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El crimen fue realizado por el 'Comando Donosti'

Infamia terrorista: Asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido, tras 48 horas de secuestro y chantaje al Estado

HECHOS

El 10.07.1997 fue secuestrado D. Miguel Ángel Blanco Garrido, concejal del PP en Ermua. El día 12.07.1997 apareció el cadáver del Sr. Blanco Garrido.

1997_Blanco_Garrido D. Miguel Ángel Blanco Garrido en un pleno en el ayuntamiento de Ermua.

97_Albañil_MiguelBlanco97_MariMarBlanco D. Miguel Blanco, albañil, padre de D. Miguel Ángel Blanco, se enteró de que su hijo estaba secuestrado cuando volvió a su casa y se encontró su domicilio rodeado de periodistas, que le informaron de ello. También su hermana Dña. Marimar Blanco.

El Secuestro:

secuestro_Miguel_Angel Desde el diario derechista ABC al diario nacionalista vasco DEIA imploraron a ETA que no asesinara a D. Miguel Ángel Blanco.

Uno de los portavoces de Herri Batasuna se desvinculó el grupo

PatxiZabaleta1992 Patxi Zabaleta, uno de los principales portavoces de Herri Batasuna rompió la disciplina habitual de HB de apoyar todo lo que haga ETA y pidió a los terroristas que no mataran a D. Miguel Ángel Blanco, por ser un hombre inocente. Sin embargo el resto de líderes de Herri Batasuna se apresuraron en aclarar que Zabaleta no hablaba en nombre de HB sino a ‘título’ personal y que HB oficialmente culpaba de todo lo que le ocurriera al Sr. Blanco al Gobierno español y no culpaba a ETA de nada.

El asesinato:

ElPais_Egin_Blanco En su editorial ‘Los enemigos del pueblo’ el diario más leído de España EL PAÍS (Grupo PRISA) responsabilizaba a la formación Herri Batasuna (brazo político de ETA) del asesinato del Sr. Blanco. En cambio el diario EGIN (diario vinculado a Herri Batasuna) culpaba al Gobierno por ‘no haberse movido’ cumpliendo las exigencias de ETA.

El diario valenciano LAS PROVINCIAS de Dña. María Consuelo Reyna publicaba un editorial titulado ‘malditos sean’ mostraba su ira contra los terroristas mostrando como echo positivo que algunos vascos al fin hubieran gritado ¡ETA al paredón!, aunque aclaraba que esperaba que ese grito se transformara en respaldo a la justicia.

97_CarlosTotorica El alcalde de Ermua, D. Carlos Totorica (PSE-EE) salió al balcón para anunciar el asesinato de D. Miguel Ángel Blanco.

97_JuanPablo_deplora_justificacion El Papa de la Iglesia católica, Juan Pablo II, jefe del Estado de El Vaticano emitió un comunicado de condena ante el asesinato de D. Miguel Ángel Blanco Garrido deplorando el crimen y expresando que no había ninguna justificación posible.


LOS ASESINOS:

comando_miguel_angel El comando que secuestró y asesinó a D. Miguel Ángel Blanco estaba formado por García Gaztelu ‘Txapote’ (autor material), Irantzu Gallastegui y José Luis Geresta. ‘Txapote’ y Gallastegui fueron condenados a 50 años de cárcel en 2006, mientras que Geresta falleció (según la versión oficial ‘se suicidó’).

ibon_munoa El concejal de Herri Batasuna, Ibon Muñoa dejó su piso para que los terroristas retuvieran ahí al secuestrado. Fue condenado a 33 años de cárcel en 2003.

patxi_rementeria Varias informaciones señalaron la posibilidad de que Patxi Rementería pudiera participar en el crimen. Nunca fue juzgado al morir al explotarle su propio explosivo cuando planificaba otro atentado.

13 Julio 1997

Tragedia y burla

EGIN (Director: Xabier Salutregui)

El desprecio de los gobernantes del PP a la digna reivindicación de los derechos de los presos ha costado la vida a Miguel Ángel Blanco.

Se consumó la tragedia. Vencido el plazo dado por ETA, la organización armada disparó ayer contra el concejal del PP Miguel Ángel Blanco y la sociedad vasca sintió una vez más el escalofrío de la muerte, el vértigo ante la más cruda de las expresiones del conflicto que los vascos, con más intensidad que nadie, padecemos.

El desenlace conmocionó ayer a todos como sólo puede hacerlo lo que resulta irreparable. Y tal fue el grado de exacerbación de los sentimientos que la clase política quiso manipularlos, con una irresponsabilidad rayana en la insensatez, para evitar la mínima reflexión exigible.

Esa clase política ha preferido obviar sus propias responsabilidades y abanderar un movimiento de masas sustentado sólo en los sentimientos, debidamente enardecidos tras una frenética campaña mediática y una escalada dialéctica más parecida a un revoltijo de insultos y amenazas.

ETA secuestró a Blanco pocos días después de que la Guardia Civil rescatara a Ortega Lara. Pocos días después de aquellas muestras de alborozo policial y repudió a la legítima y digna reivindicación de los derechos de los presos. Precisamente la misma reclamación despreciada por los gobernantes del PP, que ha costado la vida a Miguel Ángel Blanco.

Por eso resulta especialmente indignante comprobar el grado de insensibilidad de quienes ponen su ilegal estrategia, su burla constnate a los derechos que corresponden a seiscientos ciudadanos vascos, por encima de la vida de sus propios compañeros.

Hoy la noticia es Miguel Ángel Blanco. Mientras tanto la realidad del trato inhumano e ilegal que se da a los presos vascos sigue siendo una constante que esa misma clase política y periodística silencian con desvergüenza. La tragedia termina, pues, en burla. Y la responsabilidad última es, sin duda, de quienes teniendo todos los instrumentos para, cumpliendo la ley, evitar hechos como éste, los desprecia.

13 Julio 1997

Los enemigos del pueblo

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

ETA ha ejecutado implacablemente su amenaza sin importarle el clamor de todo un pueblo. Miguel Ángel Blanco fue encontrado con dos tiros en la cabeza y las manos atadas en la espalda. Fue una ejecución fría, premeditada, orquestada como un desafío escarnecedor al Estado y a toda la sociedad. La movilización masiva del pueblo no ha traspasado el búnker en el que vive ETA ni ha podido salvar al joven concejal del PP, pero ha servido para medir las fuerzas: nosotros somos muchos, ellos están definitivamente solos. Esta unidad de los ciudadanos y sus representantes políticos es la única respuesta al terrorismo. En boca de un dirigente nacionalista vasco, este nuevo crimen «es el suicidio de ETA». La banda terrorista se ha revelado una vez más impermeable, pero nos cabe la esperanza de que no ocurra lo mismo entre los votantes de HB. ¿Podrán seguir ignorando tanto horror?La sociedad española se movilizó ayer, de forma masiva, para evitar el crimen anticipado de ETA. No hubo despreocupación o pesimismo, sino participación; de forma espontánea en la mayor parte de las ocasiones, o acuciados por el dolor especial de la proximidad -como en Ermua, la localidad vizcaína del joven secuestrado- El hecho es que los ciudadanos, con especial mención para los del País Vasco, enviaron un mensaje claro a los verdugos, autorreconvertidos en salvadores de la patria y libertadores del, pueblo vasco: ¡basta ya! La propia amplitud de las movilizaciones presagiaba el crimen de ETA: tenía que tapar con el tiro en la nuca la unanimidad de las protestas contra su extorsión.

Quienes apoyan, explican, justifican o suministran comprensión para ETA deberán tener en cuenta ahora que no se trata ya (le un mensaje político, mejor o peor filtrado o amplificado por intermediarios, sino el grito unánime de -una sociedad que no ha necesitado de sofisticados sistemas de organización para salir a la calle, ocupar las avenidas y pedir la liberación de un ciudadano. Si lo que hubo ayer en las Calles no es el pueblo, ese pueblo al que continuamente apelan los torturadores, ¿quién es el pueblo? Que respondan sus ideólogos. La movilización de ayer -en un lado, todos; en el otro, en una clamorosa soledad, los asesinos y sus acompañantes- explicita con nitidez quiénes son los enemigos del pueblo. No es de extrañar que, conocido el desenlace de Blanco Garrido, el grito de la gente fuese «ETA kanpora», «HB, fuera de Euskadi». ¿Cabe mayor paradoja mortificante para quienes se autocalifican de movimiento de liberación nacional que sus vecinos los quieran fuera del territorio, de sus vidas?

La jornada de ayer, dolorosa y triste por la suerte que ha corrido el último rehén de ETA, confirmó los peores temores sobre la despiadada estrategia de los terroristas y sobre su condición humana: la única capacidad que les queda es poner cadáveres, encima de la mesa. Está claro ya, si acaso no lo estuvo en las 48 horas anteriores, que ETA había dictado una sentencia anticipada contra Miguel Ángel Blanco -una muerte a cámara lenta, como las de los campos de exterminio nazis-, al imponer un plazo y unas exigencias imposibles de cumplir. No era un secuestro, sino la escenificación de un asesinato, como dijo el ministro del Interior.

¿Qué va a pasar ahora con los presos etarras, pretexto del chantaje? Las condiciones para su acercamiento a las cárceles del País Vasco han empeorado notablemente. La opinión pública no entendería un cambio en la política penitenciaria como respuesta a la locura etarra. Aparece así, sin simulación alguna, el papel de carne de cañón de los presos ante la dirección de ETA.

La irrealizable coartada política encubría, probablemente para consumo interno o justificación ante su fanatismo, una respuesta rápida y vengativa por la liberación de José Ortega Lara. La necia autocomplacencia de la banda de asesinos en su eficacia no podía soportar el fracaso que ha supuesto el descubrimiento del zulo de Ortega ni la alegría de la sociedad vasca y la del resto del país por la liberación del funcionario de prisiones.

Sin futuro

Una de las consecuencias más esperanzadoras para la convivencia democrática -además de la pérdida del miedo- es que ayer ETA quedó de nuevo en evidencia ante el pueblo al que retóricamente dice defender. Hay un antes- y un después de ayer. Resulta estremecedor el paralelismo que es posible establecer entre aquel triste día de 1975 en el que el dictador Francisco Franco fusiló a cinco personas -dos de ellas, militantes de ETA-, desoyendo una movilización social notable en una dictadura y también las apelaciones a la cordura de jefes de Estado y el propio pontífice Pablo VI, y la pétrea determinación etarra frente al clamor de cientos de miles de ciudadanos- que apostaban por la libertad y la vida del concejal Blanco. El mismo odio a la razón y al diálogo, el desprecio por la democracia y, sobre todo, la incapacidad para entender el sentir democrático late tras las actitudes de Franco entonces y de ETA ahora. Los etarras son peores que Franco.ETA ha presentado su faz más primaria ante la sociedad que dice defender. El procedimiento seguido con el secuestro, el chantaje y la ejecución, es la mejor demostración de los métodos gansteriles, ayunos de cualquier racionalidad política. Es simplemente una banda que defiende el poder del crimen en su territorio. «ETA se ha reído de todos nosotros, de la sociedad vasca», reconocía dolorido ayer el lehendakari Ardanza. La desnuda brutalidad de los propósitos terroristas quedó tan de manifiesto que incluso los simpatizantes de HB tendrán que sacar sus propias conclusiones. El silencio de HB sonó tanto como los gritos de los demócratas.

Tal como pedía el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, el día de ayer «no será un día cualquiera». La sociedad vasca se ha movilizado masivamente contra el chantaje y el terror, como demuestran las manifestaciones de Bilbao y en otros puntos del País Vasco, la airada y emotiva reacción de los vecinos de Ermua ante las primeras y confusas noticias sobre la suerte del concejal. La sociedad vasca -y la del resto del país- está harta de la tortura, el crimen y el chantaje en nombre de creencias políticas que ni siquiera los propios verdugos conocen con precisión. El horror vivido durante el día de ayer, en el que se pudo seguir paso a paso, minuto a minuto, la evolución de un crimen atroz, tiene al menos una esperanza y una promesa: a partir de la vil y fallida ejecución, en primera instancia, de Miguel Ángel Blanco hay que contar ya con un arma poderosa en la tarea de combatir el terrorismo: la colaboración activa y la solidaridad abierta de los ciudadanos. Así puede haberse escenificado el suicidio de ETA.

En esa tarea no será menor la actitud cotidiana de los vasco!. ETA no es nada -sólo una secta- sin Herri Batasuna. Existe porque existe HB. Sin adelantar expectativas optimistas, habrá que comprobar cuál es el efecto de la ejecución de Miguel Ángel Blanco sobre las conciencias de los votantes de la coalición abertzale y, por tanto, sobre el soporte político del terrorismo. La tarea social que queda por hacer, no obstante, es enorme. Se deben acabar las complicidades, los vínculos de vecindad. No sé puede hacer la vida cómoda a quienes actúan como soporte de los asesinos: aislarlos como apestados, vaciarlos como individuos, apartarlos de la sociedad civil de la que se benefician los liberticidas, mirar hacia otro lado cuando pasan, dejarlos solos. ¿Alguien podría entender que los representantes de HB continuasen formando parte de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco, al lado de los partidos democráticos?

No se puede ser tolerante con los intolerantes ni hacer impunemente apología del terrorismo. Son verdugos, no víctimas, como los definió ayer Ardanza. Ejerciendo los derechos de ciudadanía, la debilidad de las democracias frente al totalitarismo devendrá en fortaleza. La exclusión de los que desprecian a la mayoría y se ríen de nuestro dolor, y la aplicación, rigurosa de la ley, como hemos defendido siempre. Sin salirse nunca de la ley, pero sin renunciar nunca a ella. Ése es el único camino.

13 Julio 1997

Que no sea en vano

María Consuelo Reyna

El asesinato de Miguel Ángel Blanco ha sido la gota que ha colmado el vaso del horror, la gota que ha hecho reaccionar al pueblo vasco contra ETA.

El resto de España tenía claro desde hace años, que ETA era sólo una banda de asesinos con los que ni se podía negociar, ni tener ningún tipo de clemencia. Aplicación de la justicia a rajatabla. Nada más.

Pero en el País Vasco no era así. Fue necesaria la aparición del cuerpo de Miguel Ángel con apenas un hilo de vida para que cayera la venda de los ojos de muchos ciudadanos para que vieran a ETA tal cual es. Con toda su infinita maldad.

Y estalló en el País Vasco un grito como jamás se había oído: “ETA al paredón”, “Vamos a por ellos”.

Si ese “vamos a por ellos” se traduce en una intensa colaboración icudadana con las Fuerzas de Seguridad.

Si ese ‘vamos a por ellos” se traduce en dejar sin votos a HB”.

Si ese ‘vamos a por ellos” se traduce en que se acabe el doble juego del PNV o de personas como Setién.

Si ese ‘vamos a por ellos’ se traduce en aislar a los que participan en manifestaciones en las que se apoya a los terroristas, entonces habrá empezado el principio del fin de ETA.

De las manifestaciones de los primeros años de la democracia en las que se gritaba ‘ETA ven y mátalos’, hemos pasado a ‘ETA al paredón’. Han sido necesarios casi 2’ años, 798 asesinados, cientos y cientos de heridos y muchísimas familias destrozadas de por vida para que el País Vasco abriera los ojos.

Si esos ojos permanecen abiertos, el sacrificio de Miguel Ángel no habrá sido en vano.

María Consuelo Reyna

13 Julio 1997

HB debe pagar por esto

Pedro J. Ramírez

El único milagro que cabe ya es el de la ciencia. La policía no ha podido evitar este asesinato a cámara lenta que ETA ha disfrazado sádicamente de secuestro. La pasiva complacencia de la dirección de HB con ese ultimátum imposible de atender ha sido la rúbrica de la sentencia de muerte dictada contra Miguel Angel Blanco. Ni la inolvidable manifestación de Bilbao, ni los llamamientos del Papa, los obispos vascos, Amnistía Internacional o la madre del preso de Alcalá-Meco podían conmover la conciencia de la cúpula de la banda o del comando secuestrador. El precedente de Ortega Lara era aterradoramente expresivo: no iban a ser las palabras de súplica las que nos devolvieran vivo a este pobre chico.

Creo que hay que poner con toda claridad otras cartas sobre la mesa. Se trata de advertir que una vez consumada esta vileza, todos cuantos hemos clamado de una u otra manera por la vida del concejal del PP estamos dispuestos a juramentarnos para que sus verdugos paguen un precio inmenso en todos los frentes.

Y no me refiero solamente a los autores materiales, dos o tres individuos del mismo coeficiente mental o moral de los carceleros de Mondragón, que antes o después serán detenidos. Hablo también y sobre todo de los cómplices intelectuales en grado de cooperación necesaria, de esa pandilla de miserables que formando parte de la dirección de Herri Batasuna y habiendo tenido en sus manos la posibilidad de detener la ejecución de un inocente, no sólo no han movido un dedo por salvarle, sino que tras crear el clima propicio para el crimen, afilan ya los cuchillos para ensañarse en el cadáver con las puñaladas de sus justificaciones.

Hemos reproducido ayer sus rostros, reproducimos hoy sus rostros y lo vamos a hacer más veces. Ellos son la cara y ojos de ETA, de acuerdo con una división del trabajo que sólo era aceptable en la medida en que generaba una dialéctica y unas tensiones sinceras entre los partidarios de defender su causa radical a través de las instituciones y los pistoleros profesionales. Puesto que acabamos de tener la última prueba palpable de que esa separación se ha convertido en una farsa, de que los que discursean y amenazan son ya meras clonaciones de quienes aprietan el gatillo, no queda más remedio que tratarles de otra manera.

Hace una década Herri Batasuna daba conferencias de prensa en Madrid, trataba de obtener votos para el parlamento europeo en toda España haciendo alarde de un especial talento en el grafismo de campaña y se integraba en el Grupo Arco Iris de la Cámara de Estrasburgo junto a los ecologistas y otras inofensivas minorías. Cuando se produjo el bestial atentado de Hipercor Txema Montero lo criticó sin ambages y el entonces director de Egin se alineó con su postura. Fue la constatación de esa capacidad de desmarque del sector más nacionalista o txominiano del MLNV lo que propició las conversaciones de Argel y algunas de sus secuelas, entre voluntaristas y disparatadas, como la llamada Operación Azkoiti.

Desde entonces todo ha evolucionado a peor. Bajo la férula de los jemeres rojos de KAS, tanto en HB como en la propia ETA se ha producido la sistemática purga de cuantos contemplaban la posibilidad de poner fin a la lucha armada mediante una negociación realista. La capacidad política de los Esnaola, Montero o Zabaleta ha sido reemplazada por la estulticia de unos jóvenes replicantes que han hecho de sus desalmadas tragaderas la más siniestra plataforma de autopromoción.

Tal y como subrayábamos ayer en nuestro editorial, siempre hemos abogado por una solución del problema vasco basada en la integración del independentismo más maximalista e intransigente en nuestro sistema de convivencia democrática. Por eso apoyamos el diálogo auspiciado por Vera, respaldamos la política de reinserción de Belloch y hemos reclamado más determinación y brío en la correcta estrategia de acercamiento selectivo de presos emprendida por Mayor Oreja. No se trata ahora de cambiar de convicciones, pero sí de constatar que el acelerado involucionismo del entorno proetarra, la degradación hasta niveles grotescamente primarios de la inteligencia política de las direcciones de ETA y HB, bloquea cualquier posibilidad por esa vía.

¿Nos toca entonces aceptar con pasividad y fatalismo la teoría del empate infinito sobre la que estos Pol Pot de bolsillo sestean en sus herriko tabernas? El cuerpo exánime de Miguel Angel Blanco nos hace inasumible, aunque sólo sea por decencia generacional, tal inhibición. Sólo queda, pues, rendirnos a la desagradable evidencia de que, siendo la integración imposible y la convivencia con quien chorrea sangre inocente un baldón insoportable, no tenemos otra salida que aplicar una drástica política de exclusión -en la que nadie del PNV o EA se atreva a dejar de participar-, creando una leprosería virtual, blindada con el cordón sanitario de la más férrea fortaleza moral, en cuyo interior permanezcan aislados los ciento y pico mil enfermos capaces de callar y otorgar ante un crimen de tan lesa humanidad.

No se trata de ilegalizar HB, sino de hacerles la vida todo lo incómoda que sea posible a sus militantes y sobre todo a sus gerifaltes. Sin recurrir ni al GAL ni a la pena de muerte, pero reformando las leyes que haga falta para endurecer la sanción penal de sus conductas y sobre todo aplicando las vigentes con tan extrema dureza como sea técnicamente posible. Tendremos una primera oportunidad cuando se produzca, tras el verano, el juicio contra la Mesa Nacional de HB por colaboración con banda armada. A nada que exista el más mínimo resquicio para aplicarles ese tipo delictivo -y el instructor de la causa ya lo ha estimado así- la sociedad entera debe animar a los jueces del Supremo a mostrarse implacables y enviar a prisión durante el mayor tiempo legalmente establecido a esta caterva de individuos sin entrañas.

Cuando a Al Capone le juzgaron por delito fiscal, el juez y todos los miembros del jurado fueron conscientes de que tenían ante sí al sanguinario gángster que durante años había aterrorizado a la sociedad. Le condenaron por lo que pudieron demostrar que hizo, pero también por lo que sabían que había hecho. Que tengan claro los veinticuatro miembros de la Mesa Nacional de HB que cada vez que les tengamos delante no podremos dejar de contemplar la imagen simbólica de los cobardes asesinos que arrojaron ayer el cuerpo agonizante de Miguel Angel Blanco junto a unos matorrales en Lasarte. Ellos deben pagar por él.

13 Julio 1997

El largo viaje

Javier Pradera

Pocos días después de la liberación de Ortega Lara por la Guardia Civil y de la puesta en libertad de Cosme Delclaux, el trágico desenlace del secuestro de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua, pone otra vez en evidencia la teoría y la práctica de los derechos humanos que ETA aplica de forma implacable a sus víctimas. Cuando se trata de su propia suerte, en cambio, los terroristas no sólo se amparan bajo el escudo protector de los derechos fundamentales garantizados a todos (incluidos los asesinos) por la Constitución, sino que también manipulan torticeramente los intersticios normativos para utilizarlos fraudulentamente en su provecho. Mientras ETA retenía a Ortega Lara durante 532 días en un infierno a tres metros bajo tierra y disparaba contra el indefenso Miguel Ángel Blanco, un activista de HB (Mikel Otegi) acusado del asesinato a sangre fría y por la espalda de dos ertzainas en diciembre de 1995 aprovechaba un vacío legal para darse a la fuga nada más saber que el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco había anulado el veredicto absolutorio dictado por un jurado el pasado mes de marzo.De nada ha servido la impresionante movilización de las fuerzas políticas democráticas y de la ciudadanía para impedir que ETA cumpliera sus amenazas. El obsceno contraste entre la fría negación por los verdugos de los derechos humanos de sus víctimas -del derecho a la vida y a la libertad de Miguel Ángel Blanco- y su ventajista invocación de los principios constitucionales para eludir la responsabilidad de sus crímenes no es la única manifestación de asimetría moral de la banda terrorista. Los aplausos con que un grupo radical distinguió hace unos días a los cuatro secuestradores de Ortega Lara a su llegada a la Audiencia Nacional y la cínica excusa dada por el abogado de Otegi (las bien ganadas vacaciones de un asesino absuelto) para justificar su incomparecencia ante el tribunal combinan de forma nauseabunda el ventajismo de la impunidad y el desprecio hacia la dignidad de las víctimas.

Como sucediera año y medio antes con el secuestro de Ortega Lara, la banda terrorista condicionó la liberación del concejal popular de Ermua a una drástica modificación del régimen penitenciario -esta vez, completa e inmediata- de los 500 activistas de ETA condenados por sentencia firme o en prisión provisional. El terrible final del secuestro de Miguel Ángel Blanco hace superflua la condena de esa innoble estrategia de extorsión que comercia con vidas humanas y que establece condiciones de imposible cumplimiento para no llevar a cabo sus amenazas. Pero cabe preguntarse, sin embargo, si la propuesta aprobada el pasado miércoles por la Comisión de Derechos Humanos de Vitoria, con el voto en contra de populares, socialistas y alavesistas, para elevar a instancias europeas el acercamiento de los reclusos de ETA al País Vasco habría podido estar justificada en el imaginario caso de no haber existido ese chantaje; la moción tuvo el apoyo de HB, que nunca ha censurado los atentados, secuestros y asesinatos de ETA, y el respaldo de los nacionalistas moderados (PNV y EA, socios en el Gobierno de Vitoria) y de la errática IU.

Es cierto que el internamiento de los presos de ETA en cárceles alejadas de su antiguo domicilio obliga a sus familiares a fatigosos viajes; no parece, sin embargo, que las instalaciones penitenciarias del País Vasco y de zonas limítrofes puedan reunir -ni hoy ni mañana- los requisitos de seguridad y de capacidad necesarios para ese acercamiento. También es verdad que la Ley Penitenciaria incluye el objetivo de que cada «área territorial» cuente con «el número suficiente» de establecimientos para «evitar el desarraigo social de los penados»; ahora bien, el verbo empleado por la norma («se procurará») para fijar el cumplimiento de esa orientación programática demuestra que no se propuso establecer derechos individuales o colectivos a favor de los reclusos o de sus familiares.

Tal vez la estrategia de dispersión iniciada en 1989 por el Gobierno socialista (y respetada entonces por el PNV, aunque Arzalluz ahora lo niegue) para facilitar la puesta en libertad de los presos de ETA dispuestos a dejar las armas haya agotado su capacidad de producir efectos reinsertadores. Pero los procedimientos elegidos por la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco -presidida por un diputado del PNV- a fin de impulsar en Europa sus propuestas atentan contra la lealtad constitucional y la estabilidad democrática. Los intentos de llegar hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos para denunciar la negativa de la Administración central al acercamiento de todos los presos de ETA al País Vasco desprecia la distribución competencial del Estado de las autonomías (la legislación penitenciaria no corresponde al Parlamento vasco, sino a las Cortes Generales) y ofende al Estado democrático (acusado explícitamente de violar derechos humanos). El camino hacia Estrasburgo es inviable: ni el Parlamento de Vitoria está legitimado para acceder a las instancias judiciales del Consejo de Europa ni la proximidad de un preso a su entorno social forma parte de los listados de derechos humanos. El monstruoso corolario de la infundada pretensión, defendida por la impía alianza que vincula a HB con el PNV, EA e IU, sería una insultante equiparación de las penas de prisión dictadas por los tribunales de un Estado de derecho (donde ha sido abolida la pena de muerte) con los tiros en la cabeza del maniatado Miguel Ángel Blanco: es imposible sostener de buena fe que el alejamiento del domicilio materno de los presos terroristas debería ser juzgado por el Tribunal Europeo de Estrasburgo como una conculcación de esos mismos derechos humanos que los secuestradores y asesinos de la banda criminal pisotean a diario. Por muy fatigosos que resulten los traslados de los familiares a las cárceles donde los reclusos de ETA cumplen condena, la comparación con el largo viaje, emprendido ayer por Miguel Ángel Blanco (para utilizar el metafórico título del relato de Jorge Semprún sobre su deportación al campo nazi de Buchenwald) es una inhumama vileza que ningún defensor del Estado de derecho y de la democracia, nacionalista o no nacionalista, debería cometer.

19 Julio 1997

El jardín de plantas carnívoras

Patxo Unzueta

En el País Vasco se ha producido una pequeña revolución. Contra el miedo, pero también contra la mentira consentida: contra la superchería. Ambas cosas van unidas. El gesto de los ertzainas quitándose las capuchas y abrazándose con los manifestantes simboliza esa voluntad mayoritaria de resistencia frente al miedo. Las consignas y hasta la estética de la masiva movilización contra ETA y HB demuestra que la mayoría no traga ya con esa falacia del contencioso histórico, de la responsabilidad compartida en el trágico desenlace, del odio a lo vasco y de las profundas razones políticas que impiden llamar asesinos a los asesinos.Tal vez haya que interpretar la negativa de la gente a retirarse tras las manifestaciones como un gesto de desconfianza: de temor a que su desmovilización significase volver a lo de antes: al silencio resignado frente a la impunidad de los amigos de ETA, justificada por la magnitud de la opresión secular. Esa combinación entre voluntad de combatir el miedo y deseo de trazar una raya, de decir hasta aquí hemos llegado y ya no vamos a creernos más cuentos, es lo que define a esta pequeña revolución vasca contra el poder fáctico articulado en torno a ETA.

Se había retrocedido tanto que la simple exigencia de aplicación de la ley, de que la policía actuara como tal, y los jueces también, parecía una postura extremista. Esta revolución permitirá desbloquear una situación política cada vez más confusa y dará a algunos partidos -y a ciertas personas con relevancia social- la oportunidad de salirse de los laberintos absurdos en que se habían metido por su tendencia a adaptarse a la dictadura impuesta por ETA y HB. Adaptación: la expresión es de Hannah. Arendt, a propósito de la actitud de sectores de la sociedad alemana frente al ascenso del nazismo. Además de los cómplices directos había existido una categoría de políticos, profesores, eclesiásticos, jueces, que, sin compartir las atrocidades de los seguidores de Hitler, se «acomodaron» a la nueva situación, «adaptándose» a ella a la vez que la hacían posible.

En Euskadi , la gente ha dicho a los políticos que hay cosas que no entiende, y que no está dispuesta a seguir pasando por alto: por ejemplo, que el asesino de dos ertzainas esté en libertad; o que pocos días después del asesinato de Gregorio Ordóñez, otros políticos confraternicén sonrientes con los dirigentes de HB en las conversaciones de Elkarri; o que el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco acceda a entrevistarse en la cárcel con uno de los jefes de una conocida organización terrorista que, según se ha sabido ahora, se proponía secuestrar, entre otras personas, a ese mismo presidente de comisión.

En Euskadi hay un nacionalismo democrático, mayoritario, y un nacionalismo antidemocrático, minoritario pero con gran capacidad de intimidación por su relación con un grupo terrorista. Si la principal amenaza para la convivencia de Euskadi deriva de la existencia de ese nacionalismo fascista, el democrático debería intentar ante todo reforzar la confianza de los ciudadanos en las instituciones y evitar aquellas iniciativas que no hay duda de que van a ser interpretadas por el otro nacionalismo como una incitación a utilizar la fuerza. Pero si partidos como el PNV y EA (con el refuerzo de IU) consideran justo apelar a los tribunales internacionales de derechos humanos -la médida máxima imaginable antes de pasar a la resistencia armada- para denunciar la política penitenciaria del Gobierno, por no haber éste atendido las exigencias de los terroristas al respecto, ¿córno extrañarse de que ETA y HB, siempre a la búsqueda de pretextos para seguir en lo suyo, consideren legítimo el secuestro y asesinato de funcionarios de prisiones?

Hubo el rodeo de la guerra sucia, que, con el pretexto de acelerar el desenlace, lo retrasó durante una generación. Desde hace cuatro o cinco años estamos en otro rodeo, el del intento de apaciguar a ETA mediante concesiones políticas, que también nos ha alejado de la salida. Egibar dice ahora que a su partido no se le entiende, que ellos fueron los primeros en plantar cara a ETA. Tiene razón en ambas cosas: fueron de los primeros en movilizarse contra ETA y no se entiende su. posterior giro; que no sólo actúen como si ETA no estuviera ahí sino que hayan renunciado a su propio programa y elegido como estandartes de su afirmación frente al poder central las banderas puestas en circulación por HB: en el horizonte, la negociación política sobre la base de la autodeterminación; en lo inmediato, la batalla por el acercamiento de los presos, planteada como si no hacerlo supusiera un genocidio. Con los resultados que están a la vista.

La paradoja del caso es que no hace ni diez anos, y precisamente contra quienes todavía soñaban con soluciones fulgurantes tipo GAL, el PNV sostenía que sería el pueblo vasco, mediante su movilización y rechazo al mundo violento, quien haría renunciar a ETA: cortando la yerba bajo sus pies. Lo que ahora ha planteado esta pequeña revolución ciudadana, y lo contrario de lo que se ha venido haciendo últimamente: actuar en función de las razones a legadas por ETA para impugnar el marco político actual, y supeditar la unidad de las fuerzas democráticas a la de los partidos nacionalistas, demócratas o fascistas. Ahora parece haber unanimidad en el rechazo a los pactos municipales con HB, pero en diciembre pasado el principal teórico del giro del PNV sostenía (en Egín) que su partido debía «buscar acuerdos también con HB», porque «no sé por qué podemos llegar a acuerdos con el PP y no se puede producir un acuerdo entre nacionalistas».

Una movilización no es un plebiscito, pero sólo un sordo puede ignorar que la respuesta mayoritaria ha sido ésta: porque no queremos que pactéis y confraternicéis con los fascistas que nos amenazan, agreden, secuestran y asesinan. Respuesta que contiene el germen de un programa: poner los medios para acabar con la impunidad de ese mundo: que se les aplique la ley, que es lo contrario del linchamiento; y regresar al consenso democrático en torno a los principios de Ajuria Enea. Ojalá que el fin de este rodeo estéril clausure también por una temporada la soberbia de quienes respondieron con un quiénes son ésos para darnos lecciones de democracia a nosotros, a las personas que les advirtieron del jardín (de plantas carnivoras) en que se estaban metiendo.

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