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Auto-definido como 'liberal' Cebrián ha conseguido el apoyo de los accionistas promotores del diario afines a los políticos Manuel Fraga y José María de Areilza

Juan Luis Cebrián abandona el periódico INFORMACIONES para aceptar dirigir el nuevo diario EL PAÍS previsto para mayo

HECHOS

El 18 de diciembre de 1975 el diario INFORMACIONES de Prensa Castellana anunció la salida del que hasta entonces era su subdirector, D. Juan Luis Cebrián Echarri, para asumir el cargo de director de un nuevo periódico, EL PAÍS.

Es de caballeros congratularse de los éxitos ajenos. En San Roque número 7, deseamos serlo y nos felicitamos del éxito de un próximo colega – EL PAÍS – que ha ocmenzado su última fase de su andadura hacia los quioscos con tan buen tino que se ha fijado en uno de los subdirectores de INFORMACIONES para el cargo de director. Si no tuviéramos en alta estima esa virtud de la caballerosidad, estaríamos enfadados con nuestros compañeros de EL PAÍS por habernos sustraído a nuestro ‘joven Maura’ (excuse por una vez el lector un chiste privado, íntimo), tractor todo terreno de esta casa y brillantísimo profesional. Ese periódico de gran calado que sin duda será EL PAÍS, ya nos debe algo, y la deuda nos enorgullece.

Que INFORMACIONES deje escapar a profesionales como Juan Luis Cebrián, prueba una vez más la calidad de nuestra veta. Que en esa cantera se tallen profesionales como Juan Luis Cebrián nos revalida y enorgullece. Todos – por supuesto – somos prescindibles en este duro trabajo de hombro con hombro de proporcionar una buena información a la sociedad española, pero prescindir de hombres como Juan Luis Cebrián aún constituye un lujo que pocos periódicos pueden permitirse.

Juan Luis Cebrián se va a EL PAÍS con sus esperanzados treinta y un años a cuestas y un ‘curriruclum’ que a la mayoría de sus compañeros nos llevará una vida completar. Cuando accedió a esta casa como redactor-jefe de Información general todavía era ‘el joven Juan Luis…’ a los veintitrés años. Su meteórica y meritoria carrera profesional debería haberle aportado algún aire senatorial, pero continúa siendo, y probablemente lo será por mucho tiempo, ‘el joven Juan Luis’.

Con su imagen frágil, asténica, nerviosa, dejará de sorprendernos en las mañanas cuando accede fresco a la Redacción, tras una jornada anterior que incluye poco sueño, cincuenta llamadas telefónicas, la realización de un periódico, el haber almorzado con un ministro y el haber cenado con el ministrable que le sustituirá. En preciso haber trabajado largamente junto a él para maldecirle cordialmente cuando a la una de la tarde aún tiene energías para empezar a mesarse nerviosamente los bigotes frente a la platina, cerrar las galeras del periódico como un escuálido magode plomo de linotipia y repartir ideas y juego de trabajo para el día siguiente.

Los compañeros que en breve harán EL PAÍS tendrán la oportunidad (si no conocen aún a este profesional de excepción) de agotarse tras el trabjo bien hecho y verle a continuación, aún fresco, discutir con datos de primera mano la situación financiera de los diarios de Fleet Street o las deficiencias y aciertos de las televisiones estadounidenses. Pero será una charla breve: tendrá esperando una comida detrabajo o el avión que habrá de llevarle a comprobar personalmente la evolución de la política interior de cualquier país europeo.

Juan Luis Cebrián nos deja siete años de trabajo realizado a conciencia y que están reflejados en lo mejor de INFORMACIONES. Todo un equipo de hombres hace posible este periódico, pero vamos a echar en falta su talento, su preparación, su empuje y su increíble experiencia profesional. Cuando EL PAÍS amanezca en los quioscos, los demás periódicos lo acogerán con gacetillas editoriales de afecto y bienvenida. Nosotros no tendremos necesidad de augurar al futuro colega ningún éxito, por cuanto el primero se lo acaba de apuntar ofreciendo la dirección a nuestro Juan Luis Cebrián.

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