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Antonio de Lezama (de EL LIBERAL) precipitó la crisis al calificar a LA TRIBUNA de 'órgano de la embajada alemana'

Lucha de la prensa por la Primera Guerra Mundial entre EL LIBERAL (aliadófilo) y LA TRIBUNA de Cánovas Cervantes (germanófilo)

HECHOS

En marzo de 1917 se produjo un cruce de réplicas entre los diarios LA TRIBUNA y EL LIBERAL por sus distintos posicionamientos con respecto a la Primera Guerra Mundial.

España se mantuvo oficialmente neutral durante la Primera Guerra Mundial. Aunque en la prensa de ámbito nacional se observaron diferentes líneas editoriales con respecto a la conflagración. Los medios más conservadores como ABC, EL CORREO o LA TRIBUNA se situaban en posiciones más próximas a Alemania, mientras que los medios más progresistas como EL LIBERAL o EL HERALDO DE MADRID se situaban en posiciones más cercanas a Francia. En ese ámbito polemizaron LA TRIBUNA de D. Santiago Canovas Cervantes y EL LIBERAL de D. Enrique Gómez Carrillo.

09 Marzo 1917

Para LA TRIBUNA

EL LIBERAL (Director: Enrique Gómez Carrillo)

Nuestro queridísimo compañero Antonio de Lezama que  era ya conocido y apreciado en la Prensa madrileña cuando el Sr. Cánovas y Cervantes ejercía aún la muy honrosa, pero muy poco literaria profesión de viajante de comercio, publicó el jueves en estas msimas columnas para contestar a un insidioso y agrio ataque de LA TRIBUNA, un artículo firmado con todo su nombre.

Hubiera LA TRIBUNA replicado directamente al Sr. Lezama y para nada tendríamos nosotros que intervenir en la polémica. EL Sr. Lezama, espejo de caballeros y modelo de periodistas, es de los que saben defenderse solos.

Pero ha creído LA TRIBUNA que era necesario hacer responsable a toda la Redacción de EL LIBERAL de las frases de uno de sus miembros, y esto no podemos dejarlo pasar sin protestas.

Lo que nos molesta no es ni que LA TRIBUNA nos llame LE LIBERAL, pues nada sería tan fácil como contestarle llamándole DAS TRIBUNE, ni menos aún que declare que nuestra ortinetación periodística es esquivocada a su entender. Por muy modestos que seamos y por mucho que estimemos el talento profesional del Sr. Cánovas y Cervantes, todavía no creemos llegado el momento de pedirle consejos.

Pero no extraña y nos duele que LA TRIBUNA insista en asegurar que somos intervencionistas, lo que para ella significa partidarios de la guerra, cuando cien veces hemos asegurado lo contrario.

¿Qué se propone el Sr. Cánovas y Cervantes con eso?

¿Pretende que aquí mentimos al declararnos neutrales?

¡O quiere obligarnos, muy a nuestro pesar, a decirle que miento él al asegurar que no lo somos!

Nuestro deseo, hoy y siempre, ha sido el de no discutir sino caballeroso y cortésmente con nuestros adversarios. Para nada, jamás, hemos sacado a relucir en nuestros artículos de polémicas ese sable de que nos habla LA TRIBUNA. Y cuando se trató hace poco del Tribunal de la Asociación de la Prensa, nosotros fuimos los primeros en adherirnos a la iniciativa de EL IMPARCIAL.

¡Por qué, no obstante, nuestro colega germanófilo escribe las líneas siguientes!

‘No es cosa de que EL LIBERAL llegué a creer que la destreza en el manejo de la espada, festejado hace días con un banquete al maestre Lancho, puede amparar los desaguisados de la pluma’.

Hay, sin duda, algo de ofuacación en lo relativo a nuestra sala de armas, que no tiene nada de guerrera y que es únicamente un lugar en el cual veinte sedentarios tratan de moverse un pco en sus ratos de descanso. En los periódicos de Buenos Aires., y aun en algunos de Madrid existen como en el nuestro, salas de esgrima, y no por eso sus redactores son tratados de ‘majos’ un de barateros.

Y la mejor prueba de que para nada hemos pensado en ‘palsar factura de los lances de honor, la tiene LA TRIBUNA en estas líneas, a las cuales ponernos un punto que puede, según se le antojo a ella, ser final o no serlo.

 

09 Marzo 1917

LA TRIBUNA contesta en forma adecuada y en prosa clara y sencilla a las impertinencias de LE LIBERAL

LA TRIBUNA (Director: Santiago Cánovas Cervantes)

Tras unos días de prudente silencio contestamos ayer al imputaciones calumniosas de LE LIBERAL, poniendo en nuestra réplica la mesura, corrección y buena crianza habituales en la discusiones periodísticas, cuando no existían tribunales de honor en la Asociación de la Prensa, ni los periódicos hacían alarde jaquetón de sus salas de armas.

Pero nuestra cordura sólo ha servido para que el colega de la mañana esgrima hoy contra nosotros unos cuantos insultos plebeyos, que hieren más la reputación de quien los escribe que de quien los recibe. Puestos a tono, hemos de salirle al paso con armas parecidas. No es cosa de que LE LIBERAL llegue a creer que esa destreza en el manejo de la espada, festejada hace unos días con un banquete al maestro Lancho, puede amparar los desaguisados de la pluma. No, LA TRIBUNA acepta de buen grado todos los aspectos de la polémica, acude a todos los terrenos de la discusión y emplea los mismos tonos con que se la combate. Lo que no hacemos es afilar la punta del florete antes de romper la péñola, porque nuestro oficio es el de periodistas y no el de majos. Si tuviéramos otro concepto de la profesión, no hubiéramos montado la industria con esta honestidad; habríamos puesto un baratillo, para ganarnos la vida por bonitos y bien templados.

Tómese esto como advertencia previa, por si alguien ha pensado que en la lucha entre intervencionistas y neutralistas es lícito pasar factura de los lances llamados de honor. Sobre parecernos ridículo que, mientras están abiertas las trincheras de Francia, los valientes pierdan el tiempo aquí, creemos que tanta altanería no es sincera y sólo tiene por base un prurito de popularidad. Sea de ello lo que fuere, no nos prestamos a la maniobra. ¿Lo han entendido bien?

Y vamos ahora con LE LIBERAL. El órgano del intervencionismo, desdeñando el ambiente españolísimo y popular que le creara el llorado Vicenti se ha convertido en eco de la Prensa extranjera. El remozamiento ha sido adornado con toda clase de estridencias; unas las purga con el olvido de su público tradicional, y tras las pagará con el descrédito. El tiempo, juez infalibre de los lumbres y sus actos, se encargara de corregir tantos errores.

Nada nos importaría si no envolviesen nuestro nombre en las insidias con que combaten al grupo germanófilo español. Pero no es así. Las lenguas desatadas reparten los ultrajes entre los alemanes y los periódicos cuyas campañas n siguen la orientación francófila.

Nos hablan un día del espionaje ‘criminal’ alemán, poniendo en las pintorescas invenciones un sentido melodramático y una prosa de obra policíaca. Respondemos nosotros con argumentos para deshacer los infundios; citamos los nombres de las casas que fabrican armas y municiones para los aliados; ofrecemos detalles concretos sin comprometer la honra de nadie porque la delación nos repugna y a todo eso nos responde un señor Lezama, con su firma, llamando a LA TRIBUNA órgano de la Embajada alemana. ¿Qué es eso? ¿Qué significa eso? ¿Qué quiere decir eso? Porque tal acusación lanzada en LE LIBERAL por un señor de cuya cultura española no tenemos otras noticias que la de haber confundido a Lope de Vega con Ventura de la Vega, y de cuyo prestigio literario sólo se sabe que firma gacetillas como esa, cuando lo corriente es firmar producciones de alta Literatura, es un poco enigmático. ¿No sorprende al lector la audacia que significa que LE LIBERAL nos llame órgano de Embajada? Sin duda el Sr. Gómez Carrillo no ha pasado la vista por los comentarios de referencia. De otra suerte, no hubiera autorizado afirmación tan gratuita y comprometedora. La insidia es arma de dos filos, que puede volverse contra la propia estimación, y no creemos que esa detonante sala de esgrima de LE LIBERAL basta a defenderle de la opinión ajena.

Por lo demás, ¿quieren ustedes, muy señores nuestros, hablar del espionaje criminal alemán? Nosotros hablaremos del espionaje criminal de los intervencionistas. ¿Desean ustedes, estérilmente, arañar nuestra honorabilidad inmaculada, para cobrar simpatías en la acera de enfrente? Nosotros arañaremos en la suya. ¿Nos enseñan la punta rutilante del sable? Nosotros nos reiremos mucho.

Y no callaremos ni en uno ni en oro caso. Con que, ¡adelante!

12 Marzo 1917

El Sr. Cánovas y Cervantes, director de LA TRIBUNA, injuria; pero declara que no se bate

EL LIBERAL (Director: Enrique Gómez Carrillo)

Decía el Sr. Cánovas y Cervantes en una carta dirigida a los Sres. Barcia y Oteyza: “El Sr. Lezama tiene a su disposición las columnas de EL LIBERAL para contestar a lo que crea molesto y yo tengo las de LA TRIBUNA para defenderme”.

En uso de este derecho, que generosamente concedía el director de LA TRIBUNA a uno de nuestros compañeros para escribir en estas columnas el Sr. Lezama con su firma, publicó ayer una carta, que puede ser desagradable por las verdades que contiene; pero que en nada se sale de la más estricta corrección.

A esta carta, el Sr. Cánovas y Cervantes replica en términos tales, que no podríamos nosotros si fueran escritos por otros periodistas, contestar a ellos más que en un terreno que no el de las polémicas de Prensa.

‘Pasquines’ llama el Sr. Cánovas Cervantes a nuestros artículos, y esto, o mucho nos equivocamos o es una injuria.

Pero ¿cómo pedir explicaciones caballerescas a un director de periódico que no siente el menor escrúpulos en declarar públicamente, modificando a su antojo y beneficio el Cödigo del honor, que no  está dispuesto a responder de las ofensas que infiere?

“El Sr. Cánovas – dice LA TRIBUNA – elige los adversarios, da beligerancia al que quiere y no se presta, etc…”

¿En qué Código del honor, en qué libro de moral periodística ha aprendido el Sr. Cánovas y Cervantes estos preceptos singulares?

Que un periodista diga ‘yo no haré caso sino de las injurias de aquellos a quienes considero como iguales a mí’, está muy bien.

Pero que un periodista injurie y luego se niegue a reparar las ofensas que infiere, arguyendo fantásticas y ridículas superioridades, eso ya, no sólo no está bien, sino que es un sistema descalificado aquí y en todas partes.

Para no dar satisfacción a dos padrinos que solicitan que se les ponga en contacto con dos amigos, los verdaderos caballeros saben que no existen sino motivos clasificados y codificados.

¿Tenía alguno de esos motivos el director de LA TRIBUNA al negarse a poner en relación con dos amigos suyos a los representantes del Sr. Lezama?

Su carta dice bien claramente que no.

¿Cómo, pues vamos nosotros a poner ahora a otros dos compañeros a un desaire igual al que sufrieron ayer los Sres. Barcia y Oteyza?

Cuando un caballero que insulta dice de antemano que ‘él elige a sus adversarios’ sería preciso que el insultado antes de pedirle una reparación le preguntase si se digna concederle beligerancia.

Por fortuna, esto está tan fuera de las leyes del honor, que no se puede ni siquiera tomar en serio.

Pero ya que el Sr. Cánovas y Cervantes parece obrar con una inconsciencia que sólo se explica por el poco tiempo que lleva en el mundo de la Prensa, queremos, para evitar que se juzgue su conducta de una manera severa, proponerle que someta su negativa a dar una reparación al Sr. Lezama al juicio de dos caballeros intachables y doctos en asuntos de otro género. ¿Le parecen buens jueces los señores marqués de Portago y Luis de Armiñán?

Lo que estos dos árbitros dictaminaran en este caso inaudito, podría servir para que cada uno sepa cuáles son sus responsabilidades y para que nadie se arrogue de hoy más derecho a injuriar sin exponerse a tener que responder, como hombre honrado, de sus injurias.

12 Marzo 1917

Un Tribunal de honor para salir del mal paso

LA TRIBUNA (Director: Santiago Cánovas Cervantes)

Nosotros no hemos injuriado a nadie. LA TRIBUNA ha contestado como merecían, a las bravuconerías de EL LIBERAL.

Si no pisáramos un terreno tan hrme, a estas horas caminaríamos vacilantes bajo la pesadumbre del voluminoso Código del honor que EL LIBERAL en un arranque de ira, arroja sobre nuestra cabeza. Demasiadas impaciencias siente el diario matutino para que no sospechemos que esas provocaciones sólo tienden a detener nuestra pluma. Aguarde un poco, colega. Todavía hemos de escribir muchas verdades, y no es cosa de que se queden en el tintero, ante un gesto arrogante.

Toda esta discusión ha girado en torno al propósito premeditado de EL LIBERAL de demostrar a las gentes la eficacia de su sala de armas. Y, por nuestra parte no ha tenido otro objeto la réplica que deshacer el error. Pretendemos desacreditar de una vez para siempre el matonismo periodístico. Hemos dicho que entre caballeros no se puede escribir un insulto con la intención deliberada de provocar un lance. Ese código en tantas y en tan inoportunas ocasiones requerido, lo castiga severamente. Y el habla popular tiene para los que así proceden una calificación expresiva, gráfica y categórica.

No estamos dispuestos a tolerar que mientras con una mano se escribe: LA TRIBUNA es el órgano de la Embajada alemana, con la otra se acaricie la taza del florete. Ni siquiera en las crónicas pintorescas del bandolerismo andaluz, hemos visto el caso de unos pícaros que discutieran poniendo por delante la navaja.

No; a eso no nos arrastra nadie. Ni con amenazas, ni con desplantes, ni tampoco complicando en el litigio a respetables personalidades.

Bueno fuera que hubiéramos de vivir con licencia de los guapos o pidiendo permiso a EL LIBERAL.

Nuestro juez, que es el público, dirá si es lícito exaltar a idario con júbilo pirotécnico y bélica inmodestia, los progresos de una sala de armas, y al mismo tiempo destacar a uno  de sus alumnos para que nos injurie.

De aquí no hay que sacar el pleito. Este es el problema que nosotros hemos planteado, y esto es en todo momento lo que habrían de resolver los tribunales de honor, particulares, de la Prensa o de Justicia.

El Sr. Cánovas Cervantes envió reiteradamente sus padrinos al Sr. Moya cuando la polémica con el Trust, y entre otras, sostuvo cuestiones personales en ese terreno con el gobernador de Barcelona, Sr. Andrade, con el subsecretario de Instrucción pública, D. Jorge Silvela, y se batió dos veces con el director de EL PARLAMENTARIO y una con el Sr. Carretero por asuntos insignificantes. ¿Se le puede decir a un señor que así procede que ‘injuria y no quiere batirse’? El Sr. Cánovas se ha batido, se bate y se batirá cuantas veces lo aconsejen las circunstancias, sin hacer cómicos alardes de un valor personal que, por otra parte, hace más falta para oír ciertas cosas como las que hoy nos dedica EL LIBERAL, que para acudir al terreno.

Cuando se tiene esa convicción estampar con caracteres tipográficos: “El director de LA TRIBUNA injuria, pero declara que no se bate”, constituye una vileza, cuya finalidad estaba prevista en nuestro artículo del pasado viernes.

Si durante la polémica se han cruzado injurias, no olvide el lector que partieron de unos comentarios inopinados de EL LIBERAL. A ellos fue preciso contestar con igual violencia. Y cuando confirmando nuestros receleos se presentaron en esta casa los primeros padrinos, el Sr. Cänovas les escribió una carta, en la que si no había explicaciones correctamente se desligaba del asunto al Sr. Lezama por no estar justificada su intervención, carta que ayer publicamos y hoy repetimos.

Sres D.. Augusto Barcia y D. Luis de Oteyza

Muy señores míos. A la carta de ustedes notificándome la designación de que ha sido objeto por parte del señor Lezama, debo contestar lo siguiente:

Que no me creo en el caso de nombrar padrinos, después de las claras, terminantesy rotundas conclusiones del artículo de LA TRIBUNA de anoche.

Este criterio invariable de no derivar las cuestiones periodísticas ‘surgidas al calor de los comentarios de la guerra’ hacía ese terreno, lo conoce muy bien el Sr. Barcia, con quien tuve el gusto de hablar recientemente y en un caso análogo.

El Sr. Lezama se permitió el otro día insertar un artículo con frases que estimé de mal gusto. En nuestra réplica, no al SR. Lezama, sino a EL LIBERAL, hube de emplear términos parecidos, nombrando incidentalmente al citado señor. EL LIBERAL responde hoy en forma serena, dando por terminada la polémica. Nada justifica, pues, la intervención del Sr. Lezama. Y a nadie se le oculta que acudo a donde debo acudir; pero no cuando a los demás le conviene, sino cuando lo juzgo oportuno.

El Sr. Lezama tiene a su disposición las columnas de EL LIBERAL para contestar a lo que crea molesto y yo tengo las de LA TRIBUNA para defender usando el tono y las maneras que conmigo se emplean.

Estas son las únicas manifestaciones que he de añadir al artículo de ayer de LA TRIBUNA.

Y claro está que de esta carta pueden hacer ustedes el uso que estimen conveniente.

Suy afectísimo seguro servidor que estrecha sus manos.

Pues bien; el Sr. Barcia, que conocía de antemano el criterio del Sr. Cánovas referente a los lances pr cuestiones relacionadas con los extranjeros en vez de enviar esta carta al Sr. Lezama, estimo más correcto escribirle otra en términos totalmente distintos. Véala el lector.

Sr. D. Antonio de Lezama

Querido amigo: Cumpliendo la honrosa misión que usted nos confio, nos dirigimos esta tarde al Sr. Cánovas y Cervantes para rogarle que se sirviera designar dos amigos a los cuales pudiéramos pedir en su nombre una reparación por las injurias que LA TRIBUNA de anoche dirige a usted.

El Sr. Cánovas y Cervantes nos contesta diciéndonos que no se cree en el caso de nombrar padrinos, que sustenta el criterio de no derivar las cuestiones periodísticas al terreno, y que no acude a ciertos extremos sino cuando lo juzga oportuno.

Así se lo participamos a usted, y creemos que, después de transmitirle las manifestaciones del Sr. Cánovas y Cervantes, queda terminada nuestra misión.

Somos, sin más, muy suyos amigos

Augusto Barcia – Luis de Oteyza

Y es bien raro que EL LIBERAL después de sus adelantos en el manejo de las armas y de los profundamente que dice conocer el Código de Honor, no sepa la importancia que la ocultación de la primera carta tiene para los caballeros. ¿Cómo respondería de eso el señor Barcia ante el Tribunal que propone el colega.

¿No está claro, con diáfana claridad meridiana, el propósito decidido de tergiversar los hechos? Los desvía de la línea recta primero EL LIBERAL al provocar una cuestión inoportunamente: después, el Sr. Lezama, exigiendo unas explicaciones por cosas dirigidas al periódico; luego el Sr. Barcia, interpretando a su capricho una carta de nuestro director; más tarde EL LIBERAL, otra vez estimando que hablar de pasquines constituye una injuria.

Sobre que en lo de pasquines no nos hemos referido a sus artículos – y esto lo sabe muy bien EL LIBERAL, porque ha visto en las paredes de su Redacción y en las mesas de trabajo unas cuartillas contra determinado compañero, a quien después ha recibido con agrado – la palabra tampoco encierra ninguna ofensa. ‘Pasquín’ significa, según el Diccionario de la Academia, impreso clandestino, con expresiones satíricas y violentas.

No satisfecho con esto, pretende sacar consecuencias a la declaración nuestra de elegir los adversarios, declaración muy pertinente después de unas graves injurias del Sr. Lezama. EL LIBERAL olvida que fueron los propios directores de periódicos los que establecieron ese derecho.

Y olvida también lo sucedido no hace mucho cuando nuestro querido compañero Enrique López Alarcón envió sus padrinos al Sr. Vicenti. Por cierto que entonces, como ahora se inicia otra vez, intervino un Tribunal de honor, que nos dio la razón y autorizó el lance, cosa que no llegó a verificarse, prevaleciendo el criterio del Sr. Vicenti, para quien siempre guardamos nosotros un sincero respeto.

De nuevo, pues, vuelve EL LIBERAL, a rectificarse.

No basta con que un día diga que no quiere duelos, y que su sala de armas sólo es un higiénico deporte, y en un mes nos envíe dos veces los padrinos, y plantee varias cuestiones, sino que hace falta alterar la verdad y acudir a los procedimientos más ruines con tal de complicar los hechos y provocar los desafíos.

A tanta intrepidez contestamos como el primer día. Nuestra campaña va contra la majeza, la altanería y el matonismo periodísticos. Es inútil que se esfuercen más. El espionaje criminal de los alemanes y el espionaje ‘criminal’ de los alemanes y el espionaje ‘asesino’ de los aliadófilos.

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