22 julio 1997
La sentencia acredita que tuvieron en el punto de mira de su rifle al Jefe del Estado y que no llegaron a dispararlo por no tener suficientemente preparada la huída
Juan José Rego Vidal condenado a 37 años de cárcel por intentar asesinar al Rey en Palma de Mallorca

Hechos
El 22.07.1997 se hizo pública la sentencia contra Juan José Rego Vidal, Jorge García Sertucha e Ignacio Rego Vidal.
Lecturas
El 9 de agosto de 1995, la Policía Nacional desarticuló en Mallorca un comando de ETA que preparaba el asesinato del rey Juan Carlos I de Borbón durante sus vacaciones en la isla. Lo integraban el veterano militante Juan José Rego Vidal, su hijo Ignacio «Iñaki» Rego Sebastián y Jorge García Sertucha. Habían llegado el 17 de julio desde Francia a bordo del velero La Belle Poule y alquilado un apartamento en la calle Rafaletas, en Porto Pi, desde cuya terraza podían controlar la zona donde atracaba habitualmente el yate real Fortuna. En su poder fueron encontrados un rifle de precisión con mira telescópica y silenciador, armas automáticas, pistolas, munición, explosivos y abundante información sobre los movimientos de la Familia Real. La Policía española conocía sus movimientos gracias, entre otros elementos, a la colaboración de los servicios franceses y mantuvo al grupo bajo vigilancia antes de ordenar su detención.
No se trataba solamente de un proyecto todavía lejano. Según declaró posteriormente Juan José Rego Vidal ante el juez Baltasar Garzón Real, entre los días 4 y 6 de agosto García Sertucha e Ignacio Rego llegaron a tener en tres ocasiones al Rey dentro del campo de tiro cuando éste se encontraba en el Fortuna, pero desistieron porque no tenían suficientemente asegurada la huida posterior. El atentado definitivo estaba previsto para el domingo 13 de agosto: García Sertucha debía efectuar el disparo con el rifle desde el apartamento próximo a Porto Pi. La sentencia acabaría considerando probado que el Monarca estuvo efectivamente tres veces en el punto de mira. Debe introducirse, no obstante, un matiz: responsables policiales afirmaron entonces que los agentes que vigilaban al comando nunca observaron que los terroristas hicieran ademán de disparar y sostuvieron que el atentado estaba controlado; otras fuentes policiales reconocieron posteriormente que durante algunos momentos existió un peligro real porque los investigadores tardaron en localizar el piso desde el que actuaban. La afirmación más prudente es, por tanto, que ETA había superado ampliamente la fase de proyecto y disponía ya del arma, el emplazamiento, la vigilancia del objetivo y una fecha prevista para ejecutar el magnicidio.
La operación formaba parte de una estrategia ordenada desde la dirección de ETA. El objetivo prioritario era Juan Carlos I; como alternativas aparecían también el príncipe Felipe de Borbón y Grecia y José María Aznar López, que cuatro meses antes había sobrevivido a un coche bomba de ETA en Madrid. También habían sido vigilados los movimientos del expresidente Adolfo Suárez González. Rego Vidal no era además un desconocido en este terreno: ya había sido condenado en 1979 por conspirar para atentar contra Juan Carlos después de haber seguido sus movimientos durante las vacaciones de 1978. El 12 de agosto de 1995 Garzón ordenó prisión incondicional para los tres detenidos, inicialmente acusados de atentado contra el jefe del Estado, pertenencia a ETA, depósito de armas, explosivos y falsificación.
El juicio comenzó en la Audiencia Nacional en enero de 1997. Juan José Rego y García Sertucha reconocieron su participación en los preparativos —Sertucha admitió incluso haber tenido al Rey tres veces bajo la mira telescópica—, aunque ambos intentaron desvincular a Ignacio Rego del núcleo del atentado. La sentencia de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal, dictada en julio de 1997, declaró acreditado el plan de magnicidio y condenó a los tres por los delitos relacionados con la conspiración contra la Corona, pertenencia a organización terrorista, armas, explosivos y falsedad documental. Las penas individuales fueron de alrededor de cuatro décadas de prisión y sumaron 109 años. El atentado que debía culminar el 13 de agosto había terminado cuatro días antes, cuando los GEO irrumpieron en el piso desde el que ETA esperaba escribir uno de los episodios más graves de su historia.
El Análisis
En apenas cuatro meses de 1995, ETA ha intentado asesinar al hombre que puede convertirse en próximo presidente del Gobierno, José María Aznar, y al jefe del Estado, Juan Carlos I. No parecen objetivos elegidos solamente para causar víctimas, sino para conseguir el máximo impacto político, institucional y propagandístico posible: matar a Aznar mediante un coche bomba en Madrid o abatir al Rey con un rifle de precisión durante sus vacaciones habría provocado una conmoción nacional difícil de comparar con un atentado ordinario. La referencia inevitable es la Operación Ogro que acabó con Luis Carrero Blanco en 1973, pero veintidós años después ETA se enfrenta a un Estado muy diferente: cooperación policial francesa, vigilancia de sus movimientos y finanzas, seguimiento de embarcaciones, intervención judicial, unidades especializadas y una Policía capaz de observar durante días a un comando antes de detenerlo. Esta vez ETA consiguió llegar a Mallorca, alquilar el piso, estudiar al objetivo y colocar al Rey dentro del alcance potencial de su rifle; lo que no consiguió fue disparar. En 1973 la organización pudo preparar durante meses un magnicidio en el centro de Madrid y escapar después de ejecutarlo; en 1995 descubrió que acercarse al objetivo ya no significaba necesariamente poder alcanzarlo.
JF
