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Derrota humillante del primer ministro Mazowiecki

Elecciones Polonia 1990 – Lech Walesa es elegido primer presidente democrático del país tras la dictadura comunista

HECHOS

Lech Walesa ganó las elecciones presidenciales de diciembre de 1990.

TYMINSKI, EL ‘DESCONOCIDO’ QUE HUNDIÓ A MAZOWIECKI

El que fuera primer ministro Tadeus Mazowiecki y símbolo de la lucha contra la dictadura comunista al igual que Walesa, era el que aparecía en las encuestas como su principal rival. Por sorpresa Mazowiecki no llegó ni siquiera a la segunda vuelta al quedar por detrás del empresario Tyminski que a pesar de ser escasamente conocido legró convencer con su defensa del liberalismo económico.

Primera vuelta:

Walesa_lech1990 Lech Walesa – 39,3%

Tyminski Stanislaw Tyminski – 23,2%

Mazowiecki Tadeus Mazowiecki – 19,9%

Segunda vuelta:

Walesa_lech1990 Lech Walesa – 74,7%

Tyminski Stanislaw Tyminski – 25,3%

FIN DEFINITIVO AL COMUNISMO EN POLONIA

Jaruzelski Con estas elecciones el General Jaruzelski deja de ser Jefe del Estado de Polonia y con ello se pone fin definitivamente a cualquier vestigio del comunismo en ese país. Su retirada política abre la posibilidad a que se investigue su posible responsabilidad en crímenes: como la matanza de obreros de Gdansk de 1970.

09 Diciembre 1990

Demagogos y populistas

Hermann Tertsch / Piotr Adamski

Polonia fue pionera en la liquidación del régimen comunista. Ahora, con la aparición y el éxito de Stanislaw Tyminski en la naciente democracia es también el primer país del Este que revela los gravísimos peligros que acechan a estas transiciones, mucho más difíciles de lo nunca imaginado. Sociedades formadas en el autoritarismo y el oscurantismo comunista se hunden en situaciones económicas dramáticas con niveles de vida en continua baja acelerada por las necesarias reformas económicas. La población reconoce como falsa su Ilusión de que la democracia política trae consigo el bienestar occidental y da la espalda a las élites políticas que dirigieron la lucha contra la dictadura. Demagogos y populistas tienen en el Este un terreno abonado. Tyminski es la señal de alarma de un fenómeno que puede expandirse en la región.Un empresario desconocido, exonerado del servicio militar por problemas psíquicos, que emigró en 1969 con un visado avalado por el contraespionaje militar y que viajó siete veces a Polonia en la pasada década -siempre a través de Libia-, consiguió 140.000 firmas para ser candidato y 3,8 millones de votos el día 25.

Llama a los polacos a la «guerra comercial» contra Occidente y pide construir misiles nucleares. Su libroPerros sagrados es como El libro gordo de Petete con soluciones fáciles para todo y planteamientos parafascistas.

10 Diciembre 1990

La amargura de una victoria

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

LECH WALESA llega a la presidencia de la República de Polonia en unas condiciones completamente distintas de las que él había previsto cuando, hace ya varios meses, se lanzó de manera irresponsable, rodeado por un equipo de políticos derechistas y nacionalistas, a una campaña populista contra el Gobierno de Mazowiecki. Su objetivo no era otro que imponer unas elecciones precipitadas en las que estaba seguro de obtener una mayoría aplastante y ocupar así, con renovado prestigio, la primera magistratura del país.Pero frente al populismo de Walesa surgió, con Stanislaw Tyminski, un populismo aún mucho más demagógico y aventurero que se colocaba en segundo lugar en la primera vuelta de las elecciones. En la segunda vuelta, y para evitar la victoria de Tyminski, lo que hubiese sido un verdadero suicidio político para Polonia, Walesa ha contado con apoyos amplísimos, empezando por el del jefe del Gobierno, Mazowiecki; el del cardenal Glemp, cabeza visible de la Iglesia católica, y el del sector de Solidaridad que se había opuesto a él en la primera vuelta electoral.

Sería erróneo confiar en que el fenómeno Tyminski va a desaparecer con rapidez. En su raíz están las extraordinarias dificultades inherentes a la transición a la democracia de los regímenes ex comunistas. Los largos años de opresión, con un partido único y una ideología oficial alimentada de constantes mentiras, han dejado en los pueblos una tendencia a desconfiar de todo lo que viene del poder. En el caso polaco, Solidaridad ha sido la encarnación de la esperanza de libertad de la nación. Si en algo podían confiar los polacos al iniciar su vida democrática era, precisamente, en ella. Al dividirla antes de las elecciones, Walesa ha cometido un tremendo error, porque dejaba así el camino libre para la irrupción de la irracionalidad y el populismo.

Por otro lado, el pueblo polaco ha luchado por la democracia convencido de que ello significaría, a la vez, una mejora sustancial de su nivel de vida. La realidad resulta completamente distinta. Para recuperar una economía hundida, la reforma acarrea una política de austeridad de altos costes sociales. El desencanto en amplias capas es inevitable; y en ciertas zonas, la desesperación es un terreno propicio para reacciones políticas imprevisibles. Así han podido tener eco los lemas simplistas y nacionalistas de un Tyminski que se presentó como el hombre salvador, que. ha sabido ganar dinero y que prometía a todos que lo ganarían como él.

Los lemas de su campaña son significativos: ataque a fondo contra los políticos, acusando de traición primero a Mazowiecki y luego a Walesa. Exaltación de un nacionalismo antioccidental, con propuestas tan descabelladas como la de crear el arma nuclear polaca. Desprecio a los intelectuales. En resumen, los ingredientes típicos de un fenómeno parafascista. Un serio peligro para Polonia.

Frente a esa amenaza, Walesa ha tenido que cambiar radicalmente su campaña electoral en la segunda vuelta. Después de haber anatematizado la política económica del Gobierno de Mazowiecki, ha pedido a éste que retire su dimisión y que permanezca al frente del Ejecutivo hasta las elecciones parlamentarias, que seguramente tendrán lugar en la próxima primavera. Mazowiecki no se inclina a aceptarlo, pero parece probable que no se interrumpirá la reforma que él ha puesto en marcha, y que el mi3nio equipo, con el ministro Balcerowicz, seguirá al frente de la política económica. Sin embargo, incluso admitiendo que Walesa logre reducir la influencia del grupo nacionalista y derechista que le ha rodeado en su campaña electoral -cosa ni fácil ni probable-, los efectos de la campaña electoral van a ser muy negativos.

Si se mantiene la política de austeridad -sin lo cual, por otra parte, la situación económica polaca podría llegar al colapso-, Walesa tendrá que responder a las promesas de mejoras inmediatas que ha lanzado durante su campaña. Sin embargo, el alto porcentaje que ha obtenido en la segunda vuelta debería facilitar que su presidencia se coloque por encima de los enfrentamientos propios de la contienda electoral.

Una vez que el peligro representado por Tyminski ha quedado descartado es importante tener en cuenta la amplia alianza que lo ha hecho posible. Ello debería permitir, para evitar nuevas laceraciones, la concertación de un pacto entre las fuerzas que ayer formaban Solidaridad -los partidarios de Walesa y los de Mazowiecki- para hacer frente a una situación grave, empeorada por las recaídas de una campaña presidencial en tantos sentidos desastrosa.

10 Diciembre 1990

Walesa en el paraíso

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

En medio de una fuerte indiferencia ciudadana, tangible en el alto grado de abstención electoral, Lech Walesa, ha vencido en la segunda vuelta. El pintoresco candidato Tyminski no ha podido con el carisma histórico del sindicalista. Tampoco con la condena como «herético», lanzada sobre él por la jerarquía católica. Lech Walesa culmina así su carrera de cuento de hadas: de electricista en los astilleros de Gdansk a líder sindical indiscutido, enemigo público del viejo régimen, Premio Nobel de la paz luego, enterrador de la dictadura socialista y, a renglón seguido, opositor a sus antiguos compañeros de Solidarnosc Mazowiecki y Michnik… Presidente de Polonia, ahora. De una Polonia -todo hay que decirlo- desgarrada por una crisis económica profundísima. El sindicalista de ayer habrá de propiciar hoy una reconversión privatizadora implacable. Es el final del sueño. Y el inicio de tiempos muy difíciles.

10 Diciembre 1990

Walesa, presidente por la gracia de Dios

Alfonso Rojo

Walesa arrasó a Tyminski en todas las regiones y entre todas las clases sociales. El ex sindicalista obtuvo el mayor apoyo entre los empleados de «cuello blanco» que le concedieron un 82,5% de los votos ante un 17,5% para su adversario. El menor apoyo lo encontró entre los ancianos y pensionistas que sólo le votaron en un 69,5%. La participación total fue de un 53%. Pese a que Tyminski mejoró algo el 23% de los votos que había conseguido en la primera vuelta, al final, las presiones de la Iglesia, la prensa y los intelectuales, inclinaron la balanza en favor del líder de Solidaridad. Cuando a la salida del colegio electoral, los periodistas preguntaron al cardenal Glemp por quién había votado, el primado respondió con una sonrisa: «He votado por el que va a ganar. Walesa evidentemente». No pudo ser más explícito. El cardenal, que nunca ha ocultado su simpatía por el antiguo electricista de Gdansk, lleva una semana respaldando abiertamente a Walesa, al igual que han hecho decenas de miles de sacerdotes en todos los rincones de Polonia. Hace una semana, durante una visita a Roma, Glemp ya hizo apología del ex sindicalista. «La Iglesia polaca estará al lado de Walesa en su batalla contra el millonario», dijo el primado polaco refiriéndose a Tyminski.

Mientras el primer ministro Tadeusz Mazowiecki, amigo personal del Papa Juan Pablo II, estuvo en liza, la jeraquía católica mantuvo una estricta «neutralidad». Su derrota en la primera ronda de las elecciones presidenciales y la posibilidad de que alguien como Tyminski, un millonario divorciado, casado en segundas nupcias con una mestiza peruana aficionada al ocultismo, pudiera alcanzar la Presidencia, ha actuado como un revulsivo en el clero polaco. Ayer, prácticamente la totalidad de los párrocos polacos subieron al púlpito y «sugirieron» a sus feligreses la «conveniencia» de votar en favor de Walesa. Algunos pidieron el voto para el ex sindicalista de forma abierta, mientras otros prefirieron métodos subliminales. «Es necesario recuperar la solidaridad» o «debemos terminar el trabajo iniciado» fueron las fórmulas más utilizadas. Lo mismo ha ocurrido con los periodistas y con los «intelectuales». Los mismos que vituperaban al sindicalista tildándole de «ambicioso» e «incompetente» se han empleado a fondo los últimos días para evitar que Tyminski pudiera triunfar en las urnas. Las escasas ruedas de prensa del millonario se han convertido en un verdadero «pim-pam-pum», en el que los reporteros en lugar de plantear preguntas se han dedicado a atacarle sin piedad, acusándole de «complicidad con los comunistas» y de todos los crímenes imaginables. Este acoso, sumado a la influencia que los sacerdotes tienen sobre todo en las pequeñas poblaciones, ha terminado por hacer zozobrar las escasas esperanzas que tenía el confuso Tyminski. Todos los sondeos reflejaban una aplastante ventaja para el premio Nobel de la Paz, que oscilaba entre 40 y 60 puntos, frente al millonario de triple nacionalidad canadiense, polaca y peruana. Ayer, tras conocer los primeros resultados, el comando electoral de Walesa en Varsovia estaba repleto de simpatizantes eufóricos que esperaban que, tras el escrutinio oficial, su candidato consiguiera casi el 86% de los votos. Además de la Iglesia, el interés también se concentraba en saber a quién votaría el Presidente saliente de Polonia, el general Jaruzelski. Acompañado de su esposa Bárbara, el hombre de las gafas oscuras acudió a votar en el Palacio de Krolikarnia y manifestó que deseaba «buena suerte» a su sucesor y que lo más importante es «aunar el esfuerzo de toda la nación». Jaruzelski se negó a revelar su voto, aunque resultaría ciertamente irónico que hubiera contribuido con él a hacer de Lech Walesa, quien fue su gran rival durante gran parte de los años 80, su sucesor. El general alegó que decir por quien había votado habría constituido una clara «parcialidad» y, en el momento de subir a su vehículo oficial, manifestó patrióticamente que «había votado por Polonia».

Hacia las dos de la tarde, el gran derrotado de estas elecciones, el primer ministro, Tadeusz Mazowiecki, acudió a un colegio electoral del centro de la capital para, tragándose su orgullo v olvidando momentáneamente su enemistad, votar por Walesa. La aparición de Tyminski ha conseguido lo que durante años Walesa no ha podido evitar: la dispersión del movimiento sindical y las rencillas internas. El electricista que encabezó la primera revuelta contra un régimen comunista que ha culminado con éxito, que convirtió el nombre de Solidaridad en sinónimo de libertad en todo el mundo, permaneció ayer refugiado en su casa de Gdansk. Poco después de votar y sin hacer alarde de modestia, Walesa confesó a los periodistas que había votado «por el mejor de los candidatos». En un discurso ofrecido anoche por la televisión polaca, Walesa manifestó que Polonia ha cumplido su sueño de libertad e instó al pueblo a trabajar para mejorar y fortalecer la economía del país.

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