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John Hume obtiene el premio Nobel de la Paz por su labor para tratar de llevar la paz en Irlanda por el conflicto del Ulster

HECHOS

El 16 de octubre de 1998 se hizo público el Nobel de la paz a John Hume.

17 Octubre 1998

Un noble Nobel

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

JOHN HUME, el líder católico moderado norirlandés, nunca ha cejado en sus esfuerzos por la paz en el Ulster. Durante años ha remado, a menudo en solitario, contra viento y marea. El Nobel de la Paz, que comparte con David Trimble, es un merecido reconocimiento a esta labor. Pues esta persona de gran nobleza que es Hume ha sido, como lo ha reconocido la Academia Sueca, el arquitecto principal de esta paz; el que participó en todos los intentos de pacificación desde que estallaron los disturbios en 1972; el que no cayó en la tentación del rencor y la violencia, y el que fuera tan criticado por tratar públicamente con Gerry Adams antes de que madurara la situación.Hume es un ejemplo de moderación, de sensatez y, además, de modestia. Ha podido ser presidente de Irlanda y no lo ha querido, como rechazó ser el número dos de Trimble en el nuevo Ejecutivo norirlandés, incluso después de que en las elecciones de Irlanda del Norte su Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP) se convirtiera en el más votado, superando por vez primera a los protestantes.

Trimble es otro tipo de figura. Era un duro lealista a la corona británica. Sin embargo, supo cambiar y apostó todo su futuro político, para perplejidad de algunos de sus seguidores protestantes, al proceso de paz. Ganó. Hoy es el ministro principal de la Administración que va cogiendo competencias en el Ulster. El Parlamento de Noruega podía haber premiado a otros actores centrales de este proceso, como el ex senador americano George Mitchell. El premio compartido -del que ha quedado apartado Gerry Adams, al que ayer, en otro noble gesto, Hume felicitó- puede servir para reforzar un proceso de paz que ha de consolidarse. Es una apuesta de futuro.

El proceso requiere aún impulsos y decisiones, y el funcionamiento institucional necesita una amplia base de consenso; la que aportan Hume y Trimble y a la que se puede sumar Adams si el IRA -y los grupos paramilitares protestantes- acaba entregando sus armas. Ésta es una de las cuestiones pendientes, que Trimble ha convertido en una prueba para su credibilidad, y Blair, en una condición para la retirada del Ejército británico del Ulster. La consolidación de la paz tendrá que superar momentos difíciles. Y para ello, Hume seguirá siendo imprescindible.

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