27 julio 1979

En una redada realizada por los antiguos hombres del comisario Roberto Conesa

La policía detiene a dos de los terroristas del GRAPO responsables de la matanza de California 47: Alfonso Rodríguez García y Carmen López Anguita

Hechos

El 27 de julio de 1979 se hizo pública la detención en Madrid de D. Alfonso Rodríguez García y Dña. María del Carmen López Anguita.

29 Julio 1979

Policías y policías

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera Cortázar)

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LA DETENCION de los supuestos » autores del atentado contra la cafetería California 47 ha constituido un verdadero éxito policial. La opinión pública se verá tranquilizada un punto con esta acción que ha permitido la localización y detención de los terroristas con vida. La posibilidad de aclarar realmente en qué consisten los GRAPO pasa por la acción de los tribunales y por una investigación seria sobre la sospecha de utilización de al menos algunos elementos de este grupo terrorista por agentes de causas más explícitas y menos idealistas que la revolución o la libertad.El jefe superior de Policía de Madrid y los inspectores a sus órdenes han realizado, pues, un buen servicio. Pero la declaración del propio comisario Pastor sobre el hecho de que una filtración informativa desbarató la posibilidad de detener al cerebro de los GRAPO ha puesto de relieve la existencia de una brigada inútil, la especial operativa, heredada de la tenebrosa social de la dictadura que bajo el título pomposo del antiterrorismo ha. cosechado fracaso tras fracaso y provocado incidente tras incidente. La jubilación de su fundador, el superagente Conesa, no basta para consolar a cuantos desean una policía moderna y democrática. Conesa no era un individuo aislado, sino un maestro de cierta forma de hacer las cosas. Las sevicias y malos tratos realizados por numerosos inspectores de la brigada político social franquista, y no sólo durante el antiguo régimen, responden a una concepción determinada de la función policial que entraña de suyo un abuso de poder, una falta de respeto a los derechos humanos y un menosprecio de las leyes.

Ayer publicaba EL PAIS algunas de las contradicciones, o puntos oscuros que estos nuevos antiterroristas, con largo expediente de antidemócratas, han protagonizado en los últimos tiempos. No cumplieron -pudiendo- con su deber en la detención ordenada por los jueces del fascista Angel Sierra, no protegieron la vida del magistrado Cruz Cuenca, que resultó asesinado, y truncaron otra operación de la policía madrileña contra los GRAPO, matando de un tiro a Delgado Códex… Estos policías, algunos de los cuales, como su propio ex jefe, disfrutan a un tiempo con el misterio y la publicidad, dan entrevistas a la prensa, se convierten en mitos o contra mitos y ocupan las primeras paginas de los periódicos de la ultraderecha, son al tiempo los que causan el descrédito de su cuerpo, entorpecen la acción de sus compañeros e irritan la opinión de los ciudadanos.

El jefe superior de Policía llamó «traidor» al funcionario que hubiera filtrado a la prensa la noticia de la detención de los GRAPO. Pero el comisario Pastor sabe, como tanta gente sabe, que no se trata de la existencia de un traidor aislado, sino de la necesidad de sanear un sector, probablemente mínimo pero muy activo, de policías a lo Conesa. En una palabra, de hacer lo que el ministro Martín Villa no quiso, no supo o no pudo hacer.

Por lo demás, el éxito policial de hace un par de días y la ineficacia probada de la Brigada Especial Operativa pone de relieve lo innecesario de que ésta exista. No se puede mantener por más tiempo una situación en la que parece como si el Estado necesitara poner policías que vigilen a otros policías y en la que la benevolamente llamada desconexión entre brigadas haga infundir más sospechas. Llévese a casa el señor Conesa, con su jubilación, su brigada, sus discípulos y sus sistemas.

El Análisis

López Anguita, asesina

JF Lamata

Carmen López Anguita era responsable de algunos de los atentados más brutales del GRAPO, entre ellos el de la calle California 47, que dejó un reguero de víctimas inocentes. Como en otros episodios del terrorismo de extrema izquierda de aquellos años, la violencia no distinguía objetivos: policías, militares o simples civiles quedaban expuestos a una estrategia que buscaba desestabilizar el sistema democrático naciente mediante el terror indiscriminado.

El perfil de estos militantes refleja la deriva de un sector que, bajo la retórica del marxismo-leninismo, optó por la lucha armada como vía para imponer un proyecto político minoritario. Lejos de cualquier legitimidad social, los GRAPO actuaron al margen de la evolución de la izquierda española, que en aquellos años apostaba de forma mayoritaria por la participación democrática. Las condenas judiciales que recayeron sobre sus miembros respondieron a la gravedad de unos crímenes que dejaron muertos, heridos y una profunda huella de dolor. En el caso de López Anguita, su trayectoria posterior —sin muestras de arrepentimiento y con nuevas detenciones ya en etapas avanzadas de su vida— evidencia hasta qué punto el fanatismo puede enquistarse más allá de cualquier reconsideración moral.

Resulta especialmente trágico que quienes se presentaban como “revolucionarios” acabaran siendo recordados exclusivamente por la sangre derramada. María del Carmen López Anguita creyó combatir por una causa histórica, pero su legado no es otro que el de haber contribuido a sembrar el miedo y la muerte, incluso mediante actos tan indiscriminados como la colocación de bombas en espacios civiles.

J. F. Lamata