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Campmany publica un artículo en el ABC burlándose de una intervención de Umbral con su gato en TVE

Francisco Umbral (EL PAÍS) se burla de Campmany (ABC) por confundir a Gerardo Diego con García Lorca

HECHOS

  • El 15.11.1983 D. Francisco Umbral publicó en el diario EL PAÍS un artículo en el que aludía un artículo de D. Jaime Campmany en el ABC. El 19.11.1983 D. Jaime Campmany dedicaba un artículo en ABC a una intervención del Sr. Umbral en TVE.

Consolidado como columnista estrella del primer periódico de España, EL PAÍS, D. Francisco Umbral era un ‘blanco’ fue deseado por los enemigos de ese periódico – diarios ABC y YA – en especial por su actitud de ‘elefant terrible’ contra el resto de columnistas españoles, esperando cualquier ocasión para reseñar fallos en escritos de sus rivales.

‘Autodidacta’ era uno de los dos apodos con los que el ABC se refería al Sr. Umbral por aquellos días (se lo había puesto el Sr. Campmany), el otro apodo que se usaba contra el Sr. Umbral era ‘el depurador’ por su polémica con D. Enrique de Aguinaga de la que también dio cuenta ABC.

A pesar de todos los artículos publicados detectando sus errores en ABC y YA, el Sr. Umbral no estaba dispuesto a dejarse pisar y dejar de echar en cara él los errores que cometiaran sus enemigos. En noviembre de 1983 D. Jaime Campmany publicaba un artículo contra el socialista D. Luis Yañez en el que hablaba del verso de D. Gerardo Diego de “El coñac de las botellas se disfrazó de noviembre”. ¡Pillada! Al día siguiente en EL PAÍS el Sr. Umbral cobraba venganza.

“Un columnista del otro día cita estos versos: ‘El coñac de las botellas se disfrazó de noviembre’. Y se los coloca pacíficamente a Gerardo Diego, nuestro entrañable Gerardo. Son del Romancero gitano de García Lorca (puedo indicar página). La cultura, hay que llevarla”…

El Sr. Umbral atacaba así al Sr. Campmany, pero sin citarle. En justa correspondencia al día siguiente y desde ABC el Sr. Campmany atacaba al Sr. Umbral sin citarle en un artículo titulado ‘Gatomaquia’:

El otro día el autodidacta confundía la fiesta de Todos los Santos con la de los Santos Inocentes. O sea, que degolló a toda la corte celestial y se quedó tan ancho”.

13 Noviembre 1983

El Burro Explosivo

Jaime Campmany

Me gustaría escuchar los debates disfrazados de noviembre, como la botella de coñac de los versos de Gerardo Diego, para no infundir sospechas a don Luis Yañez, que a lo mejor se lleva bajo el brazo 'Le Monde' para que vean.

Pues nada, que les van a pedir el carnet incluso a los endecasilabos. También al premio Cervantes quieren aplicarle la mayoría mecánica. Han hecho un jurado de cuatro académicos y cuatro políticos que es como mezclar churras con merinas. Los académicos van a votar escritores y los políticos van a votar afiliados. Y además, meten en la candidatura a Rabael Alberti de mogollón, a destiempo y con pasteleo, como si fuera una candidatura para el comité del partido.

Me gustaría escuchar los debates disfrazados de noviembre, como la botella de coñac de los versos de Gerardo Diego, para no infundir sospechas a don Luis Yañez, que a lo mejor se lleva bajo el brazo ‘Le Monde’ para que vean. Luis Rosales hablano de ‘Sobre los Ángeles’ y del ‘Viaje a la Alcarria’ con don Javier Solana, el ministro catorceavo. Pero ¿qué hacen unos chicos como ustedes en un jurado como éste? Entre política y canto, pared de cal y canto. Cal y canto. El alba del albeti. Todo lo que por ti vi, se te afilia, para ti. Sí hombre, sí. ¿Cómo? No, nada, cosas mías. Y el tonto de la Alcarria, hinchándose de melocotones. ¿Y a qué viene eso ahora? No, nada, también cosas mías. Bueno, pues a votar. Claro, a votar, que a la Literatura también ha llegado la democracia.

Claro está que Rafael Alberti merece el premio Cervantes. Y el premio Lope. Y el premio Góngora. Hasta merece el premio Alberti, don Javier. Lo que sucede es que no lo merece por eso. Lo merece por lo otro. ¿Y qué es lo otro? No tiene importancia. Ya no da tiempo, señor ministro.

Los del 27, gracias a Dios, son longevos. Todos viven mucho, menos Federico, que murió de la otra media. Dámaso, ah, pobre Dámaso, ah, rico Dämaso, sólo y terco por la selva gongorina, perseguido de insectos ¿qué pasa con los insectos? No, nada, cosas mías, señor ministro. Y Vicente, alto y superlativo, tendido a la sobra en la academia del jardín, premio Nobel. Y Gerardo, que se le pasma el gesto cada vez que se le ocurre un verso, que es casi siempre, eterno surtidor de música, alondra de verdad. Y Jorge, decimas de marmol, yo ví la rosa, clausura primera de la armonía. ¿De la armonía? no, nada, eran otras rosas, señor ministro. Y Rafael. ¿Quién, aquel? El tonto de Rafael. Tonto caído del cielo, tontaina, tonto del higo… oiga, no le permito… bueno, pues nada. No he dicho nada. Son cosas mías.

Aquí lo que sucede es que casi siempre el burro viene hinchado de dinamita. Este es el burro hinchado en dinamita, que todo lo encaraja y lo empelota. ¿Cómo? No, nada, cosas mías. Además, lo han sacado de las obras completas. De don Niceto Alcalá Zamora decía Rafael Alberti que ‘fue tonto en Priego, en Alcalá y Zamora». Bueno, pues eso. No, tamoco está ya en las obras completas. Es que algunas veces las obras completas no están  completas, como esas obras completas de Lope que lee don Alfonso Guerra. O sea, mientras oye a Mahler. La derecha cerril no quiere darse cuenta. Lo que viene con la izquierda es la cultura. Aquí lo que hay que hacer es la revolución cultura.

Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos. Y dale con los tontos. No le permito. Ya sé que no me lo permite, sñeor ministro, pero es que Alberti lo toma de Góngora. Bueno, ya me callo. Ya sé, ya sé. Ni versitos, ni garambainas, ni tontos de la Alcarria, comiendo melocotones, ni rosas de clausura, como si fueran monjas, ni burros explosivos, ni tontos llovidos del cielo, del limbo, sin un ochavo, ni el alba del ahelí, ni la cucaña y la rosa. ¿Qué insinúa con eso de la cucaña y la rosa? No, nada, cosas mías, señor ministro.

Jaime Campmany

15 Noviembre 1983

Moratalaz

Francisco Umbral

Un columnista [Campmany] el otro día cita estos versos: "El coñac de las botellas se disfrazó de noviembre". Y se los coloca pacíficamente a Gerardo Diego. Son del Romancero gitano de García Lorca (puedo indicar página). La cultura, ya ves, hay que llevarla a las grandes ciudades dormitorio de Madrid.

Hablo en una iglesia de Moratalaz, domingo noche. Los que traemos un mensaje social, por modesto que sea, tenemos que pasar por estas cosas y por otras, casi como si fuéramos cristianos. Disfrazan la parroquia de «Centro Cultural». ¿Por qué? Estoy descubriendo a Passolini como gran articulista -encima- por su Escritos corsarios,publicados generalmente en el Corriere della Sera. Pasolini critica el Vaticano desde cerca, como un golfo de Roma que escupiese sus mármoles. Saben que son impopulares en el siglo. Pero y estoy escribiendo Memorias de un hijo del siglo, para un gran editor. Efectivamente, la juventud más joven se sienta enbancos de iglesia. Y en un extremo de. la sala hay una imagen con flores, como último rizoma de un vaticanismo -que no cristianismoque no se atreve a decir su nombre. Hablo de la droga, del sexo, del nuevo periodismo, de la libertad sexual, de Sartre, del citado Passolini, e incluso he sido presentado como «un intelectual con fuertes connotaciones de izquierda». Pero el whisky es Dyc, elemento líquido que no había probado en mi vida. La humildad cristiana obliga a no pasar del Dyc. Mi cuñada Maruja, que vive en Moratalaz, me lo dijo luego: «Cómo estuviste en el coloquio, qué facilidad, qué cosa, qué cultura». Qué cultura, Maruja, amor. Un columnista del otro día cita estos versos: «El coñac de las botellas se disfrazó de noviembre». Y se los coloca pacíficamente a Gerardo Diego, nuestro entrañable Gerardo. Son del Romancero gitano de García Lorca (puedo indicar página). La cultura, ya ves, Maruja, amor. La cultura hay que llevarla -y no yo, pobre de moi- a las grandes ciudades dormitorio de Madrid, aunque sea el domingo a la caída de la tarde, hora de todas las depresiones, cuando el spleen de Madrid se hace vulgar y feo, más allá de Baudelaire. Antes, a esta hora, le echaban novenas, al personal, o trisagios u otras devociones. Pero sólo iban cuatro beatas. Passolini dice que el Vaticano se ha quedado en el espectro de sí mismo. Han decidido dar cultura, actualidad, demonio, mundo y carne, a ver si el gentío joven se anima. Y allí estaban todos. Yo es que soy como el demonio, el mundo y la carne enversión atenuada y cosida por Pierre Cardin. Del demonio les hablé a propósito de la informáticay la cibernética, pues ya Dénis de Reugemont nos recuerda la frase de Baudelaire: «La mayor astucia del demonio es persuadirnos de que no existe». La mayor astucia de la subjetividad imperialista consiste en convencernos de que es mera objetividad. En cuanto al mundo, me preguntaron por las negritas, Pitita /Sisita, Marisa Borbón, que es la más guapa del mundo, etcétera. Se ve que eso les tienta. El rizoma católico con flores quedaba cada vez más lejos. Quieren conocer de cerca a la gente de la Prensa del corazón y de más abajo, pero quieren conocerla a través de mí. Frustración de las ciudades / dormitorio, inmensas, como Moratalaz, que sueñan por Jaime Peñafiel y Javier Osborne, mis queridos colegas, un mundo de felicidad en cuatricomía. Y del mundo se pasa como sin querer a la carne. No hubo muchas preguntas sobre la carne: el rizoma / icono vaticanista seguía gravitando sobre nosotros, a distancia, Si yo hubiese estudiado mejor el Derecho Romano de mi primo, que era el que estudiaba derecho romano, les podría haber soltado algunas cosas en latín, a los chicos. Passolini, claro, lo hubiera hecho. La carne. Era un público visiblemente laico, pero hicieron pocas preguntas sobre la carne. La triangulación vaticana del lugar seguía pesando sobre ellos, sin duda. En la ciudad / dormitorio más grande de la periferia madrileña, un rizorna vaticanista, un escritor asu aire y unas mocedades que no hubieran entrado en la iglesia si no voy yo. Uno ha acabado, ay, dando novenarios (laicos).

Francisco Umbral

19 Noviembre 1983

Gatomaquia

Jaime Campmany

El otro día [Umbral] confundía la fiesta de Todos los Santos con la de los Santos Inocentes. O sea que degolló a toda la corte celestial y se quedó tan ancho.

Me perdí lo del gato del autodidacta por televisión. Lo que sucede es que ya no tiene uno tiempo para tanta cultura como te da la pseudocultura burguesa, reaccionaria y alienante, apagabas el televisor y dabas un suspiro de alivio. Peor es que ahora en cuanto cenas una noche fuera de casa, te pierdes el acontecimiento cultural, y si te descuidas tres días, pierdes comba y te quedas en fray Luis de Granada. Me han contado que el autodidacta se llevó el gato o la gata, que ahora da igual porque ya no hay discriminación de sexos, y lo puso a chupar cámara. Se pasó el rato con Tola y con el gato en el regazo. O sea, como doña Estefaldina, pero con uno sólo en vez de tres, que, según don Ramón María, doña Estefaldina tenía tres en el halda (El halda, chúpate ese castellano bamburrio, que luego me da gusto que me llamen purista)

Seguramente es que se han puesto otra vez de moda los mininos, que son animalitos lopescos y galdosianos. Don Miguel Herrero tiene un gato que debió nacer con la democracia y al que puso Constitución, como aquellos izquierdistas románticos que les ponían a sus hijas Libertad, Solidaridad o Proletaria. Pero creo que el señor Herrero no se lleva el minino al hemicilo. Si lo hubiese hecho alguna vez, se le habría oíod el ronroneo en los discursos de don Fernando Abril o de don Gregorio Peces-Barba. Y además, a don Gregorio se le habría comido la mitad del apellido.

Creo que el padre Martín Descalzo también tiene un gato o más, seguramente más, que es la única fórmula canónica para que un cura tenga familia numerosa, pero tampoco creo que se lo lleve al confesonario, y hasta tengo entendido que le regaló uno al autodidacta, como si el colega no tuviera ya los suficientes en la barriga. A ese gato me parece que lo bautizaron con el nombre de ‘Rojillo’, quizá en homenaje de don Francisco Fernández Ordoñez, a quien el autodidacta daba alguna coba, hasta que logró colocarlo de maceta, con la rosa en alto. Total, que se presentó con el gato o gata, el ‘Rojillo’ o alguna camarada del ‘Rojillo’, en Prado del Rey, y la enseñó a quien tuvo la suerte de asistir al simposio, “Tengo una gata de Angora / que es una cosa divina / Niño, saca la minina / que la vea esta señora”. Buno pues eso.

Antes, en los oprobiosos años de Lópe de Vega y de don Alfonso Guerra, ilustres rivales en algunas fecundidades, los gatos se llamaban Micifuz o Zamaquilda. Ahora, con la reforma, el cambio y la mudanza de modelo, se llaman Constitución y Rojillo. Aquí, del cambio se entera hasta el gato. Y además también se va a enterar el gato de que lo que pasa a San Agustín es que no decía más que tonterías. Vamos, que San Agustín, al lado de Sánchez Ferlosio, el Bobo de Coria, César González Ruano, cuando era muy jvoen y todavía no había llenado su propio nombre, dio una conferencia en el Ateneo, o no me acuerdo donde, en la que, para llamar la atención, trataba el Quijote con la misma falta de consideración que si fuera el Giocondo. Cuenta César que al día siguiente apareció en el periódico una noticia de línea y media y un breve título: “Al señor González no le gusta Cervantes”. Pues eso, hijo. A Paco no le gusta San Agustín.

También puede ser que el autodidacta confunda las Confesiones de San Agustín con esas otras donde Marujita Díaz dice que le gustaría manifestarse a D. Miguel Boyer. En asunto de patrística, de doctores de la Iglesia y de santos, no hay que fiarse mucho del autodidacta. Vamos que no es ni un hermeneuta ni un eclesiólogo. El otro día confundía la fiesta de Todos los Santos con la de los Santos Inocentes. O sea que degolló a toda la corte celestial y se quedó tan ancho. Si hubiese vivido Baroja, en vez de irse al cementerio con crisantemos, se va a casa de odn Pío a felicitarle el cumpleaños. Y a lo mejor, con la mínina en la mano.

Jaime Campmany

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