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Espectacular plantón en la Copa del Rey: Los jugadores del Barça se plantan y se niegan a jugar contra el Atlético de Madrid

HECHOS

El 24.04.2000 El Fútbol Club Barcelona se negó a disputar el partido de vuelta de las semifinales de la Copa del Rey, frente al Atlético (3-0 en la ida), alegando que no disponía de los jugadores necesarios.

25 Abril 2000

Me recordó la tortilla del doctor Cabeza

Alfredo Relaño

En una decisión sin precedentes, el Barça se negó ayer a jugar el partido de vuelta de seminifinales de la Copa. Diez de sus profesionales se prestaron a una mascarada que movió a vergüenza ajena. Acudieron al estadio, se vistieron, se alinearon frente a la raya de cal y compusieron una estampa que pretendía ser digna pero resultó patética. Fue sonrojante ver a Guardiola acercarse a Díaz Vega para recitar la lección que le habían dictado. A mí el esperpento me recordó la tortilla del doctor Cabeza, tantos años atrás.

Estas semifinales de Copa han involucrado a cuatro equipos: los dos de Madrid y los dos de Barcelona. Para todos han coincidido la fecha con jornada libre para selecciones. Todos lo sabían de antemano. Todos aceptaron de antemano el inconveniente de que les pudieran faltar algunas de sus figuras. Pero sólo uno de ellos han montado el pollo. Sólo uno de ellos tiene veinte fichas de las veinticinco posibles; sólo uno de ellos tiene un montón de internacionales de un país que no es España, y que resulta ser el país natal de su entrenador; sólo uno había perdido por 3-0 el partido de ida; sólo uno de ellos tiene como entrenador a Van Gaal; sólo uno de ellos tiene como presidente a Josep Lluís Núñez, acorralado por Hacienda, de quien se diría que se ha sentido como un pequeño Sansón agitando la columna del templo y gritando muera yo aquí y todos los filisteos.

Hace algunos meses el Barça coronó su Centenario con un partido ante Brasil. Holanda jugaba ese mismo día contra Marruecos y no llamó a nadie del Barça. A petición de Van Gaal, respetó la fiesta. Ahora resulta que para un partido tan amistoso como aquel, contra Escocia, Holanda llama a seis jugadores del Barça y no se puede ni considerar la posibilidad de jugar el lunes y que lleguen a Holanda en la mañana del martes para jugar el miércoles. Francamente no cuela. Mucha complicidad, mucho compincheo, muchos subterfugios para enmascarar un 3-0 como un sol.

La Federación ha estado en su sitio. Las semifinales son cuando son y el Barça bien habría podido interceder ante la Federación Holandesa como hizo con ocasión del Centenario. Otros casos se han dado ayer mismo en Europa. Y, de cualquier manera, si el Barça gusta de concentrar riesgos con una plantilla corta en la que hay una gran cantidad de internacionales holandeses, es su responsabilidad y a nadie debe trasladar las consecuencias. Lo de ayer ha sido un ultraje gratuito. Núñez sabrá por qué lo ha hecho.

Alfredo Relaño

28 Abril 2000

Al Comité le tembló el pulso

MARCA (Director: Manuel Saucedo)

El Comité de Competición ha perdido una gran oportunidad de ser justo. El artículo 114 del Reglamento de la Federación es muy claro y no admite interpretación. Es muy corto, nada retorcido y con una sola lectura se sabe para qué está. ¿Acaso alguien se cree que no se puede identificar a un responsable de lo sucedido el lunes en el Camp Nou? Afirmar que la sanción no es aplicable porque la responsabilidad corresponde a toda la directiva es echar balones fuera y mirar hacia otro lado.

Siempre hay un máximo responsable en estos casos. ¿Es que la última palabra no es del presidente? El artículo 114 habla de ‘las personas que fueran directamente responsables”. Aquí hay dos: el entrenador o el presidente. Pasar por alto un artículo de un reglamento es ser injusto.

25 Abril 2000

Teatro y fútbol

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

La incomparecencia del Barcelona en el partido de vuelta de la semifinal de la Copa del Rey supone un grave ataque contra el buen juicio, la salud del fútbol español, contra un torneo que cumplirá su centenario dentro de dos años, pero sobre todo contra sí mismo. Argumentó la imposibilidad de formar un equipo con 11 futbolistas para negarse a jugar con el Atlético de Madrid, vencedor en el encuentro de ida por tres goles a cero. El reglamento permite la disputa de un encuentro siempre y cuando los equipos estén integrados por siete o más jugadores. Parece insensato, sin embargo, que un equipo salga a jugar en condiciones de inferioridad. Pero todo el argumento del Barcelona se viene abajo ante la posibilidad que tenía de alinear a sus internacionales holandeses y hacerles llegar a Amsterdam antes de la medianoche, como hicieron ayer algunos clubes ingleses. Pero se impuso el desatino y el oportunismo, después de haber sufrido una contundente derrota en la ida. Por lo demás, es contradictorio vaciar el equipo de jugadores españoles, configurar media plantilla con internacionales holandeses y no esperar conflictos con el calendario.El Barça no es el único perjudicado por la convocatoria de jugadores extranjeros por sus selecciones. Los otros semifinalistas también han sufrido una merma considerable sin levantar la voz. Simplemente han actuado de acuerdo con los compromisos que aceptaron con mucha antelación. El Barcelona aprobó el calendario de Copa en julio del pasado año y no dijo nada cuando se sortearon las semifinales. Tampoco quiso hacer uso del derecho que ampara a los clubes de completar las plantillas con 25 fichas profesionales más tres jugadores del filial. Por razones que sólo el entrenador Van Gaal y los dirigentes del club pueden explicar, el Barcelona sólo ha cubierto un cupo de 20 fichas, autolimitación que se agrava por la masiva presencia de extranjeros habitualmente convocados por sus seleccionadores.

El Barcelona sabía muy bien el riesgo que corría. No tiene derecho a la queja. Y menos aún al obstruccionismo que ha practicado. La federación, principal culpable en la degradación de la Copa, no es responsable de no ofrecer al Barcelona una salida. Se adelantó el partido y se dieron garantías de que varios internacionales extranjeros podrían jugar contra el Atlético, pero el Barcelona se mantuvo terco en una decisión que daña el sentido de la responsabilidad de un club centenario.

26 Abril 2000

La vejación a los jugadores

Santiago Segurola

El Barça ha vuelto a los orígenes del nuñismo con una parodia bufa que desacredita la imagen de modernidad y competencia del club. Sus dirigentes no han estado a la altura del prestigio de la primera entidad deportiva del mundo. De un plumazo ha vuelto el victimismo y la chapuza, defectos visibles del Núñez de primera hora, aquél que sirvió como modelo para la arribada de un tipo de directivo que ha hecho fortuna: demagogo, ruidoso, poco fiable.De todas las penosas decisiones tomadas por el presidente del Barça, ninguna es más reprochable que la vejación a la que fueron sometidos los jugadores. Todos los argumentos del club resultaban más que discutibles. El Barcelona había aprobado el calendario de la competición, había aceptado las fechas de las semifinales, sabía de los problemas que podía causarle la utilización de 20 fichas profesionales en lugar de las 25 que permite la federación, conocía el riesgo de la masiva contratación de internacionales extranjeros en perjuicio de los futbolistas de la cantera, admitía la presencia de ocho futbolistas que habían integrado la selección holandesa en el Mundial de Francia. Con estos antecedentes, la posición del Barcelona en el conflicto era muy débil.

Sin embargo, el club tenía todo el derecho a defenderse, por muy reprochables que parecieran sus argumentos. Lo que definitivamente le quita cualquier asomo de razón es el uso que Núñez -con el vergonzoso beneplácito de Van Gaal- ha hecho de sus jugadores. En lugar de asumir su punto de vista, hasta las consecuencias más extremas si fuera el caso, Núñez se demostró culpable al utilizar al equipo como ariete de un plan absurdo.

Nada hay más capital en un club que sus jugadores y lo que representan: la camiseta y el fútbol. Convertirles en títeres de maniobras arteras, o sea privarles de su lisa condición de futbolistas para presentarles como súbditos personales del presidente, es una humillación de la peor calaña. Reducidos al simple papel de empleados del club -con los deberes de obediencia que eso supone-, los jugadores del Barcelona han sido obligados a participar en un esperpento infame, bendecido por un entrenador que ha preferido actuar de palmero de Núñez antes que defender la dignidad de sus futbolistas.

Al reproche ético cabe añadir el perjuicio que la decisión de Núñez ha causado en la plantilla. Pésimo estratega, el presidente del Barcelona ha aniquilado el eufórico efecto de la victoria sobre el Chelsea. En el tristísimo papel que les han obligado a representar, se puede pensar un proceso de desmoralización de los jugadores, atacados de raíz en su estima propia. No es la mejor manera de afrontar los grandes desafíos que le esperan al Barça. Pero eso a Núñez le ha importado muy poco.

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