19 mayo 1990

El cargo de Jefe de Estado será Arpad Goenez, que padeciera cárcel durante la dictadura comunista

Elecciones Hungria 1990 – Las primeras elecciones libres en el país dan el triunfo al Foro Democrático del democristiano Jozsef Antall

Hechos

El 2.05.1990 D. Joszef Antall se convirtió en el primer ministro de Hungria surgido de unas elecciones parlamentarias.

Lecturas

La llegada de József Antall al Gobierno en mayo de 1990 fue la culminación de una transición que, a diferencia de buena parte del bloque soviético, había comenzado desde las propias estructuras del régimen. Durante 1988-1989, el viejo Partido Socialista Obrero Húngaro de János Kádár fue perdiendo el monopolio político ante el empuje de reformistas como Miklós Németh, Imre Pozsgay, Rezső Nyers y Gyula Horn. El Gobierno de Németh aceptó negociar con la oposición en la Mesa Redonda, abrió la frontera con Austria —decisión decisiva para la posterior caída de la RDA—, aceptó el pluripartidismo y, el 23 de octubre de 1989, el presidente provisional Mátyás Szűrös proclamó la República de Hungría, suprimiendo la antigua «República Popular». El propio partido comunista se había disuelto como tal días antes, el 7 de octubre, para transformarse mayoritariamente en el Partido Socialista Húngaro (MSZP), ya formalmente socialdemócrata, mientras el sector ortodoxo encabezado por Károly Grósz rechazaba la transformación.

Las primeras elecciones parlamentarias plenamente libres desde 1945 se celebraron en dos vueltas, el 25 de marzo y el 8 de abril de 1990. El sistema era mixto y bastante complejo —176 diputados por circunscripciones individuales, 120 mediante listas territoriales y 90 escaños compensatorios— y produjo una victoria clara del centroderechista Foro Democrático Húngaro (MDF) de Antall. En voto de lista, el MDF consiguió 24,73%, la liberal Alianza de Demócratas Libres (SZDSZ), 21,39%; el Partido de los Pequeños Propietarios, 11,73%; los antiguos comunistas reconvertidos en MSZP, apenas 10,89%; Fidesz, 8,95%, y los democristianos, 6,46%. El efecto del sistema electoral amplificó la victoria: de los 386 escaños, el MDF consiguió 164, SZDSZ 94, Pequeños Propietarios 44, MSZP 33, Fidesz 22 y democristianos 21. Apenas 21 diputados de la antigua Asamblea consiguieron conservar su escaño: pocas cifras expresan mejor el barrido de la vieja clase política comunista.

El nuevo Parlamento se constituyó el 2 de mayo y detrás de la elección del jefe del Estado hubo una interesante negociación. MDF y SZDSZ alcanzaron un gran pacto institucional: Antall podría formar un Gobierno estable y se reduciría el número de materias que exigían mayorías de dos tercios; a cambio, los liberales podrían proponer la Presidencia de la República. El elegido fue Árpád Göncz, escritor, traductor y antiguo participante en la revolución húngara de 1956, por cuya actividad había sido condenado a cadena perpetua por el régimen comunista. El 2 de mayo fue elegido presidente del Parlamento y, por ello, jefe del Estado provisional; al día siguiente encargó a Antall formar Gobierno.

Antall formó una coalición de MDF, Partido de los Pequeños Propietarios y Partido Popular Demócrata Cristiano, con una cómoda mayoría parlamentaria. El 23 de mayo quedó constituido definitivamente el primer Gobierno húngaro surgido de unas elecciones libres después del comunismo, con un programa de democracia parlamentaria y «economía social de mercado».

Quedaba resolver definitivamente la jefatura del Estado. Una última tentativa de imponer la elección presidencial directa desembocó en el referéndum del 29 de julio, pero sólo participó alrededor del 14% del electorado y resultó inválido. El 3 de agosto de 1990, por tanto, fue el Parlamento quien eligió formalmente a Göncz: 295 votos favorables, 13 contrarios, 76 abstenciones y dos votos inválidos. El antiguo preso político de los comunistas se convertía así, mediante un Parlamento elegido libremente, en presidente de la nueva República de Hungría.

09 Abril 1990

Amplia victoria del Foro Democrático en Hungría

Hermann Tertsch

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El Foro Democrático (MDF) logró ayer una arrolladora victoria en la segunda ronda de las elecciones parlamentarias en Hungría. Una coalición de centroderecha, entre el MDF y dos pequeños partidos, el Cristianodemócrata Popular y los Pequeños Propietarios, formará previsiblemente el primer Gobierno democrático de la Hungría poscomunista. Con práctica certeza será el presidente del MDF, el historiador Jozef Antall, de 58 años, el nuevo primer ministro. «Ha ganado el pueblo húngaro», señaló Antall en una primera declaración con un claro carácter nacionalisita.

«Pese a que tengan otra nacionalidad, 16 millones pertenecen a la nación húngara, nosotros nos hacemos responsables ante ellos», agregó, en referencia a los seis millones de húngaros que viven. fuera de las fronteras actuales del Estado. Hungría tiene diez millones de habitantes.Antall se declaró dispuesto a formar un gobierno para sacar a Hungría de la crisis. El líder del NIDF se manifestó ayer partidario de la coalición con los dos partidos citados, con los que ya acudía ayer en alianza en las candidaturas de elección directa.

Con más del 40% de los votos y, salvo en Budapest, donde hubo neta superioridad de los 176 candidatos de elección directa, el Foro Democrático se ha impuesto claramente a la Alianza de Demócratas Libres (SzDSz) que aún, albergaba esperanzas de convertirse en partido mayoritario y sólo logró el 24,4%.

Brillante resultado

Dado el brillante resultado que se perfilaba para sus candidatos, el MDF podría incluso permitirse renunciar a una alianza con el Partido de Pequeños Propietarios y limitarse a pactar con los cristianodemócratas. No obstante, la ingente labor de reestructuración económica, industrial y, administrativa que habrá de asumir el nuevo Gobierno, con sus previsibles pero inevitables consecuencias sociales, hacen recomendable un Gobierno con una amplia mayoría.

El SzDSz, es un partido liberal que aboga por una vía radical de introducción de las leyes del mercado y la reprivatización en Hungría, mientras paradójicamente el MDF -que se califica de partido de centroderecha- insiste en una «vía controlada». Los dos grandes rivales coinciden, sin embargo, en el objetivo de plena integración en Europa occidental y un rápido desmantelamiento del sistema de economía centralizada y estatalismo.

En la primera ronda, la diferencia entre ambos partidos había sido mínima, con un 24,7% para el MDF y un 21% para el SzDSz. El Partido Socialista, emanado del desaparecido partido comunista (PSOH) cedió tres puntos, con relación a su resultado en la primera ronda, para situarse en un muy modesto 8.7%. Solo logró un escaño de elección directa, el del presidente de la República y uno de los más destacados reformistas. Sin embargo, un representante suyo con tanto prestigio como el aún ministro de Asuntos; Exteriores, Gyula Horn, no lo logró.

El Partido de los Pequeños Propietarios logró un 11,4% y el Partido Cristianodemócrata Popular el 5,7%. Con ellos, el nuevo Gobierno dirigido por Antall podrá contar con una muy sólida mayoría parlamentaria de cerca del 60%, según los últimos resultados disponibles esta madrugada. La Federación de Jóvenes Demócratas (Fidesz), aliado con el que el SzDSz quería lograr una mayoría, sólo logró el 5,8% de los votos. El líder de SzDSz, Janos Kis, manifestó que su partido, en colaboración con Fidesz, estará en una oposición muy crítica al Gobierno de Antall que consideraba ayer ya un hecho.

Intensas lluvias y viento provocaron una fuerte caída de la participación electoral que sólo alcanzó el 40% frente al 65% de la primera ronda. No se produjeron incidentes y la jornada transcurrió en plena calma. Sólo en la ciudad oriental de Debrecen, las autoridades locales protestaron ante el consulado soviético por la aparición de guardias de tráfico militar del Ejército Rojo en sus calles.

Tras esta intervención, el Ejército soviético suspendió durante la jornada electoral su movimiento de tropas hacia la URSS en el marco de la retirada de sus efectivos militares de territorio húngaro. Esta anécdota sólo es una muestra del arraigo de la desconfianza hacia el aún aliado soviético.

El Análisis

Hungría: Los comunistas que supieron marcharse

JF Lamata

Si se compara Budapest con Bucarest, Berlín Oriental, Sofía o Praga, la transición húngara tiene un mérito extraordinario: los dirigentes comunistas comprendieron a tiempo que era preferible negociar su desaparición política que esperar a que la calle los derribara. No todos fueron demócratas repentinos: Károly Grósz, último secretario general propiamente dicho del partido comunista, intentó frenar la liberalización y se opuso a que el partido abandonase el marxismo-leninismo; pero perdió la batalla interna frente a Németh, Nyers, Pozsgay y Horn. Y ninguno terminó como sus camaradas extranjeros. Grósz fundó con los ortodoxos un nuevo partido comunista, concurrió a las elecciones, no consiguió un solo diputado y se retiró tranquilamente de la política, muriendo de cáncer en 1996. Miklós Németh, último primer ministro comunista, entregó personalmente el Gobierno a Antall, permaneció brevemente como diputado independiente y después se convirtió en vicepresidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo. Imre Pozsgay, uno de los principales reformistas, vio frustrada su ambición de convertirse en presidente, fue diputado socialista y posteriormente abandonó el MSZP para intentar sin éxito una vía política propia. Y Szűrös, el antiguo jerarca que había proclamado la nueva República, siguió siendo parlamentario dentro del sistema democrático. Ninguno acabó ejecutado como Ceaușescu, detenido como Honecker, procesado como Todor Zhivkov ni apartado en medio de una revolución popular como Miloš Jakeš. Eso no borra cuarenta años de dictadura ni convierte retrospectivamente a sus dirigentes en demócratas; pero sí permite reconocerles una inteligencia política que otros jerarcas del Este no tuvieron. Los comunistas húngaros perdieron las elecciones, entregaron las llaves del Gobierno y se fueron a la oposición o a sus casas. Antall y Göncz recibieron así algo excepcional en la Europa oriental de 1990: un Estado que había cambiado completamente de régimen sin fusilamientos, tanques ni multitudes asaltando el palacio presidencial. Para un país que todavía recordaba los tanques soviéticos aplastando la revolución de 1956, probablemente era la mejor revancha posible: esta vez el comunismo terminó contando votos.

J. F.