17 septiembre 1934
Desde la creación de la URSS había permanecido aislado internacionalmente
La Sociedad de Naciones admite a la Unión Soviética como miembro dándole reconocimiento internacional tras 14 años de veto
Hechos
El 17.09.1934 la Sociedad de Naciones aprobó el ingreso de la URSS en la organización.
Lecturas
Tras agrios debates, la Sociedad de Naciones aprobó hoy el ingreso de la URSS en la organización. En su primer discurso, pronunciado en ruso, el jefe de la diplomacia soviética. Máximo Litvinov, declaró que su país acata sin reservar los principios pacifistas de la SDN.
La dictadura de Stalin agradeció el apoyo de Francia, decisivo para la admisión de la Unión Soviética en el organismo internacional.
El Análisis
Con una década de retraso, la Sociedad de Naciones ha decidido abrir sus puertas a la Unión Soviética. En septiembre de 1934, la URSS de Stalin ha sido finalmente admitida como miembro de pleno derecho en el organismo internacional creado para mantener la paz tras la Gran Guerra. El gesto tiene tanto de reconocimiento como de necesidad: se acepta a una potencia que, desde su fundación bolchevique, fue tratada con desdén y temor, pero cuya influencia internacional es ya imposible de ignorar. Sin embargo, este ingreso se produce justo cuando la propia Sociedad de Naciones muestra signos evidentes de desgaste y descrédito.
La retirada de Alemania en 1933, el desprecio creciente de Japón y las tensiones con Italia han hecho que Ginebra se vea cada vez más vacía de poder y de utilidad real. En este contexto, el ingreso de la URSS parece menos una victoria diplomática que un intento desesperado de dar peso y equilibrio a una institución en decadencia. Francia ha impulsado esta incorporación como forma de contener a la Alemania nazi, y otros estados han secundado la decisión con la esperanza de que Moscú actúe como contrapeso al fascismo creciente. Pero la paradoja es evidente: se incorpora a la Sociedad de Naciones a un régimen que reprime toda forma de pluralismo interno, que practica el terror como política de Estado y que ha renegado del orden burgués que esta Sociedad pretendía proteger.
En el fondo, más que una reconciliación entre visiones del mundo, este movimiento revela la impotencia de la Sociedad de Naciones para mantenerse fiel a sus principios fundacionales. Acoge hoy a la URSS no por convicción, sino por necesidad estratégica, en una Europa donde las alianzas ya no se basan en valores compartidos sino en miedos compartidos. Así, lo que debía ser un foro ético de naciones libres se va convirtiendo en un tablero donde las potencias juegan a contenerse mutuamente… hasta que la guerra vuelva a desbordarlo todo.
J. F. Lamata