24 febrero 1966
Golpe de Estado en Ghana derriba al dictador Kwane Nkrumah
Hechos
El 24 de febrero de 1966 fue depuesto el presidente de Ghana.
Lecturas
El ejército ha tomado el poder en Ghana, mediante un sangriento golpe de Estado.
La mayoría de los dirigentes del Partido de la Unidad Ghanesa (partido único de la dictadura), hasta ahora en el poder, han sido arrestado. El poder ha quedado en manos de un Comité Nacional de liberación, encabezado por el general Joseph A. Ankrah.
El golpe se desató tres días después de la partida del presidente, Kwame Nkrumah, que se encuentra de viaje por Asia. En la capital, Accra, se han desarrollado violentos combates entre los militares golpistas y la guardia personal del presidente Nkrumah.
En esta guardia, junto con oficiales africanos militaban varios ‘consejeros’ militares soviéticos.
El Análisis
Kwame Nkrumah pasará a la historia africana con una contradicción difícil de resolver: fue el gran dirigente que condujo a la antigua Costa de Oro hacia la independencia de Ghana en 1957, después de obtener victorias electorales auténticas, y acabó gobernando el país mediante una dictadura personal. Su socialismo panafricanista, inicialmente legitimado por las urnas y por el enorme prestigio de haber encabezado la emancipación frente a Gran Bretaña, fue cerrando progresivamente el sistema: la Preventive Detention Act de 1958 permitió encarcelar adversarios sin juicio, aumentó el control gubernamental sobre la prensa y, finalmente, el referéndum de 1964 convirtió al Convention People’s Party (CPP) en partido único y reforzó extraordinariamente los poderes presidenciales. En política exterior Nkrumah proclamaba el no alineamiento y aspiraba ante todo a liderar una África independiente de las antiguas potencias coloniales, pero su socialismo y sus crecientes relaciones con la URSS, China y el bloque comunista provocaron una hostilidad cada vez mayor en Washington y Londres; documentos norteamericanos contemporáneos muestran hasta qué punto Estados Unidos veía con preocupación su aproximación al bloque soviético y hasta qué punto Nkrumah sospechaba, a su vez, que la CIA pretendía derribarlo. Por eso su caída beneficia inmediatamente a sus enemigos internos y supone también una derrota estratégica para Moscú en África, mientras es contemplada favorablemente por las potencias occidentales.
Pero la caída de un dictador no ha traído automáticamente la democracia. El 24 de febrero de 1966, mientras Nkrumah se encontraba fuera del país camino de Hanoi, militares y policías encabezados por figuras como Joseph Ankrah y Emmanuel Kotoka tomaron el poder, disolvieron el Parlamento y el CPP, suspendieron la Constitución y establecieron el National Liberation Council. Los golpistas justificaron su acción por la supresión de las libertades, la corrupción, el deterioro económico y la concentración de todo el poder en Nkrumah; incluso denunciaron expresamente que prensa, radio y televisión se habían convertido en instrumentos del partido único. Es decir, Ghana ha salido de una dictadura civil para entrar, de momento, en un régimen militar, aunque la junta promete devolver posteriormente el poder a los civiles. Nkrumah, por su parte, no regresará: encontrará refugio en Guinea, donde Sékou Touré lo acogerá y le concederá simbólicamente el título de copresidente, mientras el antiguo libertador seguirá defendiendo desde el exilio su proyecto panafricanista hasta su muerte en 1972. La tragedia de Nkrumah es, en definitiva, la de tantos padres fundadores: consiguió la libertad de su país frente a una potencia extranjera y terminó convenciéndose de que esa libertad podía sobrevivir sin libertad política dentro del propio país.
JF