19 mayo 1994

El nuevo primer ministro fue cómplice de la invasión de la Unión Soviética en 1956 y la represión posterior, para años más adelante ser una figura clave en la demolición del régimen comunista con el que había colaborado

Elecciones Hungria 1994 – Los socialistas de Gyula Horn ganan a la derecha y asumen el poder en el país

Elecciones Hungria 1994 – Los socialistas de Gyula Horn ganan a la derecha y asumen el poder en el país

Hechos

Las elecciones parlamentarias de mayo de 1994 colocaron al Partido Socialista Húngaro (MSZP) como primera fuerza del país.

Lecturas

8 y 29 de mayo de 1994. Cuatro años después de haber desalojado al comunismo mediante las urnas, los húngaros han entregado una mayoría absoluta al partido nacido de sus restos. El Partido Socialista Húngaro (MSZP), encabezado por Gyula Horn, obtiene el 32,99 % del voto de lista y 209 de los 386 diputados, frente a los apenas 33 conseguidos en 1990. En segundo lugar queda la liberal Alianza de los Demócratas Libres (SZDSZ), cuyo candidato a primer ministro es Gábor Kuncze, con el 19,74 % y 69 escaños. El gran derrotado es el gobernante Foro Democrático Húngaro (MDF) del primer ministro Péter Boross —su fundador y anterior jefe del Gobierno, József Antall, había fallecido en diciembre de 1993—, reducido al 11,74 % y 38 diputados, después de haber conseguido 165 cuatro años antes.

El resto del Parlamento queda muy fragmentado. El Partido Independiente de los Pequeños Propietarios (FKgP) obtiene el 8,82 % y 26 diputados; el Partido Popular Demócrata Cristiano (KDNP) de László Surján, el 7,03 % y 22; y la todavía liberal y juvenil Fidesz de Viktor Orbán, el 7,02 % y 20 escaños. El sistema electoral mixto amplifica extraordinariamente la victoria socialista: con aproximadamente un tercio de los votos de lista, el MSZP consigue el 54,1 % de los escaños, después de imponerse en 149 de las 176 circunscripciones individuales. La participación alcanza el 68,9 % en la primera vuelta y desciende al 55,1 % en la segunda.

Horn llega además al desenlace electoral después de sufrir un grave accidente automovilístico durante la campaña, que lo obliga a continuar convaleciente y con un característico collarín. Su biografía simboliza las contradicciones de estas elecciones. Había pertenecido al Partido Socialista Obrero Húngaro (MSZMP), el partido único de la dictadura comunista de János Kádár, trabajado durante décadas en el aparato diplomático del régimen y llegado a ministro de Asuntos Exteriores en 1989, durante el último Gobierno comunista de Miklós Németh. Pero fue también uno de los protagonistas de la apertura de la frontera con Austria en 1989, episodio decisivo para permitir la salida hacia Occidente de miles de alemanes orientales y acelerar el derrumbe del Telón de Acero. En octubre de aquel año participó en la transformación del MSZMP en el actual MSZP, que abandonó oficialmente el marxismo y aceptó el pluralismo y la economía de mercado.

La mayoría absoluta permitiría a Horn gobernar en solitario. Sin embargo, optará por pactar con el SZDSZ, paradójicamente una formación procedente de la oposición liberal y anticomunista al antiguo régimen. El acuerdo del 24 de junio dará a la nueva coalición aproximadamente el 72 % del Parlamento y permitirá presentar el regreso socialista no como una restauración del régimen anterior, sino como una alternancia dentro del nuevo sistema democrático. Horn asumirá finalmente como primer ministro el 15 de julio.

Carlos Nadal

31 Mayo 1994

Ante un camino que no será de rosas

Carlos Nadal

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Gobernar en Hungría ahora no es precisamente una breva. Los socialistas (ex comunistas) tienen que hacerse responsables de hacerlo con el agravante de que se les ha daod una notable mayoría para que resuelvan los problemas económicos del país sin abandonar la evolución hacia la economía de mercado y, a la vez, sin el inevitable deterioro que supone para amplias capas de la población.

El nuevo Gobierno tendrá que hilar muy fino. La mayor parte de quienes han votado socialista lo han hecho para sustraerse del coste social que supone salir de la economía de Estado. Los poscomunistas corren el riesgo de defraudar todavía más que el Foro Democrático.

Por esto se han cubierto en salud. Ponen por delante que habrá que hacer sacrificios. Y su programa, prudente, no desdice demasiado de los que oímos en nuestras latitudes: Fomento de inversiones, reducción del gasto público, reparto de las cargas, pacto social, lucha contra el paro pero a costa de redistribución salarial.

Como que el camino no es de rosas, los socialistas preferirían sin duda recorrerlo del brazo de los demócratas libres e incluso con la Federación de Juventudes Demócratas.

En este caso marcharían juntos los que fueron partido único de la dictadura marxista y quienes fueron oposición perseguida. Aunque al final del régimen anterior el rigor de estos términos se suavizara sustancialmente.

Curiosamente no son los programas respectivos, muy semejante, lo que más puede impedir este maridaje. Lo que los demócratas libres habrán de calibrar es si les conviene participar en el intento de sacar del túnel al país, en el caso de que los poscomunistas lo consigan. O, por el contrario, jugar la carta de la oposición, porque el PS puede quemarse en el empeño.

Ángel Santa Cruz

16 Octubre 1994

Hungría, retrato al minuto

Ángel Santa Cruz

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El primer ministro húngaro pilota desde. el 15 de julio una alianza entre su partido socialista (ex comunista) y los liberales de la Unión de Demócratas Libres, precisamente el cogollo de lo que fuera disidencia anticomunista.La coalición controla el 72% de los 386 escaños parlamenta rios y prepara ya Una nueva Constitución. Aunque el acuerdo entre socialistas y liberales otorga a éstos un veto nominal sobre la política gubernamental, la batuta la lleva el Partido Socialista, que por sí solo obtuvo la mayoría absoluta el pasado mayo, cuando el derechista Foro De mocrático fue apara tosamente derrotado. El Gobieno compartido tranquiliza más a los húngaros, que repetidamente se han manifestado en su favor, y a la opinión intemacional. Gyula Hom, presidente de los socialistas desde 1990, es un candidato de compromiso entre la izquierda del partido, representada por los sindicatos y su jefe, Sandor Nagy, y el ala liberal, encarnada por el titular de Finanzas, Laszlo Bekesi. Éste es un profesor de economía partidario de la cirugía y el encargado de cantarles a sus conciudadanos las verdades del barquero.

Entre ellas, que hay que reducir drásticamente el gasto público y aumentar los impuestos y los precios energéticos. Y que el crecimiento salarial disminuirá en términos reales. Es decir, se desinflará el cojín de seguridad al que los húngaros estaban acostumbrados con el régimen comunista. Semejante horizonte ha puesto en el disparadero a los sindicatos (un millón de afiliados). Budapest ha renunciado a albergar la Expo-96.

Hungría tiene un astronómico déficit exterior en relación con su riqueza y una deuda bruta que es un dogal. Con una inflación del 201/o y un desempleo alrededor del 12% espera en 1994 un crecimiento del 1%. Ha devaluado el fórinto repetidamente en lo que va de año, la última vez el martes pasado (1 forinto= 1, 25 pesetas) y el Fondo Monetario Internacional mantiene sus cuentas públicas en libertad vigilada.

El primer ministro, Horn, ofreció, recientemente a los húngaros sudor y lágrimas para enmendar la situación, pero lo más desgradable del plan de estabilización ha sido pospuesto hasta enero, tras las elecciones municipales.

En el terreno exterior hay dos grandes ambiciones confesadas por el Gobierno socialista húngaro y por sus predecesores del Foro Democrático: la incorporación a la Unión Europea y a la OTAN por una vía rápida , propósito éste que comparten con Polonia, la República Checa y Eslovaquia, el grupo de. Visegrado. Todo apunta a que Budapest tendrá que esperar algunos años para poder bascular su eje definitivamente al oeste.

Hay también un contencioso con varios de los siete países limítrofes, a propósito de la situación en ellos de las minorías de origen húngaro, más de tres millones de personas, a las que el Tratado de Trianon, tras la 1 Guerra Mundial, dejó fuera de las amputadas fronteras de Hungría. En este ámbito, el primer ministro Hom ha prescindido del diapasón nacionalista que hasta mayo manejaron sus antecesores.

El Análisis

KÁDÁR NO HA VUELTO, PERO SUS ANTIGUOS CAMARADAS SÍ

JF Lamata

El resultado puede producir una impresión desconcertante: apenas cuatro años después de enterrar el comunismo, Hungría entrega la mayoría absoluta al partido surgido del antiguo Partido Socialista Obrero Húngaro. Gyula Horn no puede borrar su biografía: fue militante del partido de János Kádár, funcionario de su aparato y finalmente ministro del último Gobierno comunista. Pero tampoco puede reducirse su trayectoria a eso. El hombre procedente del antiguo régimen fue también uno de quienes contribuyeron a desmontarlo desde dentro y, como ministro de Exteriores en 1989, quedó asociado a la apertura hacia Austria que ayudó a quebrar el Telón de Acero. Los húngaros no han votado para restaurar el partido único, la policía política ni la economía planificada. Han votado mayoritariamente a unos antiguos comunistas que han descubierto que para regresar al poder debían dejar de ser comunistas.

El vencedor es Horn, pero quizá el gran derrotado sea el recuerdo inmediato de la transición económica. El Gobierno del MDF, primero con József Antall y después con Péter Boross, ha pagado el precio político del desempleo, la pérdida de seguridad económica y social y las dificultades provocadas por el tránsito acelerado al mercado. El hundimiento de 165 a 38 diputados es devastador. Tampoco puede sentirse vencedor el SZDSZ: había sido la gran alternativa liberal en 1990 y, pese a terminar segundo, retrocede hasta 69 escaños precisamente cuando el Gobierno conservador se derrumba. Y Viktor Orbán, todavía dirigente de una Fidesz liberal, joven y anticomunista, tampoco consigue recoger el descontento: sus 20 diputados quedan muy lejos de convertirlo en alternativa nacional.

Existe, por tanto, cierta nostalgia en el resultado, pero sería excesivamente sencillo interpretar estas elecciones como nostalgia por la dictadura. Una parte del electorado parece añorar sobre todo la seguridad que asociaba a los últimos años de Kádár, no necesariamente su sistema político. El MSZP ha sabido ofrecer experiencia administrativa y protección social sin proponer desmontar la democracia, la economía de mercado ni la orientación occidental del país. El accidente de Horn durante la campaña añadió inevitablemente una dimensión humana a un candidato que apareció convaleciente cuando ya encabezaba las encuestas, pero difícilmente explica por sí solo una victoria de semejante magnitud. Las causas son mucho más profundas: cuatro años de sacrificios económicos, desgaste del Gobierno y una oposición socialista que había conseguido presentarse como competente antes que como restauradora.

Quizá la decisión más reveladora de Horn sea precisamente la que no necesita tomar: pactar con el SZDSZ pese a disponer de mayoría absoluta. Asociarse con antiguos disidentes liberales proporciona al nuevo Gobierno una credencial democrática difícil de obtener gobernando exclusivamente con los herederos del MSZMP. Es también una formidable paradoja histórica: antiguos funcionarios del régimen de Kádár y antiguos opositores a aquel régimen gobernarán juntos. Cuatro años después de la caída del comunismo, Hungría demuestra que la ruptura ha llegado a un punto peculiarmente irreversible: hasta los herederos del partido comunista sólo pueden volver al poder aceptando las reglas creadas para sustituirlo.

JF