3 noviembre 1995
El nuevo presidente pasó de apoyar la dictadura pro-soviética, a evolucionar hacia una izquierda más moderada y conciliadora
Elecciones Polonia 1995 – El neo-comunista Kwasniewki acaba con el mandato de Lech Walesa, el legendario líder de Solidarnosc
Hechos
En noviembre de 1995 las elecciones presidenciales de Polonia dieron el triunfo a Aleksander Kwasniewski frente a Lech Walesa.
Lecturas
Las elecciones presidenciales celebradas en Polonia el 5 y el 19 de noviembre de 1995 concluyeron con la derrota del presidente Lech Wałęsa, histórico fundador del sindicato Solidaridad y Premio Nobel de la Paz de 1983, frente a Aleksander Kwaśniewski, de 41 años, candidato de la Alianza de la Izquierda Democrática (SLD), formación heredera de buena parte del antiguo Partido Obrero Unificado Polaco. El resultado suponía una paradoja histórica: apenas seis años después de la caída del régimen comunista, un político que había desarrollado parte de su carrera dentro de sus estructuras derrotaba democráticamente al hombre que mejor simbolizaba la resistencia contra aquel sistema. Kwaśniewski obtuvo el 51,72 % de los votos, frente al 48,28 % de Wałęsa, en una segunda vuelta de elevada participación y resultado relativamente ajustado.
La primera votación había mostrado la fragmentación del escenario político surgido de la transición de 1989. Kwaśniewski, antiguo ministro de Juventud y Deportes durante el último período comunista y presidente de la Socialdemocracia de la República de Polonia, obtuvo el 35,11 %, seguido de Wałęsa, que concurrió como independiente, con el 33,11 %. El tercer puesto correspondió al veterano disidente Jacek Kuroń, candidato de la liberal Unión de la Libertad, con el 9,22 %. Le siguieron Jan Olszewski, antiguo primer ministro de orientación nacional-conservadora, con el 6,86 %; Waldemar Pawlak, dirigente del Partido Popular Polaco y también ex primer ministro, con el 4,31 %; Tadeusz Zieliński, jurista y antiguo defensor del pueblo, con el 3,53 %; y Hanna Gronkiewicz-Waltz, presidenta del Banco Nacional de Polonia, con el 2,76 %. La multiplicidad de candidaturas procedentes de la antigua oposición anticomunista evidenciaba hasta qué punto se había dividido el bloque político que había contribuido a terminar con la dictadura.
La campaña enfrentó dos concepciones de la nueva Polonia. Wałęsa reivindicó su papel en la recuperación de la libertad y presentó a su adversario como representante de un pasado que el país no debía rehabilitar. Sin embargo, su presidencia, iniciada en diciembre de 1990, había estado marcada por enfrentamientos con distintos gobiernos, cambios de primeros ministros, disputas dentro del antiguo movimiento Solidaridad y un estilo personal de ejercer el poder que había desgastado su popularidad. Kwaśniewski, por el contrario, se presentó como un dirigente joven, pragmático y modernizador, partidario de la economía de mercado, la democracia parlamentaria y la integración de Polonia en las estructuras occidentales. Su campaña buscó convencer a los electores de que la antigua izquierda comunista había aceptado definitivamente las reglas democráticas.
El triunfo de Kwaśniewski completaba un cambio político iniciado en las elecciones legislativas de 1993, cuando la izquierda poscomunista y el Partido Popular habían alcanzado el Gobierno. Su victoria no significaba el restablecimiento del comunismo, sino la consolidación electoral de una izquierda transformada, capaz de atraer tanto a antiguos votantes del régimen como a ciudadanos decepcionados con los costes sociales de las reformas económicas y las divisiones de sus antiguos dirigentes opositores. Para Wałęsa, la derrota ponía fin a cinco años de presidencia, pero no borraba su protagonismo en la historia de la transición polaca. Para Kwaśniewski, comenzaba un desafío diferente: demostrar que un político formado en el sistema comunista podía presidir una Polonia democrática sin intentar restaurar aquel pasado.
Resultados de las elecciones
Primera vuelta: 5 de noviembre. Segunda vuelta: 19 de noviembre de 1995.
| Candidato | Perfil político | 1.ª vuelta | 2.ª vuelta |
|---|---|---|---|
| Aleksander Kwaśniewski | SLD, izquierda poscomunista | 35,11 % | 51,72 % |
| Lech Wałęsa | Independiente, antiguo Solidaridad | 33,11 % | 48,28 % |
| Jacek Kuroń | Unión de la Libertad, liberal y antiguo disidente | 9,22 % | — |
| Jan Olszewski | Movimiento para la Reconstrucción de Polonia, nacional-conservador | 6,86 % | — |
| Waldemar Pawlak | Partido Popular Polaco, agrario | 4,31 % | — |
| Tadeusz Zieliński | Candidato respaldado por Unión del Trabajo, centroizquierda | 3,53 % | — |
| Hanna Gronkiewicz-Waltz | Independiente, conservadora y católica | 2,76 % | — |
| Janusz Korwin-Mikke | Unión de Política Real, liberal radical | 2,40 % | — |
| Andrzej Lepper | Autodefensa, protesta agraria | 1,32 % | — |
| Jan Pietrzak | Independiente, humorista anticomunista | 1,12 % | — |
| Tadeusz Koźluk | Candidatura minoritaria | 0,15 % | — |
| Kazimierz Piotrowicz | Independiente | 0,07 % | — |
| Leszek Bubel | Independiente, nacionalista | 0,04 % | — |
21 Noviembre 1995
De aparatchik comunista a socialdemócrata
Aleksander Kwasniewski es la encarnación viva de la antigua nomenklatura comunista que, lejos de perder a raíz de la ruptura con el régimen dictatorial caduco en 1989, supo – por el contrario – utilizar la democracia en su provecho y volver a caballo de la transición al poder político.
La frase de su íntimo colaborador de que es el ‘Moises de la izquierda ex comunista que supo guiarla a través de las aguas políticas turbulentas hacia la nueva realidad describe mejor que nada sus indudables méritos en hacer olvidar a los polacos el desprecio que todavía hace escasos seis años sentían por el régimen comunista.
Kwasniewski, de 41 años, casado y padre de una hija adolescente, luce la imagen de un político moderno, libre de lacras idoeológicas del comunismo, familiar con las reglas de la democracia y la economía de mercado. Excelente comunicador, Kwasnieski cursó estudios de Economía en la Universidad de Gdansk, que abandonó, en el quinto curso antes de licenciarse, en 1977 a la edad de 23 años para entrar en el Partido Comunista. Kwasniewski escaló rápidamente los peldaños del aparato del partido.
Vinculado al sector reformador, fue en 1990 promovido por s tutor político, el último primer secretario, Mieczyslaw Rakowski, al liderazgo del nuevo Partido Socialdemócrata en que se convirtió el antiguo Partido Comunista polaco.
27 Noviembre 1995
Vaticanidades
Firmé en su día varias declaraciones de apoyo al sindicato polaco Solidaridad y a su líder, Walesa, porque me parecía de justicia y porque aquel comunismo de cartón piedra sostenido por la guerra fría, la retórica y una burocracia esencialmente acomunista, como luego se vio, no tenía razón de ser. Si después de 40 años de inculcación ideológica resultaba que la Virgen de Chestokowa tenía más gancho que el secretario general del partido, que cada palo aguantara su vela. Por aquellos días vi cómo Walesa le pegaba una bofetada a su hija pequeña ante las cámaras de televisión. La niña incordiaba excitada por la insólita situación y el líder cristiano y liberalizador le daba una hostia en el sentido laico del término.En una semana, el Vaticano ha sufrido dos reveses. La derrota de Walesa y la victoria en Irlanda de los partidarios del divorcio. En Polonia ha ganado un socialdemócrata moderado, repetidamente denominado comunista por todos aquellos que si dejan de ser anticomunistas no son nada. La victoria del divorcio es muy meritoria en un país donde el nacionalcatolicismo se identifica con la reivindicación nacional frente al imperialismo inglés. Si tiene mérito que en Polonia se haya dicho no al despotismo neoliberal y poco ilustrado de Walesa respaldado por el Papa, también lo tiene que los irlandeses hayan conseguido por fin salir de las peores cuevas del Vaticano.
A su vez, el Papa ha sancionado para siempre que las mujeres no podrán ser ministras de Dios. La decisión papal parece una rabieta teológica, y aunque la insistencia de las mujeres por ser curas me produce tanta sorpresa como la que algunas demuestran por ser militares, si se trata de meter en razón a la sinrazón vaticana, marchemos todas juntas, y yo la primera, por la senda del sacerdocio.
21 Noviembre 1995
¡Un laico por amor a Dios!
Bendito sea Dios, que disgusto en la sacristía: un comunista gana a un papista. ¡En la Polonia mártir! Esos combatinetes de la prensa oscura hacen todo lo posible por dudarlo, por ocultarlo: existe la abeceína, como decía la madrugada pasada mi Joaquín Estefanía (SER). Se reifere au n estilillo dañino: nace en ABC, pero se va difundiendo por otros lugares a medida que progresa el PP (que también se ha influido del estilillo).
Dicen que son los primeros resultados, dicen que es por decimales. Ya sbaían ellos cuando lo editaban y anunciaban en sus radios que no era así. Y que Kwasniewksi no es un comunista, sino un ex. Los hay hasta segregando abeceína (Carlos Semprún, que personaje) en el PP y entre los gubernamentales.
Eduardo Haro Tecglen
21 Noviembre 1995
Adiós a Walesa
ALEMANDER KWASNIEWSKI, el candidato del Partido Socialdemócrata, emanado del desaparecido partido comunista, es el nuevo jefe del Estado de Polonia, tras vencer nada menos que al legendario héroe de la revolución anticomunista polaca, Lech Walesa. Pese a los recelos de muchos conciudadanos hacia el partido. de Kwasniewski, al masivo apoyo de la Iglesia a Walesa y a la estrategia de éste de presentar a su adversario como poco menos que un Stalin redivivo, una mayoría ha elegido la moderación de Kwasniewski frente al mensaje divisorio y anacrónicamente anticomunista de Walesa.Quienes vean en el resultado un retorno del comunismo y un peligro para la democracia albergan temores infundados. Kwasniewski es un joven moderado cuya ruptura con la ideología comunista y adhesión a la democria y a la economía libre es tan indudable como, por ejemplo, la del primer ministro húngaro, Gyula Hom. Tanto uno como el otro son hombres que colaboraron desde dentro a desmantelar pacíficamente el régimen que sabían acabado.
Los sondeos daban, a Walesa como vencedor. Es aún difícil para los encuestados polacos reconocer que votarán a un ex comunista y contra Walesa. Pero al votar, una mayoría ha demostrado estar agotada del autoritarismo y la egolatría de Walesa. Y el fracaso del apoyo inequívoco de la Iglesia polaca revela que ésta ha perdido considerable influencia en la sociedad. Los polacos se identificaron con la Iglesia como institución nacional contra el régimen comunista, como hicieron para, defender su identidad bajo otros invasores antes. Pero, según madura la democracia, Polonia se desarrolla hacia una sociedad compleja y laica como las occidentales.
De hecho, muchos polacos han visto en Walesa un peligro más cierto para la democracia que en Kwasniewski, Los continuos forcejeos de Walesa con las instituciones que no le complacían, sus amenazas de disolver el Parlamento en cuanto éste aprobaba una ley que le disgustaba y sus notorias tentaciones de acumular competencias le hicieron sospechoso de aspirar a un régimen personal, en el que las instituciones volvieran a jugar un papel marginal.
Ahora, el nuevo presidente, Kwasniewski, deberá despejar, por su parte y con rapidez, las dudas que la mitad de la sociedad polaca tiene respecto a él. Defender la pluralidad y el Estado laico frente a las seguras presiones de la Iglesia, pero también hacerse aliados para reafirmar la vía económica que está transformando Polonia y reforzar las relaciones con la Unión Europea. Las medidas económicas que habrá de apoyar decepcionarán a muchos de sus votantes, pero son tan necesarias como ayer. Y deberá vigilar con celo que su victoria no la interpretan como propia algunos aparatchiks comunistas para su propio provecho. En ello le va la credibilidad. Y posiblemente ten ga que hacer frente a ofensivas extraelectorales de su antecesor. Porque si algo no sabe hacer Walesa -lo reconoce él mismo- es perder.
El Análisis
Lech Wałęsa pasará a la historia de Polonia por lo que hizo antes de llegar a la Presidencia, más que por lo que consiguió una vez instalado en ella. El electricista de los astilleros de Gdańsk, fundador de Solidaridad, había contribuido a desafiar un sistema que parecía inamovible y a hacer posible una transición democrática que transformó Europa oriental. Pero el prestigio de un símbolo no garantiza la capacidad para administrar un Estado. Durante sus cinco años como presidente, Wałęsa protagonizó continuos enfrentamientos con primeros ministros, partidos y antiguos compañeros de la oposición anticomunista, sin conseguir consolidar alrededor de su figura un bloque político estable. Su estilo personalista, su inclinación a intervenir en las disputas gubernamentales y su difícil relación con parte de la clase política terminaron desgastando una autoridad moral que parecía inmensa en 1990. Sería injusto atribuirle todos los problemas de una transición económica marcada por cierres industriales, desempleo y sacrificios sociales, como también lo sería negar su contribución a la consolidación de la independencia polaca y su orientación occidental. Pero las urnas de noviembre de 1995 demostraron que los ciudadanos podían seguir admirando al hombre que ayudó a conquistar la libertad sin querer prolongar su mandato como gobernante.
Aleksander Kwaśniewski ha conseguido algo que pocos habrían considerado imaginable seis años atrás: que una mayoría de polacos vote como presidente a un antiguo dirigente del aparato comunista. No es un logro menor en un país que conoció el autoritarismo de Władysław Gomułka, el agotamiento económico del sistema bajo Edward Gierek y la imposición de la ley marcial por Wojciech Jaruzelski en diciembre de 1981. Pero Kwaśniewski no ganó prometiendo regresar a aquella Polonia, sino precisamente esforzándose por distanciarse de ella. Había abandonado la retórica marxista-leninista, aceptado el pluralismo político y la economía de mercado y adoptado una imagen de dirigente joven, dialogante y favorable a la integración europea. Frente al discurso de Wałęsa, que insistía en recordar de dónde procedía su adversario, Kwaśniewski invitaba a los electores a juzgarlo por lo que proponía para el futuro. Su victoria tampoco demuestra que los polacos hayan olvidado la dictadura: el estrecho resultado, la fragmentación de los antiguos partidos de Solidaridad y el desgaste de Wałęsa ayudan a explicarla. La gran prueba del nuevo presidente será demostrar que su transformación política es algo más que una adaptación electoral. La paradoja de Polonia es que el hombre que contribuyó a derrotar al comunismo ha perdido unas elecciones democráticas frente a uno de sus antiguos representantes; y precisamente que esa derrota pueda producirse pacíficamente constituye una de las victorias históricas de la democracia que Wałęsa ayudó a construir.
J. F.