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Guinea Ecutorial: La dictadura de Obiang condena a cárcel al líder opositor Severo Moto

HECHOS

  • En 1995 fue condenado a 2 años de prisión.
  • En 1997 fue condenado a 101 años de prisión.

10 Marzo 1995

Mordaza de Obiang

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

SEVERO MOTO, principal líder de la oposición guineana, ha sido condenado a dos años y medio de cárcel y una multa de algo más de doce millones de pesetas, con la inhabilitación añadida para ejercer cargo público y la pérdida de todos sus derechos civiles, por el régimen de Teodoro Obiang. Esto ocurre dos meses antes de las elecciones municipales y a un año vista de los comicios legislativos. Moto no podrá estar presente en ninguna de las dos convocatorias.Los delitos por los que el jefe del Partido del Progreso ha sido condenado son un intento de soborno a funcionario para presentar pruebas contra Obiang como presunto narcotraficante, así como injurias contra el jefe del Estado. En uno y otro caso nos hallamos ante delitos sobre los que toda reticencia está permitida. El desprecio del régimen de Obiang a los principios mínimos de un Estado de derecho es notorio.

Obiang ha logrado ir pasando la maroma de las presiones, tampoco extremas, que ha sufrido de España para democratizar este régimen, que es una especie de hijo del franquismo, versión africana. Ha sabido ‘también jugar la carta de Francia contra España, amenazando a Madrid con entregarse a la francofonía si se le incordiaba demasiado con quejas por sus sistemáticos abusos. Entre tanto, iba sacando subsidios de unos y otro s con escaso control sobre su uso.

El resultado de todo ello es que la moneda ecuatoguineana es hoy el franco CFA, propio de toda la antigua África occidental francesa. Cuando no ha tenido más remedio que autorizar la existencia de partidos, los ha autorizado y amordazado acto seguido; cuando tuvo que tolerar el regreso de Moto, lo hizo imponiéndole arresto domiciliario, para juzgarlo y encarcelarlo cuando le ha convenido.

Cunde el temor de que la condena sólo sea un preámbulo para acusaciones. de mucha mayor gravedad contra Moto. España ha de hacer todo lo que esté en su mano para aliviar la suerte de Moto, algo más en todo caso que la preocupación expresada por Exteriores. Sólo puede ser la revisión de las relaciones especiales con Guinea, para no seguir siendo indefinidamente una especie de caución de respetabilidad del impresentable régimen de Teodoro Obiang.

13 Abril 1995

Confesión a punta de pistola

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

NO TIENE ninguna credibilidad la sorprendente aparición por radio y televisión de Severo Moto, líder del opositor Partido del Progreso (PP) ecuatoguineano, para pedir clemencia al presidente Teodoro Obiang y aconsejar a su propio grupo político una estrategia que no hace sino beneficiar a su enemigo. No sería justo cargar esta confesión en el debe a Moto, que cumple condena en una cárcel siniestra por dos delitos que no lo son y que está amenazado con otro juicio por un fantasmal intento de golpe de Estado que podría costarle la vida. Quienes mejor le conocen -su esposa, Margarita, y su lugarteniente, Armengol Engonga Ondó- dan por seguro que esa extraña profesión de arrepentimiento es resultado de la coacción, de una simbólica pistola puesta en la nuca de un hombre que tiene motivos sobrados para temer por su vida. Obiang es un dictador cerril, enconado y astuto, capaz de resistir muchas presiones, incluidas las de la antigua potencia colonial, España, para perpetuarse en el poder. Sus promesas de democratización, que Felipe González pareció creer en 1991 cuando visitó Malabo, nunca han superado la más mínima prueba de autenticidad. Pese a sus denuncias de que desde Madrid se apoya un golpe para derribarle, sabe perfectamente que el Gobierno socialista no se plantea el meterse en tan azarosa aventura y que las únicas armas con las que se le amenaza son las de la denuncia pública, la condena de las violaciones de los derechos humanos y la suspensión de la ayuda económica.

Son ya numerosas las voces que exigen a González que suspenda toda asistencia a Guinea en un intento a la desesperada para que Obiang entre en razón. Pero esos llamamientos olvidan un dato fundamental: que el importe de esa cooperación pasó de 1.900 millones en 1993 a 950 millones en 1994 y 1.250 millones en este año; que no hay ya ninguna asistencia a organismos oficiales (ni becas a militares), y que tan sólo se mantienen los programas humanitarios, incluyendo los educacionales, canalizados a través de organizaciones no gubernamentales. Si también se suspendieran estos proyectos, la suerte de Moto no tendría por qué mejorar y las posibilidades de Obiang de seguir en el poder no disminuirían, pero muchos ecuatoguineanos se quedarían sin escuela o sin asistencia médica. Tal eventualidad puede que no preocupe al dictador, pero no debería dejar indiferente al país que administró la colonia hasta su independencia, en 1968.

El Gobierno español está oficialmente comprometido con la democratización en Guinea. Incluso hubo algún momento, en 1991, en que parecía posible que controlase una transición ordenada hacia ese objetivo. La expulsión, dos años más tarde, del cónsul en Bata fue el símbolo del fin de esa esperanza. Desde entonces se apoya a la oposición democrática, cuyo máximo representante es Moto. Éste tiene sólidos lazos con las fuerzas políticas españolas. Tal vez pensé que esas relaciones le servirían de protección cuando regresara a su país. Se equivocó, y ahora arriesga una condena injusta y tal vez la vida.

Resulta desesperante contempla cómo Obiang rechaza casi despreciativamente las peticiones de clemencia que le llegan del Gobierno, del Rey o del jefe de la oposición españoles. Pese a todo, no hay que desdeñar la influencia que estas iniciativas o los titulares de prensa con los que se desayuna cada mañana puedan tener sobre el hombre en cuyas manos está el destino de este pequeño país de poco más de 300.000 habitantes. De su inteligencia depende que logre evitar un destino como el de su tío y antecesor en el cargo, Francisco Macías, al que él mismo derribó y que terminó sus días ante un pelotón de ejecución.

20 Abril 1995

Obiang desvaría

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

LOS REGÍMENES dictatoriales suelen echar mano del espantajo de la conspiración exterior como forma de desviar la atención sobre sus fechorías interiores, En un momento en que muchos países, y especialmente España, muestran su inquietud sobre la suerte que pueda correr el principal líder de la óposición guineana, Severo Moto, sometido a un proceso judicial inconcebible en un país democrático, el presidente de ese país, Teodoro Obiang, ha acusado al Gobierno español de estar entrenando a fuerzas militares guineanas para invadir el país.No es la primera vez que este dictador, siempre reticente a someter su poder al veredicto de las urnas, recurre al expediente de acusar a Madrid de apoyar un golpe de Estado para justificar sus desmanes. Obiang llama golpismo a las denuncias sobre las violaciones de los derechos humanos y a la voluntad de controlar más rigurosamente el destino de la ayuda económica que viene prestando al país del que fue antigua potencia colonial.

Ya en marzo, Obiang había imaginado, una fantasmagórica operación naval española cuyo objetivo sería la invasión de Guinea. Ahora ha denunciado el entrenamiento de ex militares guineanos en territorio español con el mismo objetivo.

La acusación ha sido hecha ante el cuerpo diplomático en pleno, incluido el embajador español. De «absurda y ridícula» la ha calificado el Gobierno de Madrid. La resistencia de Obiang a cualquier apertura, el descabezamiento de la, oposición política, la persecución emprendida contra su principal dirigente, Severo Moto, han acentuado el aislamiento de su régimen.

Ayer se celebró en Malabo el juicio sumarísimo ante un consejo de guerra contra Severo Moto. El fantasmal intento del golpe de Estado de que es acusado el líder opositor, su extraña confesión de arrepentimiento de hace algunos días y la descarada utilización que han hecho de ella la radio y la televisión únicas de Guinea Ecuatorial dan una idea del clima que rodea al proceso.

La detención a punta de pistola, ayer, del fiscal general de la República no ayuda, ciertamente, a tranquilizar a los miembros del tribunal. Los españoles tienen un infeliz recuerdo de este tipo de juicios sin garantías durante el franquismo y saben que la sentencia está dictada de antemano, sin que importe el juicio.

Incluso en este tipo de justicia militarizada el régimen de Obiang sigue siendo heredero del franquismo, en versión africana. De ese modo, y como sucedía en aquella época en España, el dictador tiene abierta la vía, si conviene a sus intereses, de ejercitar su clemencia sobre el reo. De ahí que le molesten tanto las presiones externas. Obiang pretende que quede claro que es su magnanimidad, y no las presiones. externas, lo que inspiraría una decisión de clemencia.

23 Agosto 1997

Condena a Moto

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

UN TRIBUNAL de Malabo ha condenado en rebeldía al líder opositor de Guinea Ecuatorial Severo Moto a 101 anos de prisión por alta traición. No se puede atribuir a esta sentencia más valor que el que tiene una decisión de un tribunal dependiente del poder político y militar de la dictadura de Obiang. Con Moto han sido condenados, también en rebeldía, a 36 años de prisión cada uno tres españoles acusados de colaborar con el líder de la oposición en un rocambolesco y chapucero intento de golpe de Estado. Fue abortado al interceptar la policía en Angola un cargamento de armas con destino a Guinea. Tras ser detenidos, todos los implicados fueron liberados sin cargos en Angola.Moto es, sin duda, un personaje controvertido. Las acusaciones de megalomanía que vierten contra él otros dirigentes de la oposición guineana no son, ni mucho menos, infundadas. Pero, dicho esto, Severo Moto es un adversario de una dictadura que no deja margen ninguno a la acción política civilizada. Es difícil aceptar que alguien elija la vía del golpe de Estado, pero la realidad a la que se enfrentan los opositores a Obiang debería permitir entender, cuando menos, que hay situaciones excepcionales a las que alguien siempre trata de hallar soluciones excepcionales.

Porque a estas alturas nadie puede ya creer en serio que el presidente Obiang tiene sinceras intenciones de hacer una transición seria hacia la, democracia. Todo lo que ha hecho siempre ha sido prometer y simular pasos en este sentido para recabar ayuda exterior, especialmente de España. Pero nunca ha dejado de utilizar la represión de la oposición y el abuso de poder como forma de gobierno.

El Gobierno español ha dicho que no se plantea retirarle a Moto el estatuto de refugiado político durante agosto. No debe planteárselo ni en agosto ni después. Moto no es ahora ni mejor ni peor que cuando era celebrado en los mítines del Partido Popular y se le permitía recabar ayuda económica de los asistentes a los mismos.

Las primeras informaciones sobre la posibilidad de que el Gobierno español tomara esta medida contra el dirigente de la oposición guineana se produjeron con motivo del encuentro que mantuvieron en Nueva York el dictador Obiang y el presidente Aznar. Es lógico que Aznar quisiera reafirmar ante Obiang que España no ha tenido nada que ver con el intento golpista de Moto. Pero con eso se tendría que dar por satisfecho el dictador guineano. Al menos mientras no cumpla las promesas de democratización, transparencia y respeto a la ley que lleva lanzando desde que llegó al poder.

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