23 abril 1990
Fue el principal enemigo del Duque de Suárez en el III Congreso del CDS en Torremolinos en el que le acusó de falta de democracia interna
Fernando Castedo abandona el CDS y renuncia a su acta de diputado
Hechos
- El 23.04.1990 D. Fernando Castedo se dio de baja en el Centro Democrático y Social y renunció a su acta en el Congreso de los Diputados de Madrid y la Asamblea de Madrid.
Lecturas
D. Fernando Castedo Álvarez había formado parte de la dirección del CDS, su Comité Nacional, desde el Congreso constituyente del partido en 1982. Siendo, además, candidato del CDS a la presidencia de la Comunidad de Madrid en las elecciones autonómicas de 1987 y elegido diputado en el Congreso en las generales de 1989.
En el III Congreso del CDS de Torremolinos Castedo es apartado de la ejecutiva por sus discrepancias con los constantes virajes ideológicos de D. Adolfo Suárez y D. José Ramón Caso.
En junio de 1992 el Sr. Castedo a título individual se afiliará al PSOE.
–
–
EL EX MINISTRO ARIAS SALGADO SERÁ SU SUSTITUTO
–
25 Abril 1990
Fernando Castedo y el CDS
El aire de normalidad que Fernando Castedo ha querido proporcionar a su abandono del CDS no evita, en modo alguno, la sensación de que el suarismo acaba de sufrir una importantísima deserción, no por anunciada menos relevante para la imagen política del partido y de su líder principal. Cierto que nadie es insustituible, y en el caso de Castedo, su escaño parlamentario pasa a manos de un personaje tan valioso como Rafael Arias Salgado. Sin embargo, la baja del diputado Castedo representa algo más que la necesidad de un relevo normal, sin acritudes ni tensiones. En el fondo es un a prolongación del todavía reciente congreso de Torremolinos, donde el CDS cerró filas en torno a lo que podríamos empezar a llamar su vieja guardia.
Cuando un partido se bunkeriza es porque no ha superado con garantías una determinada coyuntura. El CDS arrastra las consecuencias del 29 de octubre y de las elecciones gallegas. En ambos casos, sus objetivos parlamentarios acusaron la bofetada de los hechos.
El partido de Suárez atraviesa probablemente la etapa más crítica desde su nacimiento. Le ha crecido un centro a la derecha, con el advenimiento de José María Aznar a la presidencia del PP, y gran parte de su imagen de centro izquierda aparece comprometida por un pacto de afinidad con el PSOE, que barre en esta historia para su casa.
Podría decirse que, en estas circunstancias, al CDS se le ha ido por las acequias el fluido que aportaba a su propio mantenimiento. Convertido en caricatura de sí mismo, como simple afluente de un río principal y tributario obligado de otro que procura ‘centrarse’ su papel político ha desaparecido en la práctica. Ahora ya sólo le queda construir teorías sobre su futuro, tarea en la que su actual secretario general, José Ramón Caso, siempre demostró pericia.
Procede preguntarse si para una personalidad exigente como la de Castedo el CDS ofrecía ya mínimos atractivos políticos. Lo probable es que su marcha guarde analogías con las de aquellos deportistas reacios a mantenerse en un club sin aspiraciones. Sin ningún horizonte verdaderamente alcanzable desde el punto de vista de lo que a una figura pública pueda apetecerle, el ya ex suarista se ha limitado a aceptar el ‘hara-kiri’ de su propia lógica. Disolviéndose a sí mismo en una nada coherente, en una especie de nirvana alejado de tentaciones políticas, ha pasado a representar el recuerdo de una promesa que no pudo realizarse.
A la vista de estas consideraciones, cabe resistir a la tentación de pensar que Castedo cambia el CDS por esa invención fantasmagórica que se llama Asociación Renovadora Democrática, donde hombres del talante del eterno inconformista Abel Cádiz tratan de cruzar en bote su Atlántico particular.
Naturalmente, el desertor – que no el tránsfuga, pues ahí está el abandono de su escaño parlamentario para demostrarlo ha procurado ofrecer algunas razones sobre su decisión final. Pero aducir a estas alturas que el CDS no brinda posibilidades a su disidencia interna, en torno a esta o aquella línea política de actuación global, es escaso argumento. Lo que en último término importa, a la hora de tomar la puerta de salida, es la inexorable y desalentadora transformación del CDS de partido bisagra en partido parásito.
El Análisis
Cuando Adolfo Suárez decidió en 1989 convertir al CDS en un partido bisagra del PP, Fernando Castedo discrepó de tal estrategia pero la acató en lo que entendió que era la lealtad a su líder. Cuando en el congreso de Torremolinos Suárez decidió volver a virar su estrategia para que el CDS fuera bisagra del PSOE, Fernando Castedo decidió confrontarle. A Castedo no le molestaba lo que se hacía, sino cómo se hacía dando una imagen de un partido personalista donde el gran líder viraba la política de pactos bajo su criterio personal y la militancia y el electorado sólo le tocaba aplaudir al Duque.
Castedo optó por irse a su casa y, más tarde, por irse al PSOE, y el electorado centrista optó por le bipartidismo. A favor de Castedo, que no esperó a que el Duque cayera para hacer pública sus críticos, lo hizo cuando Suárez estaba en lo alto, recordando que la verdadera lealtad no es aplaudir a ciegas al líder.
J. F. Lamata