23 noviembre 2006
El ex director de Informativos con Gallardón carga contra la cúpula actual de Manuel Soriano por estar al servicio del PP
Estalla una guerra interna en TELEMADRID entre los Sindicatos afines PSOE contra los directivos al servicio de Esperanza Aguirre
Hechos
El 11.11.2006 el diario EL PAÍS publicó un artículo de D. Alfonso García sobre la cadena autonómica.
Lecturas
HUELGAS Y SABOTAJES
Durante la campaña electoral de mayo de 2007 los carteles de ‘Salvemos Telemadrid’ se colaron en varios momentos de programación de los TeleNoticias. El objetivo era favorecer un triunfo del PP en aquellas elecciones autonómicas. Los sindicatos consideraban que un triunfo del PSOE supondría la salida de todos los directivos afines al PP y una mayor neutralidad.
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LOS PROFESIONALES EN EL CENTRO DE LA POLÉMICA
D. Manuel Soriano, Director de TELEMADRID y antiguo jefe de prensa de Dña. Esperanza Aguirre, estaba acusado de orientar los informativos de la cadena publica madrileña al servicio del Partido Popular (PP).
Los informativos de TELEMADRID, como el del mediodía que presentaba D. Víctor Arribas, estaba acusado de difundir siempre noticias económicas favorables a la comunidad de Madrid (del PP) y contrarias al Gobierno central (del PSOE).
El programa diario de tertulias de TELEMADRID, ‘Alto y Claro’, presentado por Dña. Curri Valenzuela estaba acusado de ser un programa en el que se criticaba con frecuencia al PSOE, mientras que se elogiaba al PP.
Aunque según el programa semanal de debates de TELEMADRID ‘Madrid Opina’, que presentaba D. Ernesto Sáenz de Buruaga, aseguraban que había pluralidad, la oposición lo acusaba de ser un ‘foro favorable al PSOE’.
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RAFAEL SIMANCAS (LÍDER DEL PSOE MADRILEÑO) CONTRA EL PROGRAMA ‘ALTO Y CLARO’ DE TELEMADRID
En diciembre de 2006 el propio líder del PSOE madrileño se manifestó ante la sede de TELEMADRID para anunciar su apoyo a los sindicatos (pro-PSOE) frente a los directivos (pro-PP) y arremetió expresamente contra el programa ‘Alto y Claro’, al que acusó de ser un programa de opinión «en contra del PSOE».
Tertulianos de ‘Alto y Claro’ responden a Simancas
Los tertulianos de ‘Alto y Claro’ respondieron ese mismo día las acusaciones del líder socialista madrileño. La tertuliana dña. Consuelo Sánchez Vicente aseguró no entender por qué el Sr. Simancas consideraba que el programa era pro-PP, mientras que el tertuliano D. José Antonio Vera (directivo del diario LA RAZÓN) consideró que lo que el Sr. Simancas quería era que ‘el programa fuera pro-PSOE’.
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LOS MEDIOS DEL GRUPO PRISA CONTRA TELEMADRID:
Desde el principio del conflicto todos los medios generalistas del Grupo PRISA (el diario EL PAÍS, la Cadena SER, el canal CUATRO y CNN+) se posicionaron con el PSOE en la denuncia del sesgo de la línea informativa de TELEMADRID.
El Sr. Quequé interpretaba la sección ‘Guerra de Medios’ en ‘Noche Hache’, que centró varios programas en ridiculizar a los profesionales de TELEMADRID.
El programa ‘Noche Hache’ que la productora Globomedia realizaba para el canal CUATRO dedicó por aquellas fechas la sección sobre comentarios de medios a criticar a la cadena TELEMADRID de manipular a favor del PP.
Antiguos dirigentes de TELEMADRID como D. Alfonso García o D. Francisco Giménez Alemán se unieron a la denuncia de la situación de TELEMADRID. Algunos invitados a programas de TELEMADRID como el Sr. Shangay Lily en ‘Territorio Comanche’ de Dña. Cristina Tárrega sacarían el tema.
16 Octubre 2006
Telemadrid agoniza
Telemadrid, la televisión de la Comunidad madrileña, ha dejado de ser un medio público, se ha convertido en un aparato al servicio de unos intereses privados que no respetan los derechos de los madrileños, se burlan del pluralismo político, y ni siquiera representan los intereses de un partido mayoritario, sino de una de sus fracciones más severas. Telemadrid es hoy una televisión degradada, obediente a las consignas partidistas y que infringe los dos principios básicos que inspiran teóricamente su programación de informativos: garantizar el derecho a la información de los ciudadanos y preservar la libertad de expresión.
Todos los que han trabajado en un medio de comunicación público saben que para poder realizar con decencia su tarea informativa tienen que echar mano de mecanismos objetivos que lo preserven de mediatizaciones, así como de una buena dosis de capacidad de resistencia a las presiones políticas, económicas o ideológicas de distintos sectores de poder. Los mecanismos de defensa frente a esas presiones de quienes desarrollan el trabajo informativo siguen siendo deficientes en España, no sólo en Telemadrid, sino también en otras televisiones públicas. Los partidos políticos incluyen siempre en sus programas electorales unas recetas que luego son incapaces de aplicar. Las normas para la designación y la remoción de los directores generales deben ser revisadas, de suerte que preserven su independencia de actuación como máximos responsables del medio.
¿Independencia para qué? Por supuesto para una sola cosa, para poder cumplir con la función de servicio público, y para no caer en la tentación de atender a intereses corporativos, es decir, para no ceder a las presiones externas ni a las internas, porque las televisiones o las radios no son de los periodistas. Los controles a su gestión han de estar en mano de los consejos de administración y de las comisiones parlamentarias.
En el caso de las televisiones autonómicas, no sólo en Madrid, la acción de cualquier director general se desarrolla en precario si éste pretende cumplir con su función teórica. Y es por el contrario muy confortable si se pliega a las órdenes y presiones de la mayoría política que lo ha designado.
Durante muchos años en Madrid se ha dado una circunstancia afortunada: la de la coincidencia entre gobernantes respetuosos con la independencia de los directivos de la televisión y directores que, con mayor o menor fortuna, con aciertos y con errores, crearon una tradición de respeto a los procesos informativos y a los criterios de objetividad, equilibrio y calidad en la información. Sin miedo a exagerar, se puede decir, y habrá muy pocas voces que contradigan el aserto, que los informativos de los medios públicos madrileños (Onda Madrid y Telemadrid) estuvieron durante muchos años a la cabeza de la información veraz y equilibrada. Los trabajadores de estos medios podrán certificarlo y el conjunto de los ciudadanos así lo percibían. Y ello, con administraciones políticas de signo distinto, primero con el PSOE y más tarde con el PP.
Hoy, sin necesidad de entrar en una casuística que está en la mente de todos, los trabajadores de los Servicios Informativos de Telemadrid se sienten humillados y protestan a diario, hasta el punto de no firmar las informaciones para no tener que prestar su aval personal a la manipulación constante que se realiza sobre su trabajo. Lo hacen sufriendo de forma sistemática amenazas, presiones, cambios de puesto, y menosprecios diarios, según denuncian los propios trabajadores y sus representaciones sindicales.
Pero los ciudadanos de Madrid son los que llevan la peor parte: reciben una información sesgada, manipulada, al servicio de un engendro de carácter político-mediático sobre el 11-M, con lo que Telemadrid que, con todos sus defectos, tuvo un carácter ejemplar, se ha convertido en un vertedero de opiniones sesgadas que se presentan torpemente como informaciones. Pero la operación es más ambiciosa: una vez consolidada en Telemadrid se intentó ampliarla mediante la domesticación de algunos medios privados que no se resignan a entrar en su órbita, como es el caso del diario Abc.
Es urgente que los partidos que presumen de sensibilidad democrática se comprometan a poner de una vez en pie lo que sólo reclaman cuando están en la oposición: un sistema de garantías para que los medios públicos puedan cumplir su función, que no es otra que el servicio a los ciudadanos. Un servicio tan fundamental en una sociedad democrática como lo son la Educación o la Sanidad.
Quienes hemos tenido el privilegio de desarrollar nuestro trabajo en Telemadrid cuando gobernaban hombres con sensibilidad democrática, como Joaquín Leguina y Alberto Ruiz-Gallardón, que entendían la necesidad de que existieran esos medios públicos y coincidían en que era importante proteger su independencia, podemos valorar hasta qué punto prestaron un gran servicio a los madrileños.
Pero pensamos que un servicio público no puede depender sólo de la sensibilidad de los gobernantes, sino que debe estar amparado por la ley para poder cumplir su función. Hoy hablamos de Telemadrid, pero podríamos buscar muchos otros ejemplos de uso indebido de medios de comunicación públicos. Controlarlos suele ser algo más que una tentación para quienes llegan al poder. Pero la grandeza democrática está en que quienes lo ejercen por designio popular lleguen a ser capaces de impulsar unas leyes que a ellos mismos les limiten a la hora de intentar manipular en su beneficio.
Con la experiencia de la responsabilidad que ambos hemos tenido en el Ente Público Radio Televisión Madrid en etapas políticas distintas, y con Gobiernos socialista y popular, hacemos un llamamiento para que se ponga fin a una situación que está conduciendo a la cadena autonómica a su agonía.
Francisco Giménez-Alemán y Jorge Martínez Reverte son ex directores generales de Telemadrid.
18 Octubre 2006
En defensa de Telemadrid
Dos ex directores generales de Telemadrid, nombrados por el socialista Joaquín Leguina y por Alberto Ruiz-Gallardón, hacen causa común desde El País para arremeter, con poco rigor y desproporcionada virulencia, contra la actual dirección de Telemadrid. Es algo sin precedentes que sólo se explica por el rencor particular acumulado y ellos saben por qué lo hacen.
En cualquier caso, están en su derecho por más arbitraria que sea la crítica. Pero este ataque tan subjetivo se produce en un contexto de hechos objetivos, de clara intencionalidad política y de intereses empresariales, que demuestran una sistemática persecución a Telemadrid porque escapa a la manipulación del PSOE y, además, ocupa una cuota de mercado muy deseada por las nuevas cadenas filosocialistas.
El artículo de los ex aparece inmediatamente después de una tromba de ataques de gran calibre contra Telemadrid. Los hechos, desde los más próximos a los más lejanos, son los siguientes: El País se niega a publicar una carta de rectificación por una noticia falsa; montaje manipulador de Cuatro, el canal de televisión de ese periódico; proposición no de ley del grupo socialista en la Asamblea de la Comunidad; ataque del peor estilo de la directora general de RTVE; alusiones mitineras del presidente del Gobierno; tercer intento del Ministerio de Industria de cerrar el segundo canal de Telemadrid con multa de un millón de euros. Este aluvión ha caído sobre Telemadrid ¡sólo en los últimos 15 días!
Atrás quedaron múltiples y sucias maniobras desestabilizadoras que tuvieron su momento culminante en la emisión de todo un programa de Televisión Española para desacreditar un documental de Telemadrid sobre el 11-M. Desde que ocurrió la masacre de los trenes, cada vez que Telemadrid se ha ocupado de ella, automáticamente se desata una campaña contra la televisión regional madrileña.
Ahora ha sido por el tema de los peritos. Y la ofensiva seguirá creciendo conforme nos acerquemos al tercer aniversario del 11-M, así como a las elecciones autonómicas y municipales.
La dirección de Telemadrid seguirá defendiendo la estabilidad empresarial y laboral sin recurrir a condonaciones de endeudamientos ni a despidos masivos, como hace TVE. Tampoco se plegará a la competencia desleal de grupos privados, ni cederá a la arbitraria presión gubernamental, ni se someterá a coacciones internas de minorías sindicales.
La gestión de Telemadrid es controlada por su consejo de administración y por la comisión Parlamentaria correspondiente. Y la dirección viene cumpliendo este deber con diligencia, rigor en los datos y transparencia.
En los conflictos confiamos en la Justicia y en los contenidos televisivos deben ser los espectadores los que juzguen. Telemadrid ha fortalecido su perfil informativo y eso suscita la descalificación interesada y sin fundamento. Los madrileños no le dan crédito.
Así, en la última temporada, la media diaria de los espectadores de los Telenoticias fue de 548.000 frente a los 461.000 que hubo en noviembre de 2003 (último mes de la anterior dirección). Es decir, el aumento en número de espectadores ha sido de un 18,87%. Telemadrid se sitúa a la cabeza de las televisiones generalistas que más tiempo dedica a la información y a la actualidad, con siete horas diarias, lo que supone el 30% de la emisión total. Perfil que justifica un servicio público de televisión.
El respaldo que los madrileños dan a los servicios informativos de Telemadrid también viene avalado por los numerosos premios que han recibido de los profesionales del sector, como, por ejemplo, de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión, del Club Internacional de Prensa (por la cobertura del 11-M, precisamente) o finalista de los Emmy. Premios que desmienten las falsas acusaciones, así como la constatación diaria de la presencia de analistas plurales y entrevistados de todas las tendencias políticas que no rechazan nuestras invitaciones. Comparada con otras televisiones públicas, Telemadrid no merece el reproche, ni mucho menos.
Seguiremos impulsando un modelo televisivo de calidad y al coste lo más reducido posible para el contribuyente. Coste que en el año 2005 fue de 13,5 euros/año por madrileño, frente a los 33,7 euros que costaron de media las autonómicas. Sin embargo, nos presentan como agónicos porque quieren aplicarnos un tratamiento paliativo de apariencia democrática y así quitarnos de en medio en beneficio de sus conmilitones. No lo conseguirán.
11 Noviembre 2006
TELEMADRID, CUANDO ÉRAMOS DE FIAR
Cuando, cumpliendo órdenes, Manuel Soriano me destituyó como director de los Servicios Informativos de TELEMADRID, lo asumí como algo legítimo y guardé silencio. No podía ni imaginar que de la destitución se pasara al acoso laboral y profesional. A pesar de todo, callé durante más de dos años y me fui, sin ruido, cuando pude.
Ocurrió la tarde del 13 de enero de 2004. Un mes después de haber tomado posesión como director general Manuel Soriano, me llamó a su despacho y casi le tuve que animar a pronunciar las palabras mágicas: «Desde hoy dejas de ser director de Informativos». Poco le duró la timidez. En esa misma conversación me aseguró que las cosas iban a cambiar y que TELEMADRID debía «tomar parte del momento político, crear opinión y ser el contrapeso al Grupo PRISA y a la cadena SER». Me limité a responderle que una televisión pública no debía ser contrapeso de nada ni de nadie y que, además, rompería con la tradición de independencia de TELEMADRID. Poco le importaron mis palabras. Desde aquella fecha, y con un nuevo director de Informativos militante que sabía para qué lo habían contratado, nada ha sido igual en esa Casa. De un plumazo el nuevo equipo ha dilapidado el prestigio e independencia ganados durante largos años de esfuerzo y con administraciones de distinto signo político.
Soriano y, en escalones más bajos, el director de Informativos, comenzaron aquella tarde una labor de limpieza que dura hasta el día de hoy y que no acabará hasta que terminen echando a todos los «rojos» que hay en TELEMADRID. Ese trabajo, que llevan a cabo de manera implacable, así como sus métodos de gestión informativa, me llevan a la conclusión de que la manipulación es, en efecto, un estado ya superado en la televisión madrileña. Y eso que elDiccionario de la Real Academia Española deja muy claro el significado de la palabra manipular: «Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares».
TELEMADRID, en manos de la actual dirección, ha dejado de ser un referente informativo de pluralidad y rigor. Se ha transformado en un vulgar eslabón de la cadena de propaganda de la Dirección General de Comunicación de la Puerta del Sol y es, sin más, un instrumento panfletario al servicio del PP y sus intereses.
La Ley 13/1984, de 30 de junio, de Creación, Organización y Control Parlamentario del Ente Público Radio Televisión Madrid, en su capítulo IV sobre Programación y control, Sección Primera de Principios Generales de la programación, artículo 13, dice claramente que los principios inspiradores de la programación de Radio Televisión Madrid son:
a) El respeto a los principios que forman la Constitución Española y el Estatuto de Madrid y a los derechos y libertades que en ellos se reconocen y garantizan.
b) La objetividad, la veracidad y la imparcialidad de las informaciones.
c) El respeto a la libertad de expresión.
d) La separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y su libre expresión, con los límites del apartado 4 del artículo 20 de la Constitución.
Por si no quedara claro, el Consejo de Administración de Radio Televisión Madrid aprobó por unanimidad el día 24 de abril de 1992 un documento en el que señala los puntos anteriores como principios inspiradores de la programación, y añade a ellos el respeto al pluralismo cultural, religioso y social.
La realidad cotidiana en TELEMADRID ha quebrado sin excepción todos y cada uno de esos principios a sabiendas, sin pudor ni escrúpulos, y al servicio de intereses partidistas. Ha ido mucho más allá de la manipulación informativa y se ha instalado en otra dimensión superior: la de la corrupción informativa.
Si nos atenemos nuevamente al DRAE, una de las acepciones de la palabra corrupción es la siguiente: «En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores». Dejando al margen un supuesto provecho económico, que no es objeto de este análisis, sí es cierto que existe un aprovechamiento político de los medios públicos a favor del Gobierno de la Puerta del Sol, del PP y de su ideario más radical, y en contra de los intereses generales de los ciudadanos madrileños y del resto de los partidos del arco parlamentario regional y nacional.
Sólo hay que recordar que el actual director general, vulnerando los principios anteriormente relacionados, llegó a ver en Telemadrid el «bastión de la unidad de España». Los servicios informativos no han dejado de propagar y hacer suyas las tesis del Partido Popular en todos los órdenes y temas: 11-M y la teoría de la conspiración, el proceso de paz, estatuto de Cataluña, inmigración… y todo cuanto tenga como beneficiaria a la línea más dura del PP. No es una casualidad que Alberto Ruiz-Gallardón haya sido hostigado desde los Servicios Informativos de Telemadrid.
Toda la exhibición de censura y ninguneo a todos aquellos que no sirven a su ideario la llevan a cabo desafiando y aniquilando los principios fundamentales del periodismo, todos los códigos deontológicos de la profesión, así como el espíritu que debe regir en cualquier empresa pública, más, como se ha visto, cuando se trata de una empresa pública de comunicación. No me quedo corto al afirmar que la actual dirección de TELEMADRID ha corregido y aumentado el grosero modelo de la TVE de Alfredo Urdaci.
Para ello no ha dudado en marginar, castigar y acosar laboralmente a profesionales de largo historial y prestigio en la Casa. Tampoco han vacilado en colocar en puntos clave a otros pseudoperiodistas, antes como ahora, al servicio del PP, cumpliendo fielmente la labor encomendada. Para ello han contado, además, con la inestimable ayuda de algunos colaboracionistas de la Casa a los que únicamente les interesa el grosor de su nómina sin importarles a qué compañero y cuántos principios han de traicionar. ¡Pobres tontos útiles!
Así pues, sin que quepa lugar para la exageración, debo reiterar que la dirección actual de TELEMADRID ha sobrepasado el ejercicio diario de manipulación, y se halla en la actualidad en el más que repugnante estado de corrupción informativa permanente.
Semejante situación es captada por los espectadores que, día tras día, dan la espalda a los informativos, por mucho que la dirección trate de maquillar los índices de audiencia. En poco más de dos años y medio al frente de TELEMADRID, han perdido más de cinco puntos de share y, al tiempo, han dilapidado cantidades ingentes de presupuestos públicos.
Resulta doloroso observar el estado de salud de TELEMADRID y comprobar cómo en la calle insultan y agreden a los profesionales y trabajadores a los que hace muy poco tiempo, también en la calle, felicitaban y aplaudían por su trabajo.
Y es que, entonces, éramos de fiar. Y los madrileños lo sabían.
Alfonso García
16 Noviembre 2006
TELEMADRID, SOMOS DE FIAR
No es mi intención entrar en polémicas, y mucho menos hacerlo con quien me ha precedido en el cargo de director de Informativos de TELEMADRID. Pero es tal el estupor que siento tras leer el artículo de Alfonso García “TELEMADRID. Cuando éramos de fiar”, que me veo en la obligación de salir al paso de la cascada de opiniones sin fundamento vertidas por el señor García el pasado sábado, muchas de ellas auténticas calumnias que sólo buscan el desprestigio personal. Y acudo a la misma tribuna porque al ser EL PAÍS, un diario al que distingue su permanente aspiración por ofrecer a sus lectores una información exacta, creo que podrá cumplir mejor este objetivo si a su audiencia le aporto unos datos que seguramente desconoce.
El primero de ellos: ni soy ni he sido militante de ningún partido o política partidista. Sólo soy militante de una causa, la de la libertad, “el bien más preciado que los cielos dieron a los hombres y por el cual se puede y aun se debe arriesgar la vida”, según palabras inmortales de Miguel de Cervantes.
Dice el señor García que de su destitución se pasó “al acoso laboral y profesional”. El acoso laboral es un delito perseguible en España. Me acusa de haberlo cometido, pero nunca acudió a los tribunales de justicia para encontrar allí su amparo. No lo hizo, naturalmente, porque su acusación es falsa. Fue el señor García quien pidió a esta dirección que le trasladara al departamento de Programas para no verse integrado en una Redacción en la que no todos le iban a reconocer sus méritos y su ascendencia profesional. Lo entendimos y pasó de forma voluntaria al programa “Sucedió en Madrid”. Meses después, me solicitó el regreso a Informativos y aceptó convertirse en reportero cualificado del Telenoticias que había comenzado a dirigir Luis Mariñas, no sin antes asegurarse un complemento económico al alcance de muy pocos compañeros suyos. A las pocas semanas, el señor García entró en una situación de baja laboral por motivos de salud que se prolongó varios meses y concluyó poco antes de su flamante fichaje por una TVE inmersa en un expediente de regulación de empleo que va a poner en la calle a más de 4.000 trabajadores. Del “acoso laboral y profesional” al que fue sometido dan prueba también los permisos que le concedí para ejercer de speaker en actos públicos del entonces ministro de Defensa, José Bono.
Asegura el señor García que lo que él denomina “labor de limpieza” en TELEMADRID “no acabará hasta que terminen echando a todos los rojos”. Nunca habrá escuchado de mi boca expresión semejante. Detesto la retórica guerra-civilista y ese manido recurso a esta página de nuestra historia que si algo demuestra es la quiebra de la libertad ante el triunfo de las posiciones totalitarias, sean de derecha o izquierda. Rojos, azules o amarillos, mi predecesor vierte una opinión sin fundamento alguno, ajena a la realidad. Los lectores de EL PAÍS deben saber que ningún periodista ha sido despedido de TELEMADRID conmigo de director. Ni un solo despido, ni tampoco un solo traslado a otro departamento ajeno a los Informativos. Los únicos periodistas con plaza fija que han dejado TELEMADRID lo han hecho de forma voluntaria para fichar por la misma cadena: Cuatro, del Grupo PRISA. Estos son los hechos y, como tal, verificables. La realidad es la que es, no la que le gustaría al señor García que fuera. Y nunca una mentira por mil veces repetida se convertirá en verdad.
Comparto la encendida defensa que mi predecesor hace de la profesionalidad y la independencia de los compañeros de TELEMADRID. En esta Casa he encontrado algunos de los mejores periodistas con los que he trabajado en mis ya más de veinte años de carrera por varios medios de comunicación nacionales. Hay compañeros de los que aprendo todos los días y me siento orgulloso de que muchos de ellos formen parte de mi equipo directivo, como antes lo fueron del de Alfonso García. Por eso rechazo la división que establece entre “los profesionales de largo historial y prestigio en esta Casa” y los “colaboracionistas”. ¿Por qué estos profesionales eran de “prestigio” cuando trabajaban en su equipo y “colaboracionistas” o “tontos útiles” cuando lo hacen –algunos en los mismos puestos- en el mío? Como periodista, me repugna este lenguaje aplicado a los compañeros de profesión. Como persona, define a mi antecesor.
Asegura el señor García que TELEMADRID “ha dejado de ser un referente informativo de pluralidad y rigor” e intenta justificar esta opinión con un dato: el descenso de los índices de audiencia. Mal asunto que un profesional del periodismo de una televisión pública entre en el juego fácil de medir la calidad, el rigor, la independencia y la pluralidad de unos informativos por sus resultados de audiencia. Aplicada la regla de tres que utiliza para atacar mi gestión en TELEMADRID (descenso de audiencia es sinónimo de manipulación informativa) a la empresa para la que ahora trabaja, tendríamos que concluir que los informativos del demonizado Alfredo Urdaci eran más rigurosos, objetivos e independientes que los actuales puesto que su share era muy superior.
Yo creía que la obsesión por la audiencia era competencia de los programadores de unas cadenas privadas al servicio exclusivo de la cuenta de resultados y el dividendo de sus accionistas. Pero es que, además, es falso que la audiencia madrileña castigue a los informativos de TELEMADRID. Voy a ofrecer a los lectores de El País algunos datos verificables que deben conocer. Hace ahora tres años, cuando el señor García gestionaba los contenidos informativos de TELEMADRID, el Telenoticias del mediodía era habitualmente superado por el informativo regional de TVE. Hoy ese resultado es el opuesto y Telemadrid se ha convertido en el referente informativo entre las dos y las tres de la tarde. Segundo dato, también significativo: el Telenoticias que dirigía y presentaba el señor García cerró su última temporada en el 12,5 por ciento. Con la actual dirección, ninguno de los tres otoños ha cosechado una audiencia tan baja, ni siquiera desde que el año pasado dos cadenas nacionales más entraran en la competencia y el auge de los canales locales y temáticos se haya multiplicado.
También la pluralidad puede medirse con datos objetivos. El señor García está empeñado en demostrar el partidismo a favor del PP, pero no existe una televisión autonómica en España que pueda presumir de que en sus distintos programas informativos hayan sido entrevistados la práctica totalidad de los miembros del Gobierno socialista, salvo el presidente José Luis Rodríguez Zapatero (aunque ha sido solicitada), y algunos de ellos en más de una ocasión. Tampoco que entre sus invitados estén con frecuencia algunos presidentes autonómicos limítrofes, no precisamente del PP, en cuyas televisiones públicas aún no han sido entrevistados los líderes de la oposición. Nunca como en estos tres últimos años han desfilado por Telemadrid mayor número de dirigentes políticos de todo signo político (incluidos nacionalistas, independentistas y republicanos). Y no solo políticos: también empresarios, jueces y magistrados, catedráticos e historiadores, líderes religiosos y sindicales, escritores, científicos, actores, deportistas… Entre nuestros colaboradores hay periodistas de todos los medios de comunicación nacionales. Y ello es posible porque, gracias al impulso decidido de nuestro director general, Manuel Soriano, la información y el debate ocupan hoy más del 33 por ciento de la programación de TELEMADRID, y son los contenidos de actualidad informativa los que lideran la cadena. Un esfuerzo sin parangón en el panorama audiovisual generalista que da auténtica naturaleza de servicio público a esta empresa.
Los informativos de TELEMADRID tienen un prestigio ganado a lo largo de años que no está en peligro, por mucho que algunos, incluso desde la propia Casa, trabajen para arruinar este capital, que es el suyo. Es un reconocimiento popular que le permite liderar la audiencia frente a TVE con la retransmisión de una visita del Papa a cientos de kilómetros de Madrid; un prestigio que se acrecienta internacionalmente cuando un producto informativo de Telemadrid pudo alcanzar por primera vez en su historia las semifinales de los Emmy (los premios más importantes de la televisión mundial) gracias a un directo ininterrumpido de quince horas con motivo del incendio del Windsor, hazaña que no fue protagonizada precisamente por pseudoperiodistas; es el quehacer de todo un equipo profesional que merece el galardón de los corresponsales extranjeros en España por su esfuerzo informativo en unas condiciones tan difíciles para todo Madrid como las de la matanza del 11-M. El prestigio de la televisión pública madrileña se construye a diario por sus profesionales de toda la vida (ahí está el éxito de Alipio Gutiérrez y su equipo con “Buenos Días”, galardonado como el mejor informativo autonómico de España por la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión) y por los que se han incorporado en esta nueva etapa (es el caso de Víctor Arribas, al que corresponsales de todo el mundo en nuestro país han premiado en 2006 por el Telenoticias del mediodía).
El señor García despacha la investigación periodística del 11-M y el deseo de esclarecer la verdad como “teoría de la conspiración”, los avatares del diálogo del Gobierno con ETA como “proceso de paz” y se escandaliza de que una televisión pública defienda sin complejos la unidad de España, como si ésta no fuera el valor constitucional supremo, garantía de nuestras libertades. Apuntes suficientes para adivinar cuál sería su gestión informativa de estos acontecimientos de trascendencia nacional si hoy estuviera al frente de la Dirección de Informativos. Bajo la mía, TELEMADRID puede presumir de ser la única cadena que ofreció en directo las principales comparecencias de la comisión de investigación del 11-M (a la que dedicó más horas que La 2 de TVE); la única que ha entrevistado a los peritos del informe por el que va a ser juzgada la cúpula de la Policía Científica; la única que transmitió en directo el debate del plan Ibarreche y el del Estatuto de Cataluña; la única que en pleno prime-time hizo tele-realidad del juicio a Txapote, sin narración alguna porque, también en televisión, hay veces que sobran las palabras.
¿Hubiera renunciado el señor García a las sabrosas audiencias que proporcionaban a esta cadena las salsas rosa y los tomates de Terelu y “Mamma Mía” para ofrecer estos platos informativos? Nosotros lo hicimos. Los actuales gestores de TELEMADRID entendemos que ocasiones como esas justifican la existencia de esta televisión pública. Y los madrileños lo agradecen. Ahora están más y mejor informados. Somos de fiar.
Alfonso García debería sentirse orgulloso de ello, pues forma parte de la plantilla de esta Casa, ya que aunque ahora trabaje para la competencia, de TELEMADRID se marchó sin renunciar al derecho de excedencia que le concede el convenio colectivo de esta empresa. Un derecho del que no gozan sus ahora compañeros en RTVE, que pierden su plaza fija cuando fichan por otro medio de la competencia. Pero la hazaña de fichar por una empresa inmersa en un expediente de regulación de empleo que va a poner en la calle a más de 4.000 trabajadores, muchos de ellos periodistas “de largo historial y prestigio” perfectamente capacitados para el cometido profesional que actualmente desempeña este ex director de Informativos de Telemadrid, tenía un precio. Y Alfonso García empezó a pagarlo con su artículo del pasado sábado. Vencerán nuevos plazos.
Agustín de Grado