21 septiembre 1976

Junto al ex ministro de Salvador Allende fue asesinada su ayudante, Ronni Moffitt

La dictadura chilena de Pinochet asesina al jefe de la oposición, Orlando Letelier, en su exilio de Estados Unidos con una bomba

Hechos

El 21.09.1976 murió Orlando Letelier en Estados Unidos.

Lecturas

Carlos Prats murió asesinado en septiembre de 1974. 

El ex embajador chileno Orlando Letelier, exiliado desde hace dos años y en la actualidad residente en Washington, ha muerto al estallar una bomba en el interior de su automovil, en el distrito diplomático de la capital norteamericana.

Hace diez días, en virtud de un decreto del dictador de Chile, Augusto Pinochet, había sido privado de su ciudadanía. ‘La acción de los militares fascistas contra mí – dijo ese mismo día en un acto celebrado en el Madison Square Garden de Nueva York – me hace sentir más chileno que nunca».

Letelier, que presentía un atentado contra su vida, había manifestado sus temores públicamente, en declaraciones que fueron recogidas por la prensa norteamericana.

Se lo habían advertido por otra parte las propias autoridades de Estados Unidos cuando revelaron la llegada en el mes de mayo de agentes de la DINA, la siniestra policía secreta chilena. Un funcionario de la misma organización acompañado de varias personas habría llegado a Nueva York el mes pasado: así parece confirmarlo una investigación conducida por el FBI.

EL diplomático asesinado que después de la caída de Allende permaneció un año en la cárcel sin que nadie le juzgara ni le acusara, pudo salir de Chile gracias a una mediación personal de Estados Unidos.

Observadores de la situación política chilena coinciden en señalar que la presencia y la actividad opositora de Letelier en Estados Unidos constituían el mayor peligro con que se enfrentaba la Junta Militar que ostenta el poder en Chile presidida por el dictador Pinochet.

No es el primer atentado cometido contra opositores chilenos en el exilio. Similar en su ejecución fue el perpetrado contra el general Carlos Prats, ex comandante en jefe y ministro de Defensa chileno, que murió asesinado en Argentina, junto con su esposa, al estallar una bomba en su coche. No hay exilio seguro para los enemigos de Pinochet.

LA SOMBRA DE LA DINA

ManuelContreras  La temida DINA, policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet, que dirigía Manuel Contreras, fue señalada desde el principio como responsable de aquel crimen.

Gustavo Leigh abandona la junta militar de Chile en julio de 1978.

10 Febrero 1979

Pinochet implicado en el asesinato de Letelier

THE NEW YORK TIMES (A. M. Rosenthal)

Leer

El embajador de Estados Unidos en Chile ha transmitido a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) una información según la cual el presidente chileno, Augusto Pinochet, pidió personalmente al Gobierno paraguayo que facilitara pasaportes falsos a dos individuos que posteriormente han resultado implicados en el asesinato de Orlando Letelier, ministro de Asuntos Exteriores durante el Gobierno constitucional de Salvador Allende.De acuerdo con fuentes oficiales y medios jurídicos relacionados con la investigación del asesinato de Letelier, el embajador George W. Landau, actualmente al frente de la embajada norteamericana en Santiago de Chile, informó a la FBI que un alto funcionario paraguayo le aseguró que Pinochet llamó por teléfono al presidente Alfredo Stroessner para pedirle pasaportes falsos para dos agentes chilenos.

El jueves pasado, durante la vista del juicio que se sigue en Washington contra tres exiliados cubanos acusados de la muerte de Letelier, Landau prestó testimonio, pero sólo dijo que el pedido de pasaportes había partido de un sector de «alto nivel» del Gobierno chileno.

Sin embargo, varias personas que han tenido acceso al sumario preparado por la FBI sobre la entrevista de los investigadores con elembajador sostienen que Landau dijo que Conrado Papalardo, consejero íntimo de Stroessner, fue quien le informó que el pedido había sido hecho directamente por el dictador chileno.

El Análisis

EL TERRORISMO PINOCHETISTA CRUZA FRONTERAS

JF Lamata
El 21 de septiembre de 1976 una bomba destrozó un automóvil en Washington D.C., matando al exiliado chileno Orlando Letelier, exministro de Salvador Allende, y a su joven asistente estadounidense, Ronni Moffitt. La autoría apunta directamente a la DINA, la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet, dirigida por el general Manuel Contreras y ejecutada, según fuentes, por el brigadier Pedro Espinoza. Este no es un crimen cualquiera; es un acto de terrorismo descarado perpetrado en el corazón de la capital estadounidense, un desafío tan brazen como escalofriante. Letelier, un diplomático y economista que desde su exilio denunciaba incansablemente las atrocidades del régimen, se convirtió en un blanco demasiado peligroso para Pinochet. Pero al asesinarlo en suelo norteamericano, junto a una ciudadana estadounidense, la dictadura no solo silencia una voz; expone su hipocresía y pone a prueba la paciencia de Washington, su supuesto aliado en la cruzada anticomunista.
La ironía es sangrante. Pinochet justifica su régimen ante Estados Unidos como un baluarte contra el caos de la izquierda radical, alegando que su mano dura protege el orden frente a las “bandas armadas” marxistas. Sin embargo, este atentado, perpetrado con la brutalidad de un coche bomba en Sheridan Circle, revela la verdadera cara del régimen: una máquina de terror que no distingue entre disidentes en Chile o en el extranjero, y que no duda en recurrir a métodos que harían sonrojar a cualquier guerrillero. Letelier, que como embajador y ministro de Allende abogó por un socialismo democrático, era una amenaza por su capacidad de movilizar la opinión internacional contra Pinochet. Su asesinato, junto al de Moffitt, una joven de 25 años sin ninguna conexión con la política chilena, no es solo un crimen; es un mensaje a todos los exiliados: nadie está a salvo, ni siquiera a miles de kilómetros de Santiago.
Este acto sacude no solo a la comunidad chilena en el exilio, sino a la conciencia de un mundo que empieza a cuestionar el respaldo tácito de Estados Unidos a Pinochet. La DINA, con Contreras y Espinoza a la cabeza, opera como un cártel criminal, y este atentado en Washington—el primero de su tipo en suelo estadounidense—es una bofetada a la administración de Gerald Ford, que ha tolerado a Pinochet como un mal necesario en la Guerra Fría. Pero la muerte de Moffitt, una ciudadana estadounidense, complica el silencio cómplice de Washington. Mientras los responsables de la DINA siguen impunes, protegidos por un régimen que no caerá pronto, Letelier y Moffitt se suman a una lista de víctimas que incluye a Carlos Prats y tantos otros. La justicia para ellos parece lejana, pero su sangre en las calles de Washington es un grito que el mundo no puede ignorar. ¿Cuánto más permitirá Estados Unidos que su “aliado” Pinochet manche sus manos, y las suyas, con terrorismo? En este septiembre de 1976, Chile exporta su tragedia, y el mundo debe decidir si mira hacia otro lado.
JF Lamata