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Elecciones Legislativas Portugal 1979: El centro-derecha de Sa Carneiro logra la mayoría

HECHOS

En diciembre de 1979 se celebraron elecciones legislativas en Portugal.

01 Diciembre 1979

Elecciones en Portugal

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera Cortázar)

EL DOMINGO se celebran en Portugal unas elecciones generales que no pueden ser, por razones constitucionales y de configuración política, resolutorias. Tratan de cubrir el lapso entre el Gobierno provisional de la señora Pintassilgo -que era, a su vez, un parche para cubrir el tiempo entre la disolución de la Asamblea y la convocatoria de elecciones- y la fecha legal de las nuevas elecciones: un año escaso. La nueva Asamblea no tendrá poderes para la reforma de la Constitución, que es el punto en el que se centran ahora ciertas esperanzas de orden en una casa difícil. La tendencia al presidencialismo que favorece Eanes, que querría protagonizarla; la superposición del Consejo de la Revolución, las dificultades entre militares, la fuerza de los grupos de presión extraparlamentarios -la Iglesia, que es muy poderosa; el Capital, que ha recuperado su fuerza plenamente y las microalianzas continuamente cambiantes de los partidos políticos hacen difícil una continuidad gubernamental importante en un país incesantemente devorado por la crisis económica y social.Aun siendo de poderes limitados, la nueva Asamblea que salga de estas elecciones tendrá una importancia considerable: sobre todo, la de ocupar el Gobierno cuando se celebren las nuevas elecciones generales y la de configurar el país en favor de la mayoría resultante. Hay augures que creen que si la mayoría se forma por la Alianza, Democrática, cuya cabeza visible es Sa Carneiro -un grupo centro-derecha-, ésta no abandonará el poder en muchos años. Los augurios se basan en datos sacados principalmente del «modelo español». Sa Carneiro representaría una especie de Suárez, pero con una larga y antigua finura política; Alianza Democrática sería una UCD -que ha prestado apoyo abierto a sus congéneres y ha enviado, oradores de postín a sus mítines; con una preocupación menor por aparecer coino de centro y un interés considerable por servir a su derecha, que le resulta menos agresiva -por más inteligente, por más posibilista- de lo que es para Suárez la suya. El modelo centrista está bastante apoyado en Portugal por fuerzas exteriores, aunque el presidente Eanes lo considera con bastante recelo: teme que busque para presidente -presidencialista, si reforma la Constitución, alguien más a la derecha que él. Eanes, a pesar de haber despedido a Mario Soares y haberle quitado el poder hace tres meses, parece ahora favorecerle. Es también un Soares reformado, seguidor de inodelos internacionales más suaves que aquellos que practicó en la revolución; un socialismo más centrista, máis otanista, mucho menos amigo de nacionalizaciones y de expropiaciones que nunca.

La elección se plantea prácticamente entre la alianza que: dirige Sa Carneiro y el socialismo de Mario Soares. Lasi auscultaciones, los pronósticos de las vísperas, dan una ligera Yentaja a Sa Carneiro. No son enteramente fiables. Portugal es todavía un país demasiado confuso como para que las intenciones de voto puedan establecerse de una manera clara por encuestas y muestreos. Parece que la Asamblea va a estar repartida y que los votos comunistas puedan representar mucho en ella, desde un punto de vista de arbitraje y maniobra.

04 Diciembre 1979

Las elecciones en Portugal

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera Cortázar)

SI LOS últimos datos -los votos de los emigrantes, que equivalen a cuatro escaños- lo confirman, la nueva Asamblea portuguesa, nacida de unas elecciones anticipadas y con poderes durante un año tendrá una mayoría de la coalición de tres partidos, de centro y derecha, que preside Sa Carneiro. Aun sin la mayoría absoluta, que le pueden dar los votos de la emigración, Alianza Democrática tiene amplitud para gobernar. Sa Carneiro ha declarado ya que esta va a ser la primera vez que Portugal estará, realmente, gobernado. Se puede dudar de esta profecía -las dificultades son muchas y los grupos de presión también lo son- pero no puede negársele la razón en cuanto al pasado. La revolución de abril de 1974 llevaba ya en su seno la contrarrevolución; podría decirse que, paradójicamente, Spinola representó en sí mismo los dos valores. El cambio estuvo siempre frenado por los límites de lo posible y esta revolución no solamente ha devorado a sus propios hijos -depurados, apartados de los cargos, cercados cuando los tenían-, como es va tópico, sino que se ha devorado a sí misma. No hubo posibilidad de entendimiento entre un partido comunista de corte estalinista y un partido socialista abrumado de contradicciones, incapacitado de cuadros, dudando siempre entre los modelos socialdemócratas y la presión revolucionaria. Un partido que pudo comprobar así que ocupar el puesto del Gobierno no siempre quiere decir gobernar. La enemistad socialista-comunista se ha mantenido dentro de esta misma campaña electoral, está viva en la de las elecciones municipales del día 16 y se prolongará hasta las que han de proveer la Asamblea, a fines del año próximo.Lo que representa la Alianza Democrática que ha ganado estas elecciones es algo muy parecido a la UCD española: su esquema, sus modelos y hasta la clase política que la forma. La comparación puede hacerse más extensa: se asemeja a todos los partidos centristas que están ganando terreno no sólo en Europa, sino también en los países latinoamericanos que logran salir de las dictaduras. Parece en cierta forma el retorno al modelo de las democracias cristianas de posguerra, amparadas por Estados Unidos y que dio su rendimiento. Las nuevas clases medias, surgidas de una cierta abundancia, constituyen su base electoral, alimentada continuamente del miedo. Un miedo no tan irracional como pudiera pensarse si se contempla la situación económica, el crecimiento del terrorismo y la confusión ideológica en los países occidentales.

En Portugal, los datos generales coinciden y los particulares se suman. Se ha establecido la creencia general de que un Gobierno de este corte puede encontrar ayudas, recuperar el orden laboral -destruido por la acción demagógica de los sindicatos- y entrar en la política con lo que se llama sentido común. Es la imagen que ofrece Sa Carneiro. La que ha perdido Soares en sus años de Gobierno: suyo fue el freno a la revolución, para congraciarse con la pequeña burguesía, suya es la derrota, porque esta pequeña burguesía, cuando decide inclinarse a la derecha, la prefiere auténtica y no recién inventada. Muchos votos de la izquierda socialista se han ido al Partido Comunista, que no ha cesado de ser el partido de los obreros y los campesinos, aunque haya perdido intelectuales: muchos se han ido a esta Alianza Democrática que incluye, como partido principal, la socialdemocracia de Sa Carneir

Con todo ello, a Sa Carneiro no le va a ser fácil gobernar. La voracidad de la derecha portuguesa no tiene límites y le va a exigir continuamente más entregas para ayudarle a sostenerse. La miseria real del pueblo -pescadores, agricultores, obreros industriales, empleadoses profunda, y la línea mundial de la crisis repercute cada vez más sobre ella. Por otra parte, el presidente Eanes, que reúne todavía al grueso del Consejo de la Revolución, mira con desconfianza a este restaurador que le priva del deseo de serlo él, y que no va a conducir la revisión constitucional en el sentido del presidencialism

Por el número de votos, mucho mayor que el representado por los escaños -el sistema electoral impide esa transmisión real, para evitar grandes agrupaciones de poder- parece que Sa Carneiro tiene una confianza suficiente del país, pero ganar la realidad es más difícil que ganar unas elecciones. Este año próximo puede ser como un paréntesis hacia una configuración política estable de Portugal. Lo que tiene que ganar Sa Carneiro es ese año. Un tiempo que para la izquierda no suponga, quizá, el suficiente de reflexión y de rectificación, después de que se ha malgastado todo un lustro.o.o.

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