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El lugarteniente de Pedro J. Ramírez escribe que Pradera da 'vergüenza ajena' y le recomienda que se retire

Javier Pradera (EL PAÍS) asegura que los ataques de EL MUNDO al juez Bacigalupo son xenófobos, replica Casimiro Gª Abadillo

HECHOS

  • El 8.07.1998 El PAÍS publicó un artículo de D. Javier Pradera que citaba a EL MUNDO.
  • El 9.07.1998 EL MUNDO publicó un artículo de D. Casimiro García Abadillo que citaba a D. Javier Pradera.

08 Julio 1998

El nuevo TOP

Javier Pradera

La disolución en enero de 1977 del temido Tribunal de Orden Público (TOP), represor de la libertad de expresión de los opositores al régimen franquista, constituyó una señal inequívoca de que la transición desde el autoritarismo a la democracia iba en serio. Iñaki Gabilondo ha comentado irónicamente que las siglas TOP continúan, sin embargo, vivas: ahora designan al Tribunal de Orden Periodístico que condena por desacato a quienes desobedecen sus imperiosos dictados. Esta auténtica Corte Suprema, instrumento de una coalición mediática, financiera y partidista marcada por su odio hacia los socialistas, está integrada fundamentalmente por columnistas del diario EL MUNDO y por tertulianos de la Radio de los Obispos [Cadena COPE]. Estos nuevos inquisidores acaban de sentar en el banquillo al presidente de la Sala Segunda del Supremo; la rebeldía del relapso ha desatado la incontenible furia del sindicato periodístico contra el «inaudito e insultante Villarejo».El editorial del diario El Mundo del pasado sábado no daba crédito -como el personaje del sainete- a su apoteosis frente a la petición de amparo dirigida por el presidente de la Sala de lo Penal al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) para preservar la independencia del tribunal y el buen nombre del magistrado Bacigalupo, atacados por un artículo publicado en ese periódico. El tono intimidatorio del colérico comentario hace innecesaria cualquier glosa: «Es sencillamente intolerable. ¿Cómo osa Jimenéz Villarejo expresarse así?.. ¿Cómo se atreve a juzgar y a tipificar injuriosamente («manipulación», «abierta falsedad», «malicia») la actuación profesional del periodista firmante de la información?… Ni siquiera los jueces pueden hacer impunemente juicios de intenciones. El presidente de la Sala Segunda tendrá que justificar, y no sólo ante la opinión pública, las imputaciones deshonrosas que ha realizado». El ofendido periodista anunciaba al tiempo la presentación de una demanda de protección al honor contra el magistrado Villarejo: su petición de amparo al CGPJ pretendía «matar al mensajero» y atentaba contra la persona y la honradez profesional del atribulado reportero.

Dejando a un lado el cómico espectáculo ofrecido por unos camorristas de barrio dedicados a fingirse delicadas damiselas, el episodio forma parte de la ruidosa tangana organizada por el nuevo TOP para impedir que Javier Gómez de Liaño, procesado por tres presuntos delitos de prevaricación en la instrucción del caso Sogecable, se siente finalmente en el banquillo. La feroz, insultante y calumniosa campaña mediática emprendida con ese propósito intenta por lo pronto forzar la recusación o la abstención del magistrado Bacigalupo; una vez logrado ese objetivo, los demás miembros de la Sala serían objeto de un parecido linchamiento, a menos -claro está- de que dieran muestras de sometimiento al nuevo TOP. No son bromas: estos boxeadores con mandíbula de cristal, tan quejumbrosos por el amparo solicitado por Villarejo, golpean con puño de hierro el honor y la intimidad de sus adversarios.

Si el diario El Mundo fue el vehículo utilizado por Mario Conde para publicar los papeles del Cesid y chantajear al Gobierno socialista, este mismo periódico utiliza ahora los papeles de Liaño (que violan el secreto profesional del bufete de abogados organizado por el hermano de Javier Gómez de Liaño) con el propósito de extorsionar al Supremo. La persecución contra el magistrado Bacigalupo, a cuenta de una inventada relación especial con un letrado de los querellantes de acreditada honradez profesional, resulta especialmente infame. Exiliado tras el golpe de Estado militar de 1976 en Argentina (comprensivamente disculpado hace escasos meses por el fiscal general del Estado y el fiscal jefe de la Audiencia Nacional), este prestigioso catedrático de Derecho Penal fue designado en 1988 magistrado del Supremo; antes de convertirse en el consejero aúlico de Pedro J. Ramirez, el profesor Enrique Gimbernat, junto con otros destacados miembros del mundo académico y judicial, aplaudió ese nombramiento. La botella de aceite de ricino que los matones de papel pretenden hacer tragar a Bacigalupo lleva dos despreciables etiquetas: la intolerancia inquisitorial contra los discrepantes y el prejuicio xenófobo contra los exiliados latinoamericanos.

09 Julio 1998

Me han descubierto: soy xenófobo

Casimiro García-Abadillo

Afortunadamente, Enrique Bacigalupo no es negro. De haberlo sido, Javier Pradera podría haberme atribuido directamente el calificativo de «racista», mucho más rotundo e impactante que el de «xenófobo».

Según el articulista de EL PAÍS, ha sido esa característica de mi comportamiento la razón por la cual me he atrevido a informar de la relación entre el abogado Antonio González-Cuéllar y el magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo y a sugerir (lo que ya es el colmo del atrevimiento por mi parte) que existe causa de abstención en la querella contra Javier Gómez de Liaño.

Hasta ahora no había descubierto en mí (ni mi mujer ni mis amigos lo habían notado) ese odio hacia los extranjeros de procedencia suramericana que me atribuye el consejero de PRISA. Más bien, yo creía que simpatizaba con los sudacas y pensaba que me caían muy bien. ¡Cuán equivocado estaba! Me descubro, pues, ante las dotes psicoanalíticas del «intelectual» Pradera, que ha sabido detectar ese tic fascistoide en mis artículos referidos a un súbdito argentino.

Pradera hace que uno sienta vergüenza ajena de EL PAÍS. El diario que para muchos fue una escuela de democracia ha perdido en manos de gente como Pradera todo su valor como medio para reconocer la realidad. Los seudointelectuales como él, que han hecho de las ideas una mercancía de baratillo para uso a conveniencia de quienes les pagan, son los responsables de la pérdida de credibilidad del periódico. Resulta patético ver a este estómago agradecido arroparse en la bandera de la independencia y la objetividad para defender intereses de parte.

Hablaba Pradera en su artículo de ayer de las presiones a la Justicia. Una selección de sus artículos sobre el caso Sogecable en el último año y medio bastaría para comprobar hasta qué punto el respeto a la independencia de la Justicia ha sido pisoteado por él cuando ha tenido que salir en defensa de su patrón. La colección de insultos (modalidad literaria que domina a la perfección este progre de restaurantes de lujo) que le ha dedicado a Gómez de Liaño (como a cualquier juez que no haya seguido al pie de la letra los dictados de los editoriales de EL PAÍS), sería causa más que suficiente para que el CGPJ (Consejo General del Poder Judicial) hubiera dado su amparo de oficio al citado magistrado.

Pradera tiene tan poco respeto a la independencia de la Justicia que ha preferido aguantar una semana para derramar su bilis sobre EL MUNDO y sus columnistas con tal de que su vómito tuviera el efecto deseado en la decisión que hoy debe adoptar el CGPJ sobre el amparo a Bacigalupo solicitado por Jiménez Villarejo.

Si existe un TOP, su presidente es Pradera, que, por cierto, debería ser más cuidadoso a la hora de utilizar tópicos para adornar sus descalificaciones. ¿O ya se ha olvidado de que ha sido precisamente un antiguo magistrado de dicho tribunal quien ha sido asesor jurídico de su empresa durante muchos años?

El ideólogo de PRISA ha repetido tantas veces sus argumentos que aburren. Sin duda, necesita unas vacaciones o un merecido retiro. (Este artículo forma parte de una conspiración para que Polanco premie con otro consejo de administración a Pradera).

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