20 noviembre 1995
El reportero de la BBC engañó a la periodista
Lady Diana concede una brutal entrevista a Martin Bashir (BBC) contra el príncipe Carlos y la Familia Real británica
Hechos
20 de noviembre de 1995 Diana Spencer, princesa de Gales toma la televisión. La princesa concede secretamente a Martin Bashir una entrevista para Panorama, de la BBC.
Lecturas
La noche del 20 de noviembre de 1995, la BBC emitió en Panorama una entrevista destinada a convertirse en uno de los mayores acontecimientos televisivos de la década. Frente al periodista relativamente desconocido Martin Bashir se sentaba Diana, princesa de Gales, todavía legalmente casada con el príncipe Carlos aunque separada de él desde diciembre de 1992. La entrevista había sido preparada y grabada en un secreto extraordinario: Diana no había pedido autorización ni informado previamente a la reina, a Carlos o a los responsables de comunicación de la Casa Real. Buckingham sólo conoció su existencia pocos días antes de la emisión.
Durante casi una hora, Diana hizo algo prácticamente inconcebible para un miembro de la Familia Real británica: expuso ante las cámaras la intimidad de su matrimonio y cuestionó públicamente el funcionamiento de la institución a la que todavía pertenecía. Reconoció su relación adúltera con el oficial James Hewitt; habló de su bulimia, de depresiones y autolesiones; describió el aislamiento que había sentido dentro de la Familia Real; y abordó abiertamente la relación de Carlos con Camilla Parker Bowles. De ahí salió la frase destinada a perseguir al heredero durante años: «Éramos tres en este matrimonio, así que estaba un poco concurrido».
Todavía más delicada institucionalmente fue su respuesta cuando Bashir le preguntó si Carlos quería ser rey. Diana contestó que convertirse en rey suponía enormes exigencias y que no sabía si Carlos podría adaptarse a ellas; añadió que, por conocer su carácter, el puesto más elevado podía imponerle «enormes limitaciones». Era algo mucho más grave que denunciar una infidelidad matrimonial: la esposa del heredero estaba poniendo públicamente en duda la idoneidad de éste para ocupar algún día el trono. Y cuando Bashir le preguntó si creía que la monarquía necesitaba cambiar, Diana respondió afirmativamente, reclamando una institución más próxima a la gente.
Pero la entrevista tampoco era inocua para la propia Diana. Admitió expresamente su adulterio con Hewitt, habló con enorme crudeza de sus problemas psicológicos y alimentarios y reveló conflictos privados cuya exposición podía utilizarse para cuestionar su propio criterio. Además, al intervenir públicamente sobre la futura capacidad de Carlos para reinar podía aparecer no sólo como víctima de un matrimonio desgraciado, sino como participante activa en una guerra matrimonial que estaba dañando a la institución y en la que sus dos hijos ocupaban una posición particularmente delicada. Diana aseguró que no quería destruir la monarquía porque precisamente el futuro de sus hijos estaba ligado a ella, pero ya resultaba imposible separar su batalla personal contra Carlos de sus consecuencias institucionales.
Un acontecimiento televisivo mundial
El resultado para la BBC fue espectacular. En el Reino Unido la entrevista reunió a unos 22-23 millones de espectadores, cerca del 40 % de la población británica de entonces, convirtiendo un programa habitualmente dedicado al periodismo de investigación en televisión de acontecimiento nacional. Internacionalmente, la BBC comercializó el programa masivamente: la prensa española hablaba de 110 países y estimaba unos 400 millones de pesetas de beneficios para la corporación. Sólo la estadounidense ABC habría pagado alrededor de un millón de dólares para emitirla, presentada por Barbara Walters.
En España la exclusiva fue para Canal+, perteneciente al grupo controlado por PRISA y Jesús Polanco Gutiérrez. La cadena anunció el 20 de noviembre que había adquirido los derechos exclusivos y emitió la entrevista íntegra, en abierto, el sábado 25 de noviembre a las 20.30, dentro de Mucho más. La operación encajaba además con el acuerdo que Canal+ acababa de firmar para emitir en exclusiva en España reportajes e informativos de la BBC.
El engaño de Bashir
Para llegar hasta Diana, Bashir se había aproximado primero a su hermano, Charles Spencer. Le mostró extractos bancarios falsificados que aparentemente demostraban pagos a personas próximas a los Spencer y a Diana. Aquellos documentos alimentaban la idea de que gente de su entorno estaba siendo pagada para vigilarla o traicionarla. Spencer puso entonces a Bashir en contacto con su hermana.
La exclusiva provocó incluso una crisis en la cúpula de la BBC. Marmaduke Hussey, presidente de la corporación y esposo de una dama de compañía de Isabel II, había sido deliberadamente mantenido al margen de la operación por John Birt y el reducido equipo que conocía la entrevista. Indignado, intentó que los gobernadores reprobaran primero el programa y después la conducta de Birt. En enero de 1996 anunció anticipadamente su salida de la BBC.
La BBC conoció ya en 1996 que Bashir había encargado la falsificación de documentos. Se realizó una investigación interna encabezada por responsables de la corporación, pero Bashir consiguió convencerles de que aquellos documentos no habían desempeñado un papel decisivo para obtener la entrevista. El asunto quedó prácticamente enterrado.
Veinticinco años después ocurrió lo contrario. La investigación independiente dirigida por el antiguo magistrado del Tribunal Supremo Lord John Dyson, publicada en mayo de 2021, concluyó que Bashir había utilizado métodos engañosos y había incurrido en una «serious breach» de las normas editoriales de la BBC; determinó además que la investigación realizada por la corporación en 1996 había sido «woefully ineffective» y que posteriormente la BBC había sido incapaz de responder con transparencia a las dudas sobre el caso. La propia BBC aceptó las conclusiones íntegramente y puso en marcha una revisión de sus procedimientos editoriales y de gobierno.
26 Noviembre 1995
Lady Di-abólica, Di-namita... Di-neral
Dianología.- En contra de lo que se supone, la nueva estrella de la televisión, mistress Windsor -ella nacida Spencer, en su día-, no atiende por «Di» porque se llame Diana, sino como diminutivo del conjunto de las palabras que mejor la retratan: di-abólica, di-ctadora, di-famadora, di-amante (que no lo es, pero le gustan muchísimo), di-fícil, di-fusa, di-lapidadora, di-nástica, di-neral (el que cuesta), di-va, di-namita, di-vulgar…
Todo eso y más, pero en ningún caso -ah, eso sí que no- di-vorciada.
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¿Cómo puede ser que haya fascinado tanto su intervención en la BBC?.- Porque la televisión es un medio esencialmente imbécil. En efecto, no hay ninguna idea medianamente compleja e inteligente que pueda ser expresada oralmente en menos de dos minutos. Y, en televisión, cualquier intervención que dure más de dos minutos resulta inaguantable, según han establecido los expertos. Lady Di está a la altura del medio: es capaz de soltar las mayores simplezas, y las mentiras más llamativas. Pero eso es lo de menos. Lo de más es que las dice con voz encantadora, ladeando la cabeza de modo muy coqueto, haciendo unos mohínes muy monos y con unos aires de inocente que para sí hubiera querido la propia Juana de Arco. Gracias a lo cual, cautiva al público. Se conoce tan bien las técnicas modernas de la comunicación de masas que habría que llamarla Lady Di-gital.
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¿Cuál es la verdadera historia?.- El príncipe Carlos es el verdadero culpable. Cometió el más grave de los errores: casarse con ella. Diana no tardó en demostrar que combinaba un conjunto de defectos difíciles de soportar: exhibicionista, ambiciosa, cortita de luces y con un equilibrio emocional de estabilidad más bien limitada. Las dos primeras características las mostraba sin parar, participando en más actos sociales y luciendo más modelitos que nadie. Su inestabilidad emocional quedó patente así que empezaron sus intentos de suicidio. Su inteligencia limitada se comprobó en cuanto se vio que, por más que intentaba acabar con su vida, no lo conseguía: se hacía cortes en las muñecas y en las piernas, en lugar de pegarse un eficaz tiro entre ceja y ceja.
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¿Pudo morir de otro modo?.- Se puso tan pesada que a muchos no nos hubiera extrañado que su marido se hubiera decidido a apuntarle y hacer Diana. Claro que Su Alteza, por definición, no podía rebajarse a eso.
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Momentos estelares de su intervención en TV.- 1) Sobre su primer embarazo: «Me quedé embarazada y sentí un gran alivio cuando me dijeron que era un chico. Me parecía que todo el país estaba de parto conmigo». Está muy claro que lo suyo son las paridas.
2) Le preguntan cómo se enteró de que su marido estaba liado con Camilla Parker. Contesta: «Mi instinto de mujer me lo decía». El entrevistador insiste: alguien se lo diría. «Bueno, sí, personas…», responde. Claro: nada mejor que un buen chivatazo para que el instinto funcione a tope.
3) «En mi matrimonio éramos tres, y tres son demasiados», pretende, en plan púdico. Pero en otro punto de la entrevista reconoce que en 1989 ella ya había ligado con James Hewitt. ¿Cuántos eran entonces en realidad? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿O cinco, contando al jugador de rugby?
4) Afirma, sentenciosa: «Pienso con el corazón, y no con la cabeza». Admitámosle el 50%: con la cabeza, desde luego, no parece que piense.
5) Pero sí calcula: «No me voy a ir sin más. Ese es el problema. Voy a luchar hasta el final porque creo que tengo una tarea que cumplir y unos hijos a los que sacar adelante». Ay, los pobres niños. Si mamá falla, lo mismo se quedan sin pan que llevarse a la boca.
6) ¿Y en qué consiste la tarea que tiene que cumplir? La explica: «La principal enfermedad actual es que la gente siente que nadie la quiere. Yo sé que puedo dar amor: un minuto, media hora, un día, lo que sea. Eso es lo que quiero hacer». No sé, pero eso a mí me suena a un anuncio por palabras: «Diana. Disciplina inglesa. Doy amor real. Un minuto, media hora, un día, lo que sea. Se admiten tarjetas. Y castillos. Y pensiones vitalicias.»
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Otra declaración enfática.- «No soy un animal político». Político, desde luego, no.
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Pero ¿no hay ninguna maniobra política detrás de todo este lío?.- El diputado laborista Tony Benn escribió en The Guardian: «Hay una formidable coalición enfrentada al nostálgico absurdo de que Gran Bretaña es una democracia, la Corona está por encima de la política y de cualquier reproche, y de que nuestro sistema de Gobierno es la envidia del mundo».
La verdad, ¡qué cosas más raras pasan en Inglaterra!
El Análisis
¿Qué fue entonces aquel Panorama: uno de los mayores éxitos de la BBC o una de sus mayores vergüenzas? Las dos cosas, pero en momentos diferentes. En noviembre de 1995 fue un triunfo televisivo extraordinario. Bashir consiguió que Diana dijera delante de más de veinte millones de británicos aquello que hasta entonces se filtraba a través de amigos, biógrafos y tabloides. La BBC había derrotado a toda la prensa sensacionalista británica utilizando precisamente aquello que constituía su mayor patrimonio: la credibilidad. Y ahí reside la ironía que sólo conoceríamos muchos años después. Fue precisamente la confianza inspirada por la BBC lo que convirtió el engaño de Bashir en algo particularmente grave. Una cosa es que un periodista persuada a una fuente para que hable; otra muy distinta es fabricar indicios para convencerla de que está rodeada de personas pagadas para traicionarla. La investigación Dyson concluyó finalmente que se habían utilizado documentos falsos y que la posterior respuesta de la BBC había sido gravemente deficiente.
Eso no significa que Bashir inventara las opiniones que Diana expresó. La princesa decidió hablar, conocía las cámaras que tenía delante y muchas de sus afirmaciones sobre su matrimonio respondían a conflictos reales que ya eran públicos. Tampoco puede demostrarse qué habría ocurrido en su vida si aquella entrevista jamás hubiese existido. Pero sí sabemos algo mucho más concreto: el periodista no obtuvo limpiamente el consentimiento que convirtió aquellas confesiones privadas en un espectáculo mundial, y la BBC tardó un cuarto de siglo en asumir plenamente la gravedad del procedimiento. En 1995 podía presumir de haber conseguido la entrevista que todos querían; en 2021 tuvo que pedir perdón por cómo la había conseguido. Y ésa quizá sea la sentencia más incómoda para cualquier medio de comunicación: una exclusiva puede ser extraordinaria por lo que revela y, al mismo tiempo, una vergüenza por los métodos empleados para obtenerla.
J. F.