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En la práctica ya ejercía el control de ese caja de ahorros desde la creación de la misma en 1990

Josep Vilarasau asume la presidencia de La Caixa, la poderosa caja de ahorros catalana, reemplazando a Samaranch

HECHOS

El 30.01.1999 D. Josep Vilarasau asumió la presidencia de La Caixa

30 Enero 1999

Relevo de terciopelo

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El cuarto grupo bancario español y primera caja de ahorros, La Caixa, acaba de hacer un súbito relevo en su cúspide, al sustituir a su presidente, Juan Antonio Samaranch, de 78 años, por quien hasta ahora desempeñaba las funciones de director general, Josep Vilarasau, de 67. La coincidencia entre la crisis del Comité Olímpico Internacional, acusado de corrupción en las adjudicaciones de las sedes olímpicas, y esta rápida sustitución convierten en inútil cualquier intento de desvincular las peticiones de dimisión que se alzan contra Samaranch en el COI y el nuevo esquema de conducción de La Caixa.El relevo en La Caixa, previsto desde hace un año, según aseguraron sus directivos, no podía depender de los vaivenes de la opinión pública internacional alrededor de la dividida familia olímpica. Una precipitación de los acontecimientos en el COI hubiera situado a la entidad en la obligación de someterse descontroladamente a una agenda exterior. Con el riesgo adicional de ofrecer flancos a los intentos, que no han faltado nunca, de pilotar La Caixa desde el poder político.

La sustitución se ha hecho con el aparente consenso de todos, incluido Samaranch. El nuevo papel de presidente ejecutivo de Vilarasau permite interpretar el movimiento como un ascenso de todo el organigrama, que sitúa al presidente del COI en el limbo ya intangible de la presidencia honoraria. El aplomo con que se ha hecho el cambio sólo se explica por la cohesión del equipo formado por el nuevo presidente en sus 23 años de director general.

El peculiar estatuto de las cajas de ahorro complica su participación en el juego de fusiones al que obliga el euro. Pero habrá que ver cuánto tiempo se mantiene el statu quo. De la solidez de sus equipos directivos y de la independencia que establezcan respecto a los poderes locales o autonómicos depende, por el momento, su futuro. Pero depende también de su capacidad de conexión con la sociedad civil, a través de órganos más democráticos y transparentes.

30 Enero 1999

La Caixa, más que una caja

LA RAZÓN (Director: Joaquín Vila)

La Caixa d´Estalvis i Pensions de Barcelona, La Caixa, es más, mucho más que una caja de ahorros y, ahora, acaba de demostrarlo una vez más. Juan Antonio Samarcah ha dejado la presidencia de la entidad, que ocupaba desde 1987 y ha sido sustituido por Josep Vilarasau, hasta ahora director general y verdadero artífice de La Caixa del siglo XXI. A su vez, Vilarasau deja paso a dos hombres de la casa y de su propio equipo, que son los nuevos directores generales, Isidre Faine y Antonio Brufau. Y todo ello ha ocurrido mientras el Comité Olímpio Internacional, que preside Samaranch, vive una crisis que sólo el tiempo permitirá conocer sus verdaderas raíces.

La Caixa, mientras tanto, vive uno de sus momentos dorados, quizá el mejor de la historia. De la mano de Vilarasau y de su equipo hace tiempo que se convirtió en la primera entidad financiera catalana, la tercera de España y también puntera en Europa. Hace tan sólo unos días, el nuevo presidente presentó los resultados del ejercicio 1998: beneficios superiores a los 110.000 millones de pesetas, con unos activos por encima de los 11 billones de pesetas. Pero lo que todavía es más importante, La Caixa tiene por delante un futuro espectacular en el complejo mundo financiero. Han cambiado algunas personas, pero La Caixa ha vuelto a demostrar que es más, mucho más, que una caja de ahorros.

30 Enero 1999

Vilarasau se adelanta a los acontecimientos

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

El relevo a la cabeza de La Caixa, absolutamente inesperado, representa sin duda un desenlace muy diferente de lo previsto ya que, desde que Samaranch fue elegido presidente de la gran caja de ahorros catalana, se daba por descontado que permanecería en el cargo aun después de terminar, en el 2001, su último mandato como presidente del Comité Internacional Olímpico (CIO).

Cediendo ese puesto al hasta ahora director general, Josep Vilarasau, Samaranch ha ayudado sin duda a la entidad a evitar posibles efectos negativos del creciente escándalo olímpico. El cerebro de este relevo es evidentemente el propio Vilarasau, quien, con su habitual agudeza, ha visto la urgencia del momento no tanto como una amenaza para la entidad, sino como una ocasión de resolver dos problemas de una tacada.

Por una parte, coloca a La Caixa tan al resguardo como resulta posible de las derivaciones del caso CIO, y eso es importante para una entidad en plena expansión y con proyección internacional. Por otra, resuelve la vieja pugna larvada por su sucesión como máximo ejecutivo de la entidad crediticia al aprovechar la inevitable remodelación en su cúpula para colocar a los dos delfines en sus lugares definitivos: Isidro Fainé, como heredero ya oficial del máximo cargo, y Antoni Brufau, con un destino honroso y profesionalmente interesante como es la dirección general del importante grupo industrial de La Caixa. Sólo le quedaban a dos años para la jubilación como director general y ha preferido ocupar la presidencia para que todo siga igual. Es la gran jugada de un hombre reconocido por su habilidad: seguir mandando desde la Presidencia, que tiene carácter vitalicio, delegando en sus hombres de confianza la rutina del quehacer diario.

Esta operación maestra supone la culminación para un Vilarasau que ha sabido pilotar su entidad -la primera del sector financiero en Cataluña, incluidos los bancos, y con tantas sucursales como el Santander y el BCH juntos- a través de escollos tan amenazantes como fueron las primas únicas, hasta asentarse como un gigante de la economía española, accionista muy importante de Repsol, de Telefónica, de Gas Natural, de Endesa…

Es, además, un gigante que, en contra de lo que a veces se piensa, no funciona como mera correa de transmisión de la Generalitat, sino que ha llegado a un difícil equilibrio, incorporando a representantes de todos los partidos políticos y de la sociedad civil catalana. Por eso las reacciones al relevo son hoy de una sorprendente unanimidad. Favorable, claro está.

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