26 septiembre 1973

Perón ha pasado de apoyar la violencia de los montoneros a repudiarla

Los ‘montoneros’ agrian el retorno al poder de Perón asesinando a José Ignacio Rucci, secretario general del sindicato CGT

Hechos

El 25.09.1973 murió asesinado José Ignacio Rucci.

Lecturas

Perón volvió a la presidencia de Argentina en septiembre de 1973

José Ignacio Rucci, secretario general de la Confederación General de Trabajo argentina, ha sido asesinado este 25 de septiembre de 1973 por un comando montonero.

La poderosa CGT, que agrupa a 4 millones de asalariados, el conjunto de los trabajadores argentinos – respondió declarando la huelga general.

El asesinato de Rucci arroja tonos sombríos sobre el periodo histórico abierto por el regreso al poder del general Juan Domingo Perón, de 78 años. Mientras estuvo exiliado Perón respaldó las acciones terroristas de los montoneros que pedían su retorno. Pero ahora, la violencia montonero puede desestabilizar a un país cuando lo que Perón pretende es estabilizarlo.

En julio de 1974 morirá Perón. 

El Análisis

Los guerrilleros se le descontrolan al amo

JF Lamata

Apenas han pasado dos días desde que el país votara el regreso de Juan Domingo Perón a la presidencia, y ya la Argentina vuelve a mancharse de sangre. José Ignacio Rucci, secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) y hombre de absoluta confianza del líder justicialista, fue asesinado a balazos en Buenos Aires. Rucci, figura central del sindicalismo peronista, representaba el ala más ortodoxa y pragmática del movimiento obrero, y su voz pesaba tanto en la calle como en las oficinas del poder. Su muerte es un golpe directo al corazón del nuevo gobierno… antes incluso de que se haya sentado en el sillón de Rivadavia.

La CGT, principal central obrera del país, ha sido durante décadas el músculo social y político del peronismo. En tiempos de bonanza, su capacidad de movilización garantizaba gobernabilidad; en tiempos de crisis, podía paralizar la nación. Matar a su líder es más que un crimen: es una declaración de guerra. La autoría, reivindicada por Montoneros, deja claro que la violencia no distingue entre adversarios y antiguos aliados. El grupo, que bajo líderes como Mario Firmenich se radicaliza cada vez más hacia un proyecto revolucionario-marxista, ya no actúa como brazo armado del retorno peronista, sino como una fuerza autónoma que llena de cadáveres las calles, rivalizando en brutalidad con el ERP.

La ironía trágica es que Perón, desde su exilio madrileño, había respaldado las acciones de Montoneros cuando estas servían a su causa. Hoy, instalado de nuevo en la Casa Rosada, se encuentra con que esa misma fuerza amenaza con dinamitar cualquier intento de estabilidad. Entre guerrillas armadas que ven en la democracia un simple trámite y militares que todavía sueñan con “ordenar” el país a su manera, la pregunta que empieza a escucharse en voz baja es si el anciano caudillo podrá domar a los demonios que él mismo ayudó a liberar.

JF Lamata