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El programa está dirigido por Nacho Mostazo y el propio Cintora y producido por José Miguel Contreras

La TVE crea la tertulia ‘Las Cosas Claras’ presentada por el izquierdista Jesús Cintora para que vuelva a competir con ‘Al Rojo Vivo’ de Antonio García Ferreras (Atresmedia)

HECHOS

El 16 de noviembre de 2020 se estrenó el programa ‘Las Cosas Claras’ en TVE.

LA DIRECCIÓN BUSCA UN PROGRAMA AFÍN A PODEMOS.

El programa producido por la productora privada La CoProductora de D. José María Contreras, ha sido aprobado por la administradora de RTVE, Dña. Rosa María Mateo, aunque cuenta con la oposición del Consejo de Informativos de TVE (izquierdista, pero partidario de que no se externalicen programas). La línea editorial del programa será afín a Podemos y detractora del PP, Vox y la monarquía.

TENEDENCIA MAYORITARIO DE TERTULIANOS MÁS A LA IZQUIERDA DEL PSOE:

D. Anton Losada, ex dirigente del BNG.

D. Martín Medem, ex dirigente de Izquierda Unida y representante de LA ÚLTIMA HORA, digital del partido político Podemos.

Dña. Gloria Marcos, ex dirigente de Izquierda Unida.

D. Manuel Rico (INFOLIBRE).

Dña. Ana Pardo de Vera (PÚBLICO.ES).

D. Ernesto Ekaizer.

D. Miquel Ramos.

Dña. Alicia Gutiérrez (INFOLIBRE).

D. Javier Gallego Crudo (Carne Cruda).

D. Javier Aroca, ex dirigente del Partido Andalucista ahora situado como tertuliano a la izquierda del PSOE.

D. Javier Caqueiro (Grupo PRISA), es uno de los pocos representantes de izquierda moderada, frente a la tendencia mayoritaria de izquierda más radical.

MALDITA HEMEROTECA VUELVE A LA TELEVISIÓN.

En ‘Las Cosas Claras’ estará representada la web MALDITA.ES, con su CEO, Dña. Clara Jiménez, que vuelve así a la televisión después de haber sido desterrada de LA SEXTA por D. Antonio García Ferreras y Dña. Ana Pastor en 2017.

20 Diciembre 2020

RTVE, PROGRESISMO ‘PRIVATIZADO’

Víctor de la Serna Arenillas

La transformación de las tertulias televisivas en sucedáneos sesgados y partidistas de los telediarios es un fenómeno ya muy antiguo, desde la aparición de las cadenas de televisión privadas de ámbito nacional, y su éxito ha sido indudable. Varios estudios y sondeos han ido comprobando que una parte creciente del público se informaba tanto o más con esos programas, animados por las polémicas, que a través de los informativos clásicos. Hasta tal punto, que cuando en las redes sociales se habla hoy de información y de periodistas queda patente que en la mayoría de los casos se refieren a esas tertulias y a sus tertulianos. Para bien o para mal.

El polémico regreso de Jesús Cintora a la conducción de uno de esos programas, y además en la pública RTVE, está ilustrando hasta qué punto es valorado hoy por quienes controlan las cadenas el sesgo polémico e ideológico de esos programas. Y quizá esté demostrando también sus límites: como ha informado en estas páginas David Sanz Ezquerro, la gran apuesta por Las cosas claras de Cintora se ha traducido en la pérdida de cerca de 200.000 espectadores desde su primera emisión hace menos de dos meses. Y cada uno de esos programas, subcontratados a una productora ajena, le está costando a RTVE más aún de lo que se había publicado: 60.000 euros diarios.

La búsqueda fuera de la casa de nuevas soluciones informativas es una de las curiosidades de la gestión de su nuevo responsable, Enric Hernàndez, el ex director de El Periódico, reclutado por Rosa María Mateo, la administradora «provisional única» del ente (provisional pero al parecer inamovible, desde 2018) para sacar a TVE-1 de su atonía y declive de audiencia. Y es una curiosidad porque fue patente, con aquellos viernes negros, la irritación de los redactores de RTVE con la «censura derechista» que se les imponía cuando gobernaba el PP de Mariano Rajoy, y su proclividad a un nuevo Gobierno de izquierdas no ofrecía dudas.

Pero llegó Mateo y descubrieron que era aún peor.

En octubre pasado, los consejos de informativos de la casa (radio, televisión e internet), en un manifiesto conjunto, denunciaban que una empresa pública como RTVE «siga gobernada desde hace más de dos años por una administradora provisional única ajena a cualquier tipo de control interno, debido a la ausencia de un consejo de administración».

Con Hernàndez al rescate, la solución fue la subcontratación de la franja matutina a favor de las empresas privadas que realizan Las cosas claras y otros programas de tertulia. Eso parecía ilegal según el estatuto del ente público y provocó más protestas airadas de la Redacción, pero desde que Mateo descubrió el infoentretenimiento (del inglés infotainment, claro), defiende que esos magacines están en una categoría diferente de la de los informativos, y sí se pueden externalizar. Y, perversamente, quizá sea cierto, vistos sus contenidos.

Dentro de ese esquema, Cintora era la baza soñada por Mateo y Hernàndez. Este presentador que se dice independiente pero es viejo amigo de Pablo Iglesias -había que ver su admiración mutua expresada en el plató de La Vuelta de Tuerka, programa en el que el periodista fue entrevistado en 2014 por el hoy vicepresidente- dirigió con ímpetu progresista Las mañanas de Cuatro entre 2013 y 2015, y arañó terreno a Antonio García Ferreras, cuyo Al rojo vivo, igualmente izquierdista, siempre pareció intocable en esa franja horaria. Y como arma letal contra García Ferreras llegó triunfalmente Cintora en noviembre.

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EN 2020, MUCHO HA CAMBIADO

En TVE-1 Cintora escogió contertulios de perfil moderado como representación de la derecha y a personajes más radicalizados en la izquierda, y retomó el estilo de su época en Cuatro. Uno de los ‘purgados’ por Mateo, Miguel Ángel Idígoras, ex corresponsal en Londres, escribía en Twitter: «Por lo visto el servicio público es que el programa de Cintora se emita sin interrupción para hablar del rey emérito, de Vox y neonazis». Pero esta vez no ha herido, sino enriquecido, a Ferreras: su audiencia ha caído de 780.000 en el primer programa a 600.000 este jueves. ¿Por qué? Ya no es 2014, y hoy choca su sosa entrevista a Irene Montero, ministra de Igualdad y pareja de su admirado Iglesias: ni una pregunta comprometida sobre las polémicas de Podemos y del Gobierno.

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UN DESPIDO CONTROVERTIDO

En Mediaset estaban sufriendo el éxito de audiencia de Ferreras cuando en 2013 lanzaron a Cintora, que desde que dejó la SER en 2011 había participado ya en muchas tertulias televisivas. Y su partidismo, así como el de muchos de sus colaboradores, funcionó muy bien en el clima político de hace siete años. Terminó la sangría de audiencia hacia la Sexta. Todo iba bien… pero Mediaset lo despidió al cabo de dos años, afirmando en un comunicado: «La línea editorial de Mediaset España es coherente en toda su programación y tiene el claro objetivo de informar, que no de formar, a los espectadores con unos presentadores que traten la información de manera objetiva». Es decir: que Cintora adoctrinaba, no informaba. Él protestó que fue el PP el que presionó para que lo echasen.

18 Noviembre 2020

El sectarismo se instala en TVE

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

OJALÁ el nombre del nuevo programa de TVE dirigido por Jesús Cintora dijera, efectivamente, «las cosas claras». Lo único claro es para quién las dice: para sus jefes políticos pero en la televisión que pagamos todos. Su programa desafía no solo al decoro y a la mínima noción de pluralismo, sino a los propios trabajadores de la radiotelevisión española que, al margen de adscripciones ideológicas, llevan días protestando por el estreno. Razones no les faltan. La última cacicada de la administradora única de la corporación, Rosa María Mateo, y de su mano derecha, Enric Hernández, sencillamente viola la ley. El mandato por el que se rige RTVE desde 2006, aprobado por el Congreso y el Senado –algunos se creen por encima del Parlamento–, establece que los programas informativos se hagan con 100% de producción interna; esto es, con empleados y medios de la cadena. Sin embargo, para el citado espacio informativo se ha recurrido a una productora externa y a subcontratas.

No es ni mucho menos la primera irregularidad de la etapa Mateo, quien fue elegida como administradora única de este organismo público –financiado con el dinero que pagan todos los españoles– para dos o tres meses, y ya lleva dos años y medio en un cargo en el que amenaza con perpetuarse. Pero este último hecho reviste especial trascendencia. La toma descarada de los informativos no solo incumple la ley –el asunto ya está en los juzgados–, sino que también viola los principios básicos de independencia, rigor o pluralidad que deben cumplir como servicio público y que es una de las razones que justifican la existencia de una televisión de titularidad estatal. La directora de magazines dimitió antes del asalto de Cintora en desacuerdo con la operación. Si se pretende que TVE sea exactamente igual que cualquier canal privado, habrá llegado la hora de replantearse con seriedad su necesidad y futuro. Asistimos a la apoteosis del cinismo del Gobierno de coalición, que se llena la boca con su impostada defensa de lo público y que por vía de hecho se apropia de ello para su interés.

Al margen de su trayectoria, Cintora vio cómo Mediaset anuló en 2015 el programa que presentaba, idéntico al de ahora en la pública. En un comunicado inusual, se señaló el sectarismo del conductor. Su fichaje por parte de TVE habrá dado una alegría a Podemos, partido que hoy ejerce un enorme poder de injerencia en el ente, que siempre fue el objeto de deseo de Iglesias. Los que salen perdiendo son los ciudadanos, que ven cómo, en plena crisis, el Gobierno ha incrementado en 100 millones la partida en los Presupuestos dedicada a RTVE para que Mateo y Hernández sigan regando a sus productoras afines –las contrataciones en Cataluña para competir con TV3 son otro despropósito mayúsculo– y externalizando cada vez más horas de programación. Y eso pese a contar con una plantilla de casi 6.500 trabajadores. Entretanto, la administradora única abusa de su poder sin dar cuentas de nada a nadie porque sigue sin haber un consejo de administración. A los intentos del Gobierno por perseguir a los medios críticos se une esta degradación sectaria de RTVE que no deja dudas de cómo entienden Sánchez e Iglesias un derecho fundamental como el del acceso a la información.

La televisión pública se degrada a diario bajo el control radical de Podemos

19 Noviembre 2020

Cintora y Cantora

Rosa Belmonte

'Las Cosas Claras' no es un programa informativo, es un programa de entretenimiento.

Que a Cintora y Cantora sólo las separa una vocal me causa mucha inquietud. Caigo en las dos. Los 200 millones perdidos en el cohete que se fue a por tabaco parecen menos que lo que se gasten en el programa de Cintora. Lo del primer día no se ha superado (Pardo de Vera, Lucía Caram, Ekaizer desde su cama del hospital, entrevista larguísima al juez Castro con Alicía Gutiérrez, que ayer estaba en la tertulia…), pero el percal es ese. Lo cierto es que no engañan, van de lo que van. ¿Qué vas a esperar de Cintora? ¿Que le den el Cerecedo como a Vicente Vallés? Bueno, no pongo la mano en la leña que arde en Cantora. Y si es un programa externo a RTVE, pues bueno, para analizarlo da igual. El anterior, el interno de Mónica López, sienda en su mesa a Javier Pérez Royo, que ha escrito hace poco: «El riesgo para la democracia española en este momento no es la presencia de EH Bildu en el congreso sino la presencia de Vox». Cintora, tenía ayer a un tertuliano que decía que Bildu era un partido socialdemócrata.

¿Un programa informativo lo de Cintora? Hombre, a mí me parece un programa de entretenimiento (al que por cierto, le pasa el AVE por sus tierras: el informativo territorial lo interrumpe para luego volver a seguir, es de locos). Pero entiendo el cabreo, igual que entiendo el cabreo del príncipe de Gales con ‘The Crown’. Claro que es ficción. Claro que se presentan ‘como hechos una versión retorcida de la historia’, según portavoces oficiosos (que ya es más que nada). Y la gran verdad: «Esto es un drama y un entretenimiento con fines comerciales que se hace sin tener en cuenta a las personas involucradas’. Pero que usted y yo sepamos que es ficción acompañada de ciertos hechos históricos no quiere decir que todo el mundo lo crea. Fíjate la reina, y el príncipe Carlos… Demonios, son personajes. Los diálogos son inventados.

Claro, que también me parecen personajes esas ‘Doña Cuca’ y ‘Doña Cayetana’ a las que se refería el diputado de Vox en el Congreso. Parecía que estuviera hablando de ‘Acacias 38’. Ojalá fuera ese el tono allí.

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