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La UEFA y la FIFA amenazaron con expulsar a cualquier jugador que participara en la 'SúperLiga' de sus competiciones nacionales y contó con el respaldo de los gobiernos de Francia, Alemania y Reino Unido

La ‘SúperLiga’ ideada por Florentino Pérez (Real Madrid) y Agnelli (Juventus) es aplastada por la UEFA en 48 horas

HECHOS

  • El 19.04.2021 se presentó la ‘SúperLiga’ formada por 12 equipos encabezados por el Real Madrid para reemplazar a la Champions que organiza la UEFA.
  • El 22.04.2021 10 de los 12 equipos que habían firmado por la ‘SúperLiga’ anunciaron que renunciaban al proyecto.

Equipos que presentaron la SúperLiga el 19 de abril de 2021: Real Madrid (Presidencia), Juventus (Vicepresidencia), Fútbol Club Barcelona [Barça], Manchester City, Liverpool, Tottenham, Arsenal, United, Chelsea, Atlético de Madrid, Inter de Milán y Milan. Lo que suponía la presencia de los equipos de fútbol más importantes de España, Italia y Reino Unido. 

LOS GANADORES DEL PULSO

La UEFA, organizador de la Champions, presidida por el Sr. Ceferin amenazó con expulsar de sus ligas nacionales a todos los jugadores que respaldaran la SúperLiga y recurrió al poder político de países como Reino Unido o España, que le brindó su apoyo con el argumento de defender a los «equipos pequeños». El propio Sr. Ceferin descalificó a uno de los promotres del proyecto, el Sr. Agnelli, al que acusó de ‘mentiroso’.

El presidente de la Liga española, el Sr. Javier Tebas estuvo del lado de la UEFA, en la lucha para destruir la SúperLiga en 48 horas.

LOS PERDEDORES DEL PULSO

El español D. Florentino Pérez iba a ejercer de presidente de la Súper Liga como presidente del Real Madrid, mientras que los dos Vicepresidentes iban a ser el Sr. Andrea Angelli (Presidente de la Juventus y principal promotor del proyecto junto al Sr. Pérez) y el Sr.  Joel Glazer (United). Su proyecto ha sido arrasado por la UEFA.

El Vicepresidente y Director del Manchester United, Ed Woodward, anunció su dimisión, ante la decisión del club de retirarse del proyecto después de que él hubiera dado su palabra de que el equipo británico iba a estar en él.





El 21 de abril de 2021 en sendos comunicados anunciaban su abandono del proyecto denunciando presiones de la UEFA todos los equipos menos el Real Madrid y el Barça.


19 Abril 2021

Terremoto en el fútbol europeo

EL PERIÓDICO

En el básquet acabó siendo posible hacer compatible una competición que primase el espectáculo con las ligas nacionales. Pero las pasiones no son las mismas

El anuncio de la creación de una liga europea de fútbol, impulsada por los 12 clubes fundadores de la sociedad European Super League Company, ha supuesto un auténtico terremoto deportivo que está afectando a los cimientos del fútbol y que recibe, a partes iguales, encendidos elogios y agrias críticas. Este es un proyecto que ya venía gestándose desde hace tiempo y que se ha acelerado en parte por la repercusión negativa del impacto de la pandemia del covid-19 en el mundo del deporte profesional.

Se trata, en esencia, de una organización privada que nace al margen de las federaciones internacionales y que busca sacar el máximo partido económico de una nueva competición gestionada por dichas entidades, entre las cuales sobresalen el Barça, el Real Madrid, la Juve o el Manchester City y el United, al estilo de las grandes ligas profesionales norteamericanas como la NBA. Es decir, una competición de númerus clausus, aunque en este caso con un pequeño margen de participación rotatoria de equipos externos al club de fundadores, pero con la garantía que los grandes que la impulsan siempre estarán ahí, durante toda la temporada, sin tener que enfrentarse a rivales menores y con un notable margen de mejora en los ingresos que hasta ahora administraba la UEFA a través de la Champions League. Los números avalan el proyecto: una inversión inicial del J.P Morgan Chase de 6.000 millones de dólares (3.000 de entrada), con ganancias estimadas de 4.000 por temporada y con una inyección inicial de 250 a cada club, circunstancia que es clave para entender la operación. El deseo de liberarse de la obsoleta y nada ejemplar estructura institucional del fútbol, en manos de FIFA y UEFA, también.

Están por ver los detalles y los mecanismos que regirán esta aventura deportiva y empresarial, pero es, sin lugar a dudas, un paso adelante decisivo para equiparar este deporte con los que generan un mayor volumen de negocio a nivel internacional y para satisfacer los deseos de muchos aficionados que quieren ver a sus clubes compitiendo al más alto nivel durante todo el año.

No se han hecho esperar las críticas furibundas, especialmente de la UEFA, de los clubes que no intervienen en el proyecto y de las ligas profesionales de los países implicados, pero también de gobiernos como los de España, el Reino Unido y Francia. El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, ha calificado la propuesta de «vergonzosa, un escupitajo en la cara» y otras voces han proferido insultos de alto calibre. En cualquier caso, estamos hablando de una operación ambiciosa que no puede compararse directamente con la NBA (con una historia de más de siete décadas) pero sí con la Euroliga de baloncesto. En el primer momento, la FIBA reaccionó con amenazas similares a las que profieren ahora FIFA y UEFA (sanciones, expulsión de clubes, prohibiciones a los jugadores), pero 20 años después la liga europea se ha impuesto con normalidad, coexistiendo con las ligas de cada país. Está por ver qué ocurre en el fútbol. El poderío económicos de los patrocinadores de la idea (pero también la implantación social de los agraviados por ser excluidos) no tienen comparación con los intereses que se movieron en su día en el mundo del básquet. No han ninguna duda de que el proyecto asegura un espectáculo deportivo de primera. Pero ni espectáculo ni negocio bastan para asegurar la conexión con el público en un deporte tan cargado de pasiones.

19 Abril 2021

La Superliga: un paso adelante necesario para el fútbol

EL ESPAÑOL (Director: Pedro J. Ramírez)

Apenas han bastado unas pocas horas para que el anuncio de la creación de una Superliga de los mejores clubes de fútbol europeos haya desatado un encarnizado debate entre los guardianes de las esencias del deporte rey y los partidarios de dar un paso adelante similar al que ya ha dado el baloncesto con la Euroliga.

Los debates románticos acerca de la pureza futbolística original pueden tener su encanto, pero no van mucho más allá del toreo de salón.

Tampoco cabe dar mayor relevancia a esos discursos casi ideológicos que hablan del fútbol como del «deporte del pueblo». Si algo es capaz de finiquitar el fútbol en un tiempo récord es la aplicación de la dialéctica marxista más trasnochada a un deporte que genera millones de euros y decenas de miles de puestos de trabajo en toda Europa. 

Porque lo cierto es que el fútbol empezaba a dar señales de anquilosamiento frente al auge de deportes y competiciones profesionalizadas como la NBA o los deportes electrónicos (los eSports). Estos últimos con audiencias que en nada envidian a las de una final de la Champions League y que incluso la superan.

El cambio de paradigma ya está aquí y cerrar los ojos a esa realidad equivale a sentenciar de muerte al fútbol. 

El modelo de la Superliga es necesario para un cambio en un deporte que se estaba quedando obsoleto y al que la pandemia ha castigado con dureza. Con especial dureza, de hecho, en el caso de los equipos grandes, como el Real Madrid, el Manchester United o el Bayern Munich. Los equipos que sostienen las competiciones y que arrastran a los millones de espectadores que convierten este deporte en rentable.

Sin esos grandes equipos, sin sus grandes estrellas, sin su alcance mediático, sin el atractivo de su historia centenaria y sin sus gigantescas audiencias, ni el fútbol base, ni los pequeños equipos locales, ni el fútbol femenino tienen el menor futuro

Bernabéu y L’Equipe

La Superliga supondrá una nueva era para el fútbol en el siglo XXI. Como lo supuso la creación de la primera Copa de Europa (por aquel entonces llamada Copa de Clubes Campeones Europeos) por Santiago Bernabéu y el diario L’Equipe en 1955. También aquella fue una idea innovadora que rompió esquemas.

La Superliga es, además, un paso lógico para unos equipos que necesitan generar más ingresos de los que aseguran actualmente las pequeñas ligas locales. Son los clubes grandes los que pagan a los mejores jugadores y arriesgan su patrimonio con ellos.

Y son las selecciones nacionales las que se aprovechan de esos jugadores a coste prácticamente cero, sin asumir responsabilidad alguna por las lesiones o el agotamiento de unos deportistas a los que se exprime más allá de lo razonable. 

La creación de la Superliga europea es, en fin, una buena noticia para el fútbol. Por más que la UEFA decida poner trabas a la creación del torneo, incluso con amenazas rocambolescas por boca de su presidente, el esloveno Aleksander Ceferin, esta es ya un hecho. 

En lugar de intentar asustar a los jugadores que compitan en la Superliga con la hipotética exclusión de sus selecciones, haría bien la UEFA en llegar a unos acuerdos mínimos que eviten una ruptura perjudicial para el fútbol y sus aficionados. Porque, ¿cómo sería una selección española sin Marco Asensio o una alemana sin Toni Kroos

Las mencionadas amenazas de la UEFA a los equipos fundadores son poco más que la señal de su impotencia frente al fin de un modelo que le beneficia y la llegada de un nuevo paradigma que amenaza su vieja hegemonía. Veremos en qué queda la Champions, y cuál es su prestigio y su atractivo futuro, si se excluye de ella a los principales equipos del continente. 

Un paso de gigante

La Superliga aglutinará a los mejores jugadores del mundo y en ella participarán la mayoría de los equipos europeos de verdadero alcance mundial: Real Madrid, Chelsea, Liverpool, Manchester United, Juventus y A.C. Milan entre ellos.

La noticia de que el banco de inversión JP Morgan financiará el torneo que disputará la hegemonía a la Champions, una información de la que apenas se conocen más detalles de momento, es una señal más de que el torneo no es una ocurrencia, sino un proyecto sólido que ha llegado para quedarse

Nada habla mejor del futuro que le espera a la Superliga que presidirá Florentino Pérez que las subidas de los dos únicos clubes miembros que cotizan en bolsa. La Juventus, cuyas acciones han subido un 13,4%, y el Manchester United, cuyas acciones han subido un 6%.

La Superliga beneficia a aficionados, clubes y jugadores. El fútbol, con ella, da un paso de gigante.

19 Abril 2021

Florentino no soltará el hueso de la Superliga, y menos con amenazas

Joaquín Maroto

La Superliga ha llegado para quedarse. Ya dije que cuando Florentino pega un hachazo es para tirar un pino. El presidente del Madrid lleva 20 años detrás de este proyecto y ahora no va a soltar el hueso. Y menos con amenazas. Que se ande con tiento Ceferín, no vaya a ser que en vez de echar a los SuperClubes de Europa sean los SuperClubes los que echen a la UEFA.

Estaba previsto que la Superliga arrancase en la temporada 2022-23, pero ahora puede que se adelante un año. Dependerá del papel que tome en esto la FIFA. De momento, públicamente, está a favor de la UEFA. Pero, internamente, su posición es otra. La FIFA sabe que amenazar a los grandes clubes de LaLiga, la Premier y la Serie A (a los que pronto se unirán los franceses y alemanes) con dejar a sus futbolistas fuera del Mundial es como escupir al cielo. Los SuperClubes concentran el 90% de los grandes futbolistas del mundo. Sin ellos el Mundial se viene abajo. El tiempo que gaste la FIFA es desmentir esto será más del que los hechos tardarán en confirmarlo.

En el fútbol internacional no escapa a nadie que los presidentes de la FIFA y de la UEFA se llevan a matar. Sin embargo, las relaciones entre el presidente de la Superliga, Florentino Pérez, y Gianni Infantino son estupendas. Cuando la UEFA amenaza con echar a los rebeldes de la Eurocopa no calcula que esa amenaza la desactiva un Mundial cada dos años. Eso para la FIFA supondría doblar sus ingresos. Los SuperClubes no pondrían pega alguna para cederle sus jugadores, cosa que sí harían con la UEFA. Pero no quiero adelantarme a los acontecimientos.

El otro argumento, el de la solidaridad, la igualdad y la libertad que emanan de la UEFA es, simplemente, para no echar gota. Ninguno de esos valores ha salido nunca de la FIFA ni de la UEFA. Sus dos últimos presidentes, Blatter y Platini, fueron inhabilitados por corrupción. La única vez en la historia que el FBI ha entrado en Suiza fue para llevarse en una cuerda de presos a la cúpula de la FIFA. Cómo sería el tema para que los americanos cruzaran el charco sólo para eso, con las cosas que debe haber escondidas en Suiza…

20 Abril 2021

La Superliga consagra un tiempo lamentable

Santiago Segurola

Es la época que bendice el poder de unos pocos y convierte al resto en súbditos

La nueva Superliga europea, organizada por una asociación de 12 clubes, entre los cuales figuran Real Madrid, FC Barcelona y Atlético de Madrid, cambia de un plumazo la escala del fútbol, que adquiere la estructura vertical y clasista del absolutismo aristocrático y abandona la pulsión transversal y hasta cierto punto solidaria que lo presidió desde su fundación en el siglo XIX.

Es un abandono tristísimo, pero inevitable. Sin la menor consideración, no ya ética, sino estética, el anuncio de la creación de este exclusivo club de fumadores se ha producido en el horror de una pandemia. Se corresponde con unos tiempos salvajes, definidos por la codicia y la desigualdad. Es la época que bendice el poder de unos pocos y convierte al resto en súbditos, obligados a doblar el espinazo y expresar el agradecimiento por su lamentable realidad.

Presidida por Florentino Pérez, estratega y principal impulsor de la idea, la Superliga es el lujoso juguete de un pequeño grupo de oligarcas, banqueros, jeques y prebostes del dinero, la mayoría de ellos procedentes de lugares sin apenas tradición en el fútbol, respaldados con toda probabilidad por los gigantes de la comunicación que han surgido del boom tecnológico y por los ubicuos fondos de inversión, que han detectado en el fútbol sus inmensas posibilidades de negocio.

El resultado es una embestida a la esencia del fútbol, construido sobre el meritoriaje, la diversidad competitiva y las clasificaciones sin fondo plano. Será devastador para las competiciones nacionales, la formación de jugadores y la malla que este juego construye a todos los niveles. Sometidos a un tajo brutal en el dinero procedente de la televisión y sin vuelo en las expectativas, los clubes se abocan a la invisibilidad.

El mayor cisma

Con la vanidad que caracteriza a las élites, los dirigentes de la nueva Superliga no tienen problema alguno en atribuirse un papel ejemplarizante. Los mismos dueños que han disparado la inflación en el fútbol, han elevado al mundillo de intermediarios a la categoría de industria y han endeudado a sus clubes hasta las cejas, pretenden aparecer como magos de la gestión. Clubes que presumen de ser más que un club, de caminar con su gente hasta el fin del mundo, de proclamarse portadores de valores eternos, no tienen problema alguno en convertirse en una simple unidad corporativa, al modo Wall Street.

Atrás dejan el mundo que les hizo relevantes, a los equipos que les ayudaron con su rivalidad a edificar su prestigio, a los que un día fueron tan grandes como ellos y ahora son anecdóticos —el Real Madrid estableció su mito europeo ganando finales al Stade de Reims, Fiorentina, Eintracht de Frankfurt o Partizán de Belgrado; el Barça logró su primera Copa de Europa contra el Sampdoria—, a los que pagan la pequeñez de sus mercados, caso del Ajax, Oporto o Benfica, colosos que sólo podrán ingresar por invitación en la nueva cofradía, a pesar de que algunos de sus integrantes no hayan ganado jamás la Copa de Europa o no registren un título de Liga desde hace 60 años (Tottenham Hotspur).

En el mayor cisma de la historia del fútbol, se anticipa un combate sin tregua, con amenazas de sanción, calvario jurídico, incertidumbres profesionales y fatiga de los aficionados. Voces importantes se han elevado contra la Superliga —Boris Johnson en el Reino Unido, Macron en Francia, el Bayern y el Borussia Dortmund, las ligas inglesa, española, francesa, italiana y alemana—, pero otros actores hablan con la boca pequeña, especulan su posición, consideran su estrategia o directamente se callan. Probablemente sospechan que no hay vuelta atrás: estos tiempos favorecen el exclusivismo y detestan la armonía.

20 Abril 2021

UEFA y Superliga se enseñan los dientes

Alfredo Relaño

Pertenezco al amplio sector de aficionados que admira el actual modelo de Champions, que lleva 30 años evolucionando para dar cabida a más equipos (de uno a cuatro) de las principales ligas. Está perfectamente encajado con los campeonatos nacionales. Su desarrollo es emocionante y ofrece un recorrido en el peor de los casos razonable a los clubes más ricos, que siempre pasan la fase de grupos y fácilmente llegan a cuartos. No creo que la Superliga fuese más atractiva, hasta temo que menos, y desde luego dañaría los campeonatos nacionales. Al no ser necesario quedar bien en ellos para ir a Europa, los recorrerían con el equipo reserva.

Es una propuesta egoísta nacida de un puñado de clubes de España, Italia e Inglaterra que ya con el modelo actual han multiplicado por varios dígitos sus presupuestos en lo que va de siglo. La respuesta de la mayoría de los aficionados de esos países es negativa. También sus gobernantes se han expresado en contra, conscientes del daño que eso haría al ecosistema del fútbol, la gran evasión para tanta gente. Alemania (Bayern y Borussia) y Francia (PSG) no se han sumado. Esto sólo satisfaría la caja de unos pocos que han sido incapaces de controlar la ambición de los superfutbolistas y sus agentes, que siempre exigen más.

Podríamos sacrificar lo que tenemos en una causa imbécil: conseguir que los futbolistas más famosos tengan en su garaje siete Lamborghinis en lugar de cuatro. O podríamos reconducir esto, para lo que será necesario que UEFA y clubes dejen de enseñarse los dientes. La UEFA debe ofrecer mayor espacio a los clubes en sus decisiones. No puede encastillarse en un estilo de poder medieval frente a unas superempresas deportivas montadas en la ola de supercapitalismo egoísta dominante. Les tendrá que ofrecer transparencia en las cuentas y hasta ir de su mano en la comercialización. Así se podría evitar el desastre, no con amenazas.

20 Abril 2021

El fútbol no puede caer en el cisma

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

EL ANUNCIO del acuerdo alcanzado entre doce de los clubes más poderosos de Europa para poner en marcha la Superliga ha revolucionado el mundo del fútbol. Es cierto que el primer espectáculo de masas del planeta sustenta una industria millonaria, pero a nadie se le escapa que es mucho más que un negocio. En estos momentos todos los aficionados al fútbol europeo -que trascienden con mucho las fronteras continentales- se dividen entre partidarios de la nueva competición y detractores que acusan a sus promotores de adulterar los valores de este deporte. A pesar de la opacidad con que ha sido concebido y de la incertidumbre que aún rodea su diseño, es posible ya extraer algunas conclusiones.

La Superliga es la reacción de los equipos grandes, los que más atención e ingresos generan, a una situación que perciben como injusta. Se quejan de que, siendo los que más aportan a las ligas nacionales y a la UEFA, no son retribuidos en la misma proporción ni participan en la confección de un calendario muy saturado de partidos. Liderados por el Real Madrid, ahora impulsan un campeonato semicerrado que de momento cuenta con 12 clubes fundadores -seis británicos, tres italianos y tres españoles- con la participación garantizada independientemente de sus resultados deportivos.

Las consecuencias de este proyecto son fácilmente predecibles. Aunque sigan jugando en las ligas nacionales, parece obvio que los grandes clubes reservarán sus mejores activos para la Superliga, lo que causará una notoria devaluación del torneo nacional, que sufrirá además un duro golpe económico. Por no hablar del impacto sobre la Champions League, hasta la fecha la mejor competición de clubes de la historia. El principio solidario que vertebra las competiciones domésticas y el principio meritocrático que permitía soñar a los más modestos toparán ahora con el derecho de admisión de un club privado que restringe a cinco plazas por temporada la cuota de invitados en función de unos baremos, a imagen de la Euroliga. Las respuestas no se han hecho esperar: mientras LaLiga ha emitido un durísimo comunicado tildando la Superliga de proyecto »

La pandemia y los nuevos usos sociales -es cada vez más difícil atraer a las nuevas generaciones- obligan al fútbol a renovarse, y esa renovación deben liderarla los clubes más atractivos, que tiran de la industria y permiten su desarrollo a todos los niveles. Ni la FIFA ni la UEFA ni las ligas o federaciones son instituciones públicas, y los escándalos de corrupción han punteado su reciente historia; pero la guerra o el cisma forzoso no son la mejor manera de dirimir diferencias. El riesgo de que todos pierdan es muy alto: urge buscar el pacto. El fútbol es un negocio, pero no puede ser solo eso cuando involucra una dimensión social y humana de la que carece cualquier otro fenómeno de nuestro tiempo.

La solidaridad y la meritocracia no deberían quedar fuera de la industria

20 Abril 2019

Una Superliga que llama a la excelencia

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

El proyecto de la Superliga europea tal vez no sea bueno para la UEFA, pero, con toda seguridad, sí lo es para el Fútbol, entendido no sólo como deporte, sino como una potente industria cultural, cuyo futuro debe estar en manos de quienes, desde los clubes, han sabido proyectarla a escala mundial y hacer de ella espejo de valores sociales.

Desde cualquier punto de vista, la propuesta de una competición que reúna a los mejores equipos del panorama futbolístico europeo merece el apoyo de los poderes públicos, aunque sólo sea porque es el resultado natural del proceso de integración continental, la Europa Unida, que aspira a ser mucho más que un espacio de intercambio comercial.

El hecho de que en el proyecto inicial se cuente con equipos de Reino Unido, hace más por sanar las heridas del Brexit que un millar de buenistas declaraciones institucionales.

Pero es que, además, esa Superliga no afecta en absoluto a las distintas competiciones nacionales, que seguirán disputándose, por más que haya gobiernos dispuestos a ceder a las presiones localistas, como el de Francia, sin atender a la oportunidad que supone el estímulo inversor inherente al proyecto para sus propios intereses deportivos.

No sólo se potencia el fútbol de calidad, de élite, sino que el éxito repercutirá en el conjunto de este deporte, que tendrá mayores retornos, como ha demostrado hasta la saciedad la política de excelencia en los fichajes, con su repercusión a nivel mundial. En este sentido, es evidente que la actual fórmula de competición europea, que es la que defiende la UEFA, ha quedado superada por la propia evolución de los acontecimientos.

Es una realidad que no ha dejado de ensancharse la brecha de calidad entre las distintas ligas nacionales, devaluando una Champions League cuyas primeras fases clasificatorias carecen del menor interés y saturan a los grandes equipos con partidos que nada aportan, ni al espectador ni a los propios jugadores. Pretender, como quiere su presidente, Aleksander Ceferin, que la solución está en más de lo mismo, con una ampliación a 24 equipos, es, simplemente, insistir en el error.

Como lo es, intolerable, que la UEFA amenace indignamente a los jugadores con impedirles formar parte de sus selecciones nacionales. Porque, todo hay que decirlo, son los clubes quienes cargan con todas las inversiones, quienes se arriesgan económicamente en cada decisión, quienes cuidan de verdad del Fútbol base y quienes, al fin y al cabo, han llevado este deporte a cotas de excelencia que eran impensables. Por ello, les asiste el derecho a reconducir lo que la burocracia de la UEFA, que se cobra la parte del león, no ha sido capaz de hacer: un marco deportivo en el que compitan los mejores.

21 Abril 2021

Lo primero, la Liga española

ABC (Director: Julián Quirós)

Con el proyecto de Superliga, ni los clubes deberían poder renunciar a los campeonatos nacionales, ni la UEFA amenazar con expulsarlos. Es prioritario mantenerlos en la Liga nacional

El anuncio de un proyecto de Superliga de fútbol impulsado por doce equipos europeos, entre ellos los tres más potentes de España, ha provocado una justificada convulsión entre partidarios y detractores. En efecto, hay dos conflictos en liza. Primero, jurídico, sobre el derecho que asiste a un club, en una economía de libre mercado y en un mundo globalizado, a reorientar legítimamente su propio modelo de negocio en busca de más rendimiento económico. Y segundo, emocional, por el intangible que representa el arraigo del fútbol como algo más que un mero deporte o un puro negocio. En efecto, el fútbol también es un elemento de cohesión sentimental y de vertebración, incluso de identificación patriótica, con conceptos que superan lo estrictamente deportivo. Los dos argumentos son válidos desde muchas perspectivas y no necesariamente tienen por qué ser contradictorios. Si algo sobra es la imposición de un nuevo modelo sin acuerdo previo, y sin un diálogo que pondere todos los intereses en juego, especialmente dos: la supervivencia económica y la viabilidad deportiva de los cientos de clubes que queden fuera de esa pretendida élite; y el concepto mismo del mérito deportivo si la Superliga supone la exclusión de equipos que difícilmente podrán tener derecho a competir con los más grandes.

Lo que no tiene sentido alguno son las amenazas. Ni los clubes implicados deberían ser autorizados a abandonar sus ligas nacionales, ni ningún organismo externo, como las Federaciones, la Liga o la UEFA deben amenazar con excluirlos como castigo. Cualquier proyecto de estas características solo podría ser completo si fueran compatibles y conciliables las dos competiciones, la europea correspondiente y la nacional de Liga. La UEFA, que a fin de cuentas vive de las ingentes cantidades de dinero, los derechos televisivos y la reputación que generan los grandes clubes, y que se ha manejado con conductas corruptas durante años, no puede erigirse en una suerte de inquisición del fútbol. Y a su vez, los equipos grandes, además de ser auténticas multinacionales, deben ser sensibles con los intereses y la estructura nacional de cada fútbol para no llevar a la ruina a clubes sin su misma capacidad competitiva.

El Manchester City anunció anoche que se baja del barco, una decisión que podría secundar también el Chelsea, lo que deja en el aire un proyecto que en cualquier caso jamás debería instaurarse si implica una depreciación del proyecto global del fútbol español como icono de lo que ha representado hasta ahora. Si priman el dinero y los agravios sobre el mérito deportivo y sobre la subsistencia de nuestro fútbol, la Superliga sería solo un frío negocio. Supondría la devaluación de un plus emocional ya intrínseco a la historia social de cada país, y dejaría de ser la expresión de un sentimiento colectivo para convertirse en una gestión empresarial de élite, enriquecedora de unos y empobrecedora de otros. La prioridad tiene que ser que Real Madrid, Barcelona y Atlético sigan jugando en todos los campos de España.

21 Abril 2021

Inglaterra frena la Liga exclusivista

Alfredo Relaño

Los propietarios del ‘Big Six’ no son ingleses, son de otros sitios. Gente que se mueve en aviones privados, en palcos privados, en establecimientos exclusivos. No tienen contacto con el exterior, ni siquiera cogen un triste taxi. Y se vieron sorprendidos y abrumados por la reacción del país de cuyos equipos emblema se creían haber apoderado. La respuesta tan extrema, que fue desde el Príncipe Guillermo a la infantería futbolera que obstruyó la llegada del Chelsea al campo pasando por el premier, Boris Johnson, que les calificó de cártel, les abrumó. No habían imaginado eso y decidieron hacer un deshonroso mutis por el foro.

Inglaterra paró la Superliga desde la calle y desde el sentir de sus jugadores y entrenadores. El fútbol nació allí, impregna el espíritu de la sociedad. La queja fue tan fuerte o más desde los clubes favorecidos que desde el resto. Esta iniciativa, nacida de la fiebre ultraliberal que desconoce reguladores y valores, ha chocado con la reacción de un país que valora el fútbol como un pacto deportivo entre caballeros, no como un negocio de crecimiento exponencial. Y ni los propietarios del Big Six han sido capaces de enfrentarse a ello. Tiene algo de romántico esta victoria de la calle sobre esa conjura de hipermillonarios para trastocar el fútbol.

Ya no estaban Alemania ni Francia (¿se puede hacer Europa sin ellas?), ayer siguieron las retiradas, en Italia y en España. A mediodía quedaban el Madrid y el Barça, que con el Betis y el Recre podrían apañar un buen Trofeo Colombino. Ahora pueden entonar la letanía ‘la UEFA ens roba, ho tornarem a fer’, pero mejor sería admitir la sugerencia de Rummenigge, que recomienda moderar los gastos, cosa que visiblemente no han hecho ni el Madrid, metido en un nuevo estadio, ni el Barça, con sus disparates de gestión. Una idea que luce óptima en un pendrive luego te la rechaza la calle por egoísta y sacrílega. Fútbol es fútbol.

22 Abril 2021

Superliga: un fiasco que obliga a una reflexión

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

EL FIASCO de la Superliga, enterrada a las 48 horas de nacer por una cascada de bajas con origen británico, ha dejado al descubierto los frágiles cimientos de un proyecto mal diseñado y peor comunicado. Resulta difícil de comprender que los organizadores, con el Real Madrid a la cabeza, no hubiesen calculado el efecto que su arriesgada apuesta iba a provocar en el mundo del fútbol. La presión frontal de Boris Johnson y la protesta de los aficionados vencieron en tiempo récord la resistencia de los seis clubes ingleses que se habían comprometido a secundar la Superliga, dejando solo a Florentino Pérez. Y el chapucero edificio se ha derrumbado con estrépito.

El fútbol es un negocio desde siempre, pero desde siempre es algo más: comunidad, tradición, mérito. Y la iniciativa de la Superliga, tal como fue presentada, no contemplaba estos factores sociales y deportivos en su justa medida, por más que sus promotores lleven razón al recordar que la UEFA es otro club privado entregado al negocio que se lucra con los ingresos que los grandes clubes generan en mucha mayor proporción que los modestos. Pero combatir la endogamia de las organizaciones establecidas no obliga a declararles la guerra. Sobre todo si no se cuenta con medios para ganarla, y si el ridículo de la derrota puede blindar aún más la arbitrariedad de los dueños de un negocio urgentemente necesitado de renovación y limpieza.

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