras oficiales— un aplastante 88 % de apoyo. En una democracia seria eso huele raro; en una dictadura, huele a la tinta del escrutinio ya seca antes de abrir las urnas.

La farsa culminó en la ceremonia de reelección, con un invitado de honor: el vicepresidente George Bush, enviado de Reagan, quien declaró que celebraba “la adhesión a los principios democráticos de Marcos”. Para Aquino y la oposición, aquello fue como aplaudir a un prestidigitador después de verlo esconder la carta bajo la manga. En la “democracia a la filipina” de 1981, las urnas estaban puestas… pero las llaves seguían en el bolsillo de los Marcos en Malacañán.

J. F. Lamata