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Finaliza la dictadura de Fujimori en Perú: el mandatario huye del país a Japón acusado de corrupción, soborno y fraude electoral junto a su cómplice Vladimiro Montesinos

HECHOS

El 21 de noviembre de 2000 terminó oficialmente el mandato de Alberto Fujimori como Presidente de Perú.

18 Septiembre 2000

Fujimori se va

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El régimen de Alberto Fujimori ha reventado por acumulación de fraudes electorales, escándalos de corrupción, protestas en la calle y presión internacional.La gota que ha hecho desbordar el vaso ha sido la difusión de un vídeo en el que se veía al número dos del régimen y jefe del temido Servicio Nacional de Inteligencia (SIN), el tenebroso Vladimiro Montesinos, comprar a un diputado de la oposición, un trabajo que ha repetido con otros para asegurar al partido gubernamental una mayoría que no tenía en el Parlamento. Fujimori y Montesinos eran uña y carne. El presidente se ha visto arrastrado por la inevitable caída de Montesinos tras esta filtración que tiene un inequívoco origen en el interior del régimen. La decisión de Fujimori de convocar elecciones generales «en el inmediato plazo posible» y de no presentarse puede servir para iniciar una transición hacia la plena democracia en Perú.Ahora bien, Fujimori y los suyos han hecho suficientes trampas en sus 10 años en la presidencia de Perú como para desconfiar de todos sus gestos. Su sistema de poder se había montado sobre la base de una Constitución tallada a su medida, de una policía secreta sin escrúpulos, del Ejército y de la ocupación de todas las instituciones estatales, incluidas las judiciales y electorales. Desmontar tal red de intereses y de impunidad no va a resultar fácil, pese a la decisión anunciada por Fujimori de «desactivar» el SIN. Demasiados misterios rodean aún el inesperado anuncio de Fujimori y el paradero de Montesinos. Resolverlos puede aportar claves para calibrar los «factores externos», como los llama la oposición, que pueden influir en el futuro.

Fujimori debe llegar así al término de su vida política, aunque con una salida nada clara tras 10 años de creciente autoritarismo. Dos años después de ganar las elecciones de 1990, Fujimori dio un autogolpe que, aunque popular, constituyó una violación constitucional. Arropado en una mejora económica y en importantes éxitos en la lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso, Fujimori se olvidó de las reglas del Estado de derecho, culminando con el enorme fraude en las pasadas elecciones, en las que arrebató la victoria al opositor Alejandro Toledo. Éste pide ahora la constitución de un Gobierno de transición y ofrece algo de lo que Perú está más necesitado que nunca: diálogo. Es en momentos como éstos cuando la comunidad internacional, y en particular la Organización de Estados Americanos (OEA), debe redoblar sus esfuerzos para impulsar la transición, lograr unas elecciones limpias y ayudar a Perú a salir adelante.

20 Noviembre 2000

Se va Fujimori

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Fujimori se va. El líder populista que durante una década ha dominado la política peruana, saltándose casi todas las normas democráticas, no ha encontrado la manera de prolongar unos meses su permanencia en el poder para preparar su salida de la manera más conveniente para él. El episodio de la huida y regreso de su hombre de confianza para asuntos sucios, Vladimiro Montesinos, aparece como el detonante de la renuncia. Pero sus raíces están en la dinámica desencadenada por la victoria electoral robada a la oposición, encabezada por Alejandro Toledo, en la primavera pasada. Toledo no se dejó atrapar por las maniobras de Fujimori para que concurriera a una segunda vuelta tan amañada como la primera.La renuncia, confirmada insólitamente por el propio presidente desde Japón, fue anunciada ayer por su primer ministro, Federico Salas, un moderado del que Fujimori echó mano tras su fraudulenta victoria en esa segunda vuelta sin contrincante, en mayo pasado. Salas aseguró haber sido informado telefónicamente por Fujimori, que seguirá en Japón, no se sabe si con intención de quedarse. Su Gobierno dimitió en bloque. El vacío de poder que se abre hasta las elecciones de abril no podrá ser cubierto por el vicepresidente primero, Francisco Tudela, que dimitió en protesta por el regreso a Perú de Montesinos. El opositor Alejandro Toledo insinuó ayer que el álter ego de Fujimori podría no estar vivo y que, en todo caso, la causa inmediata de la renuncia podría ser la implicación del presidente en las tramas de corrupción política y también económica, compartidas con su ex espía en jefe. Toledo no cuestiona la fecha de las elecciones, previstas para el 8 de abril, pero sí propone que la presidencia interina sea ocupada por el presidente del Congreso, Valentín Paniagua, a fin de garantizar la neutralidad del Ejecutivo en este periodo.

La resistencia de la oposición al fraude y el respaldo internacional que obtuvo frente a Fujimori han resultado decisivos para la descomposición acelerada del régimen. Las evidencias de que el vídeo en que se veía a Montesinos comprando a un diputado opositor fue filtrado desde el corazón de los servicios secretos revelaron la división sembrada en el poder por la resistencia interior y la presión exterior. Suele ocurrir en los ocasos de los regímenes autoritarios. Fujimori pretendió reaccionar separando su suerte de la de su protegido (aunque tal vez el protegido fuera él), pero su temor a que el otro denunciara públicamente los asuntos turbios que habían compartido le llevó a adoptar decisiones cada vez más incomprensibles. La fuga y regreso de Montesinos y la ridícula operación de búsqueda encabezada por el presidente en persona avergonzaron incluso al Ejército, sometido estas semanas a las tensiones de la destitución instantánea de sus mandos y de la insurrección de un oficial de provincias con pretensiones regeneracionistas.

La presencia de Fujimori hasta julio, según el calendario propuesto por él mismo, era un factor potencial de división del Ejército y una garantía de mayor deterioro de la situación económica. Seguramente ambas consideraciones han presionado fuertemente sobre el entorno del presidente para que adelante su renuncia. Se abre un periodo lleno de incertidumbres. La salida de Fujimori era condición necesaria para el inicio de una transición, pero la existencia de un poder judicial muy condicionado y la mezcla de elementos democráticos y autoritarios que caracterizan al sistema plantean reservas respecto a las condiciones en que se celebren las elecciones. La neutralidad del Ejército es ahora el factor clave, y para ello será muy importante la actitud vigilante de la comunidad internacional.

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