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Las verdaderas causas del siniestro nunca pudieron ser aclaradas

La explosión del dirigible Hindemburg sobre Lakehurst (Estados Unidos) pone fin a la era de este tipo de vehículos aéreos

HECHOS

El 6 de ayo de 1937 el dirigible ‘Hindemburg’ se consumió entre llamas sobre Lakehurst.

Un folleto de propaganda de la empresa explotadora del ‘Hindemburg’ rezaba: «Ver el mundo desde arriba en un tranquilo dirigible, que avanza por el éter, es una experiencia incomparable». Ya habían tenido ocasión de comprobarlo quienes habían cruzado el Atlántico en el ‘Graf Zeppelin’, el predecesor del ‘Hindenburg’ en una travesía de dos días y medio, es decir, la mitad del tiempo invertido por los más modernos buques de pasajeros de la época.

A finales de 1935 el ‘Graf Zeppelin’ que había realizado 194 viajes transoceánicos y una vuelta al mundo había transportado cerca 28.000 personas con seguirdad y rentabilidad.

El 6 de mayo de 1937 el ‘Hindemburg’ se acercó, durante su décima travesía por el Atlántico, a los postes que había a lo largo del campo de aterrizaje en Lakehurst, Estados Unidos. Eran las 19.25, y la salida había tenido que retrasarse unas horas debido a una fuerte viento frontal procedente de Terranova y a una tormenta en territorio estadounidense. Con todo, los pasajeros disfrutaban de una agradable travesía, tal como prometía el folleto: «Libre de los moletos movimientos del barco, como los balanceos y los cabeceos».

Todo parecía transcurrir con normalidad, cuando la tripulación de la nave maniobró en dirección a un poste, y desde una altura de 90 metros lanzó la cuerda. De pronto se hizo visible un brillo en la popa, y una llamarada atravesó la estructura, los tanques de gas estallaron, y la nave se precipitó al suelo. En cuestión de minutos, el dirigible se convirtió en un revoltijo de hierros candentes. Un testigo relató: «Sólo podría comparar la explosión con una escena cinematográfica».

Las verdaderas causas del siniestro nunca pudieron ser aclaradas. En cualquier caso, el incendio acabó con el uso comercial del dirigible. Una semana más tarde, Hitler decretó la prohibición de volar para todas las naves cargadas con hidrógeno. Los pasajeros dirigieron entonces su atención a las aeronaves que ofrecían sus servicios transatlánticos desde 1937, mucho más seguras y capaces de atravesar el océano en 17 horas.

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