26 mayo 1992
En la primera vuelta fueron descabalgadas las candidaturas de Heide Schmidt y Robert Jungk
Elecciones Presidenciales Austria 1992 – El conservador Thomas Klestil vence por sorpresa al socialdemócrata Streicher
Hechos
El 24.05.1992 Thomas Klestil ganó las elecciones con un 56% de los votos frente al 43% de los obtenidos por Rudolf Streicher.
Lecturas
Una vida dedicada a la función pública.
Natural de Viena, en 1957, dos años después de que hubiera terminado la ocupación aliada de Austria, Thomas Klestil terminaba sus estudios en la Escuela Superior de Comercio y Economía. Ha sido siempre funcionario público, primero en la Cancillería Federal y después, como diplomático en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Tras dos años en la oficina de coordinación económica de la Cancillería y tres años en la representación austriaca en la OCDE, fue enviado a Washington como secretario de embajada. Durante la breve época del Gobierno del canciller Klaus, Klestil fue jefe del Gabinete. En 1978 fue embajador de Austria ante la ONU y, a parir de 1982, embajador en Washington. Los últimos cinco años ha sido secretario general en el Ministerio de Exteriores. Está casado y tiene tres hijos.
El Análisis
Austria ha elegido el 24 de mayo de 1992 a Thomas Klestil como sucesor de Kurt Waldheim y lo ha hecho con una claridad que nadie podía deducir de la primera vuelta: el diplomático apoyado por el conservador ÖVP obtiene 2.528.006 votos, el 56,89%, frente a los 1.915.380, 43,11%, del socialdemócrata Rudolf Streicher. Cuatro semanas antes había ocurrido justamente lo contrario: Streicher encabezó la votación con 40,66%, Klestil quedó segundo con 37,20%, la candidata del derechista FPÖ, Heide Schmidt, obtuvo un formidable 16,39%, y el ecologista y pacifista Robert Jungk, un 5,75%. El gran vencedor es, naturalmente, Klestil: hijo de un conductor de tranvías y diplomático profesional —antiguo embajador en Washington y secretario general de Exteriores—, consigue presentarse menos como político del ÖVP que como hombre de Estado independiente capaz de devolver respetabilidad internacional a una Presidencia dañada por los seis años de Kurt Waldheim. Pero hay otro ganador que ni siquiera estaba en la papeleta: Jörg Haider. Después de la eliminación de Heide Schmidt, el líder del FPÖ recomendó votar por Klestil, y los números permiten apreciar la importancia de ese trasvase: el candidato conservador gana casi 800.000 votos entre ambas vueltas mientras Streicher apenas suma 27.000. Klestil puede rechazar que su Presidencia deba nada a Haider, pero Haider puede exhibir algo políticamente mucho más importante: sus votantes empiezan a decidir quién gana Austria.
El derrotado inmediato es Streicher, pero el golpe alcanza también al canciller Franz Vranitzky y al SPÖ. Resulta especialmente significativo porque Vranitzky continúa siendo la personalidad dominante del Gobierno de gran coalición SPÖ-ÖVP y porque su partido había ganado claramente la primera vuelta; sin embargo, cuando la elección se convierte en un duelo, la izquierda no encuentra reservas suficientes mientras casi toda la derecha puede reunirse detrás de Klestil. Y tampoco el ÖVP debería engañarse demasiado con la magnitud del 56,9%: su candidato sólo había conseguido un 37,2% cuando competía bajo condiciones multipartidistas y necesita para la victoria una porción decisiva del electorado de Haider. Ésa quizá sea la auténtica noticia política de estas presidenciales. La vieja Austria continúa gobernada por la gran coalición de socialdemócratas y democristianos, con Vranitzky como canciller y Erhard Busek al frente del ÖVP, pero alrededor de ellos está creciendo una fuerza que pretende romper precisamente ese reparto tradicional del poder. Heide Schmidt ha demostrado con su 16,4% que el FPÖ posee ya un electorado nacional considerable y Haider demuestra en la segunda vuelta que sabe utilizarlo. Klestil ha ganado la Presidencia, Vranitzky ha sufrido una derrota y Haider no ha necesitado ganar las elecciones para demostrar que empieza a ser imposible gobernar la política austríaca como si él no existiera.
J. F.