5 julio 1994

Su principal rival, Kravchuk, también provenía del PCUS soviético

Elecciones Ucrania 1994: la victoria ex comunista Leonid Kuchma liderara al país que permanecerá en la órbita de Rusia

Elecciones Ucrania 1994: la victoria ex comunista Leonid Kuchma liderara al país que permanecerá en la órbita de Rusia

Hechos

En julio de 1994 se celebraron elecciones presidenciales en Ucrania que ganó Leonid Kuchma con el 53,8% de los votos frente a Leonid Kravchuk.

Lecturas

Ucrania protagoniza una de las primeras alternancias democráticas del espacio surgido de la Unión Soviética. Leonid Danílovich Kuchma, antiguo primer ministro, derrota en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales al jefe del Estado, Leonid Makárovich Kravchuk, por 52,35 % frente a 45,24 %. Kravchuk había ganado la primera vuelta del 26 de junio con el 38,36 %, seguido de Kuchma con el 31,81 %. Tras ellos quedaron Oleksandr Oleksandrovich Moroz, dirigente del Partido Socialista de Ucrania, con el 13,33 %, y el economista liberal Volodymyr Tymofiyovych Lanovyi, con el 9,55 %. Los restantes candidatos —Valeriy Babych, Ivan Plyushch y Petro Talanchuk— no alcanzaron individualmente el 3 %. La participación superó el 70 % en ambas vueltas.

Los dos finalistas procedían, significativamente, del sistema soviético. Kravchuk había desarrollado una larga carrera en el Partido Comunista de Ucrania, llegando a ser responsable ideológico y presidente del Sóviet Supremo de la república. Pero en 1991 supo transformarse en dirigente de la independencia: abandonó el Partido Comunista después del golpe de agosto, encabezó el nuevo Estado ucraniano y, junto a Borís Nikoláievich Yeltsin y Stanislav Stanislávovich Shushkévich, firmó los acuerdos de Belavezha que certificaron la desaparición de la URSS. En 1994 aparece paradójicamente como el candidato más identificado con la consolidación de una Ucrania políticamente separada de Rusia y obtiene sus mejores resultados en el oeste nacionalista.

Kuchma representa otro sector de la antigua élite soviética. Ingeniero y antiguo director de Yuzhmash, gigantesco complejo de fabricación de misiles de Dnipropetrovsk, había sido diputado soviético y posteriormente primer ministro de Ucrania entre octubre de 1992 y septiembre de 1993. Concurre formalmente como independiente, respaldado por el Bloque Interregional de Reformas, presentándose como administrador pragmático y partidario de recomponer las deterioradas relaciones económicas con Rusia. Defiende conceder al ruso condición oficial y una integración económica mucho mayor dentro de la Comunidad de Estados Independientes. Su victoria se construye fundamentalmente en las regiones industriales, rusófonas y más vinculadas económicamente a Rusia del este y sur del país.

El socialista Oleksandr Moroz, antiguo comunista que había encabezado la reconstrucción de una izquierda organizada después de la prohibición temporal del Partido Comunista, representa una oposición favorable a una economía menos liberalizada y a relaciones estrechas con Rusia. Los comunistas terminarán apoyando a Kuchma en la segunda vuelta. En el extremo económico contrario se encontraba Lanovyi, antiguo viceprimer ministro y defensor de reformas de mercado más rápidas. Una parte importante de los electores de ambos —pese a proceder de posiciones económicas muy diferentes— terminó votando a Kuchma, señal de que el rechazo al Gobierno de Kravchuk pesó tanto como las divisiones ideológicas.

El mapa electoral revela además una fractura que va mucho más allá de los candidatos. Kravchuk domina el oeste y buena parte del centro; Kuchma arrasa en el este, el sur y Crimea, donde las relaciones históricas, lingüísticas y económicas con Rusia son considerablemente mayores. El vencedor deberá gobernar así un país independiente desde hace apenas tres años, económicamente hundido, dividido respecto a su relación con Moscú y todavía depositario en su territorio de un gigantesco arsenal nuclear heredado de la URSS. El 19 de julio, Kuchma asumirá la Presidencia mediante la primera transmisión pacífica del poder entre presidentes de la Ucrania independiente.

El Análisis

DEPENDIENTES DE RUSIA

JF Lamata

Ucrania y Bielorrusia son países independientes y, por ahora, también pueden aspirar razonablemente a ser considerados democracias. Existe una prueba difícil de discutir: en Kiev el presidente Leonid Kravchuk acaba de perder unas elecciones y entregará el poder a Leonid Kuchma; en Minsk, Aleksandr Lukashenko acaba de derrotar al candidato asociado al Gobierno, Viacheslav Kébich, en unas elecciones competitivas generalmente aceptadas por los observadores internacionales. Ése no era el funcionamiento de la Unión Soviética. Pero la desaparición de un imperio político no liquida en tres años el espacio económico y estratégico construido durante siete décadas. Ucrania y Bielorrusia poseen fronteras, presidentes, parlamentos y representación internacional propias, pero continúan dependiendo enormemente del comercio, la energía, las infraestructuras y las relaciones económicas con Rusia. Kuchma no ha ganado prometiendo regresar a la URSS: ha ganado, entre otras razones, ofreciendo normalizar una relación con Moscú que buena parte del este industrial considera imprescindible. La URSS ha desaparecido; la geografía, las tuberías, las fábricas, el idioma y las dependencias económicas soviéticas no.

La derrota de Kravchuk resulta por ello especialmente paradójica. Uno de los hombres que contribuyeron decisivamente a certificar la muerte de la Unión Soviética entrega democráticamente la Presidencia a un antiguo director del complejo militar-industrial soviético que promete entenderse mejor con Rusia. Pero Kuchma recibe un Estado cuya independencia no puede reducirse seriamente a la condición de satélite: Ucrania conserva unas Fuerzas Armadas propias y alberga todavía el tercer mayor arsenal nuclear del mundo, aunque ya ha acordado avanzar hacia su desnuclearización. Su tamaño, población, industria y posición geográfica hacen además imposible tratarla como una simple república periférica. El futuro de Kravchuk queda ahora en la política ucraniana —no existe motivo para suponer que su derrota equivalga a su desaparición—, mientras el problema de Kuchma será bastante mayor: demostrar que mantener relaciones estrechas con Rusia no significa volver a obedecerla. La verdadera prueba de la independencia ucraniana quizá no sea alejarse necesariamente de Moscú, sino conseguir algo más difícil: poder acercarse a Rusia cuando le convenga y alejarse cuando no, sin que la decisión corresponda a nadie salvo a los propios ucranianos.

JF