3 julio 2008
Golpe moral contra la guerrilla, que pierde a su más famosa prisionera en una redada en la que no hizo falta abrir fuego
Éxito de Colombia: el Gobierno Uribe logra la liberación de Ingrid Betancourt y a otros 13 rehenes de las garras de las FARC
Hechos
- El 2.07.2008 el Gobierno de Colombia anunció la liberación de Ingrid Betancourt y otras 14 personas retenidas por las FARC en un campamento de Guaviare.
04 Julio 2008
El triunfo de Álvaro Uribe
La liberación por el ejército colombiano de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y de otros catorce rehenes de las FARC, en una operación tan espectacular como exitosa, es un triunfo de gran trascendencia para la política de firmeza del presidente Álvaro Uribe y la confirmación de que, tras las muertes de Tirofijo, Raúl Reyes e Iván Ríos, la guerrilla colombiana se encuentra en un proceso de descomposición cuyo final no ha de estar forzosamente lejano.
Ingrid Betancourt se había convertido en un icono internacional de la lucha contra la injusticia por su trágico drama. Fue secuestrada hace más de seis años, en plena campaña presidencial, cuando su partido (Verde Oxígeno) trataba de mediar entre el estado y la guerrilla. Francocolombiana de buena familiar, experta en comercio exterior y relaciones internacionales y que lideró la lucha contra la corrupción en su país, se convirtió después de su secuestro en el más preciado botín de la guerrilla y objeto de la solidaridad internacional. Por esta razón, y con el objetivo de liberarla de sus raptores, compitieron el presidente venezolano, Hugo Chávez, y el de Francia, Nicolas Sarkozy, mientras que Álvaro Uribe apostaba por no negociar con la guerrilla, lo cual levantó críticas muy severas, incluidas las de las propia familia de Betancourt.
El golpe del ejército colombiano (y, por tanto, de Uribe) a las FARC, a las que se engañó con inteligencia y mediante la presencia de topos, va mucho más allá de la pérdida por parte de la guerrilla de una rehén que le garantizaba capacidad de interlocución y de negociación para la liberación de sus presos. Una pérdida a la que hay que añadir la de los tres empleados del Pentágono, liderados junto a Betancourt, que también hurta a las FARC la posibilidad de tratar la liberación de presos extraditados en Estados Unidos.
Esta victoria es para Álvaro Uribe un gran espaldarazo político, justo en el momento en que el presidente colombiano sostiene un duro enfrentamiento con la Corte Suprema de su país. Esta ha condenado a una ex congresista que puede poner en cuestión el acto legislativo de la reforma constitucional que propició la reelección de Uribe como presidente en el 2006. Un enfrentamiento político-jurídico que se propone superar con la convocatoria de un referéndum sobre la reforma.
Lo más trascendente de la liberación de Betancourt y demás rehenes, entre los que hay once miembros de las fuerzas armadas, más alla de lo que supone para sus vidas, es la muestra de debilidad del movimiento guerrillero que sobrevive, mediante el narcotráfico, a su propia ucronía. Es decir, pura delincuencia. Nadie en Latinoamérica ni en Colombia justifica hoy la existencia de grupos armados de presunta liberación popular, cuando esos países han accedido, desde hace años, a la libertad y a la democracia. Por consiguiente, tanto las FARC como otros grupos autoproclamados guerrilleros no tiene otro futuro que entregar las armas y desaparecer. Lo quieran o no. Este es el éxito de Uribe.
06 Julio 1998
La Mandela colombiana
Quienes conocen a Nelson Mandela suelen quedar impactados por su total falta de resentimiento y rencor hacia sus carceleros. Después de 27 años de cárcel, Mandela fue liberado en 1990. Inmediatamente continuó su lucha contra el apartheid. Pero en vez de abogar por la confrontación y la violencia se entregó de lleno a promover la reconciliación, el perdón y el entendimiento entre los surafricanos. La democracia que hoy vive su país le debe mucho a Mandela y a su capacidad para no odiar a quienes lo arrojaron a la cárcel durante un tercio de su vida.
La semana pasada apareció una Mandela en Colombia. En el helicóptero que llevaba a Ingrid Betancourt a la libertad después de más de seis años de sufrimientos también viajaban César y Gafas, dos de los líderes del grupo de las FARC a cargo de su custodia y quienes eran los responsables de muchas de las crueldades que sufrió la ex candidata presidencial. Los dos guerrilleros fueron rápidamente sometidos y esposados. «Cuando los vi allí tirados no sentí rencor. Más bien les tuve lástima», dijo Betancourt unas horas más tarde. También se preocupó por sus demás captores, quienes quedaron en la selva. Los desprevenidos guerrilleros dejaron escapar a lo más preciado que le quedaba a las FARC: una secuestrada de fama mundial a la que usaban como ficha en su cobarde y sangriento juego de póker. En las FARC los errores se pagan con la vida. Esto lo sabe Betancourt y por eso el día de su liberación insistió: «Espero que no haya ajusticiamiento por parte de las FARC a los guerrilleros que nos cuidaban y quedaron en la selva. No fue culpa de ellos, fue una operación perfecta». Los guerrilleros que «los cuidaban» y de cuya suerte Betancourt se preocupa son los mismos que cada noche la encadenaban y de día la maltrataban.
En todas sus intervenciones Betancourt enfatiza que la paz en Colombia es posible y que la negociación con las FARC es necesaria. La disposición de Betancourt a la reconciliación y al perdón es notable, al igual que su habilidad en el manejo de los medios de comunicación. No es de extrañar que su popularidad en las encuestas, que está en el 71%, sea sólo excedida por la del presidente Uribe. Y tampoco sería de extrañar que esta ambiciosa política intente, de nuevo, llegar a la presidencia de Colombia. Y es que si bien la historia del secuestro y la liberación de Ingrid Betancourt tienen aspectos humanos conmovedores también tienen potentes implicaciones políticas.
Su liberación -la manera como fue planeada y ejecutada- fortalece aun más el prestigio del presidente Álvaro Uribe y de su muy competente ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien tiene justificadas aspiraciones presidenciales. Los mensajes de Ingrid Betancourt al ser liberada también tienen una fuerte carga política. Reconoció los méritos del presidente colombiano, aunque precisó que «esto no quiere decir que comulgue con todo lo que ha hecho el presidente Uribe». Betancourt insistió en que los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Rafael Correa, de Ecuador, «son aliados fundamentales» en las negociaciones para liberar a los cientos de víctimas que siguen secuestradas por las FARC. Pero pone una condición: Chávez y Correa deben respetar la democracia colombiana. «Los colombianos eligieron al presidente Uribe, no a las FARC», dijo Betancourt. Ésta es la expresión de una idea muy arraigada en Colombia: la paz la hacen los colombianos, no se la hacen a ellos mediadores extranjeros, más interesados en promover su imagen internacional o exportar sus creencias políticas que en liberar a los secuestrados. Pero Betancourt no sólo piensa en los secuestrados y en las FARC. Durante su cautiverio también elaboró un plan de acción de 190 puntos para Colombia. Toda una propuesta electoral
En el panorama político de Colombia hay muchas cosas difíciles de vislumbrar. Si bien aún no es seguro, lo más probable es que el presidente Uribe no intente ser elegido por un tercer periodo y prefiera culminar su mandato como uno de los más exitosos presidentes de su país y quizás de Latinoamérica. Esto lo posicionaría bien para promover las reformas que le permitan volver a lanzarse como candidato después de que su sucesor termine su periodo. Y de ser así ¿veremos en la lucha por suceder a Uribe un paradójico enfrentamiento electoral entre Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa responsable del rescate, e Ingrid Betancourt?
Pero estas especulaciones son casi irrelevantes si se comparan con los logros de los colombianos en los últimos tiempos. Incluidos los de una joven mujer que a pesar de la horrible injusticia de la que fue víctima sabe que una nación no se construye sobre bases de odio y pugnacidad.
08 Julio 2008
Las Voces del secuestro
En una de sus magníficas crónicas desde Bogotá, el periodista Joaquim Ibarz recogía las declaraciones de un ex guerrillero y hoy analista venezolano, Américo Martín, que decía: «El fortalecimiento de Uribe y el rescate brillante de Ingrid significa una derrota clara para los planes de Chávez de exportar su fantasmagórica revolución». Con matices diversos, esta reflexión es el eje central de los análisis que se están haciendo desde el continente americano, y que subrayan, como si fuera una competición, quienes han ganado y quienes han perdido con la liberación de Ingrid Betancourt.
Sin duda, la espectacular liberación de la secuestrada más simbólica de las FARC ha subido la popularidad del presidente Uribe tanto como ha dejado por los suelos todos aquellos que apostaron por la ambigüedad o, directamente, por el apoyo al grupo guerrillero. Desde la perspectiva geopolítica, pues, Ingrid Betancourt ha dado enteros a Uribe, que ha mantenido posiciones de notable inteligencia estratégica, y que ha tenido un éxito histórico, sólo comparable al que tuvo Alberto Fujimori con Sendero Luminoso, antes de convertirse en un déspota.
También ha dado enteros a Nicolas Sarkozy, en sus horas más bajas. Sin duda, para la Francia que vio llorar a la familia de Betancourt, que escuchó la bella carta que le envió su hijo, y que adora ser el centro del mundo, la llegada de Ingrid a París ha sido un acontecimiento exultante, que retorna algo de la maltrecha autoestima francesa.
Y, con toda discreción, algo del éxito popular también ha llegado a los servicios secretos israelíes y a la inteligencia norteamericana, ambos notoriamente implicados en la operación de rescate, según leo en la prensa del continente. Estos son los grandes vencedores, conjuntamente con los secuestrados, sus familias y el propio pueblo colombiano, que está celebrando masivamente la liberación.
¿Quiénes son los perdedores, más allá de las FARC, que obviamente han sufrido un golpe casi mortal? Sin duda, el triángulo de las Bermudas del bolivarismo y que tiene en Chávez y Correa a sus dos extravagantes líderes. Las piruetas que está haciendo Chávez estos días, olvidándose de las barbaridades que ha dicho sobre Uribe, y enviándole abrazos virtuales, sólo son comparables al espantajo cubano de Fidel, que ahora dice que las FARC son buenas, pero tener secuestrados, no tanto. Bonito espectáculo, de manual del buen demagogo, el de estos dos dinosaurios en sus horas bajas.
Pero merece una especial atención, en el club de los derrotados, el papel de Rafael Correa, el presidente de Ecuador, cuya implicación con las FARC quedó visiblemente al descubierto con la información que contenía el ordenador de Raúl Reyes, y que la Interpol ratificó. Las declaraciones que ha hecho Correa, después de la liberación de Betancourt, me han parecido lo más pornográfico de todo lo dicho estos días, a excepción de un comentarista de la televisión venezolana – que escuché por Univisión- que tachó a Ingrid Betancourt de «lacaya de Uribe» porque había agradecido al presidente su liberación. Es decir, la pobre Ingrid era culpable de haberse dejado liberar. Pero en el espectáculo de la demagogia y la falta de humanidad, Correa ha brillado con luz propia, probablemente acorralado con las evidencias de sus implicaciones con las FARC. Lo único que le ha preocupado al presidente, en la liberación, han sido «los fallos» que ha tenido la guerrilla, y que dan publicidad a Uribe. ¡Pobre Ecuador, en tales manos!
No quisiera acabar sin recoger el testigo que Radio Caracol lanza desde Las voces del secuestro, fundado por el ex secuestrado Herbín Hoyos Medina. Quedan 700 personas secuestradas, extorsionadas como pura mercancía. Las FARC están agonizando, pero aún son una maquinaria de sufrimiento, tortura y muerte. En la liberación de Ingrid Betancourt, el mejor homenaje, pues, es recordar a los cientos de Ingrids que aún quedan.
03 Julio 2008
La libertad de Ingrid
El presidente colombiano, Álvaro Uribe, obtuvo ayer el mayor éxito de su carrera política, que le abre el camino, si ése es su objetivo, a un tercer mandato. La ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, secuestrada en 2002, ha sido liberada por el Ejército en una operación minuciosamente preparada en la que un infiltrado en el comando de las FARC que retenía a la ciudadana franco-colombiana y a otros 14 rehenes -entre ellos tres civiles estadounidenses- engañó a los guerrilleros y logró que los cautivos subieran a un helicóptero militar camuflado, que les condujo hasta la libertad.
Aunque las cifras oficiales sobre la deserción de guerrilleros pueden pecar de optimistas, la guerrilla vive sus horas más bajas. Si hace unos años tenía más de 20.000 miembros, hoy son apenas la mitad. Están rindiendo fruto el esfuerzo de infiltración e información del Ejército, la vigilancia de alta tecnología sobre los refugios selváticos de la guerrilla terrorista, la movilidad aérea de tropas especiales y un programa de recompensas económicas a los que abandonen y faciliten información contra sus jefes.
El presidente ha ganado un importantísimo asalto en su pugna con la Corte Constitucional; el alto tribunal se opone a que opte a un nuevo mandato, por considerar que va contra la tradición jurídica latinoamericana, y Uribe parece obrar con el convencimiento de que debe extender su periodo de gobierno de 2010 a 2014 para acabar hasta con el último guerrillero. Y es de esperar que no sienta ya la necesidad de repetir las elecciones de 2006, como estaba dispuesto a hacer, en respuesta a acusaciones de la Corte sobre prácticas corruptas en relación con aquellos comicios.
Y una última buena noticia para Bogotá; el presidente venezolano, Hugo Chávez, que se medio ufanaba de ser quien mejor podía convencer a las FARC de que liberaran a Betancourt, se ha quedado con un palmo de narices.
04 Julio 2008
Las FARC, en caída libre
Con su precisa e incruenta artimaña de comandos, propia de una desbocada ficción cinematográfica, que ha conducido a la liberación de Ingrid Betancourt y de otros 14 rehenes, el Ejército colombiano acaba de asestar a las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia un golpe devastador. La «ofensiva general» que para 2008 pronosticara hace poco más de medio año el jefe supremo de los insurgentes, Manuel Marulanda, ha consistido en realidad en una sucesión de mazazos para la vieja narcoguerrilla, semidescabezada ahora tras la muerte de su número dos, Raúl Reyes, en marzo, en una operación relámpago en territorio ecuatoriano, el fallecimiento del propio Marulanda y los ajustes de cuentas en la cúspide de la organización. Las deserciones continuadas han acabado de colocar en caída libre a una fuerza terrorista que hace sólo ocho años contaba con el doble de efectivos y era capaz de atacar ciudades y de mantener a raya a Gobiernos. Y para la que el rescate de Betancourt puede resultar una humillación insuperable.
Por encima de la estrategia electoral inmediata del presidente Álvaro Uribe -que consigue con la liberación de Betancourt un abultado aval para sus pretensiones de prolongar su mandato o hacerse reelegir por los colombianos-, el regreso a la vida de la ex candidata presidencial plantea la cuestión fundamental de si representará el comienzo de un proceso de paz definitivo que acabe con lo que ha sido una auténtica guerra civil en la Colombia rural durante más de medio siglo. Betancourt, en mucha mejor condición física de lo que todo el mundo suponía, ha demostrado una singular entereza, hasta el punto de que presumiblemente vaya a ser una pieza relevante en la evolución política de su país. No sólo no ha descartado proseguir con la carrera política truncada por su secuestro hace seis años, en plena campaña electoral, sino que está en posesión, además, de un activo tan impagable como el íntimo conocimiento, adquirido en seis años de cautividad, sobre el modus operandi de las FARC, sus puntos débiles y sus resortes decisorios. Su percepción puede resultar decisiva en el rumbo de la confrontación.
No es descartable que una guerrilla tan continuada y sustantivamente humillada intente recurrir a un brote extremo de terror y violencia para legitimar de nuevo su fuelle militar. La hipótesis, sin embargo, parece cada vez menos probable en una Colombia donde las Fuerzas Armadas, con el apoyo decisivo de Estados Unidos, vienen empleando los medios y las tácticas adecuados para mantener contra las cuerdas a sus milicianos. Las FARC deberían entender que ha llegado definitivamente la hora del compromiso, huérfanas ya hasta del apoyo de Hugo Chávez, su más importante valedor de los últimos tiempos. El líder venezolano extendía hace unas semanas el acta de defunción de la organización al señalar como un anacronismo su existencia en un país democrático de Latinoamérica.