14 julio 2015
Botín pedía más apoyo de la UE al país heleno
La situación de Grecia enfrenta al banquero Jaime Botín (accionista de EL PAÍS) con su sobrino Ramón Pérez-Maura (periodista de ABC)
Hechos
Una tribuna en EL PAÍS de D. Jaime Botín-Sanz de Sautuola García de los Ríos fue replicada por su sobrino Ramón Pérez-Maura en ABC.
10 Julio 2015
Grecia, España y Europa
El 61% que votó no en el referendo griego hubiera votado sí si la pregunta hubiese sido: “¿Quiere que Grecia siga en Europa y en el euro?”. No es cierto por tanto, como han querido entender y dar a entender los austericidas más conspicuos, que los griegos rechacen a Europa. Son, más bien, ellos los que rechazan a Grecia porque, en el fondo, desean que se vaya sin comprender que un Grexit tendría consecuencias muy graves para todos los intereses en juego. Desde luego para Grecia, pero también para Europa. Y, sin embargo, algunos de los analistas mejor informados y conscientes de los males que acarrearía esa salida parecen por momentos inclinarse a pensar que eso es lo que va a ocurrir.
El razonamiento, más o menos podría resumirse así: Grecia no puede pagar sus deudas y aunque sus acreedores estarían dispuestos a dar facilidades en plazos, condiciones e, incluso, una quita, Grecia no tiene una economía capaz de salir adelante ni se justifica, en último término, el esfuerzo que conllevaría para sus socios el lograrlo. Además, dentro de seis meses, un año o dos, volveríamos a estar en las mismas. ¿Merece la pena? Yo creo que sí y creo que lo mismo debería pensar cualquiera que valore correctamente los pros y los contras.
Voy a intentar explicar por qué.
Hoy por hoy, en el tablero europeo, Grecia, aunque su economía sólo suponga el 2% del total, es una ficha de inestimable valor estratégico además de un elemento indispensable a medio plazo para concluir la construcción europea. De lo primero es muy consciente el Gobierno de Estados Unidos, que viene intentando conducir por el buen camino las negociaciones (que seguramente se habrían roto ya sin su intervención). Que Putin, o quien le suceda, deba ser contenido, que el flanco griego tiene que ser asegurado no es algo que le importe mucho a algunos dirigentes europeos que, como los que representan a nuestro Gobierno, carecen de una visión global más allá de sus inmediatos objetivos políticos, pero lo segundo debiera ser entendible para cualquier político sensato aunque su visión se limite a su propio país.
La construcción de Europa no está terminada, es un edificio al que faltan los últimos toques y si antes de dar fin al proyecto se nos cae un ala sería una muy mala noticia. Y conviene no olvidar que cada uno de los países que forman la Unión Europea sólo tiene verdadero futuro dentro de una Europa unida y solidaria. Creo que esto lo debe comprender hasta un miembro del Gobierno del PP.
De los conceptos expuestos se deduce que seguramente bastaría que los dirigentes europeos, incluidos los griegos, tuvieran en la cabeza la construcción de Europa y su futuro con los otros grandes bloques a escala mundial como objetivo prioritario, para que el problema griego se pudiera resolver sin grandes traumas. Soluciones hay. Quien lo dude puede leer el excelente artículo Cómo evitar la salida de Grecia, que acaban de publicar en estas mismas páginas Miguel Otero-Iglesias y Federico Steinberg.
Centrémonos en nuestro país y en lo que cabe hacer desde aquí. Aunque nuestro Gobierno menosprecie las consecuencias un Grexit sería algo muy grave para España, no sólo por el posible efecto contagio y las demás consideraciones de orden general, sino porque somos un país mediterráneo y Grecia es importante por razones geográficas, históricas, de defensa y de cohesión, además de las económicas.
La construcción de Europa no está terminada, es un edificio al que faltan los últimos toques y si antes de dar fin al proyecto se nos cae un ala sería una muy mala noticia. Y conviene no olvidar que cada uno de los países que forman la Unión Europea sólo tiene verdadero futuro dentro de una Europa unida y solidaria. Creo que esto lo debe comprender hasta un miembro del Gobierno del PP.
De los conceptos expuestos se deduce que seguramente bastaría que los dirigentes europeos, incluidos los griegos, tuvieran en la cabeza la construcción de Europa y su futuro con los otros grandes bloques a escala mundial como objetivo prioritario, para que el problema griego se pudiera resolver sin grandes traumas. Soluciones hay. Quien lo dude puede leer el excelente artículo Cómo evitar la salida de Grecia, que acaban de publicar en estas mismas páginas Miguel Otero-Iglesias y Federico Steinberg.
Centrémonos en nuestro país y en lo que cabe hacer desde aquí. Aunque nuestro Gobierno menosprecie las consecuencias un Grexit sería algo muy grave para España, no sólo por el posible efecto contagio y las demás consideraciones de orden general, sino porque somos un país mediterráneo y Grecia es importante por razones geográficas, históricas, de defensa y de cohesión, además de las económicas.
Jaime Botín es alumno de la Escuela de Filosofía. Fue presidente de Bankinter entre 1986 y 2002.
14 Julio 2015
Al alumno de la escuela de filosofía
“En el mundo se libra hoy una batalla crucial entre la derecha y la izquierda. Es la batalla entre el dogma del librepensador, entre la seguridad y la justicia, entre el orden y la libertad”. Quien escribía esto el pasado sábado en el diario EL PAÍS frecuenta desde hace algún tiempo esas páginas titulándose ‘alumno de la Escuela de Filosofía’, a lo que alguna vez se añade el dato – no menor – de que fue presidente de Bankinter entre 1986 y 2002. Se trata de Jaime Botín, y para que no haya lugar a equívocos me apresuro a aclarar que es mi tío.
Me pregunto yo, lego en la materia, qué escuela filosófica contrapone seguridad y justicia u orden y libertad. Yo creí que en democracias como Estados Unidos, Francia, Alemania, el Reino Unido o – con perdón para el alumno – España son elementos perfectamente compatibles.
Pienso que su preocupación por la posible exclusión de Grecia del euro probablemente indica un afecto hacia los clásicos de la antigua Grecia, tan irreconocible en la contemporánea. Más no por ello comparto su afirmación de que si antes de completar la construcción del edificio que es Europa ‘se nos cae un ala (Grecia) sería muy mala noticia’. Más bien al contrario, la lógica más elemental no enseña que es mucho mejor que se nos caiga un ala del edificio en construcción que a pleno rendimiento y con todos sus ocupantes dentro. Descalifica sin piedad a Rajoy y su Gobierno por haber apoyado en las elecciones de enero la alternativa al desastre Syriza y afirma que ‘la ideología de derechas no permite’ ver con simpatía el caso griego. Me pregunto entonces si Luis de Guindos, que se ha pasado más de una semana defendiendo sin parar la continuidad de Grecia en el euro, es de izquierdas o resulta ser el (tapado) ministro de Economía de Croacia.
Donde parece que la Escuela de Filosofía más ha influido en su alumno es en decir que el razonamiento de los ‘austericidas’ sostiene que ‘Grecia no puede pagar sus deudas y aunque sus acreedores estarían dispuestos a darle facilidades en plazos, condiciones e, incluso, una quita, Grecia no tiene una economía capaz de salir adelante ni se justifica, en último término, el esfuerzo que conllevaría para sus socios el lograrlo. Además, dentro de seis meses, un año o dos, volveríamos a estar en las mismas. ¿Merece la pena? – se pregunta – Yo creo que sí”. Grecia no puede pagar a sus acreedores y hay que seguir fiando, explica quien fue banquero. Me pregunto si en sus dieciséis años como presidente de Bankinter nunca se ejecutó el desahucio de quien no pudiera pagar su crédito. ¿Ponía él por delante de los intereses de sus accionistas los de sus clientes? Si no fue así, pero este es el fruto de su paso por la Escuela de Filosofía, agradecería que, como accionista de referencia de Bankinter que aún es, informe a la junta de accionistas de su nuevo criterio para que los modestísimos copropietarios del banco podamos decidir qué hacer con nuestros títulos.