23 noviembre 1946
Stalin consigue la aparición de regímenes comunistas satélites
En Bulgaria se establece una dictadura comunista bajo el mando de Georgi Dimitrov como satélite de la URSS
Hechos
El 23.11.1946 se formó un nuevo Gobierno de Bulgaria presidido por el comunista Georgi Dimitrov.
Lecturas
El pasado enero de 1946 se proclamó el comunismo en Albania.
–
EL LÍDER SOCIALDEMÓCRATA PETKOV ASESINADO
El triunfo de los comunistas en Bulgaria ha causado una serie de detenciones entre políticos contrarios al nuevo régimen, entre ellos Petkov, líder del Partido Campesino (socialdemócrata) que fue asesinado en septiembre de 1947.
El Análisis
Con la proclamación oficial del régimen comunista en Bulgaria en noviembre de 1946, se consuma otro movimiento en la partida geopolítica que Moscú libra sobre el tablero de la Europa oriental. La llegada al poder de Georgi Dimitrov —prestigioso dirigente internacional comunista, famoso por su juicio en Leipzig tras el incendio del Reichstag y su paso por la Komintern— marca el enésimo paso hacia la consolidación de una órbita soviética compacta y obediente. Bulgaria, país tradicionalmente eslavo y rusófilo, se ha transformado en cuestión de meses en un satélite de la URSS, donde la monarquía ha sido abolida, la oposición aniquilada, y la democracia reducida a un ritual vacío controlado por el Partido Comunista.
Dimitrov, lejos de ser una figura local improvisada, representa un símbolo del internacionalismo comunista que Stalin desea imponer como modelo en sus territorios de influencia. Su designación refuerza el carácter deliberado del proceso de sovietización: no se trata de gobiernos populares surgidos de una voluntad nacional autónoma, sino de estructuras cuidadosamente construidas para emular el modelo soviético, con su partido único, sus comités populares y su represión sistemática. Bulgaria se suma así a la nómina creciente de regímenes afines a Stalin, en compañía de Tito en Yugoslavia, Bierut en Polonia y Hoxha en Albania, en una marea roja que se extiende desde el Adriático al Mar Negro.
La velocidad con la que se están instaurando estos regímenes evidencia que el final de la guerra no ha traído la paz, sino un nuevo equilibrio de poder fundado en el temor, la ocupación militar y la supresión de libertades. Occidente mira con preocupación —y no poca impotencia— cómo se va sellando esa cortina de hierro de la que Churchill ya advirtió. Bulgaria, que durante la guerra osciló entre su pasado monárquico y un futuro incierto, ha sido absorbida por el bloque soviético sin disparar un tiro. En vez de pluralismo y reconstrucción, le espera ahora el modelo moscovita: obediencia, censura y terror político. Y con Dimitrov como cara visible, pero con Stalin como verdadero arquitecto.
JF Lamata