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El grupo, cuyo consejero delegado es el ex comunista Josep Piqué forma parte del Grupo Torras de Javier de la Rosa

Ercros suspende pagos dejando una deuda de 215.000 millones y 5.000 empleos en el aire

HECHOS

El 3.07.1992 Ercros se declaró en suspensión de pagos.

¿EL OCASO DE LA TRAYECTORIA DE JAVIER DE LA ROSA? 

TorrasHostench El poderoso empresario financiero de Catalunya D. Javier de la Rosa, accionista mayoritario de Ercros (18%) y de Ebro-Ago (20%) ya había perdido la vicepresidencia del Grupo Torras dando así su adiós definitivo al grupo kuwaití.

25 Junio 1992

Ercros, metáfora de la política industrial

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

LA crisis de Ercros, agudizada con la dimisión de José Recio, es el más gráfico exponente de la errática, cuando no inexistente, política industrial española. La historia de esa crisis constituye una gran metáfora del escaso interés que, desde 1982, ha tenido el Gobierno por un sector seriamente dañado. Con cinco unidades empresariales y una plantilla superior a los 10.000 trabajadores, Ercros es uno de los mayores grupos industriales del país y el primero en el sector químico. Los errores en la estrategia de gestión lo han conducido al borde del precipicio. Su deriva ha sido inversamente proporcional a la progresiva sustitución de gestores por expertos en imagen y políticos, apadrinados por el poder. Primero fue José María Escondrillas (un técnico) a quien Solchaga, recién llegado a Industria, encomendó la salvación de Explosivos Río Tinto (ERT), gravemente endeudada. Después, KIO, cuyos intereses representaba en España Javier de la Rosa, adquirió las acciones de ERT y Cros, originando la fusión de ambas en Ercros. Desde entonces el financiero catalán pareció estar más pendiente de agradar a Solchaga al elegir los timoneles de la nave que de dar con un gestor eficaz. Así, con el apoyo del ministro, De la Rosa desalojaba a Escondrillas y colocaba a Vega Seoane (ex director general del INI y muy cercano al Gobierno). Lejos de remitir, las pérdidas iban en aumento y el endeudamiento era asfixiante. De la Rosa recurre a un nuevo parche: José Recio (militante del PSOE, colocado por Solchaga de consejero del BBV), confiando en que sus buenas relaciones con la Moncloa le permitirían renegociar una deuda bancaria cercana a los 100.000 millones. Pero en este momento el grupo químico es un enfermo casi desahuciado y ni la Administración ni KIO parecen estar dispuestos a llevar la carga. El Gobierno no ofrece garantías para renegociar la deuda, KIO -que, tras los cambios en su cúpula, acaba de prescindir de los servicios de De la Rosaamenaza con no aportar la liquidez necesaria para curar la herida de la gangrena (la división de fertilizantes) y Recio tira la toalla. A juzgar por la información publicada por un colega económico a KIO lo único que se le ocurre es contratar a Julio Feo, pues indudablemente tiene un problema de imagen. KIO supedita la decisión de invertir capital a la afluencia de ayudas públicas e Industria ha advertido «que no las habrá». La amenaza de la suspensión de pagos planea sobre Ercros, asunto sobre el que pidió información ayer la Comisión del Mercado de Valores a KIO. Y mientras unos y otros pugnan por quitarse el muerto de encima, el buque insignia del sector químico se hunde, poniendo en serio peligro miles de puestos de trabajo. Todo lo cual deja en evidencia la marcha irresponsable de De la Rosa, que dio la espantada sin dejar atados los numerosos cabos sueltos, y el fracaso de un Gobierno que atribuye a los malos tiempos (la recesión del mercado químico) los frutos de su equivocada política.

11 Julio 1992

La Guerra de los Golfos

Ramón Tamames

E RAMOS pocos… y parió la abuela». El viejo refrán, desgraciadamente, viene como anillo al dedo, para reflejar lo que está pasando en la economía española en este esplendoroso comienzo de verano de los eventos del 92. Cuando estábamos en medio del resquebrajamiento de tantos indicadores macroeconómicos, cuando el Plan de Convergencia del Gobierno hace agua por todas partes, cuando tirios y troyanos plantean toda clase de proyectos para salir de una situación que va desde delicada a catastrófica según los gustos, y cuando los grupos parlamentarios se despiden afectuosamente en un sarao constitucional para agregar las dos palabras -y pasivo- al texto sóbre el derecho de sufragio de los extranjeros en las municipales, hete aquí que llega la crisis industrial no por esperada menos espectacular.

Del Caserío, me fío, era el slogan publicitario de la célebre fábrica de quesos que en Menorca, desde hace muchos años estaban produciendo porciones para los niños de la Celtiberia al salir del colegio. Ya no nos podemos fiar ni del Caserío. En la ola avasalladora de las compras de activos industriales hispánicos desde plataformas foráneas, la Kraft se quedará con esta luminaria que alumbraba la industria española de la alimentación desde los tiempos de la autarquía, cuando la única salida de las familias era ir a la sierra, en plan gira, en el eléctrico. Ahora, habrá que decir aquello de que, tampoco me fio de KIO. Todo el mundo sabe que ese monosilábico acrónimo significa Kuwaiti Investment Office, es decir, se trata de la Oficina de Inversiones del Gobierno de Kuwait en el extranjero, o si se prefiere de la familia Sabah, en cuyo auxilio tan munificiosamente acudieron desde el presidente de los EEUU, George Bush, hasta el presidente del Gobierno español, señor González, en la célebre Guerra del Golfo, a defender no se sabe muy bien qué grandes libertades.

Porque lo cierto es que pocos gobiernos tan autoritarios, despóticos, y despreciativos de la condición humana como los que incardina la susodicha familia Sabah: No lo digo ahora por primera vez, sino que, durante todos los prolegómenos tan armoniosamente mullidos desde Washington DC, hasta Madrid, Spain, ya tuvimos ocasión de comentar que prestar ayuda a semejante parentela era como -lo que habían hecho anteriormente nuestros célebres aliados de EEUU, de manera muy afanosa- ir en socorro del mismísimo Sadam Husein, que durante mucho tiempo fue el máximo valedor de los «principios occidentales» en el Golfo. Ahora no estamos en aquella guerra. Los dictadores siguen en Bagdad y en la Medina (que no city) de Kuwait. Tanto oprimen los Sadam como los Sabah. Con la particularidad de que aquí y ahora vamos a pagar las consecuencias de una familia con muchos holdings, que actúa por encima de los gobiernos donde se lo propone, y que en estos momentos está ofreciendo el mayor espectáculo del mundo ante los ojos de los españoles. También lo dije en alguna ocasión hace ya tiempo: ojo con estos de KIO, que ni siquiera la tan mercadista y neoliberal señora Thatcher -era entonces la premiére- los admite como socios en pie de igualdad en las empresas británicas más significativas. Me refiero al caso concreto de cuando la Dama de Hierro dijo que no se podía permitir que KIO tuviera más de un 20% en la British Petroleum, la BP, y que en ningún caso se debía admitir como consejeros en la empresa más importante del Reino Unido a los representantes de una potencia extranjera. Pero aquí, claro, somos más listos. Sigue la inercia de la tradicional amistad de los países árabes, a la que sería el último en oponerme por aquello de don Pelayo y Muza y los ocho siglos que siguieron; pero que a la hora de la verdad, casi siempre brilla por su ausencia, por ambas partes, todo hay que decirlo.

Y en ese sentido, en este país a los señores de KIO, que vinieron de la mano de un caballero de la rosa, se les dio toda clase de facilidades, se les abrieron todas las puertas, los ministros se deshacían en elogios y halagos de tan hacendados personajes, y poco a poco se fueron introduciendo en el tejido industrial y financiero de los viejos lares hispánicos. Ahora, pasada ya la Guerra del Golfo, que terminó a finales de febrero de 1991, nos encontramos engolfados en una situación que cuando menos exige de alguna aclaración oficial. Hay una suspensión de pagos macroeconómica ya en marcha, otra anunciada, y el presidente de Argentaria advierte sobre la posibilidad de que haya un auténtico efecto dominó de caída de empresas del complejo holding kuwaití en España, e incluso -seguramente vox clamantis in deserto, viene a decir que estos señores de kaftan y daga adamasquinada, no se pueden ir del país dejando en el abandono toda clase de miserias empresariales, que están a punto de ocasionar una crisis industrial por aquello tan elemental que nos recuerda la tabla input-out-put, de que todo está relacionado con todo. Exigimos una declaración oficial. El señor Aranzadi, se supone que sigue siendo ministro de Industria, Comercio y Turismo. Desde el cementoso edificio que tanto recuerda a las murallas de la China en el Paseo de la Castellana, el ahijado de Solchaga pronunció hace pocos meses la célebre frase de que la mejor política industrial es la que no existe. Así nos va. Ya hace tiempo, un servidor, a través de la radio le dijo al señor Aranzadi que si no debe existir política industrial, no se ve la razón para que haya un ministro de Industria. También se lo dijeron otras muchas personas. Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y así las cosas, ahora nos encontramos en las ciénagas de los episodios de KIO en España, de las que nadie nos dice cómo vamos a salir.

El señor Solchaga es el director de un equipo económico que hace aguas por todas partes. Los iniciales ajustes españoles a los criterios de convergencia de Maastricht, como diría algún célebre glosador de grandes poetas y músicos, «ya no los conoce ni la madre que los parió». El presupuesto, sencillamente, está destrozado. El Estado, en quiebra. Y ahora viene la industria a resentirse en el sector químico con toda esta crisis de KIO, que nadie desde el Gobierno nos explica. La obligación de todo el equipo económico que está a las órdenes de don Felipe González es exponer lo que realmente está pasando, identificar las responsabilidades de cada uno, buscar los medios para que no se vaya todo al garete, empezando por el trabajo de tanta gente. Si el Gobierno mantiene su mutismo en esta ocasión, habrá que considerarlo como un cómplice de tantos engolfamientos como hay en la misma.

05 Julio 1992

El escándalo Ercros

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

LA SUSPENSIÓN de pagos de Ercros, SA, cabecera del principal grupo químico español del mismo nombre, y de su filial de fertilizantes FESA-Enfersa, que a su vez agrupa a varias empresas, constituye el primer episodio de una crisis en ese sector cuyo alcance real es difícil de estimar por el momento, pero en el que las impresiones conducen al vértigo de las cifras multimillonarias. Las dificultades para conseguir una refinanciación del pasivo con los principales acreedores y la negativa de los socios -el grupo KIO, principalmente- a realizar aportaciones adicionales son las causas inmediatas de que se haya instado la suspensión de pagos.Pero más allá de esas dificultades inmediatas con los bancos, los proveedores y la Administración, la amenaza que supone la situación del principal grupo químico del país exige que, independientemente del procedimiento concursal ahora iniciado, se esclarezcan las complicadas ramificaciones que desde hace años han tejido la actividad de ese grupo y de sus principales accionistas desde la creación de Ercros. El destino. de más, de 10.000 trabajadores, la estabilidad económica -en un momento que no es precisamente el más favorable-, la integridad del sistema bancario y en especial de las entidades públicas comprometidas con ese grupo, y, en última instancia, los recursos públicos puestos en juego -subvenciones y deudas con la Seguridad Social y Hacienda pública- exigen acciones más decididas que esa actitud de lamentación mostrada hasta ahora acerca del método bilateral empleado en las conversaciones con los acreedores.

Estamos ante algo más que una crisis financiera circunstancial de uno de los más importantes grupos empresariales del país. De su completo esclarecimiento, de la identificación de responsabilidades de sus accionistas y gestores desde que se produjera la fusión de ERT y Cros, de la investigación sobre cómo, cuándo, quién, por qué y en qué circunstancias se ha vaciado el grupo (vendido activos, cobrado comisiones, enterrado ayudas públicas, etcétera) y de la intervención de la justicia en base a las conclusiones que se saquen, depende no sólo la viabilidad de un sector clave para nuestra economía, sino la credibilidad del sistema en su conjunto. De lo contrario, los perfiles del escándalo en ciernes se impondrán una vez más a las exigencias de firmeza que situaciones como la planteada exigen.

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