4 marzo 1996
Si ya en 1993 el tertuliano y escritor cargó contra Andalucía ahora lo ha hecho contra los votantes del PSOE a los que echa en cara haber seguido votando ampliamente a un partido rodeado de escándalos de corrupción
Los medios ante resultados elecciones generales de 1996: «La única esperanza para que el PSOE pierda es esperar a que sus votantes se vayan muriendo» (Sánchez Dragó en COPE)
Hechos
- El 4.03.1996 la COPE emitió una tertulia sobre los resultados electorales conducida por D. Antonio Herrero y con los comentaristas D. Pedro J. Ramírez, D. Fernando Sánchez Dragó, D. Pablo Sebastián y D. Manuel Martín Ferrand.
Lecturas
Gran decepción en la COPE entre los tertulianos de D. Antonio Herrero por la victoria pírrica de Aznar y el escaso hundimiento del PSOE pese a los escándalos
El PSOE ha perdido las elecciones, pero por los pelos,ya que en votos tanto PP como PSOE lograron 9 millones de electores. Lo que supone un jarro de agua fría para quienes, como el Sr. Herrero, el Sr. Sebastián, el Sr. Martín Ferrand, el Sr. Ramírez o el Sr. Sánchez Dragó habían asegurado un hundimiento socialista gracias a todos los escándalos que ellos habían coreado durante los últimos tres años de manera masiva.
D. Fernando Sánchez Dragó – «Estamos ante la ratificación de la doctrina del primer Fraga y su slogan ‘Spain is Diferent’. No sé que se necesita para echar de la política a Felipe González. Seguramente tirar una bomba atómica en la Puertad del Sol. Se trata de un problema de cultura, pero el resultado es un verdadero desastre económico, cultural y social. La única esperanza reside en nuevas elecciones y en que los votantes del PSOE se vayan muriendo en un año y medio de plazo».
D. Pablo Sebastián – «El triunfo de Aznar es muy meritorio, porque el PSOE controla todos los canales de televisión, incluido TELEMADRID gracias a Alberto Ruiz Gallardón. Y ahora Pujol, cómplice del felipismo, se convierte en la llave de la gobernabilidad. La estrategia del PP no puede ser que otra que convocar elecciones inmediatas para hacerse con el poder.
D. Manuel Martín Ferrand – «Después de estímulos electorales viciados, se ha llegado a una situación inimaginable en la derecha. González ha contado con todas las televisiones, radios y 120 diarios, todos menos ABC y EL MUNDO, pero la derecha puede entenderse y consagrar esa mayoría».
D. Pedro J. Ramírez – «Estoy muy decepcionado por el resultado. No ha fallado el PP, sino otros nueve millones de ciudadanos que tienen una escala de valores no vigente en Europa. No hay otra solución que un acuerdo entre Aznar y Pujol. El líder del PP tendrá que revisar su visión de España para pasar a defender un Estado federal.
D. Fernando Sánchez Dragó – «Esta es una España negra, agazapada, atrasada».
D. Pedro J. Ramírez – «Es una España retraída que no forma parte de los sectores dinámicos de la sociedad. Las papeletas rurales han sido para el PSOE, pero el país es fruto de su historia, ya que durante 40 años la mayoría sacrificó valores de libertad por los de seguridad.
D. Pablo Sebastián – Aquí existen unas reglas de juego no habituales en una democracia y España que no se conmueve ante los abusos y la corrupción se moviliza cuando tocan la corneta y gritan ‘¡A las urnas!’ como convocaba EL PAÍS en un editorial…
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D. Jesús Gil (presidente del Atlético de Madrid, alcalde de Marbella y amigo de D. SAntonio Herrero) también llamó para dar su opinión y valoró así el resultado: «El miedo al dóberman, del PSOE contra el PP presentándolo como un doberman ha funcionado en un país de parados y de subsidiados. ¿Quién va a invertir ahora con un gobierno en precario».
04 Marzo 1996
Una tarea difícil
Pero como Aznar aspiraba nada menos que a la mayoría absoluta y los sondeos pronosticaban un vuelco espectacular hacia la derecha, Felipe, González pudo presentarse ayer sonriente ante la opinión pública. Los nueve millones de votos obtenidos ayer -sólo 300.000 menos que el PP- le permiten abandonar el poder con dignidad y configuran al PSOE como una fuerza de’ oposición decisiva frente a un Partido Popular que tendrá menos escaños que los socialistas en la anterior legislatura. Por si fuera poco, la espectacular victoria de Manuel Chaves en Andalucía -muy cerca de la mayoría absoluta- ayudará aún más a endulzar la derrota del PSOE. El alto porcentaje de participación y la ausencia de incidentes en la jornada electoral ponen otra vez de relieve que el sistema democrático está profundamente consolidado en nuestro país y permite la alternancia natural de las mayorías. La noticia de que la derecha vuelve al poder mediante el sufragio, después de más de una década de estar alejada de él, es un signo más de normalidad. Pero después de expulsar del poder a un, Ejecutivo obviamente agotado después de 13 años y con una ausencia de proyecto preocupante, el voto popular ha decidido poner unos límites más que severos a la victoria de la derecha., Ésta tendrá que aliarse o pactar con los grupos nacionalistas si quiere gobernar de forma estable, y no cabe duda de que sus eventuales socios en el Gobierno -notablemente, Convergència i Unió no perderán ocasión de obtener las compensaciones debidas. Como, por otra parte, es habitual cuando un partido pide a otro que le preste sus votos para gobernar. Tan importante como la matizada victoria de los populares parece la derrota matizada de los socialistas. Con 141 diputados en el Congreso se consolidan como un partido indispensable para la estabilidad de este país. La solidez del PSOE en el electorado español resulta más impresionante si se tienen en cuenta los numerosos escándalos de corrupción protagonizados por el partido en los últimos años y la erosión brutal a la que,ha sido sometido, con toda clase de métodos, por parte de sus opositores políticos -a derecha e izquierda- y numerosos medios de comunicación. Que después de lo que ha llovido -para utilizar la expresión del propio González- exista una diferencia de menos de dos puntos entre el PSOE y el PP puede considerarse un dato político de primera magnitud y una victoria personal de Felipe González, que se, ha emplea do a fondo y con entusiasmo durante la campa ña. Sin que esos nueve millones de votos que conserva el PSOE signifiquen -como alguien ha pretendido- una reválida a sus escándalos. Izquierda Unida no puede sentirse satisfecha. Su política de enfrentamiento contra el PSOE apenas le ha hecho crecer en votos -aproximadamente un punto- y le ha llevado a perder implantación en Andalucía, donde el personalismo de su líder regional ha hecho imposible el gobierno de la comunidad autónoma durante los dos últimos años. Los partidos nacionalistas mantienen sus posiciones, incluido Herri Batasuna, y alumbra en el Congreso una nueva formación de este género, el Bloque Nacionalista Galego. Coaliciones necesarias El sistema electoral español, que es proporcional aunque fuertemente corregido, tiene como consecuencia obvia, en circunstancias normales, la necesidad de coaliciones, o al menos pactos de legislatura, para formar Gobierno. La obtención de mayorías absolutas por un partido, como las que el PSOE consiguió en tres ocasiones, debe ser considerado algo excepcional, y en él caso de los socialistas se debió, en parte, a las secuelas del golpe de Estado de 1981 y a la destrucción del partido del centro (UCD) que había encabezado la transición del franquismo a la democracia. Por eso no debemos contemplar con alarma la situación minoritaria del partido de Aznar. Lo lamentable es que la crispación extrema en que se ha desarrollado la vida política durante los últimos tres años y los ataques desconsiderados entre las fuerzas políticas, que han recurrido con insoportable frecuencia a la demagogia y a la difamación, harán más difícil el consenso y el pacto que demanda una situación así. Los nacionalistas catalanes, vascos y canarios aparecen hoy como los socios posibles de Aznar en el Gobierno, pero sin los catalanes el PP no podrá seguir adelante, y no se puede decir que en el pasado reciente los líderes de la derecha hayan preparado convenientemente el camino de su diálogo con la Generalitat. Antes bien, proliferaron las críticas a Pujol por su alianza con los socialistas, y no cabe duda de que entre las bases del PP anidan algunos sentimientos de nacionalismo español dudosamente compatibles con la visión de España que tienen los catalanistas. Otro punto a destacar después de estas elecciones es el fracaso rotundo de todas las empresas de sondeos de este país, sobre las que se cierne una sospecha fundada de falta de profesionalidad. La crítica no puede excluir a ninguna de ellas ni en los sondeos previos ni en los que anunciaban los primeros resultados después de las elecciones- y, por supuesto, es extensibile a la que ha realizado las encuestas para este periódico. La vida política española se va a enriquecer después de estos comicios. Se va a hacer más compleja, más interesante, más sutil; por todo ello, más difícil. Esperemos que como resultado de todo esto desaparezca el clima de envilecimiento, injuria y agresión que algunos se han empeñado en implantar entre nosotros en los últimos tiempos. Probablemente, Aznar aspira ahora a la prudencia de la oposición, algo que sus diputados no siempre han practicado en la legislatura recién terminada. Independientemente de que los socialistas tengan la tentación de seguir su ejemplo, González está obligado, a demostrar su carácter de estadista también, en la oposición. Todos los españoles tenemos derecho a que los partidos políticos presentes en el Parlamento practiquen un respeto mínimo al adversario. Es imposible seguir construyendo este país en el ambiente de sospecha y delación que se ha implantado. La mesura del pueblo español, puesta de relieve en las urnas, indica el camino a seguir por nuestra clase política, nuestros intelectuales y publicistas. Por lo demás, los socialistas se irán del poder con un impresionante balance de realizaciones que es imposible desconocer. Cabe esperar que los tribunales resuelvan cuanto antes los casos de corrupción y de guerra sucia que han ensombrecido su ejecutoria. No se trata de poner ningún punto final ni de hacer borrón y cuenta nueva, sino de qué los jueces hagan ahora su trabajo sin más presiones políticas y que el Parlamento haga el suyo en un ambiente menos crispado.
04 Marzo 1996
Perdió el felipismo
Aznar venció en las elecciones de ayer. Obtuvo una diferencia de escaños bastante inferior a la prevista, pero suficiente para que recaiga sobre él la responsabilidad de formar el próximo Gobierno. Deberá hacerlo buscando apoyos en los partidos minoritarios. En CiU, particularmente. No ha alcanzado la «mayoría suficiente», en la que tenía cifradas sus esperanzas. Pero sí la mayoría necesaria para ser el único candidato posible a la Presidencia del Gobierno.
Porque -y ese dato merece ser subrayado, por histórico- quien está ante la práctica imposibilidad de repetir mandato es González. Necesitaría atraer a la vez el respaldo de CiU y de Izquierda Unida: una coalición imposible.
Las urnas han dado la espalda a Felipe González y su estado mayor. Eso es, con gran diferencia, lo verdaderamente decisivo. Porque, como dijimos una y otra vez en las vísperas electorales, habría sido un auténtico desastre colectivo que los votos de los ciudadanos hubieran renovado el mandato felipista.
En primer lugar, porque habrían servido para tapar toda su turbia trayectoria con el manto del sufragio popular. González y los suyos lo habrían utilizado para archivar los GAL, Filesa, Ibercorp, el CESID, Juan Guerra, los fondos reservados, Sarasola y todo el resto.
Y, en segundo término, porque habrían abierto de par en par las puertas a la plena institucionalización del régimen felipista, que se habría convertido, con un horizonte ya de 17 años, en un remedo del PRI mexicano, férreo sustento de un poder omnímodo y personal.
Lo más importante de las elecciones de ayer es, al menos de momento, lo que clausuran. Gracias a ellas, ha caído el telón -de manera sin duda insuficiente, pero no por ello menos real- sobre el escenario en el que se estaba escenificando la domesticación de todos los poderes en beneficio del Ejecutivo. El Legislativo, como correa de transmisión. El Judicial, a golpe de cuotas. Y el «cuarto poder», a fuerza de privilegios generadores de inicuas complicidades.
El felipismo ha salido derrotado de esta batalla sobre todo por sus propios deméritos. Muchos electores le han negado el voto porque el peso inapelable de los principios democráticos, tras dejarse muchos jirones en el camino, se ha abierto, mal que bien, finalmente paso. Lo suyo no podía, no debía seguir. Y, ante la espantosa posibilidad de que siguiera, cualquier alternativa que se presentara levantando la bandera de la decencia resultaba válida. Aznar acertó a levantar su enseña por encima de cualquier otra, y buena parte del voto popular le ha respaldado.
Lo cual resulta sólo parcialmente reconfortante. Porque el felipismo, si bien ha salido derrotado, ha logrado un respaldo superior al 37 por ciento de los votos. Lo que quiere decir que, para un número muy considerable de conciudadanos, pese a saberse todo lo que se sabe sobre lo ocurrido durante estos últimos trece años, sigue representando una alternativa válida. Unos conciudadanos que, según hemos podido comprobar, ni siquiera manifiestan abiertamente sus preferencias políticas -de ahí los errores de los sondeos-, demostrando que la llamada «España profunda» lo es también en ese otro sentido de la expresión: sea por vergüenza, recelo o inhibición, ni siquiera aflora a la superficie hasta el día de la votación.
Es indudable que queda todavía un largo camino para el establecimiento definitivo entre nosotros de una auténtica cultura democrática. Es indudable que seguimos estando a una notable distancia de las sociedades avanzadas, en las que el crimen, la corrupción y la mentira no se perdonan.
Por eso es particularmente meritorio, pese a sus insuficiencias, el triunfo de José María Aznar. El líder del PP ha sido calificado de mediocre y de romo. Que Aznar no reúne las características arquetípicas de un showman es evidente. Pero los fuegos fatuos no lo son todo en el firmamento de la política. El presidente del PP ha dado pruebas sobradas de otras virtudes al menos igual de estimables, si es que no más: tenacidad a toda prueba, capacidad de trabajo, férrea resistencia frente a la adversidad, habilidad en la formación y dirección de equipos, astucia para sortear las intrigas… Esas virtudes le han de ser particularmente necesarias en el futuro inmediato, en el que habrá de propiciar consensos difíciles y auspiciar acuerdos muy sutiles.
La ajustada victoria de Aznar y el PP es suya, sin duda. Pero no es sólo suya. Es notorio que, de no ser por la labor de algunos medios de comunicación, que han proporcionado la información necesaria sobre las muchas tropelías cometidas por el Gobierno felipista, habría sido imposible generar la muy esforzada reacción social que ha llevado al resultado electoral de ayer.
Estamos en una sociedad que aún reacciona con indudable lentitud, en comparación con otras más hechas a los hábitos democráticos, ante las disfunciones del sistema. Que es víctima de inercias terribles. Pero estamos en una sociedad que, en estimable medida, tiene aún capacidad final de respuesta.
Ahora, el panorama que se abre es complejo. Aznar debe ser consciente de que la lucha contra el paro, el terrorismo y la corrupción no podrán realizarse en las condiciones que él preveía. Ahora no tiene otro remedio que buscar el apoyo de CiU. Lo que no debería plantear mayores dificultades en las materias económico-sociales. En realidad, lo único que realmente les separa es su concepción de España. Deberá buscar un punto de entendimiento en el desarrollo autonómico que orille esa dificultad.
En todo caso, el hecho crucial es que el felipismo ha perdido la mayoría. Que ya no está en condiciones de determinar nuestro futuro colectivo. Y ése es un suceso histórico. Un grato suceso histórico.
05 Marzo 1996
Derrotados por la democracia
No hubo felicitaciones para las fuerzas democráticas en la COPE y sí una catarata de insultos y de amargos reproches al electorado, a los medios de comunicación y a los institutos de sondeos en una doble ración de tiempo y de interlocutores – hasta quince voces entonaron su pesar y despecho por la magra victoria popular -. Pero fue la ciudadanía, tan sabía y justiciera unas horas antes, la que se llevó casi todas las tarascadas de la funeraria tertulia, cuyos habituales dudaban entre enviar al país entero al nosocomio o distribuirlo en campos de reeducación. Para el escritor anarquista Fernando Sánchez Dragó estamos ante la ratificación de la doctrina del ‘primer Fraga’ (cuando era ministro de Información y Turismo con Franco) y su eslogan ‘Spain is different’. ‘No sé qué se necesita para echar de la política a una persona; seguramente tirar una bomba atómica en la Puerta del Sol’, añadió Dragó, «Se trata de un problema de cultura, pero el resultado es un verdadero desastre económico, cultural y social. La única esperanza reside en nuevas elecciones y que los votantes del PSOE se vayan muriendo en un año y medio de plazo». Pablo Sebastián (EL MUNDO) anotó que «el triunfo de Aznar es muy meritorio, porque los otros han controlado todos los canales de televisión (incluido el de TELEMADRID gracias a Ruiz Gallardón), y ahora Pujol, cómplice del felipismo, se convierte en la llave de la gobernabilidad. La estrategia del PP no puede ser otra que convocar elecciones inmediatas para hacerse con el poder.
Martín Ferrand (ABC) apostilló que después de «estímulos electorales viciados, se ha llegado a una situación inimaginable en la derecha», y pasó el tanto de culpa a los medios de comunicación. «González ha contado con todas las televisiones, radios y 120 diarios (con las excepciones conocidas: el ABC, EL MUNDO, DIARIO16), pero la derecha puede entenderse y consagrar esa mayoría».
El alcalde de Marbella y presidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil, llamó para unirse al plañidero coro e increpar a los votantes. «El miedo al dóberman ha funcionado en un país de parados y subsidiados. ¿Quién va a invertir ahora con un gobierno en precario?».
El director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez ‘muy decepcionado’, dejó bien sentado que no ha fallado el PP, sino que ‘otros nueve millones de ciudadanos tienen una escala de valores no vigente en Europa’, y abogó por un entendimiento entre Aznar y Pujol una vez que el líder del PP, sino que ‘otros nueve millones de ciudadanos tienen una escala de valores no vigente en Europa’ y abogó por un entendimiento entre Aznar y Pujol una vez que el líder del PP «revise su visión de Estado hacia una España federal».
Sánchez Dragó volvió a la carga: «Esta es una España negra, agazapada, atrasada», aplacado por Pedro J. : «No, es una España retraída que no forma parte de los sectores dinámicos de la sociedad. Las papeletas rurales han sido para el PSOE, pero el país es fruto de su historia, ya que durante 40 años la mayoría sacrificó valores de libertad por los de seguridad».
Pablo Sebastián no perdonó: «Aquí existen unas reglas del juego no habituales en una democracia, y España, que no se conmueve ante los abusos y la corrupción, se moviliza cuando tocan la corneta y gritan «¡A las urnas!», como convocaba EL PAÍS en un editorial’. A los de la COPE les duele esta España desobediente y mendaz que el general Franco definió mucho ante que ellos: «El pueblo es más sincero cuando combate que cuando vota».
«Para los intereses del PP ha resultado muy negativo el efecto Julio Iglesias», aseguró ayer en la SER Javier Pradera en la tertulia ‘Hoy por Hoy’. «Como contraproducentes fueron los artículos de Pedro J. (EL MUNDO) y Anson (ABC)».
18 Marzo 1996
El Berrinche Nacional de los vencedores
Nunca como en estas fechas las tertulias radiofónicas se han parecido más al improbable espectáculo de un micrófono de cocina de una casa cualquiera, recogiendo las opiniones perfectamente prescindibles de los cabezas de familia, los niños mayores, el vecino del quinto y la tía Victoria. El 3-M, el candidato Aznar vivía, por su parte, una pesadilla: la que va de lo pintado a lo vivo, de lo escrito, radiado y encuestado a la dura realidad.
Hay una película norteamericana donde, por algo así como una inversión espacio-temporal (supongo que en la Bolsa de Madrid), el protagonista, el hombre del tiempo de un teleinformativo, está condenado a vivir cada día la misma jornada, una y otra vez. El 4-M amanecimos como ese periodista: todos los días eran el 1-M: los mismos gritos, los mismos insultos, las mismas barbaridades. Ojalá llegue pronto el 3-M, me decía en la vigilia algodonosa del despertar, pero como además oía quejas y pesadumbres del entorno del PP, concluía que las elecciones ya se habían celebrado, que había perdido el PP y, lógicamente, los cancerberos de Aznar hervían de ira. Y una vez despierto, me extrañó y no me extrañó: sí, que la actitud del PP fuera la del perdedor, y no, que los tertulianos abertzales siguieran con su oficio. No cabía extrañarse porque, aunque abrochada la victoria, el 3-M nos acostamos arrullados por los insultos a medio pueblo español (el que no había votado al PP) y tuvimos que hacer sitio en la cama al amplio muestrario de lo que se puede esperar de los voceros (o voceadores) del PP: desde las afirmaciones de pucherazo, cuando los primeros datos oficiales del voto rural daban ganador al PSOE, a la descalificación de los votantes socialistas y de comunidades autónomas enteras y a la pintura negra del futuro país. El ugetista Justo Fernández para definir a qué olían sus contertulios (Mesa de Trabajo, COPE, 4-M) nombró la soga en casa del ahorcado: “Aroma a fascismo”.
Los jineteros del apocalipsis llevan perdiendo los nervios desde el día siguiente a las elecciones de 1993. Y es verdad que la gente decente de este país pensábamos que a partir del 4-M, si los dioses señalaban a Aznar, podríamos volver a oír la radio sin necesidad de compañía de la jofaina de los vómitos y podríamos leer de nuevo los periódicos sin necesidad de una pinza en la nariz. Pero cá. Siguen en sus trece, en sus insultos y en sus gritos y ya está poniendo en danza nuevos y grandes inventos del TBO: hoy el pacto a la griega, mañana la italianización (de mañanita; por la tarde, gobierno de concentración presidido por Suárez) y el pasado mañana quizá España sea republicana.
La misma noche electoral conectaron con los viejos modales. En la COPE Luis Herrero trató de moderar primero la euforia por las encuestas a pie de urna (las exit polls o encuestas israelitas) luego, cuando las encuestas demostraron ser más falsas que un duro de madera, la tendencia natural de los tertulianos más conspicuos en el ultracentrismo. Claro, que él fue el primero en dar rienda suelta a sus instintos al despedir una pequeña entrevista con Aznar con un poco pertinente: “Un abrazo muy fuerte”.
Cuando empezaron a aparecer las primeras pantallas del recuento oficial hubo un alzamiento de la tertulia. Julia tuvo que recordar a Vizcaino Casas que vive en ‘un país democrático donde es imposible el pucherazo’. Los primeros datos de los pequeños colegios electorales rurales, daban vencedor al PSOE y Vizcaíno Casas no pudo resistirlo: “¿Cabe el pucherazo en el ordenador?”, preguntó el ultracentrista de toda la vida al desinformado periodista de la COPE en el centro oficial de recuento. Herrero lo llamó al orden: “No diga eso porque luego lo sacarán de contexto y dirán que Vizcaíno Casas ha hablado de pucherazo”. No sé si considerará Herrero que lo sacó de contexto ni tampoco si transcribo lo que él dijo: “Entre la credibilidad de las encuestas israelitas y los datos del Ministerio del Interior, lo siento mucho, pero yo me quedo con las primeras”. Más lo deben sentir los oyentes.
Amando de Miguel, cuya casa de encuestas, Tábula V (a la que llamamos Tábula who?, para entendernos), fue la autora de la peor y más errónea de las muy malas encuestas preelectorales (al presidente de Sigma 2, Carlos Malo de Molina, autor de otra encuesta horrible para EL MUNDO-COPE-ANTENA 3 TV, lo llaman en las Redacciones Carlos Pésimo de Molina o Carlos Malo de Cojones), inauguró sin el más mínimo empacho el capítulo de insultos al pueblo español, facción votantes del PSOE. Y un ultracentrista de reciente adscripción (y fumador de pipa, creo), Álvaro Delgado Gal se sintió en el deber tertuliano de terciar: “Esto, si se confirma, es una tragedia política. Y lo digo desde un punto de vista neutral”. Ese tertuliano, como recordarán, confesó de grado equivocarse con los cuartos de las campanadas de Nochevieja; el 3-M amplió noticia de sus luces: “Nos movemos en la incertidumbre absoluta porque no entendemos nada”. En fin… Herrero, que quería estar atento a la corrección política del programa, quizá porque se había prometido a sí mismo ser generoso y educado en el triunfo, lo reconvino con elegancia académica: “No hablemos de tragedia sobre datos lábiles”, aunque las más de las veces tuvo que hacer de bombero: decía Amando de Miguel que los votos del PSOE son los votos del miedo (y todo lo demás), Julia Navarro respondía que no le parecía bien sostener que ‘si ha ganado el PP, los españoles han votado bien y si han votado al PSOE es una tragedia’ y Herrero, como si la audiencia fuera sorda y él un ángel (que ya se sabe no tiene memoria) echaba su cubito de agua: “Eso no lo ha dicho nadie, doña Julia”.
La crispación de ‘La Linterna’ contrastada con el buen humor del programa que conducía Iñaki Gabilondo (SER): “Nueva mayoría insuficiente”, propuso Isaías Lafuente como titular-resumen. En ANTENA 3 TV otros opinadores sintonizaban con la COPE: así el filósofo (quizá ultrafilósofo) Javier Sádaba arremetía contra los andaluces con maneras de señorito. Luis Antonio de Villena lo reprendió con contundencia y le recordó (Ay, los tiempos brechtianos, o durrenmatianos, según, que nos ha tocado vivir) lo mucho que España debe a Andalucía y su cultura: Sádaba insistía en que era su opinión: “dependemos de ellos y no me parece positivo”, sin decir una palabra del hecho de que tanto recolecta el PSOE en Andalucía como en Cataluña. A Sádaba le faltaron reflejos, porque Ramón Tamames deshizo el nudo gordiano con toda vacilidad (Justo Fernández, que es canario, pero tiene mejor pronunciación lo llama fascismo) y así, los andaluces votaron PSOE “porque no tienen ganas de trabajar mientras que en Cataluña hay mucha población obrera” (COPE, ¿dónde iba a ser?, Mesa de Trabajo, 4-M).
Y es que venían calientes d las fechas preelectorales. No en vano, el editorial de EL MUNDO del 4-M recordaba a Aznar que la victoria también es achacable a ‘la labor de algunos medios de comunicación’ y Martín Prieto remachaba el 6-M diciéndole que algunos periodistas le han dado la campaña hecha y ahora son ellos los que van a recibir todas las bofetadas. Luis María Anson, que ha hecho una intensa campaña por Aznar en ABC, escribió el 25-F una ‘tercerita’ apocalíptica: “La Destrucción de España”. ¿De qué no acusaría a González si entre sus crímenes incluía hasta el de haber ‘sangrado la savia honda del viejo tronco del pueblo español’? El 3-M, ABC publicó el editorial “Al amparo de la Corona” donde, amparándose en la Corona, efectivamente, se pedía el voto para el PP. Pedro J. Ramírez, director del diario aznarista EL MUNDO también dio por cerrada su campaña el 3-M con su artículo “Examen de reválida”: “La decisión de González de repetir como candidato extraña un abierto desafío al conjunto del pueblo y subvierte en mi opinión la naturaleza de la consulta”.
La urgencia del cierre dio por buenas las israelitas. Francisco Umbral hablaba de ‘la goleada del PP’ (EL MUNDO, 4-M); Raúl del Pozo que ‘nunca la derecha había acumulado tanto poder’; José Luis Martín Prieto que con mayoría absoluta o suficiente, Aznar deberá gobernar en solitario y el memorioso Cándido escribió la frase más divertida (miss Hilarante): “Las encuestas no hicieron otra cosa que no fuera corroborar lo que dictaba el sentido común” (todos en TIEMPO, num 723, 11-M).
El sentido común. Ya lo dice el tópico, y por algo será, que es el menos común de los sentidos. LA VANGUARDIA resumía con un titular magistral: “El sosiego tarda en imponerse en la radio y en la prensa. Los resultados desconciertan a los medios que alentaron la crispación”. Pero en mitad del desconcierto y de la desolación – extraña melancolía de los vencedores, quizá es que no se conformaban con nada sino con ser el caballo de Atila – se impuso una extemporánea admiración por González: los tertulianos de la COPE, excepto el irreductible De Miguel (le habrá hecho algún favor), no pudieron sustraerse: “Un éxito impresionante de González”; Manuel Martín Ferrand, santotomás hertziano alabó “La capacidad de resurrección de González”, incuso un David autodidacta, un autodavid como Pedro J. Ramírez reconoció: el mérito personal de González es indiscutible.
Como en todo vecindario, entre los tertulianos y otros animales los hay desde tondos del haba hasta más listos que el hambre. Pedro J. Ramírez es de los listos. Llegó el 4-M a la Redacción de la COPE, vio el panorama, olió el fascismo y oyó a Fernando Sánchez Dragó de ultraderechista-más-allá-de-lo-razonable ultracentrista, y no dudó en rechazar y enfrentarse a la catarata de insultos y menosprecio contra la España y los votantes socialistas. El pobre (que diría ABC) Sánchez Dragó intentaba llevarlo a su huerto por el atajo del halago – “Pero si tú lo decías ayer en tu artículo” – sin conseguir más que despiadadas precisiones dignas de un microscopio electrónico entre la España profunda (“que decía yo”, Pedro J.) y la España negra (“que dices tú”, Sánchez Dragó). Unos y otros se tenían que recordar cada dos por tres que “ha ganado el PP”.
No sé si ha habido consignas o si es que la cola del cometa M-3 ha dejado una mirífica lluvia de sensatez, pero, aunque no hay que cantar victoria, el caso es que parece que el 6-M hubo un punto de inflexión: de repente, el honorable Pujol era espigadito y trigueño y la sardana mejor que el rap y mucho mejor que el hey! Aznar debía hacerse parecidas cábalas. Francisco Umbral lo llamaba ‘mediocre y baldado intelectual’ (EL MUNDO); a media mañana, Víctor Márquez Reviriego le decía que “si no es capaz de formar Gobierno, que se vaya a su casa (COPE) y Martín Prieto dejó pasar dos días para tildarlo de medroso, blandengue y producto de marketing (EL MUNDO, 6-M). Aznar comienza a paladear las mieles de ser presidente del Gobierno en una España inducida al insulto y a la intolerancia. Así que no me extrañó su voz deprimida cuando lo entrevistaron en la COPE (6-M), a pesar de la fascinación que causaba en los tertulianos (Martín Ferrand: tengo fe, tengo esperanza. Lago: “Estoy satisfecho”. Tamames: “Me parece muy pertinente lo que ha dicho sobre la cultura del pacto, etc. Anímate Aznar, hombre.
Y quizá la clave, una de las claves de la tristeza post coitum, resida en la afirmación de Darío Valcárcel: “Algunos han utilizado los medios de manera ignominiosa para su interés propio, para engañar a Aznar con que había una España de mayoría absoluta del PP y para tratar a Pujol de una manera miserable y despreciable”. Y cabe preguntarse si no le han arrebatado a Aznar la mayoría absoluta esa intolerancia, esa prepotencia y ese extremismo ultracentrista.
Problema de Aznar, porque ese periodismo que practican es propaganda; ese estilo que tienen no es estilo y ese país que predican no es el mío. Donde ven el voto de la España negra, de los iletrados, de los cómplices, de los subsidiados, de los vagos, necesidad de limpieza étnica e italianización, los ciudadanos vulgares vemos serenidad, madurez y un nuevo ejercicio de sabiduría popular.