16 diciembre 1994

John Bruton se convierte en el nuevo primer ministro de Irlanda tras el pacto de Fine Gael con Izquierda Democrática, tras crisis por caso Brendan Smyth

Hechos

Fue designado para el puesto el 15 de diciembre de 1994.

Lecturas

John Bruton, de 47 años se ha convertido en el nuevo primer ministro de Irlanda. El súbito descalabro de la alianza gubernamental consiguió en sólo quince días una increíble resurrección política política de John Bruton, una clamorosa venganza para este hombre que a menudo ha sido relegado por su falta de carisma y que el pasado febrero sobrevivió a duras penas a una rebelión en el seno de su propio partido, el Fine Gael.

Empresario agrícola acomodado, originario del condado de Meath, John Bruton inició muy pronto su carrera parlamentaria, siendo elegido diputado a los 21 años de edad, todo un récord en Irlanda.

Entre 1981 6 1987 ocupó seis ministerios en sucesivo Gobierno de coalición, siendo su última cartera de Finanzas en una Administración liderada por Garret Fitzgerald, del Fine Gae, en 1986 y 1987. En todos los cargos ha dejado una imagen de competencia, trabajo y seriedad, pero poca brillantez.

El problema de Bruton, y también el del Fine Gael, es que tiene dificultades para diferenciarse programáticamente del Fianna Fail, la otra gran formación de centro-derecha en Irlanda.

 

El Análisis

BRUTON: UN PRIMER MINISTRO NACIDO DEL CASO SMYTH

JF Lamata

Hace apenas unos meses pocos habrían apostado por John Gerard Bruton como próximo primer ministro de Irlanda. Fine Gael había sufrido un pésimo resultado electoral en 1992 y el propio liderazgo de Bruton había sido cuestionado dentro de su partido durante 1994. Sin embargo, la política irlandesa ha terminado llevándolo al Gobierno sin necesidad de celebrar nuevas elecciones. El detonante fue el caso del sacerdote pederasta Brendan Smyth: los siete meses que su solicitud de extradición permaneció paralizada en la oficina del fiscal general Harry Whelehan, unidos a la decisión del Taoiseach Albert Reynolds de nombrar a Whelehan presidente del High Court pese a las objeciones laboristas, destruyeron definitivamente la confianza entre Fianna Fáil y el Labour Party de Richard “Dick” Spring. Labour abandonó el Gobierno, Reynolds dimitió y fue sustituido al frente de Fianna Fáil por Bertie Ahern. Durante unas semanas todavía pareció posible reconstruir la coalición bajo Ahern, pero nuevas controversias sobre la información facilitada durante la crisis terminaron frustrando la reconciliación.

Los vencedores inmediatos son Bruton y Fine Gael, que pasan de una oposición debilitada a encabezar el Gobierno, pero también Dick Spring, convertido prácticamente en árbitro de la política irlandesa: había hecho posible el Gobierno de Reynolds en 1992 y ahora hace posible el de Bruton, conservando además la vicejefatura del Gobierno y Exteriores. Proinsias De Rossa y Democratic Left obtienen también un premio considerable al entrar por primera vez en el Ejecutivo. Los perdedores son evidentes. Reynolds abandona simultáneamente la jefatura del Gobierno y la de Fianna Fáil; Whelehan ve destruida su carrera judicial apenas días después de alcanzar la presidencia del High Court; y Bertie Ahern, aunque hereda el liderazgo del mayor partido del país, contempla cómo se le escapa una Presidencia que durante algunas semanas parecía estar a su alcance. La nueva Rainbow Coalition —Fine Gael, Labour y Democratic Left— demuestra además hasta qué punto ha cambiado Irlanda: una controversia nacida de la investigación de los abusos de un sacerdote ha terminado alterando completamente el Gobierno del país. Bruton recibe ahora una mayoría parlamentaria que no conquistó en las urnas, pero que es plenamente legítima bajo el sistema parlamentario; su desafío será demostrar que una coalición nacida de la caída de otro Gobierno puede convertirse en algo más que el beneficiario accidental del caso Brendan Smyth.

J. F.