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Los testigos del locutor de la COPE, Esperanza Aguirre, Ángel Acebes, Zaplana e Ignacio González, le dejaron tirado

Jiménez Losantos condenado por decir que a Gallardón ‘le daban igual los muertos del 11-M’ en medio de la crisis interna en el PP

HECHOS

En junio de 2008 se celebró el juicio contra el periodista D. Federico Jiménez Losantos, por injurias al alcalde de Madrid, D. Alberto Ruiz Gallardón.

TESTIGOS DEL JUICIO

A favor del Sr. Losantos: En el juicio los periodistas D. Pedro J. Ramírez (director de EL MUNDO) y D. José Alejandro Vara (ex director de LA RAZÓN) testificaron a favor de D. Federico Jiménez Losantos, asegurando que el Sr. Ruiz Gallardón no seguía la línea oficial del PP. En la misma línea testificó el ex periodista D. Luis Herrero, eurodiputado del PP y amigo personal del Sr. Losantos.

testigos

En contra del Sr. Losantos: En el juicio, la abogada defensora del Sr. Losantos, Dña. Cristina Peña, también llamó a declarar a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Dña. Esperanza Aguirre, al Vicepresidente, D. Ignacio González, al ex portavoz parlamentario del PP, D. Eduardo Zaplana, y al todavía Secretario General del PP, D. Ángel Acebes, para que testificaran que el Sr. Ruiz Gallardón no seguía la línea oficial del PP. En contra de lo esperado por esta, todos los testigos del PP (salvo D. Luis Herrero) aseguraron que el Sr. Ruiz Gallardón había actuado conforme a la línea oficial del PP.

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LA BRUTAL PORTADA DE PÚBLICO

Publico_Cope Todos los periódicos generalistas dieron amplia información sobre la condena al Sr. Jiménez Losantos, aunque el que más repercusión le dio fue el diario PÚBLICO (propiedad de una sociedad de Mediapro), dirigido por D. Ignacio Escolar, que sacó la condena de D. Federico Jiménez Losantos en portada, mostrando una foto foto de frente y de perdil como si fuera un cartel policial. Mientras en el diario LA VANGUARDIA el periodista D. Enric Juliana aseguraba que aumentaba el descontento en el episcopado hacia la permanencia del locutor en una radio en la que la Conferencia Episcopal tenía la mayoría de las acciones.

MÁXIMO SEGUIMIENTO DE ‘NOTICIAS CUATRO’ AL JUICIO

El telediario de ‘Noticias CUATRO’ de D. Javier Ruiz dio máximo eco al seguimiento al juicio a D. Federico Jiménez Losantos. Se daba la circunstancia de que el canal CUATRO era propiedad del Grupo PRISA, grupo al que había atacado reiteradamente el Sr. Jiménez Losantos desde su programa de la COPE.

CRÍTICAS EN TVE A JIMÉNEZ LOSANTOS Y AL CARDENAL ROUCO

La tertulia de las mañanas de TVE, ‘Los Desayunos’ de la Sra. Pepa Bueno dedicó amplio espacio al caso de D. Federico Jiménez Losantos. Ahí los tertulianos D. Enric Hernández (Grupo Zeta) y Dña. Anabel Díez (Grupo PRISA) cargaron contra el Sr. Jiménez Losantos, aunque el Sr. Hernández evitó citar su nombre y se refirió siempre a él como ‘ese locutor’. Lo más destacable es que el Sr. Hernández también criticó al presidente de la Conferencia Episcopal, D. Antonio María Rouco Varela, que no hubiera acudido al juicio a respaldar a su locutor, asegurando que si él fuera juzgado querría ver a el presidente de su empresa detrás. Es extraña la comparación, porque el cardenal Rouco no es el ‘presidente de la COPE’ – cargo que ocupa D. Alfonso Coronel de Palma – se limita a ser el presidente del colectivo que detenta la mayoría accionarial.

VICTORIA PREGO DEFIENTE EN TVE A LOSANTOS RECORDANDO LOS INSULTOS DE DANIEL ANIDO (DE PRISA)

La única comentarista de TVE que salió en tímida defensa de D. Federico Jiménez Losantos fue Dña. Victoria Prego, periodista del diario EL MUNDO (Unidad Editorial), periódico del que es columnista el Sr. Jiménez Losantos y cuyo director es tertuliano habitual de su programa radiofónico. La Sra. Prego recordó como ‘un directivo’ del Grupo PRISA había escrito un artículo insultante para muchos otros periodistas. No citó el nombre, pero era una clara referencia a D. Daniel Anido, que poco antes había escrito un artículo contra los comentaristas de la anti-izquierda que se habían pitorreado de las ministras del Gobierno de Sr. Zapatero.

La Sra. Anabel Díez, del Grupo PRISA, evitó defender al Sr. Anido, pero ratificó que consideraba el estilo del Sr. Jiménez Losantos de ‘deleznable’. Antes había citado como un periodista católico-apostólico-romano había mostrado su rechazo al estilo del Sr. Jiménez Losantos (tampoco dijo su nombre, pero se refería a D. Carlos Mendo, en ‘Hora 25’ de la SER).

El columnista de EL CONFIDENCIAL, Sr. García Escudier, era un viejo conocido del Sr. D. Pedro J. Ramírez, puesto que antes había trabajado para él en EL MUNDO, por lo que publicó un artículo contra él sobre su defensa al Sr. Jiménez Losantos. El caso al que hace referencia por el que el Sr. Ramírez fue condenado por violar la libertad de expresión de uno de sus empleados es el caso del Sr. Frechoso.

01 Mayo 2008

LECCIONES DE PEDRO J.

Juan Carlos Escudier

Ramírez puede presumir de ser el único director de periódico al que el Tribunal Constitucional ha condenado por vulnerar la libertad de expresión de un periodista de su medio, lo que explica su hondo conocimiento acerca de este derecho fundamental, así como de sus límites y sus transgresiones.

El juicio que se sigue contra el locutor de la COPE, Federico Jiménez Losantos, por injurias graves contra el alcalde Ruiz-Gallardón, ha derivado en una lección magistral acerca de la libertad de expresión y la censura impartida por ese honoris causa en la materia llamado Pedro J. Ramírez. Da gusto escuchar al director de EL MUNDO hablar sobre estos asuntos tan principales porque se nota que sabe un rato y, además, se pone estupendo y cita al descuido a columnistas del New York Times tan liberales como él para apoyar sus siempre bien fundadas opiniones.

En su biografía lo oculta, posiblemente por modestia, pero Ramírez puede presumir de ser el único director de periódico al que el Tribunal Constitucional ha condenado por vulnerar la libertad de expresión de un periodista de su medio, lo que explica su hondo conocimiento acerca de este derecho fundamental, así como de sus límites y sus transgresiones. Cuando alguien como él nos habla de libertad de expresión lo hace con la misma pasión que un entomólogo usaría para referirse a las cucarachas y con similar erudición. Y eso merece un respeto.

A tenor de lo anterior, surge la primera conclusión: Losantos, por ejemplo, puede afirmar que el ABC da pelotazos inmobiliarios para desviar las plusvalías a paraísos fiscales, puede llamar “rata” a un colega o afirmar muy convencido que los dirigentes de Esquerra son “pistoleros no arrepentidos”, porque todo ello, incluido llamar “hijo de Satanás” a Gallardón constituyen simples escaramuzas o, en su defecto, ardides radiofónicos para mantener la tensión en seis horas de programa. Pero si un periodista de EL MUNDO opina en una tertulia de televisión que el responsable del periódico ha hecho todo lo posible para vulnerar el derecho de huelga de los trabajadores y afirma que ha utilizado furgones policiales para sacar los ejemplares del diario de la rotativa, se le debe impedir volver a esa tertulia para evitarle los madrugones.

Hay que proteger la libertad de expresión, pero sólo la de los periodistas que saben expresarse, esencialmente Ramírez y Losantos, una pareja de hecho deontológicamente pura. La Constitución no lo dice –se supone que por economía del espacio- pero cuando recoge este derecho ampara únicamente a los profesionales mejor informados y más ricos. Por lo general, una cosa lleva a la otra. Pongamos otro ejemplo de lo anterior: Ramírez conoce, porque es un periodista de una pieza, que los accionistas italianos de su medio van a comprar en un plazo de meses acciones del periódico con una prima del 500%. ¿Qué hace el avispado informador? Ofrece a algunos trabajadores de EL MUNDO, a través de una sociedad instrumental en la que figura él mismo, comprar esos mismos títulos al 200%. La libertad de mercado es uno de los pilares de la libertad de expresión.

Para los neófitos es preciso recordar que este derecho es unidireccional, de forma que a Losantos, que es muy ocurrente, le ampara la ley para decir que Moratinos es “la nada con sobrepeso”, que Gallardón es un “bandido” o que el instructor del 11-M “se ha tragado las pruebas falsas como los antiguos tragasables del circo Price”. Lo contrario es un ataque a la libertad de expresión, es decir a la suya. Así, quienes se encadenaron ante la sede de la COPE para exigir que se retirara la licencia a la emisora en Cataluña, además de ser unos maleantes secesionistas, no ejercían ningún derecho sino que atentaban contra el de Losantos, que es de Teruel y patriota.

Nos tiene que entrar en la cabeza que en este envite nos jugamos el sistema democrático y que su defensa ha de ser tan contundente como la que el director de EL MUNDO ha hecho de esa piscina de Mallorca construida en suelo público de la que es propietario, un símbolo hídrico de la unidad de España amenazada por el independentismo rampante. Nótese aquí cómo un tema personal sirve de acicate a la libertad de expresión, manifestada en decenas de páginas de periódico dedicadas a las supuestas corruptelas del ex diputado de Esquerra que osó entrar en la bañera de Ramírez con un meyba de indiscutible mal gusto. La defensa del derecho no quedó ahí: el periodista visitó ministros e hizo que su alberca fuera contemplada in situ por destacados políticos de la oposición para que certificaran la calidad de sus aguas y se libraran a un tiempo de su libertad de expresión. Como culminación, Ramírez llevó al malandrín de Esquerra a los tribunales como sólo él sabe hacerlo: haciendo que el periódico costee el pleito.

Pero no nos desviemos del caso que nos ocupa. Sostuvo Ramírez ante el Tribunal que si la querella contra Losantos saliera adelante “sería introducir un elemento de censura” y “todos los periodistas sufriríamos una restricción” Nuevamente, nos hablaba con datos palpables, con la experiencia de quien ha visto de cerca la censura y ha llegado a abrazarla para luego contar fielmente lo que se siente al bailar pegado con las tijeras.

Citemos un nuevo ejemplo. Un redactor de EL MUNDO entra a su despacho y pisa la moqueta de nubes diseñada por su esposa. Le manifiesta que obra en su poder un manual de los servicios secretos de tiempos de la UCD en el que aparecen párrafos textuales de lo que luego se denominó acta fundacional de los GAL. “El GAL se lo come el PSOE; no estoy dispuesto a manchar a la UCD con esto”, le dice enojado. ¿Alguien cree que no sufrió al evitar que la verdad resplandeciera y censurar su publicación? Sintió dolor, no hay duda.

De todos los males que aquejan hoy a la libertad de expresión, quizás el principal haya sido la irrupción de Internet. Antes las cosas funcionaban relativamente bien. Con unos miles de millones se montaba un medio de comunicación y la gente rica y de bien era libre para expresarse, porque es sabido que los menesterosos no tienen nada que decir. Ahora, el sistema se tambalea porque cualquier sujeto te monta una página web y te suelta sus tonterías. Y Losantos tiene que insultar para mantener su audiencia. Y Ramírez tiene que defenderle. Y los dos querrían que ganara el PP para que les montara un grupo multimedia, pero Gallardón es un traidor y Maricomplejines Rajoy otro. Y así nos va.

Juan Carlos Escudier

18 Junio 2008

La condena

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

La condena judicial del periodista de la COPE Federico Jiménez Losantos por un delito continuado de injurias graves con publicidad contra el alcalde de Madrid incide sobre tres asuntos de interés público: los límites a la libertad de información y expresión, la teoría de la conspiración sobre el 11-M y el papel de la emisora propiedad de la Iglesia. La libertad de expresión y de información es muy amplia, pero tiene límites. El primero es el de la veracidad. El amparo que la Constitución ofrece a informaciones y opiniones requiere que no se basen en falsedades o al menos que haya habido un intento diligente de verificación. Losantos no respetó ese límite cuando acusó reiteradamente a Alberto Ruiz-Gallardón de propugnar que no se investigara el 11-M y que ese crimen que causó 191 víctimas quedara impune.

Realizó esa acusación de manera reiterada, incluso después de que el alcalde declarara públicamente que no había dicho eso, y también después de la presentación de su querella por injurias; y lo hizo utilizando todo tipo de expresiones ofensivas, que no añadían nada a la información ni contribuían a la formación de la opinión. La Constitución, dice la sentencia, no reconoce el derecho al insulto.

En esas condiciones, sin un fundamento veraz y con intención ofensiva, la apelación a la libertad de expresión no sólo es jurídicamente improcedente, sino que se convierte en un pretexto para otros fines. Por ejemplo, para castigar al alcalde de Madrid por no secundar, como habían hecho otros políticos y personajes públicos, la teoría conspiratoria sobre el 11-M que Losantos venía propagando. Por eso dice cosas como que a Gallardón no le importan los 191 muertos con tal de llegar al poder «como sea».

Esta actitud intimidatoria del periodista se proyecta sobre el presente, dada la voluntad expresada por el presidente del PP, Mariano Rajoy, tras las últimas elecciones, de mantener su independencia frente a presiones mediáticas, en referencia transparente a Losantos y otros influyentes comunicadores. Resulta por ello un magno ejemplo de distorsión interesada de la realidad que algunos de esos comunicadores, como el director de EL MUNDO, consideren que la condena de su colega establece un precedente disuasorio para los periodistas que se atrevan a criticar al poder. Más bien al contrario, la sentencia está llamada a servir de freno a la utilización impune, con el pretexto de la libertad de expresión, del poder intimidatorio de ciertos medios para coaccionar a personas públicas.

Finalmente, no es irrelevante el hecho de que ese delito continuado de injurias apreciado por el Juzgado de lo Penal número 6 de Madrid se haya cometido desde la emisora propiedad de la Conferencia Episcopal. Hay motivos para pensar que los obispos, o algunos obispos, temen más que su locutor estrella se revuelva contra ellos si no le apoyan suficientemente que al descrédito que su presencia en la COPE ocasiona a la Iglesia española.

17 Junio 2008

Un fallo mal fundamentado que ataca a la libertad de expresión

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

La sentencia dictada ayer por el juzgado de lo Penal nº 6 de Madrid en la que condena por injurias graves a pagar 36.000 euros a Fedérico Jiménez Losantos vulnera principios constitucionales, supone un peligroso ataque a la libertad de expresión y establece un precedente disuasorio para los periodistas que se atrevan a criticar al poder político.

La falaz argumentación jurídica de la juez Inmaculada Iglesias convierte en injuriosas las expresiones de Jiménez Losantos -no muy distintas de las que forman parte del lenguaje habitual de las tertulias y de las polémicas entre periodistas y políticos- al despojarlas de la cobertura de la veracidad.

El fundamento de esta sentencia es que Jiménez Losantos realizó una serie de juicios de valor injuriosos en base a una interpretación no veraz de las declaraciones en las que el alcalde Ruiz-Gallardón dijo que «hablar de lo ocurrido del 11 al 14-M podría hacer pensar que no tenemos argumentos del 14 hacia aquí»

La misma juez subraya que la veracidad es el intento diligente de conocer la verdad. Pero considera que Jiménez Losantos no actuó de forma diligente al interpretar esas palabras de la misma forma que lo hizo el periódico donde aparecieron y que ese día tituló: «Gallardón invita a su partido a obviar el 11-M y huir de la radicalización».

Erigiéndose en una experta en semántica y en filosofía del lenguaje, la juez contradice la intepretación de Losantos, del propio diario ABC, que entonces estaba en perfecta sintonía con Gallardón, y de los testimonios de otras personas como el director de EL MUNDO o el presidente de la AVT, y entiende que no es posible deducir de esas palabras que el alcalde de Madrid estuviera traicionando la línea del PP y propugnando que no se investigara el 11-M. Y ello lo hace recurriendo como argumento de autoridad a las ambiguas declaraciones de Ignacio González, Esperanza Aguirre, Eduardo Zaplana y Ángel Acebes, que sostuvieron durante la vista, en contra de lo que afirmaban una y otra vez en privado, que lo que dijo Gallardón no contradecía la línea del partido.

La sentencia indica expresamente que estos cuatro testimonios «desvirtúan las alegaciones de la defensa» y, por tanto, establece que los reproches de Jiménez Losantos a Gallardón no eran veraces, lo cual resulta absolutamente subjetivo y discutible. Primero, porque la declaración de los dirigentes del PP fue un ejercicio de disimulo, fruto de la inercia que habitualmente les lleva a camuflar sus pensamientos. Segundo, porque esa disidencia de Gallardón hay que interpretarla dentro de la intrahistoria de su autoproclamada trayectoria como «verso suelto». Y tercero porque Gallardón jamás desmintió la interpretación del ABC y de Losantos, lo que podía haber hecho ejerciendo su derecho de rectificación.

La sentencia da un salto en el vacío al sin tan siquiera motivar por qué concede más credibilidad a unos testigos que a otros. También lo hace cuando considera que la reiteración de epítetos corrobora la injuria como si ésta fuera cuestión del número de veces. Y, por último, cuando señala que Losantos siguió criticando a Gallardón pese a que éste había presentado una querella, como si el inicio de una acción judicial comportara asumir la autocensura.

Nos parece evidente que estamos ante una sentencia basada en un derecho penal de autor y en una interpretación acomodaticia de la ley. Si las mismas palabras las hubiera pronunciado otro periodista de distinta etiqueta sobre otro político de distinta actitud no habría habido querella ni juicio ni condena.

Estamos convencidos de que la Audiencia de Madrid, el Tribunal Constitucional o el Tribunal de Estrasburgo invalidarán este fallo, que debería quedar como un simple nota a pie de página en la larga historia de los errores judiciales.

17 Junio 2008

La justicia para los pies a Losantos

EL PERIÓDICO de Catalunya (Director: Rafael Nadal)

La multa de 36.000 euros impuesta por una jueza de Madrid al radiofonista Federico Jiménez Losantos, de la cadena COPE, por vejar y desacreditar al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, que se querelló contra él, deja a salvo los derechos al honor y a la libertad de expresión, consagrados por la Constitución, y, al mismo tiempo, sirve para recordar que la Carta Magna no ampara ningún «pretendido derecho al insulto», como algunos parecen creer. Contra lo que sostiene el condenado, la sentencia está bien fundamentada, llega a conclusiones impecables acerca del derecho a informar y descarta que Jiménez Losantos pueda acogerse a él para justificar la sarta de invectivas que dirigió a Ruiz Gallardón, a quien acusó de darle igual los 191 muertos y 1.500 heridos de los atentados del 11-M «con tal de llegar al poder».

INFORMAR NO ES INSULTAR La libertad de expresión no es un campo de Agramante en el que todo vale, sino justamente lo contrario, porque se trata de una de las señas de identidad de las democracias desarrolladas que, al garantizar la crítica, promueven el pluralismo y el control del poder. De ahí a sostener que puede decirse cualquier cosa en cualquier momento, sin cortapisa alguna, media la misma distancia que entre la responsabilidad pública, exigible a todos los comunicadores, y la gratuidad incendiaria. Como coinciden en subrayar los reconocidos expertos juristas consultados por este diario, cuanto mayor sea el espacio de las libertades mejor para todos los ciudadanos, pero ello no significa que estas sean ilimitadas. Una cosa es informar, otra opinar y otra muy distinta insultar. No existe el derecho a la injuria.

HECHOS PROBADOS En cuanto al derecho a la información, que los defensores de Jiménez Losantos invocan, conviene hacer reflexiones similares y añadir que su ejercicio no puede transgredir el principio de veracidad, sin el cual carece de sentido. Sostener, para defender la praxis del condenado, que en la radio es imposible separar información de opinión es soslayar la larga y fértil tradición de algunas de las emisoras más prestigiosas del mundo, incluidas varias españolas, por más que esta peregrina teoría fuese expuesta ante el tribunal. La información debe remitirse siempre a hechos probados y documentados en fuentes solventes. El resto es hacer trampa. La Conferencia Episcopal, propietaria de la COPE, debería reflexionar sobre su parte de responsabilidad en el comportamiento y condena de Jiménez Losantos.

 

22 Junio 2008

Política de la infamia

Javier Pradera

Federico Jiménez Losantos, locutor-estrella de la Radio de los Obispos, fue condenado el pasado día 11 de junio a la pena de multa de 12 meses (el total suma 36.000 euros) por un delito continuado de injurias graves con publicidad al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. El pago de la sanción queda asegurado por la responsabilidad personal subsidiaria de un día de privación de libertad por cada dos cuotas diarias de 100 euros no satisfechas. La sentencia pondera el conflicto entre dos bienes constitucionalmente protegidos: la libertad de expresión, invocada por el agresor como burladero para sus insultos, y el derecho al honor del ofendido, que se siente herido en su dignidad.

La doctrina constitucional fundamenta la reducción del ámbito de protección judicial de los políticos -en comparación con los simples particulares- frente a la voracidad informativa y la dureza crítica de los medios de comunicación, con el razonamiento de que la libertad de expresión garantiza la existencia de una opinión pública informada y reflexiva, «sin la cual quedarían reducidas a formas hueras las instituciones representativas y abiertamente falseado el principio de legitimidad democrática». Ahora bien, el carácter genéricamente prevalente de la libertad de expresión en sus colisiones con otros derechos fundamentales opera sólo para los conflictos donde entran en juego la defensa del pluralismo, el control del poder y la información veraz. La sobrehumana capacidad de encaje exigida a los protagonistas de la vida pública democrática con el argumento de que su compromiso es voluntario -«quien no soporte el calor, que no se meta en la cocina», en palabras de un juez norteamericano- ignora que la política es una profesión, pero también una vocación.

Las fronteras entre políticos y periodistas no siempre son claras: ambos forman parte de la galería de personajes públicos. Cocelebrante junto a Jiménez Losantos de los oficios matutinos de tinieblas de la Radio de los Obispos, Pedro José Ramírez -director del diario EL MUNDO ha resumido en una frase reveladora el paraíso que ofrece a esta pareja especializada en misas negras esa hibridación de la política y el periodismo: «poder sin responsabilidad».

Fracasados sus intentos -compartidos también por Ramírez- de acabar con Zapatero mediante la abracadabrante teoría de la conspiración del atentado de Atocha, Jiménez ha sido condenado por el carácter vejatorio de sus críticas y por atribuir a Ruiz-Gallardón contra toda evidencia hechos falsos relacionados -¡cómo no!- con el 11-M. La política de la infamia se vuelve contra sus promotores. Los predicadores de la Radio de los Obispos tratan ahora de saciar su megalomanía de omnipotencia destruyendo al PP: el apresurado abandono de la causa de Rajoy -adulado por la pareja hasta el día de su derrota- para saltar a la grupa de Esperanza Aguirre, a fin de apoderarse de las riendas del PP, ha sido un bochornoso -y fracasado- espectáculo de traición y oportunismo.

El Análisis

EL CENIT DEL LOSANTOS

JF Lamata

«Estoy encantado de se haya querellado conmigo», «le voy a desnudar en el juicio», «todos los testigos del PP están conmigo y con él ninguno», así de contundente se mostraba D. Federico Jiménez Losantos el día 11.03.2008 en su tertulia de la COPE ante sus oyentes. El locutor radiofónico parecía totalmente convencido de que él representaba más los valores que el PP que D. Alberto Ruiz-Gallardón y que el juicio lo acreditaría. Se supone que aclarar si quien estaba más cerca de la línea del PP o quien era más traidor, no entraba en la materia del juicio, sino si había delito de injurias o no, pero el juicio acabo analizando ese tema: los testigos del PP demostraron que eran más fieles al partido en el que militaban que al influyente locutor mediático. Ante tamaña derrota el Sr. Losantos no tendría más remedio que cambiar de estrategia, ya no tocaba presumir de ser ‘el gran amigo del PP’, tocaba presentarse como «como el liberal que siempre se había enfrentado al poder político de todos los colores».

A pesar de la condena, lo que nadie puede quitar al Sr. Losantos es que aquel juicio fue el cenit de su poder, todos los telediarios abrieron con ese tema, lo trataron todas las radios, las tertulias y los periódicos, demostrando que el periodista había alcanzado el cenit de su influencia y su popularidad. A partir de ese momento comenzaría la bajada.

J. F. Lamata

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