11 enero 1946
El Partido del Trabajo de Albania, liderado por el propio Hoxha (afín a la URSS) será el único legal
En Albania se establece oficialmente la dictadura comunista con el stalinista Enver Hoxha como líder supremo
Hechos
El 11.01.1946 se proclamó la República Popular de Albania.
Lecturas
El dictador de Albania, Enver Hoxha [Hodja] ha proclamado la República Popular de Albania.
Se pone fin así a la monarquía representada por el rey Zogú [Zog].
La proclamación oficial de la república es la expresión del resultado de las ‘elecciones’ organizadas por los comunistas celebradas el 2 de diciembre de 1945 en las que el Frente Democrático Nacional (comunista) obtuvo el 80% de los votos.
El Frente Democrático fue organizado por Hoxha, que constituyó un gobierno comunista después de la evacuación.
En noviembre, el gobierno de Hoxha fue reconocido por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de Stalin, los Estados Unidos de América y Reino Unido.
Queda establecida una dictadura comunista de partido único, el PTA comunista que dirigirá el propio Hoxha. Su mano derecha es Mehmeh Shehu (será su mano derecha hasta diciembre de 1981)
Ya en noviembre de 1945 se había proclamado el comunismo en Yugoslavia.
En noviembre de 1946 se proclamó el comunismo en Bulgaria.
El Análisis
La reciente proclamación de la República Popular de Albania en enero de 1946 marca un nuevo capítulo en la expansión del comunismo soviético por Europa del Este. Con Enver Hoxha erigido como dictador absoluto y jefe del Partido del Trabajo de Albania (PTA), el país se convierte en otro engranaje del aparato estalinista, esta vez en los confines más occidentales de los Balcanes. Bajo el pretexto de la liberación antifascista, se ha liquidado toda forma de pluralismo político, se ha suprimido a la oposición y se ha instaurado una dictadura de partido único bajo la estricta tutela de Moscú. Enver Hoxha, formado ideológicamente en París y endurecido en la clandestinidad, emerge así como el virrey local de Stalin, un ejecutor obediente de la voluntad soviética en una tierra que hasta hace poco era apenas un protectorado italiano.
El ascenso de Hoxha no solo consuma el viraje comunista de Albania, sino que también fortalece el eje balcánico de regímenes marxistas con la vecina Yugoslavia de Tito. Aunque hoy parecen aliados, ambos caudillos comparten ambiciones personales y desconfianzas mutuas que podrían estallar más adelante. Por ahora, sin embargo, Albania se suma a la serie de países «liberados» por los partisanos y el Ejército Rojo, donde la democracia ha sido sustituida por dictaduras totalitarias bajo la égida de Stalin. Lo que se proclama como poder del pueblo es, en la práctica, la entronización del terror, con purgas, encarcelamientos y una vigilancia estatal que ya empieza a oprimir a la sociedad albanesa.
Europa asiste así, impotente, a la consolidación de una nueva cortina de hierro que desciende, país a país, sobre el este del continente. Mientras en Albania desaparece la esperanza de una democracia libre y se sumerge en el aislamiento comunista, la comunidad internacional —dividida, desgastada y temerosa de una nueva confrontación— apenas reacciona. El telón de acero ya no es una metáfora: es una realidad que se solidifica cada mes, y Albania, ahora bajo el férreo control de Enver Hoxha, se ha convertido en su más reciente bastión.
JF Lamata