11 mayo 1978

Su marcha y la de Miguel Ortega Spottorno aumentan la sospecha de que el periódico está abandonando el liberalismo para pasarse a la izquierda socialdemócrata

Julián Marías rompe con PRISA y con EL PAÍS como protesta a la línea de Cebrián y Polanco, poco antes de la Junta de Accionistas

Hechos

El 11 de mayo de 1978 se hizo pública la dimisión de D. Julián Marías como consejero del Grupo PRISA.

Lecturas

Coincidiendo con la Junta general de Accionistas de PRISA, empresa editora del diario EL PAÍS, que iba a celebrarse el 12 de mayo de 1978 bajo la presidencia de D. José Ortega Spottorno y bajo la dirección del consejero delegado Jesús Polanco Gutiérrez, anunciaron su dimisión como consejeros D. Miguel Ortega Spottorno y D. Julián Marías Aguilera.

21 Mayo 1978

Marías y EL PAÍS

Julián Marías Aguilera

(Carta a José Ortega Spottorno)

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Gaceta Ilustrada tiene una vieja norma. No suele entrar en los conflictos suscitados en el interior de otros medios de comunicación. En el Consejo de PRISA, editora de EL PAÍS, se han venido produciendo diferencias en cuanto a la línea editorial. Uno de los efectos de tales diferencias ha sido la dimisión de don Julián Marías - ilustre académico y colaborador de Gaceta Ilustrada - de dicho Consejo. Ofrecemos, por su interés, el texto de la carta de dimisión de Marías dirigida a don José Ortega Spottorno.

En vísperas de la Junta General de accionistas de PRISA, editora de EL PAÍS, te escribo estas líneas para presentar mi dimisión como consejero de esa Sociedad. He sido desde los primeros momentos entusiasta promotor de EL PAÍS, cuando parecía tan improbable, en la modesta medida que mis recursos permiten, accionista desde la primera hora, y desde la aparición del diario, fervoroso y frecuente colaborador (80 artículos míos han aparecido hasta ahora en sus páginas).

Por todo ello, desde pronto me han preocupado riesgos que amenazaban a su calidad y fidelidad a nuestro propósito inicial para el cual nos movilizaste. Desde julio de 1976, de palabra y por escrito, he expresado a su director [Juan Luis Cebrián], a su entonces subdirector [Darío Valcárcel] y a ti mismo [José Ortega Spottorno] mi admiración, simpatía y apoyo, y también mis reservas, inquietudes o descontentos, y sobre todo algunas ideas que me parecían útiles para nuestra empresa común. Acepté también la elección como Consejero, para no rehuir ninguna forma de cooperación a la empresa.

El mes de octubre pasado, a instancias mías, se celebró un Consejo que llamé ‘cualitativo’, no sobre la marcha de la empresa sino sobre el contenido, calidad y orientación del periódico.

El 80% de los consejeros expresaron críticas muy severas sobre todo ello, como consta en el acta correspondiente. Desde entonces se han multiplicado los intentos de mejorar las deficiencias, y se han visto constantemente aplazados o desvirtuados.

Finalmente, un grupo de muy distintos accionistas, unidos de largo tiempo atrás a nuestra empresa y a todas aquellas actividades intelectuales de las que nos sentimos afines los fundadores del periódico, ha dirigido una carta a los demás miembros de PRISA para proponerles, entre otras cosas, que soliciten de la Junta de Fundadores que el ejercicio de su derecho a presentar ternas para el Consejo, concedido por la Ley de Prensa del régimen anterior (todavía vigente) sea voluntariamente suspendido de manera que la Junta recobre su soberanía y pueda elegir libremente su administración. Tu respuesta ha sido una carta gravemente injuriosa para personas que me merecen el mayor respeto y con la mayoría de las cuales me une una cordial amistad. En la última reunión del Consejo pediste con extremada insistencia – y finalmente conseguiste – que una mayoría de los Consejeros respaldara tu carta. En una nueva, que has vuelto a dirigir a los accionistas, comunicas esa adhesión y respaldo del Consejo, sin tener siguiera la delicadeza de advertir que hubo votos en contra, es decir, que no todos los consejeros opinaron de ese modo sobre nuestros compañeros y su carta.

Nunca me he sentido muy cómodo en un Consejo no elegido democráticamente, en la fecha en que estamos difícilmente se puede justificar. Hace largo tiempo que el Rey, a pesar de seguir vigente el Concordato, renunció a su derecho de presentación de los obispos, y este ejemplo podría haber sido seguido por la Junta de Fundadores. Últimamente, las fluctuaciones de actitud del Consejo muestran bien a las claras que se resiente de su origen no estrictamente democrático, y esto aumenta su escasa eficacia y acentúa mi incomodidad. Me resulta difícil pertenecer a un organismo que, al respaldar sin reservas tu carta, renuncia a sus propias críticas y avala las imputaciones que en ella haces a trece de nuestros compañeros. Por todo lo cual, prefiero renunciar a sentarme en el Consejo de PRISA y limitarme a ser un modesto accionista y un colaborador del diario, mientras a su Dirección interesen mis artículos.

Julián Marías

P. D. – Te ruego que des lectura a esta carta en la Junta de mañana, para que los accionistas conozcan los motivos de mi dimisión.

Una vida presente. Memorias de Julián Marías

Julián Marías Aguilera

1988

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Cada vez me sentía menos cómodo en EL PAÍS, su orientación se apartaba cada vez más de la que habíamos querido darle sus fundadores: era escasamente independiente, bastante poco liberal, más bien tendencioso; sus omisiones me parecían deformar el panorama, dar una información casi siempre sesgada, con una tendencia peligrosa a confundir la información con el comentario. Desde antes de su existencia pertenecía al Consejo de la sociedad que lo editaba, pero en una junta de accionistas anuncié mi dimisión, que comuniqué en una carta explicativa al presidente, mi amigo de tantos años José Ortega Spottorno. El periódico no anunció mi dimisión ni publicó mi carta. Tuve que publicarla en GACETA ILUSTRADA. Aunque sin ninguna función directiva, seguí colaborando en el que consideraba ‘mi periódico’, pero con creciente resistencia: mis artículos fueron menos frecuentes.

22 Julio 2007

Julián Marías creyó que él podía marcar la línea de ruta de EL PAÍS.

Jesús Polanco Gutiérrez

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Esto de la independencia crea muchas reticencias y muchas resistencias, y comprendo que mi independencia al frente de EL PAÍS, que es la más importante de las empresas en las que he trabajado, ha creado muchos quebraderos de cabeza a quienes les hubiera gustado verme más domeñable…

Esa que buscaba, en este caso, no era mi propia independencia, sino la del medio… Y había que buscarla de acuerdo a criterios profesionales… Algunos creían que desde fuera se podía dirigir la línea editorial del periódico, y reitero que están equivocados los que tengan esa sensación… Esa frase que refiero a veces, que se dijo en un Consejo y que explicaba que el barco había sido lanzado para ir a Nueva York y en realidad nos estaba llevando a Buenos Aires, es de Julián Marías, un hombre sin duda brillante, que creyó, seguramente con la mejor buena voluntad, que en efecto él podía marcar la línea de ruta de EL PAÍS… Él estaba en el Consejo que creó Ortega y desde esa posición trató de liderar intelectualmente la operación de EL PAÍS… Pero ese Consejo no lideraba intelectualmente nada, no tenía por qué hacerlo… EL PAÍS, repito, era consecuencia del trabajo de un equipo de profesionales, con un director al frente, y éste y no ningún otro era el que tenía la responsabilidad de llevar el periódico a puerto, al puerto que él decidiera… Y, además, como le decía Jesús de la Serna a Juan Luis Cebrián, «tenía que comer solo en su camarote»…

Es esa imposibilidad de compadecer su idea con la realidad la que fue distanciando a Julián Marías de EL PAÍS, incluso de sus páginas, que abandonó… Me parece que tampoco entendió nunca cómo funcionaba un periódico, y eso fue lo que le llevó a aplicar a nuestro derrotero aquel símil marino… Aquellos planteamientos de desviacionismo a los que él dio nombre provocaron su ruptura y su salida, y ya después no quiso seguir vinculado al periódico… Así fue la historia…

El Análisis

ADIÓS AL SUEÑO ORTEGIANO

JF Lamata

La ruptura de Julián Marías evidenciaba una realidad sobre el periódico EL PAÍS y que aquel diario no iba a ser el continuador de EL SOL de José Ortega y Gasset. Era una nueva realidad, y una nueva realidad en la que el periódico se iba a identificar como un ‘periódico independiente’, pero con una orientación progresista similar a los periódicos Le Monde (Francia), The Guardian (Reino Unido) o La Repúbblica (Italia).

Marías acertaba a que había un cambio de línea al proyecto inicial, pero se equivocaba al culpar de ello a la ‘Junta de Fundadores’, ni ellos ni un Ortega Spottorno cada vez más débil era el responsable. El poder real de PRISA lo tenía el ‘tándem’ Jesús Polanco – Juan Luis Cebrián. Y ellos habían tenido que no había espacio para un periódico liberal, pero sí había espacio para un periódico socialdemócrata: y ese será su triunfo.

J. F. Lamata