23 marzo 2008

Guerra entre periodistas canarios: Leopoldo Fernández (DIARIO DE AVISOS) demanda a Ricardo Peytaví (EL DÍA) por un artículo contra él

Hechos

El 22.03.2008 el diario EL DÍA publicó el artículo ‘Godo y Mentiroso’ de D. Ricardo Peytaví.

Lecturas

Previamente un editorial del diario EL DÍA había calificado al D. Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca de ser «una verdadera caca como esas de las que hay que huir en las aceras»; «godo puro, altanero, pedante acentuado de la metrópoli..»

22 Marzo 2008

Godo y mentiroso

Ricardo Peytaví

Leer

La verdad es que no pensaba escribir este artículo hasta el lunes por una mera cuestión de respeto a la Semana Santa. Pero no puedo esperar. Leer el panfleto de un mentiroso defendiendo a otro mentiroso me hierve la sangre. Del primero, un personaje mendaz durante mucho tiempo director de un diario que jamás ha levantado cabeza en lo que a difusión se refiere, puedo asegurar que de cada cuatro palabras que dice dos son mentira, la tercera es dudosa y la cuarta tiene una ligera probabilidad, aunque exigua, de ser cierta. El otro, igualmente ex director de un periódico aunque con menos tirada aún, sin quedarse atrás en cuanto al porcentaje de embustes proferidos por el anterior, añade a su currículo el dudoso mérito de amedrentar por sistema a políticos y empresarios. Y amedrentar es un término que elijo por prudencia, no por cobardía. De hecho, no cito a ninguno por su nombre y apellidos no porque les tenga miedo, sino porque me dan asco. Es lo mismo que me ocurre con las cucarachas: no las aplasto con el pie cuando las veo corretear sobre las aceras -en mi casa no las consiento- porque las considero nauseabundas, no porque me asusten.

Ignoro cuál de estos individuos merece ocupar el primer puesto en el escalafón de mentirosos que viven en Canarias, y cuál el segundo. Pienso que ambos encabezan la clasificación ex aequo. Aunque eso resulta indiferente. Cada cual elige lo que quiere ser. Lo que realmente me toca las narices, y algo más que las narices, es la pretensión de uno y otro de postularse como profesionales impolutos y, por añadidura, valientes. Nada más lejos de la realidad. La mentira es el primer signo de la cobardía. Lo aseguraba un personaje de Wolfe en «La hoguera de las vanidades»: cuando mientes, quizá engañas a otros pero te estás diciendo a ti mismo una gran verdad; te estás diciendo que eres un cobarde. Sobra añadir que ambos «ex» son unos perfectos cobardes.

A los dos los he tenido que padecer. Ciertamente a uno más que al otro. El primero me ha engañado todas las veces que ha querido. Extremo por el que no lo condeno. La primera vez que me engañó, tuvo él la culpa; todas las demás la tuve yo por creerle sus embauques. Tan sólo me cabe alegar en mi descargo que actué no por ingenuidad, sino porque pienso que toda persona merece una segunda, y hasta una tercera y una cuarta, oportunidad. Las personas, sí; los insectos rastreros, no.

Discrepo de un reciente editorial de este periódico en el que se calificaba de godo al personaje en cuestión. Ni siquiera los godos merecen ser comparados con un tipo tan deleznable. Un individuo que desprecia a Canarias y a los canarios -con los que nunca se ha mezclado socialmente porque los considera inferiores- por una sencilla razón: piensa que lo canario no puede ser bueno, porque si fuera bueno no sería canario. Filosofía de otros muchos pedantes que vienen por aquí presumiendo de villas y castillos, cuando en realidad no tienen ni donde caerse muertos. Los culpables, en definitiva, de que muchos canarios miren mal a los peninsulares.

En fin, no debe extrañarnos que sea un canario huidizo del agua -el segundo de los dos no sabe lo que es el jabón- quien defienda tan vehementemente a un godo hediondo y con el pelo teñido de colorado.