25 marzo 1997

El locutor de la COPE reprochó a José María Carrascal que no criticara a Mario Conde en su calidad de presentador de ANTENA 3 TV, cadena de la que el banquero era accionista, a lo que el veterano periodista responde recordando que Herrero se fue de caza con él

José María Carrascal responde desde ABC a los ataques del locutor Antonio Herrero (COPE) al que califica de ‘matoncete’

Hechos

El 25.3.1997 en el diario ABC D. José María Carrascal replicó desde el diario a las alusiones que el locutor de la COPE, D. Antonio Herrero, había lanzado contra su persona.

Lecturas

El artículo en ABC de D. José María Carrascal sobre D. Mario Conde titulado ‘De Héroe a Villano’ del 21 de marzo de 1997 le valió críticas desde la Cadena COPE del locutor D. Antonio Herrero Lima, que consideró que el Sr. Carrascal debía callarse por haber estado ‘en nómina’ de D. Mario Conde, en referencia a que es presentador en el canal de televisión ANTENA 3 TV, de cuyo capital era accionista el Banco Banesto en la etapa en la que lo presidía D. Mario Conde.

21 Marzo 1997

De Héroe a Villano

José María Carrascal

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El que fue ídolo de la juventud española en los años ochenta se ha convertido en delincuente convicto en los noventa. Es como para escribir una elegía sobre la fugacidad de la gloria en este mundo. Pero no estamos para elegías, sino para mirar la realidad con la misma dureza que ella exhibe. Nadie debe alegrarse de la desgracia ajena, pero asusta pensar que hubiera pasado si Mario Conde hubiera salido absuelto, como decían muchos, por no haberse podido probar que se había aprobado de los 600 millones pagados a Argentia Trust, envueltos en una trama financiera tan compleja como sospechosa y en una red de mentiras sobre su destino final dificilísima de desentrañar. El Tribunal, sin embargo, usó más el sentido común que la casuística jurídica y echí las mismas cuentas que se echa el pueblo: Conde ordenó ese pago a una entidad que ni siquiera figura en el registro español, la orden de abono está falsificada y el destinatario no aparece por ninguna parte. Como es inimaginable que un banquero haya autorizado el pago de 600 millones sin saber adónde van ni con qué motivo, puede deducirse razonablemente que ha habido apropiación indebida y falsedad de documento. Todo lo demás son esfuerzos leguleyos para marear la perdiz y vestir al santo. El delito era evidente.

Y esto es sólo el principio, el caso más pequeño y más fácil para Conde, que tiene todavía por delante el de Banesto, donde hizo y deshizo a su antojo durante los años que lo presidió de forma más que peculiar. Mario Conde ha sido, con Javier de la Rosa y  algunos otros, que no me atrevo a llamar ni financieros ni empresarios, sino más bien ingenieros o magos de las finanzas, el símbolo del éxito en aquella España en la que, según Carlos Solchaga, y él debía saberlo, pues era ministro de Economía y Hacienda, resultaba más fácil hacerse rico que en ningún otro país del mundo. Y a tenor de esos ejemplos, era verdad. Lo que caracterizaba a esos genios era que hacían sus principales negocios, no con otras empresas, como es habitual, sino con las suyas propias. Con lo que hacían unos negocios fabulosos. ¿No los iban a hacer, si ellos mismos imponían las condiciones, los precios y la calidad del producto en transacción? ¿Quién iba a discutirles costes y estipulaciones, si ellos eran a la vez comprador y vendedor? Nada de extraño que hicieran negocios fabulosos. Lo malo era que los hacían a costa de sus propias empresas. De lo que resultaba que mientras ellos se hacían cada vez más ricos, sus empresas se hacían cada vez más pobres, llegando a la quiebra en muchos casos. Algún lector recordará que hablé de ello hace ya años en una ‘postal’ que titulé ‘Ordeñar la propia empresa’, en la que denunciaba tal práctica donde se mezclaban artificios contables y paraísos fiscales, como se han mezclado en el caso Argentia Trust, según ha reconocido la sentencia.

Esto, que también se ha llamado ‘cultura del pelotazo’, se acabó. Por fortuna, apresurémonos a decir, pues tal tipo de prácticas no era bueno ni para la economía ni para la moral del país. Empiezan a exigirse cuentas a los que, aprovechándose del clima de impunidad que aquí reinaba, han arramblado con el dinero que custodiaban, de una forma tan rapaz como grosera. Queda todavía abierta la cuestión de ¿dónde está ese dinero? Suponemos que en paraísos fiscales, porque, como en el caso de Argentia Trust, no aparece por ninguna parte. Y no va a ser fácil recuperarlo, aunque no por eso debe desistirse del empeño.

En cualquier caso, España es hoy un poco mejor que ayer. Hay algo de más confianza en la Justicia entre el ciudadano de la callé, cosa absolutamente necesaria para el buen funcionamiento de una sociedad democrática, mientras los jóvenes se deben decir que Mario Conde no era un modelo a seguir, a la vista de adonde ha ido a parar. En cierto sentido, una era ha acabado. Y excepto los sinvergüenzas, nadie va a echarla de menos.

José María Carrascal

25 Marzo 1997

Herrero

José María Carrascal

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Señor director: Me dicen que el pasado viernes y a propósito de un artículo en ABC sobre Mario Conde, tuve el honor de que me embistiera Antonio Herrero, que reservó un par de cornadas al periódico. Algún amigo que intentó conectar con el programa para defenderme vio que se le negaba la conexión al conocerse el motivo de su llamada. Así defienden la libertad de palabra quienes disimulan su falta de ideas con insultos y su falta de estilo, con baladronadas.

Los lectores de ABC, que me conocen de sobra, saben que el artículo en cuestión corresponde exactamente a cuanto he dicho y escrito sobre el ex banquero durante todos estos años. Ahí están las hemerotecas y mis libros de ‘comentarios’ para demostrarlo. Tal vez lo que realmente moleste sea mi absoluta independencia.

Yo no he cenado con Conde en Marbella, ni he cazado jabalíes en ‘La Salceda’, ni he sido sancionado por delitos ecológicos. Ya sé que contestar a Antonio Herrero es rebajarme intelectualmente, pero pienso también que es hora de parar los pies a esos matoncetes de guardarropía abundantes en el Periodismo español que sólo respetan al palo y sólo temen a la verdad.

José María Carrascal