26 mayo 1992
Todos los análisis políticos señalan a la trágica muerte del juez anti-mafia como la causa del desbloqueo de las votaciones
El democristiano Oscar Luigi Scalfaro se convierte en Jefe del Estado de Italia en medio de la conmoción por el asesinato de Falcone
Hechos
El 25.05.1992 Óscar Luigi Scalfaro fue elegido presidente de la República de Italia.
Lecturas
LOS GRANDES DERROTADOS
26 Mayo 1992
La partitocracia escoge un Pertini democristiano
Los partidos políticos italianos, en el momento de mayor desprestigio popular, optaron ayer por apoyar para la jefatura del Estado a una especie de Sandro Pertini, pero en católico, casi un monje, incorruptible e insobornable, que vivía en un convento de religiosas.Oscar Luigi Scalfaro ofrece garantías a los políticos porque es un magistrado que mantuvo siempre una gran dignidad, pero podría acabar creando problemas y sorpresas a algunos de los partidos que le han votado, empezando por la Democracia Cristiana, como ocurrió a los socialistas con Pertini.
Lo que no va a ser sorpresa es que Scalfaro de ningún modo seguirá laruta presidencialista de su antecesor Francesco Cossiga, porque es uno de los padres de la Constitución que ha apostado siempre por la defensa de la Carta Magna y sobre todo por la primacía del Parlamento como garantía máxima de democracia.
Se podría decir que, tras el paréntesis borrascoso de Cossiga, con sus aventuras de segunda república, Scalfaro es el político de esta república democrática y parlamentaria y de esta Constitución. Al mismo tiempo, es consciente de que le iban a votar ayer muchos de los que no le habrían votado anteayer porque, ante la sacudida de la Mafia que ha sacado las uñas revelando su omnipotencia, y, frente a la reacción rabiosa de la gente ante el enésimo crimen de Estado, se apostó por un político casi con fama de santidad. Una editorial católica está preparando la publicación de un libro de Scalfaro sobre la Virgen.
Purificación colectiva
Este es un momento en que hasta la llamada capital moral de la nación, la industrial Milán, está siendo zarandeada por una tormenta de escándalos financieros que ha salpicado a todos los partidos del Gobierno y de la oposición, dando pie a la gente de la calle para que piense que todos son igualmente ladrones. Y es ahora cuando la partitocracia realiza una especie de purificación colectiva y pública colocando al frente del Estado a un personaje que, como Pertini, no posee bienes; que nunca ha estado en boca de nadie, y que es invulnerable a los halagos del dinero.
De este modo, al mismo tiempo, la Democracia Cristiana, esa especie de gran placenta nacional, que en el bien y en el mal es todavía lagrande mamma, consigue redimirse de sus pecados, con uno de sus hombres en la sombra, en el momento de mayor desprestigio.
En Italia pasa ahora como en la Iglesia, cuando tras el turbulento pontificado de Pío XII, se descubrió al honrado Juan XXIII, que le devolvió su prestigio.
31 Mayo 1992
Un anti-Cossiga en el Quirinal
Se lo debían al país, a su imagen internacional. Democristianos, socialistas, pedesinos [PDS], liberales, socialdemócratas venían obligados a romper el bloqueo institucional a que lo habían conducido. Las horas dramáticas que sucedieron al asesinato del juez Falcone colocaban contra la pared a los principales partidos. Tenían que hacer un gesto, rehabilitárse moralmente. Y lo hicieron súbitamente, después de trece días y quince votaciones estériles para elegir presidente. El crimen mafioso de Palermo exigía una inmediata respuesta. La hubo con la elección de Oscar Luigi Scalfaro.
Desde los comicios generales de abril, Italia entró en una vorágine. Disgregación de las fuerzas parlamentarias, con la aparición de la Liga Lombarda, la Red siciliana de Leoluca Orlando y los cortes transversales en los distintos partidos bajo la apuesta refrendada de Mario Segni. Y, además, reducción notable de la DC, menguadosresiltados para PSI, PSDI, PL y PDS 8ex comunista).
Por si fuera poco, el descrédito moral. El escándalo político-económico de Milán, cuya amplitud va creciendo con implicaciones de socialistas, democristianos, pedesinos. ¡Hasta de republicanos, los de las ‘manos limpias’, que se despegaron del pentapartido por mor de la ética!
La rápida sucesión en cadena, crisis gubernamental y dimisión del presidente Cossiga. Vacante el palacio Chigi, el del Quirinal. Y todo, mientras los índices económicos encienden el rojo.
En este clima de desconcierto, los grandes electores convocados en el hemiciclo de Montecitorio para la sucesión de Cossiga se vieron atrapados en la madeja de sus propias intrigas. Aupamiento y caída de las más variadas candidatura, sabotaje contra el más alto representante de la DC, Forlani, desde sus propias filas y consiguiente dimisión como secretario general, dejando sin cabeza al partido de la mayoría relativa. Cruce de alianzas, rupturas, maniobras de distracción. Y, de pronto, el revulsivo: Falcone asesinado en Palermo. La provocación directa de la Mafia al Estado en su momento de mayor debilidad.
(…)
Solo la Liga lombarda, neofascistas y comunistas no reciclados le negaron el voto a Scalfaro. Era un maridaje contra natura en favor de la ruptura. Y los republicanos, erróneamente llevados por una altivez y distanciamiento que el escándalo de Milán no justifica.
(…)
Craxi dijo que la política italiana sufre necrosis, parálisis. ¿Algo se ha puesto en movimiento para revivificarla, para cambiarla? Scalfaro no es un independiente. Sale del sistema, milita en la DC, partido al que dice que ama. Fue uno de los padres de la Constitución, 45 años diputado, ministro. Sube a la presidencia de la República, después de un paso meteórico por la Cámara baja.
Se le ha calificado del anti-Cossiga. Nada de intemperancias, de descalificaciones. Moderación. Templanza. La cara sana de la vieja política de que proviene. La apuesta por ‘una política que responda a normas morales’. Pero advierte: «¡No generalicemos en la denigración!» «¡No especulemos con ella!». Es un lenguaje sobre cuyas dos vertientes convendría una profunda reflexión en estos tiempos proclives a los vicios de la política como a la vituperación sistemática de la misma, tanto o más peligrosa. Y no sólo en Italia, sino también en nuestros pagos, en esta Europa democrática que vive con una mezcla de autocomplaencia y de hipercrítica propia el espectáculo fascinante del derrumbamiento del sistema comunista de partido único.
26 Mayo 1992
Eleccion trágica
EL NOMBRAMIENTO de Oscar Luigi Scalfaro como nuevo presidente de la República italiana se ha producido en circunstancias trágicas. Parece como si los partidos hubieran necesitado de la profunda conmoción que ha sacudido a todo el país ante el asesinato por la Mafia del juez Giovanni Falcone para llegar a un acuerdo. De hecho, la candidatura de Scalfaro se impuso, al menos moralmente, en el acto solemne del pasado dorilingo, dedicado por el Parlamento a la memoria del magistrado asesinado: sus palabras expresaron, con el aplauso unánime de los diputados, no sólo el dolor por la pérdida sufrida, sino la necesidad imperiosa de refórmar un sistema político carcomido por la corrupción e impotente ante las bandas criminales que lo asaltan. Ayer tuvo lugar la elección parlamentaria formal y Scalfaro, apoyado por los principales partidos, obtuvo una holgada mayoría.El asesinato de Falcone no ha sido un crimen más de la Mafia, que los comete con aterradora frecuencia. Ha sido un verdadero desaflo al Estado, una demostración de fuerza de una banda criminal precisamente en el momento en que, sin presidente y sin Gobierno, la República italiana daba una sensación de parálisis total. Pero demuestra además que la Mafia de hoy no es ya la asociación basada en el clientelismo y la omertá, capaz de imponer su ley en la sociedad agraria siciliana. Es mucho más que eso. Falcone era el principal símbolo de la lucha contra la Mafia y ésta le había condenado; vivía bajo una protección constante y sus viajes eran secretos. Que la Mafia haya conocido la llegada del juez con antelación y haya podido preparar el dispositivo del atentado, colocando en una autovía vigilada una tonelada de explosivos, indica unos medios, unas complicidades dentro del aparato estatal y una libertad de maniobra que resultan, cuando menos, impresionantes. Ligada al narcotráfico internacional, con métodos nuevos en su actividad criminal, apoyada por complicidades que nunca han sido aclaradas, la Mafia representa para el Estado italiano un peligro de vida o muerte.
La elección de Scalfaro para el Quirinal refleja quizá esa necesidad imperativa que tienen los italianos de abrir una nueva etapa en su vida política. Rígido en la defensa de los valores éticos, creyente sincero, Scalfaro es un caso especial en la Democracia Cristiana (DC). Por eso cuenta con muchos enemigos en el seno de ésta, y dificilmente hubiese sido propuesto para la presidencia en una hora menos dramática que la actual. Sin embargo, cuando la DC atraviesa por una crisis profundísima -incluso su secretario general, Forlani, acaba de dimitir-, la figura de Scalfaro puede ayudarla a levantar cabeza y a permanecer, como siempre, en la cumbre del Estado. Cabe esperar que ello sirva no para el continuismo, sino para introducir aires de renovación en el partido que ha gobernado Italia durante el último medio siglo y es el principal responsable de los males que hoy sufre.
Por otra parte, Scalfaro, en lo institucional, es lo contrario de Cossiga. No es casual que éste decidiese dejar la presidencia de la República cuando aquél fue elegido para presidir la Cámara. Frente a las maniobras presidencialistas alimentadas por el Quirinal en los últimos meses, Scalfaro considera -y lo repitió el domingo- que el Parlamento es la pieza clave de la democracia y propugna una renovación de la política italiana que no debilite su decisivo papel.
Italia atraviesa por un momento difícil que inquieta a todos los europeos. A su mala situación económica, con una deuda externa disparada, se agrega la descomposición del Estado, la crisis de los partidos y la cólera de los ciudadanos. Sería gravísimo para Europa que no lograse recuperarse y alcanzar los niveles fijados en Maastricht para la unidad monetaria. La elección de Scalfaro es una buena noticia. Pero quedan muchos pasos pendientes, empezando por la formación del Gobierno. Ellos indicarán si Italia se decide a curar su esclerosis política.