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Adolfo Suárez, mano derecha del fallecido Herrero Tejedor, será el nuevo Secretario General del Movimiento

El franquista Arias Navarro forma el primer Gobierno de la Monarquía con Fraga y Areilza, Conde de Motrico como estrellas

HECHOS

En diciembre de 1975 se formó el primer Gobierno del reinado de D. Juan Carlos I, presidido por D. Carlos Arias Navarro.



  • Presidente- D. Carlo Arias Navarro
  • Vicepresidente 1º-  General Fernando de Santiago
  • Vicepresidente y Gobernación  – D. Manuel Fraga
  • Vicepresidente y Economía- D. Juan Miguel Villar Mir
  • Exteriores – D. José María de Areilza Conde de Motrico
  • Justicia – D. Antonio Garrigues Díaz Cañavate
  • Ejército – General Félix Álvarez Arenas
  • Marina – Almirante Gabriel Pita da Veiga
  • Obras Públicas – D. Antonio Valdés
  • Educación – D. Carlos Robles Piquer
  • Trabajo- D. José Solís
  • Industria – D. Carlos Pérez de Bricio
  • Agricultura – D. Virgilio Oñate
  • Aire – General Carlos Franco
  • Comercio – D. Leopoldo Calvo Sotelo
  • Información y Turismo – D. Adolfo Martín Gamero
  • Vivienda – D. Francisco Lozano
  • Presidencia – D. Alfonso Osorio
  • Relaciones Sindicales – D. Rodolfo Martín Villa
  • Secretario General Movimiento – D. Adolfo Suárez

 

MINISTROS ESTRELLA DEL GOBIERNO ARIAS NAVARRO DE DIC. 1975

Ministros_militares Cuatro ministros militares

En el primer Gobierno de la Monarquía hay una fuerte presencia militar, puesto que se mantiene el General D. Fernando de Santiago como Vicepresidente, el General Álvarez Arenas como ministro del Ejército, el General Carlos Franco como ministro de Aire y el Almirante Pita da Veiga como ministro de Marina. La fuerte presencia militar no será del gusto de la oposición de izquierdas, que no olvida el arraigo franquista del Ejército español, aunque por otro lado excluírles del Gobierno sería interpretado como un acto de hostilidad de la Monarquía hacia la fuerzas militares.

1975_Fraga D. Manuel Fraga (Vicepresidente y ministro de la Gobernación)

El Sr. Fraga, ‘el hombre de Londres’ regresa a España, pero no como presidente, sino como número 2 del Gobierno asumiendo la competencia del ministerio de Gobernación, con lo que quedaba a cargo y se convertía en responsable de todo el aparato represor-policial que la Dictadura aún tenía abierta. Con su nombramiento el Rey quería tener cerca a un todo-terreno, evitando que se situara ‘en frente’ del Gobierno de Arias Navarro.

1975_Areilza D. José María de Areilza, Conde de Motrico (Ministro de Asuntos Exteriores)

El Conde de Motrico era la figura política proveniente del franquismo más querida por la oposición, hacía tiempo que se había desvinculado del régimen y se había puesto al servicio de la reinstauración de la Monarquía parlamentaria encarnada en el Conde de Barcelona, Don Juan de Borbón, desde donde había mantenido contacto con los partidos de la izquierda (PSOE, PSP o PCE), su nombramiento supone un gesto hacia ellos.

1975_VillarMir D. Juan Miguel Villar Mir (Vicepresidente y Ministro de Economía)

Al economista D. Juan Miguel Villar Mir, al que le esperaba una larga trayectoria empresarial, le tocó hacer frente a la situación económica de la España de los años setenta, con el objetivo de realizar una gestión

Antonio_Garrigues_diaz D. Joaquín Garrigues y Díaz Cañavate (Ministro de Justicia)

El ‘embajador’ Garrigues – puesto que siempre sería recordado por su etapa de embajador de la España franquista en la ONU, gozaba de un prestigio en el mundo diplomático y también en el mundo del derecho, su buffete ‘Los Garrigues’ estaba considerado el más importante de España. Considerado aperturista, su familia era también accionista de referencia de la Cadena SER, la radio más escuchada.

Alfonso_Osorio D. Alfonso Osorio  (Ministro de la Presidencia)

Un hombre de confianza del nuevo Rey D. Juan Carlos y miembro del colectivo ‘Tácito’. Fue fichado para la causa de la Transición democrática que planificaba el Rey de la mano de D. Jacobo Sánchez, miembro de la secretaría del Rey, cuando era príncipe, fallecido prematuramente en un accidente de tráfico.

Calvo_Sotelo D. Leopoldo Calvo Sotelo (Ministro de Comercio)

Miembro de una destacada familia española, marcada por el papel histórico tanto del político D. José Calvo Sotelo, como del intelectual D. Joaquín Calvo Sotelo, entraba en aquel Gobierno como ministro de Comercio. Su fichaje venía a ser, la entrada de una nueva generación de políticos.

1975_Suarez D. Adolfo Suárez (Ministro Secretario General del Movimiento)

El nombramiento del Sr. Suárez como ministro del Movimiento, significaba el regreso del joven falangista al ministerio que abandonara un año antes ante la repentina muerte del Sr. Herrero Tejedor. Ahora el Sr. Suárez no sería el número 2, sino directamente el número 1. Del ministerio del Movimiento dependía toda la Prensa del Movimiento (ARRIBA, el MARCA y un gran número de periódicos regionales, así como la agencia PYRESA).

1975_MartinVilla D. Rodolfo Martín Villa (Ministro de Relaciones Sindicales)

Al igual que el Sr. Suárez, D. Rodolfo Martín Villa también procedía directamente del Movimiento Nacional, de donde había sido consejero y, desde su etapa en el SEU, había ocupado destacados cargos en el franquismo como Gobernador de Barcelona. No obstante durante la etapa del ‘Espíritu del 12 de Febrero’ se posicionó claramente con los aperturistas.

RoblesPiquer D. Carlos Robles Piquer (Ministro de Educación)

Emparentado con la familia Fraga desde una década antes a que este iniciara su carrera política (1952). Fue colaborador suyo durante su etapa de ministro de Información y Turismo y ahora vuelve a coincidir con él, al acompañarle como ministro del Sr. Arias Navarro.

16 Diciembre 1975

La primera crisis de Gobierno en la monarquía

Josep Meliá

El primer gobierno del Rey no es un equipo de personas nuevas. Formado íntegramente por personas que prestaron señalados servicios al Estado durante el régimen anterior, nos sorprende por el hecho de que en él figuren ideologías que hasta ahora estuvieron excluidas y porque se haya producido un acusado relevo generacional. Deliberadamente quiere ser un Gobierno de continuidad, a la vez que trata de asumir un compromiso con el cambio.

Hay muchas maneras de juzgar el nuevo equipo. Se puede decir por ejemplo que lo integran cinco embajadores y siete ingenieros. Se puede señalar que hay tan sólo dos ministros del anterior gobierno que sobreviven a la crisis. Y decir, por supuesto, que las asociaciones aportan tantos hombres como Fedisa o como hombres no definidos hay en el equipo. Pero cualquier apreciación de este tipo de momento, es meramente provisional. Hay una sola cosa que parece estar clara. El hombre fuerte de la combinación ha sido Manuel Fraga Iribarne. El Fraga sí, luego, Silva no; seguramente sería un planteamiento demagógico. Pero lo cierto, bien sea por plantear peticiones excesivas o por razones tácticas, es que Fraga inspira el programa de la transición de la misma manera que Silva mueve sus peones, lo coloca en posición ventajosa y se reserva una decisiva intervención en el futuro.

Se resuelve así la primera crisis de Gobierno en la Monarquía. La primera también con un periodo de consultas relativamente público. Ay que convenir, empero, que el secretario estuvo muy bien guardado hasta la tarde del miércoles. Guardado, digamos, si es que secreto había. Pues me da la impresión de que Arias se decidió a descansar durante el fin de semana y que los contactos que mantuvo tenían más de asesoramiento que de negociación. Luego pasó una tarde en Toledo y las perdices corrieron por el aire con una fronda de rumores. Por fin, el martes, conocidas personalidades fueron vistas al entrar o salir del edificio de Presidencia del paseo de la Castellana- algunos enequívocamente, salieron ministros. Otros, en cambio, sólo fueron consultados o acudieron allí por algún deber protocolario. Los pronósticos, en general, se han confirmado y fallado al 50%.

Se han confirmado, por ejemplo, al considerar que Areilza, Fraga y Garrigues serían hombres fuertes de la combinación. Han errado al pensar que Carro, Suárez (Fernando) tenían su continuidad asegurada y de laguna manera intervenían en la gestación del nuevo Gobierno. Han acertado con algunos nombres y se han equivocado en otros. El caso del General Gutiérrez Mellado, quien hasta dentro de una semana no ascenderá a Teniente General, puede ser sin duda el más significativo. Pero lo cierto, a fin de cuentas es que la cábala y la murmuración sól ose ha podido ocupar de los nombres de los candidatos. YA y Emilio Romero han discutido en torno al ‘¿Con quién?’ y al ‘¿para qué?’. Lo único positivo a la hora de buscarle una punta al tema es que Silva no ha sido ministro, aunque sí lo sean algunos de sus amigos (Osorio, Oñate). ¿Quiere ello decir que no ha habido avenencia entre Silva y Fraga como no la hubo a la hora de plantear el intento asociativo que la prensa denominó ‘la santa alianza’? No lo sé. Lo que no admite duda es que Fraga y Motrico están hoy en el Gobierno y Silva no.

En los asuntos políticos, sin embargo, se dice que tanto Fraga como Silva pusieron condiciones. Fraga habló de ser cierto lo que corre, de un Gobierno integrado por personalidades de primera fila, de indiscutible categoría. Y mantuvo, como es lógico y natural, el compromiso hacía su programa de reformas. A este tenor hay varias cosas claras. Si Fraga está es porque en alguna medida tales condiciones fueron aceptadas. Además, es indiscutible que algunos nombres del Gabinete han sido sugeridos por él (Robles Piquer, Martín Gamero). Y otra cosa más, Fraga, no quiso entrar en el juego asociativo porque el Gobierno no le legitimó en su planteamiento de ‘las cinco reformas’. Por tanto, a menos que se considere que Fraga es un oportunista, hay que entender que siendo como es, más comprometido entrar en un Gobierno que participar en un montaje de concurrencia asociativa, de algún modo tienen que haberse superado los obstáculos que un día existieron hacia su figura. Y si eso es así, hay gente que ya debe estar haciendo las maletas.

Que no haya ocurrido lo mismo con Silva es algo que llama la atención. Pero no es una sorpresa si se advierte que no todos los fraguistas vieron con simpatía una posible alianza. En este aspecto los de la UNE que hay en el Gobierno estaban en círculos más dialogantes y menos democristianos. Puede ser una pista. Pero no estoy demasiado seguro.

Por lo demás están claras algunas significaciones. Primera romper con el inmediato pasado y ofrecer una nueva imagen. Arias, precisamente porque salvó su presidencia en último extremo, ha querido y obtenido que el primer Gobierno del Rey fuera personalmente distinto del último de Franco. E sus amigos y hombres de confianza sólo ha salvado a Valdés. El caso de Pita da Veiga creo que corre por otros rumbos. Pita ha mantenido en alguna ocasión posiciones de claro signo aperturista y reconciliador y al Gobierno le viene muy bien un refuerzo en esa línea.

La segunda nota es la búsqueda de una cobertura militar al programa de reformas políticas que el Gobierno habrá de impulsar. Aparte la continuidad de Pita da Veiga, el hecho que destaca es la existencia de una vicepresidencia única sin cartera ministerial aneja, y que se confía al teniente general Fernando de Santiago. El recuerdo de la época de Muñoz Grandes parece venir evocado de manera automática. Pero ahora sospecho, las cosas diferirán. El vicepresidente no sólo coordina los Ministerios militares, sino que será un árbitro de muchos conflictos ideológicos. Será el portavoz de la milicia en el tema de la reforma constitucional.

La tercera cuestión es la búsqueda de hombres con buena imagen. El predominio de embajadores apunta sin duda la voluntad de llevar al Gobierno a personas curtidas en la negociación, que hayan vivido fuera de España, que no dogmaticen ni se encojan ante los cambios. En este capítulo, la presencia de don José María de Areilza, que es el hombre de la derecha con mejor presentación internacional, es todo un signo. El que en tiempos de Carrero fue el hombre más incómodo e indiscutido se erige hoy en el portavoz del rostro de una nueva España ante el mundo. Esta claro lo que va a pedir. Una tregua, comprensión y ayuda. En este mismo orden de consideraciones colocaría yo el nuevo Gobierno. Una tecnocracia no confesional, distinta, pero con el mismo ‘marketing’.

Hay otra cuestión. En el Gobierno se observa un claro predominio de la derecha económica. La derecha que forma en él, desde luego, es civilizada y liberal, dentro de lo que cabe pero capitalista. Para compensarlo se lleva a Solís a Trabajo y a Martín Villa.

En alguna medida, el Gobierno es el producto de dos decantaciones que la historia reciente produjo en el proceso de apertura. Una, zanjada en 1969, se resuelve ahora con la nueva coincidencia de Fraga y Solís en un mismo equipo. La otra desguazada en 1974, supone la voluntad de empalmar con algo similar al espíritu del 12 de febrero para acelerar la modernización política. En aras de ello se han marginado muchos temas. La reforma administrativa ha quedado para mejor ocasión; sigue existiendo una Secretaría General del Movimiento; nada se ha prejuzgado ni en el fondo ni en la forma sobre la suerte de las asociaciones políticas. Sólo se ha aprovechado para corregir un lamentable error; la creación de un Ministerio de Planificación del Desarrollo, organismo conflictivo donde los haya, que para justificar su existencia quiso mermar la competencia de los demás y con el que acaso se entierra el desarrollismo como ideología.

Curiosamente, pues, el primer Gobierno del Rey nada tiene que ver con quienes un día fueron considerados vencedores al lograr que Franco nombrara su sucesor en julio de 1969. El ajuste de cuentas ha tardado, pero la reciente crisis es su certificado oficial y definitivo.

Está por ver, como es natural, lo que este Gobierno haga y lo que pueda durar. El que se mantengan las buenas relaciones iniciales. Me temo  que la luna de miel no podrá ser demasiado larga. Pero este Gobierno, por definición, es provisional. Se agota y justifica en la preparación de la reforma constitucional y la celebración de las primeras elecciones realmente libres. Y para ello, de entrada, antes de ponerse a hacer, acaso tendrá que congregarse a deshacer los entuertos que sus antecesores le legaron como herencia.

Josep Meliá

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