3 junio 1996
Gran repercusión interncional (y malestar en la Casa Real) a la difusión de las imagenes tomadas por el fotógrafo Hugo Arriazu (de la Agencia System Press)
La revista PRONTO publica las fotos del romance del Príncipe heredero español Felipe de Borbón y Gigi Howard en una playa

Hechos
- En junio de 1996 la revista PRONTO publicó unas fotografías del Príncipe Felipe de Borbón durante sus vacaciones en un isla del Caribe durante la Semana Santa del año 1995.
Lecturas
En junio de 1996, la revista Pronto, editada por Publicaciones Heres, empresa del grupo de Mariano Nadal Grañán y dirigida por Antonio G. Abad, publicó un amplio reportaje fotográfico sobre las vacaciones que el príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, había disfrutado durante la Semana Santa de 1995 con la estadounidense Giselle «Gigi» Howard en la isla de San Martín, en el Caribe. Las imágenes mostraban al heredero de la Corona española y a su acompañante en actitud cariñosa, abrazándose y disfrutando de la playa. Howard, nacida en Georgia en 1972, había trabajado como modelo y cursaba estudios en Nueva York. Según las informaciones difundidas sobre la relación, ambos se habían conocido en Estados Unidos a través del círculo de Pablo de Grecia, primo del príncipe Felipe, y de su entonces prometida Marie-Chantal Miller. El viaje al Caribe había provocado ya una controversia en 1995, cuando se publicaron las primeras fotografías de la pareja: la Casa Real había explicado que el príncipe no pasaría aquellas vacaciones con su familia en Mallorca por sus obligaciones académicas en Washington, mientras las imágenes lo situaban en el Caribe. Durante semanas, la identidad de la joven fue objeto de especulaciones, hasta que la prensa española la identificó como Gigi Howard en el verano de 1995. En diciembre de aquel año, la revista Tiempo todavía describía su relación como algo más que un encuentro pasajero. Sin embargo, nunca hubo un anuncio oficial de noviazgo. En agosto de 1996, Howard negó ante un tribunal estadounidense que fuera novia del príncipe, aunque testimonios de su entorno y declaraciones posteriores han sostenido que existió una relación sentimental. No se conoce una fecha exacta y públicamente confirmada de ruptura: algunas reconstrucciones posteriores sitúan su final entre 1996 y 1997.
Las fotografías habían sido obtenidas por Carlos Hugo Arriazu, un joven fotógrafo español que trabajaba para la agencia System Press, dirigida por su padre, Santiago Arriazu, veterano profesional de la prensa del corazón. Según el propio fotógrafo, había seguido durante meses los movimientos del príncipe Felipe mientras este estudiaba en Estados Unidos y consiguió localizarlo en San Martín gracias a una información recibida de sus contactos. Allí fotografió a la pareja durante sus vacaciones. Una parte del material fue difundida en 1995, pero la serie más comprometida desde el punto de vista sentimental adquirió especial notoriedad cuando Pronto publicó 26 imágenes en junio de 1996. El interés periodístico de las fotografías residía tanto en mostrar una relación privada del heredero como en las dificultades que había tenido la prensa para obtener información sobre sus acompañantes y desplazamientos. La operación convirtió a Arriazu y a su agencia en protagonistas de una exclusiva de gran repercusión, aunque la cantidad que Pronto o Publicaciones Heres pagaron por los derechos de publicación no ha podido establecerse mediante documentación pública fiable. Por ello, no sería riguroso atribuir a la revista un desembolso concreto en pesetas sin disponer de una declaración de los participantes, una factura o una información contemporánea que identificase expresamente el importe.
La historia fotográfica tuvo, además, una prolongación judicial que terminó adquiriendo tanta notoriedad como las propias imágenes. Arriazu había viajado a Nueva York para averiguar la identidad de la acompañante del príncipe y obtener más información sobre su relación. El 19 de junio de 1995 fue detenido por las autoridades estadounidenses en el marco de una investigación por la intervención ilegal de las conversaciones telefónicas de Gigi Howard, en la que también figuraba el detective privado Carlos Fernández. El fotógrafo negó haber ordenado o realizado las escuchas y sostuvo que se pretendía descubrir sus fuentes periodísticas. El proceso judicial llegó a juicio en el verano de 1996, precisamente cuando las fotografías publicadas por Pronto habían vuelto a situar la relación en el centro de la actualidad. El 5 de agosto de 1996, Howard compareció ante el tribunal y negó que fuera entonces novia del príncipe. Días después, un jurado declaró culpables a Arriazu y al detective por los delitos relacionados con la intervención telefónica. El fotógrafo terminó ingresando en prisión y recuperó la libertad en diciembre de 1996, después de permanecer encarcelado aproximadamente dos meses y medio. El caso mostró hasta qué punto la competencia por las exclusivas sobre la Familia Real podía desembocar en conflictos entre el derecho a la información, la intimidad de los protagonistas y los métodos empleados para conseguir noticias.


02 Junio 1996
¿Gigi ante el juez?
Mañana es el día señalado. Tras cinco aplazamientos consecutivos, Carlos Hugo Arriazu, el fotógrafo español detenido hace un año en Nueva York por el «pinchazo» telefónico a Gigi Howard, verá la cara al juez. Al menos eso es lo que espera. El y también su padre, el periodista Santiago Arriazu, que nunca ha dudado de la inocencia de su hijo y que está gastando tiempo y dinero en descubrir lo que hay detrás de lo que él califica como «montaje».
No son los únicos personajes del día en Nueva York. Es más, la máxima expectación la suscita la protagonista involuntaria de la historia, la norteamericana Giselle Howard, Gigi para sus íntimos, incluido el príncipe Felipe.
¿Se presentará Gigi ante el juez o se retrasará el juicio? Es la misma pregunta que ha mantenido en vilo a la familia Arriazu desde que estalló el escándalo. «Su presencia es vital para que se celebre el juicio. Tiene que comparecer para decir que no autorizó el «pinchazo»», asegura Santiago. Posibilidad muy remota para los que saben algo de prensa rosa y familias reales.
La razón es bien sencilla. Si son ciertos los rumores que la relacionan sentimentalmente con el Príncipe, su comparecencia ante el tribunal rebajaría sus posibilidades de ceñirse un día la corona española. Nunca se ha visto a una reina o aspirante a reina delante de un juez.
Y las apuestas por Gigi aumentan cada día. Tiene 24 años, cuerpo de modelo y una abuela materna que certifica la interesada relación entre su nieta y el aspirante a rey. Sin pasado sentimental, cuatro años más joven que el Príncipe e íntima amiga de Marie Chantal Miller, la millonaria esposa de Pablo de Grecia. Estas son sus bazas, según los expertos. Y más después de la visita privada que realizó hace apenas un mes a Madrid y en la que, según se especula, pudo entrevistarse con los Reyes.
Conoció al Príncipe en Nueva York y con la ciudad de los rascacielos como aliada, consiguieron burlar el acoso de la prensa. Hasta que aparecieron las primeras fotos. En Zarzuela no sentó muy bien que en abril del año pasado la revista Hola publicara un reportaje en el que se veía a la pareja disfrutando de unos días en la isla de Saint Martin, en el Caribe. Otras imágenes más comprometedoras aguardan su difusión. La evidencia desmontaba la versión oficial de que el Príncipe no acudía a Marivent por causa de los estudios. «Sin vacaciones de Semana Santa en Palma de Mallorca porque el Príncipe debía estar en Washington», rezaba el comunicado. Pero las fotos de Carlos Hugo Arriazu evidenciaron decían otra cosa.
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Fotos polémicas
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Se publicaron las menos íntimas y, sin embargo, se armó un gran revuelo. Aún no se sabía la identidad de la joven y bella acompañante del Príncipe y los rumores se desataron. Se habló de Viviana Corcuera, una millonaria mexicana con la que se relacionó a don Felipe en 1994. Su madre lo desmentiría rápidamente.
El interés de Hugo por completar la historia que había iniciado, sumado al olfato periodístico de su padre, llevaron a este joven fotógrafo de 24 años hasta Nueva York. La razón es bien sencilla. Siguiendo órdenes de Arriazu senior, Hugo debía identificar a la joven y descubrir cuáles eran sus verdaderas relaciones con el Príncipe.
Fue el principio del fin para Hugo y el comienzo de uno de los episodios más oscuros de un serial que aún no ha terminado. El 19 de junio de 1995, Hugo es detenido en Nueva York acusado de haber «pinchado» el teléfono de Gigi. Arrestado durante dos días, y obligado a permanecer en EEUU hasta la celebración del juicio, nadie se atreve a asegurar que el final del serial esté próximo. Más conociendo cómo se han desarrollado los hechos.
Según el testimonio del propio Santiago Arriazu, fueron los detectives que contrató en Miami y no su hijo quienes grabaron de forma ilegal la conversación. Y fue la policía de Nueva York quien facilitó los servicios de un técnico de telefónica para que el «pinchazo» se realizara con garantías de calidad. Se ha demostrado, también, que uno de los implicados era confidente de la Policía y que ésta, a su vez, mintió al gran jurado, encargado de determinar si con las pruebas que se presentan hay o no juicio.
El propio fiscal, John Ortiz, ha sido relevado del caso por proponer a sus superiores que se intente llegar a un acuerdo sin necesidad de juicio. Además, Gigi nunca ha presentado una denuncia. «Y sin denuncia, no puede haber juicio», se apresura a aclarar Arriazu.
«Todo está resultando muy extraño, pero con juicio o sin él estamos dispuestos a llegar hasta el final y descubrir la verdad. Alguien tendrá que pagar el daño profesional y personal que se nos ha hecho», añade.
No se atreve a acusar a nadie. Menos sin tener pruebas concluyentes. Pero se hace una pregunta: «¿No resulta curioso que el detenido sea mi hijo, el mismo que obtuvo en exclusiva las fotografías de la luna de miel de los duques de Lugo en Sidney o las del Príncipe con Gigi en la isla de Saint Martin? Evidentemente, con estos reportajes ha dejado en ridículo a los servicios de seguridad de Zarzuela».
La batalla le está resultando muy cara. La estancia de Hugo en Miami, los continuos viajes a Nueva York para asistir a un juicio que se suspende en el último minuto y las dietas de los abogados norteamericanos -nada menos que 30.000 pesetas por hora- le han supuesto un desembolso que ronda los 15 millones de pesetas. Sin contar los gastos que le esperan si no se soluciona el conflicto.
Y tampoco le hace demasiada gracia que el resto de sus intereses profesionales se vean mezclados en el asunto. Por ello, quiere dejar muy claro que Hugo, su hijo, es un trabajador de System Press y que Paramedia es otro proyecto más ambicioso que, además de incluir lo relacionado con prensa, abarca otros campos vinculados a la publicidad, asesoría, creatividad o relaciones públicas.
Mientras, Hugo no ha perdido el tiempo en Miami. Regresó a España en Navidad durante cuatro semanas, pero volvió a Estados Unidos para no infringir la ley. Esta misma semana ha inaugurado una exposición de fotografías artísticas en un conocido restaurante en Coral Gables, en Miami. Aunque vive solo en un apartamento, cuenta con el apoyo de amigos de la familia que también residen en Florida. Entre ellos, Raphael y Natalia Figueroa. Pero sufre. Al menos eso dice su padre, que habla con él casi a diario. «Es un chico muy sensible y lo que más le duele es el perjuicio económico que todo esto está causando a la familia».
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Primera situada
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Nadie apuesta un duro sobre si Gigi se presentará mañana ante el juez. Un paso así debilitaría sus posibilidades de casarse con el Príncipe. Al menos, así lo ven los entendidos en asuntos de realeza. Como en Korpa, la agencia que más de cerca ha seguido esta relación. «No apostamos por nadie, pero parece evidente que todo converge hacia ella», se limitan a decir. Y especulan con las ventajas que para España tendría un matrimonio como éste. «Se repetiría la historia de Grace Kelly pero en un país de verdad», añaden.
En Zarzuela, mientras tanto, están mudos. Como mucho, algún que otro comentario de los Reyes que rápidamente desata todo tipo de interpretaciones. Que si no es imprescindible que la elegida sea de sangre real, que el casamiento debe hacerse por amor, que si ya es hora de «traspasar el negocio», dijo el propio Rey hace unas semanas, o que tampoco hay tanta prisa por casar al heredero. Fructifique o no esta relación, lo cierto es que el apellido Howard ha desplazado en las últimas semanas otros mucho más rimbombantes y con solera como los de Borbón Dos Sicilias, Austria o Liechtenstein.
El Análisis
La publicación por Pronto de las fotografías del príncipe Felipe con Gigi Howard constituye un indudable éxito periodístico para la revista de Mariano Nadal Grañán y su director, Antonio G. Abad, que han conseguido situar a una publicación popular en el centro de una noticia de repercusión internacional sobre la Familia Real española. Pero la exclusiva invita también a reflexionar sobre las particulares relaciones que mantienen las revistas del corazón con la monarquía. En ese mercado, la capacidad económica para comprar unas fotografías no constituye necesariamente el único criterio para decidir su publicación. ¡Hola!, la revista de Eduardo Sánchez Junco, dispone de un enorme prestigio, de importantes recursos y de una posición privilegiada en el tratamiento de la información sobre las casas reales europeas; precisamente por ello, una operación que pudiera deteriorar sus relaciones con la Zarzuela tendría para sus intereses consecuencias potencialmente superiores al beneficio de una exclusiva. Algo semejante podría plantearse en el caso de Lecturas o Semana, publicaciones que también dependen de sus relaciones con personajes e instituciones para obtener información, entrevistas y reportajes. No significa esto que tales revistas hayan rechazado necesariamente estas fotografías por presiones de la Casa Real, algo que no está acreditado, ni que hayan renunciado a informar sobre la relación del príncipe, de la que ya se habían ocupado. Significa que el acceso privilegiado puede constituir tanto una ventaja comercial como un condicionante editorial. En el extremo opuesto, una publicación como Interviú, habituada a informaciones más agresivas y escándalos de mayor contenido político o sexual, podía considerar que unas fotografías de dos jóvenes abrazándose en una playa no justificaban por sí solas una gran operación económica. Entre la prudencia de las revistas más vinculadas al mundo institucional y las exigencias de espectacularidad de otras cabeceras, Pronto encontraba un espacio especialmente favorable para rentabilizar aquellas imágenes. La revista ha demostrado que también se pueden obtener grandes exclusivas sin ocupar la posición más distinguida del mercado y que, en ocasiones, el mejor comprador de una información no es quien más dinero tiene, sino quien encuentra en su publicación una ventaja mayor que los riesgos que asume.
JF
