8 septiembre 1986

Respuesta del pinochetismo al atentado contra el dictador ocurridos dos días antes

La dictadura de Augusto Pinochet asesina a balazos periodista opositor José Carrasco, director de la revista ‘Análisis’

Hechos

El 8.09.1986 apareció el cuerpo de D. José Carrasco, en una zona periférica de Santiago con 10 tiros en la cabeza tras haber sido detenido por agentes de la policía.

Lecturas

El atentado contra el General Pinochet supuso una nueva oleada de represión que incluyó el asesinato del periodista D. José Carrasco.

El Análisis

Un periodista asesinado para sembrar el miedo

JF Lamata

El asesinato del periodista José Carrasco Tapia, cometido en la madrugada del 8 de septiembre de 1986, pocas horas después del atentado fallido contra Augusto Pinochet, constituye uno de los episodios más sombríos de la dictadura chilena. Carrasco, director internacional de la revista Análisis, antiguo militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y posteriormente vinculado al Partido Comunista, era conocido por su periodismo de denuncia contra las violaciones de los derechos humanos y por su firme oposición al régimen militar. Fue sacado de su domicilio por agentes de seguridad, junto a otros opositores, y apareció horas después acribillado a balazos en las afueras de Santiago. Durante años el crimen permaneció envuelto en la impunidad, pero la transición democrática permitió esclarecer los hechos: las investigaciones judiciales determinaron que el asesinato formó parte de una operación de represalia organizada por la Central Nacional de Informaciones (CNI) tras el atentado contra Pinochet. Varios altos mandos y agentes de ese organismo, entre ellos el general Hugo Salas Wenzel, fueron condenados años después a largas penas de prisión como autores o responsables de los homicidios. La muerte de José Carrasco simboliza así el precio que pagó una parte del periodismo chileno por ejercer la libertad de informar bajo una dictadura y demuestra que, aunque la justicia tardó décadas en llegar, aquel crimen no quedó finalmente impune.

J. F. Lamata