26 mayo 1992

En la primera vuelta fueron descabalgadas las candidaturas de Heide Schmidt y Robert Jungk

Elecciones Presidenciales Austria 1992 – El conservador Thomas Klestil vence por sorpresa al socialdemócrata Streicher

Hechos

El 24.05.1992 Thomas Klestil ganó las elecciones con un 56% de los votos frente al 43% de los obtenidos por Rudolf Streicher.

Lecturas

El 26 de abril de 1992, Austria celebró la primera vuelta de sus elecciones presidenciales para elegir al sucesor de Kurt Waldheim, que había renunciado a presentarse a un segundo mandato tras seis años de controversias diplomáticas por su pasado durante la Segunda Guerra Mundial. Concurrieron cuatro candidatos: Rudolf Streicher, ministro de Transportes y Empresas Públicas, representante del Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ) y de la izquierda moderada; Thomas Klestil, diplomático y antiguo embajador en Estados Unidos, candidato independiente respaldado por el Partido Popular Austríaco (ÖVP), de orientación democristiana y conservadora; Heide Schmidt, jurista y vicepresidenta del Parlamento, candidata del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), formación dirigida por el nacionalista Jörg Haider, aunque ella pertenecía a su corriente liberal; y Robert Jungk, escritor, futurólogo y activista pacifista y antinuclear, respaldado por Los Verdes-La Alternativa Verde, de orientación ecologista y progresista.

En la primera vuelta, Streicher obtuvo el 40,66 % de los votos, seguido de Klestil, con el 37,20 %. Heide Schmidt consiguió un notable 16,39 %, mientras Jungk alcanzó el 5,75 %. Al no obtener ningún candidato la mayoría absoluta, se celebró una segunda vuelta el 24 de mayo, limitada a los dos más votados. En ella resultó decisiva la posición del FPÖ: su presidente, Jörg Haider, recomendó votar por el conservador Klestil, pese a que el partido había presentado a Schmidt en la primera ronda. El candidato del ÖVP consiguió reunir buena parte del voto de centroderecha y derecha y se impuso con el 56,89 %, frente al 43,11 % de Streicher. El resultado permitió al Partido Popular conservar la presidencia de la República, aunque el Gobierno seguía encabezado por el canciller socialdemócrata Franz Vranitzky, en coalición con el ÖVP. Klestil tomó posesión el 8 de julio de 1992.

Resultados oficiales

Candidato Partido o apoyo 1.ª vuelta (26 abril) 2.ª vuelta (24 mayo)
Thomas Klestil ÖVP — Democristiano, conservador 37,20 % 56,89 %
Rudolf Streicher SPÖ — Socialdemócrata 40,66 % 43,11 %
Heide Schmidt FPÖ — Liberal, dentro de un partido nacionalista 16,39 % —
Robert Jungk Los Verdes — Ecologista, pacifista 5,75 % —
Participación 84,36 % 80,91 %

26 Mayo 1992

Simbiosis austriaca

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

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LA ELECCIÓN del conservador Thomas Klestil como presidente de Austria es la solución lógica para un país cuya más alta magistratura había sido piedra de escándalo durante los pasados seis años. Klestil sucede a Kurt Waldheim, el antiguo nazi y ex secretario general de la ONU, cuyo mandato había sido embarazoso para todos, dentro y fuera del país. Lo hace en a segunda vuelta y consigue su victoria sobre el canlidato socialdemócrata gracias, aunque desde luego no exclusivamente, a los votos de la extrema derecha de Jórg Haider. Éste ha querido capitalizar el resultado anunciando la muerte política de los socialdemócratas del SPO y exigiendo la celebración de comicios generales. Klestil, sin embargo, se ha apresurado a dis,ociarse de estos circunstanciales aliados asegurando además que la presidencia tiene que ver más con la personalidad que con los grupos políticos.Klestil consagra con su victoria el modo de simbiosis política que, con excepción de 13 años de control socialdemócrata entre 1970 y 1983, ha sido típico de Austria desde el final de la II Guerra Mundial. El canciller socialdemócrata Vranitzky preside desde 1986 un Gobierno en el que su partido (SPO) comparte el poder en la llamada gran coalición con los conservadores del OVP. Klestil ha salido del Ministerio de Exteriores, que éstos controlan y en el que, como secretario general, dirigió los estudios encaminados a sugerir fórmulas para hacer compatible la neutralidad permanente de Austria con sus aspiraciones a incorporarse a la CE. El asunto, después de la desaparición de las tensiones Este-Oeste, es irrelevante, pero ha sido central en la política austriaca, en un país cuya mayoría ciudadana no esconde su deseo de acceder a la Comunidad y cuya economía está confortablemente preparada para ello.

26 Mayo 1992

Una vida dedicada a la función pública.

La Vanguardia

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Natural de Viena, en 1957, dos años después de que hubiera terminado la ocupación aliada de Austria, Thomas Klestil terminaba sus estudios en la Escuela Superior de Comercio y Economía. Ha sido siempre funcionario público, primero en la Cancillería Federal y después, como diplomático en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Tras dos años en la oficina de coordinación económica de la Cancillería y tres años en la representación austriaca en la OCDE, fue enviado a Washington como secretario de embajada. Durante la breve época del Gobierno del canciller Klaus, Klestil fue jefe del Gabinete. En 1978 fue embajador de Austria ante la ONU y, a parir de 1982, embajador en Washington. Los últimos cinco años ha sido secretario general en el Ministerio de Exteriores. Está casado y tiene tres hijos.

El Análisis

Klestil gana; Haider demuestra que puede decidir

JF Lamata

Austria ha elegido el 24 de mayo de 1992 a Thomas Klestil como sucesor de Kurt Waldheim y lo ha hecho con una claridad que nadie podía deducir de la primera vuelta: el diplomático apoyado por el conservador ÖVP obtiene 2.528.006 votos, el 56,89%, frente a los 1.915.380, 43,11%, del socialdemócrata Rudolf Streicher. Cuatro semanas antes había ocurrido justamente lo contrario: Streicher encabezó la votación con 40,66%, Klestil quedó segundo con 37,20%, la candidata del derechista FPÖ, Heide Schmidt, obtuvo un formidable 16,39%, y el ecologista y pacifista Robert Jungk, un 5,75%. El gran vencedor es, naturalmente, Klestil: hijo de un conductor de tranvías y diplomático profesional —antiguo embajador en Washington y secretario general de Exteriores—, consigue presentarse menos como político del ÖVP que como hombre de Estado independiente capaz de devolver respetabilidad internacional a una Presidencia dañada por los seis años de Kurt Waldheim. Pero hay otro ganador que ni siquiera estaba en la papeleta: Jörg Haider. Después de la eliminación de Heide Schmidt, el líder del FPÖ recomendó votar por Klestil, y los números permiten apreciar la importancia de ese trasvase: el candidato conservador gana casi 800.000 votos entre ambas vueltas mientras Streicher apenas suma 27.000. Klestil puede rechazar que su Presidencia deba nada a Haider, pero Haider puede exhibir algo políticamente mucho más importante: sus votantes empiezan a decidir quién gana Austria.

El derrotado inmediato es Streicher, pero el golpe alcanza también al canciller Franz Vranitzky y al SPÖ. Resulta especialmente significativo porque Vranitzky continúa siendo la personalidad dominante del Gobierno de gran coalición SPÖ-ÖVP y porque su partido había ganado claramente la primera vuelta; sin embargo, cuando la elección se convierte en un duelo, la izquierda no encuentra reservas suficientes mientras casi toda la derecha puede reunirse detrás de Klestil. Y tampoco el ÖVP debería engañarse demasiado con la magnitud del 56,9%: su candidato sólo había conseguido un 37,2% cuando competía bajo condiciones multipartidistas y necesita para la victoria una porción decisiva del electorado de Haider. Ésa quizá sea la auténtica noticia política de estas presidenciales. La vieja Austria continúa gobernada por la gran coalición de socialdemócratas y democristianos, con Vranitzky como canciller y Erhard Busek al frente del ÖVP, pero alrededor de ellos está creciendo una fuerza que pretende romper precisamente ese reparto tradicional del poder. Heide Schmidt ha demostrado con su 16,4% que el FPÖ posee ya un electorado nacional considerable y Haider demuestra en la segunda vuelta que sabe utilizarlo. Klestil ha ganado la Presidencia, Vranitzky ha sufrido una derrota y Haider no ha necesitado ganar las elecciones para demostrar que empieza a ser imposible gobernar la política austríaca como si él no existiera.

J. F.