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El veterano periodista publica por tercera vez un artículo casi calcado, aunque añadiendo la referencia a su retirada

Luis María Anson anuncia su retirada del cargo de ‘presidente-fundador’ de LA RAZÓN, aunque seguirá de columnista del mismo

HECHOS

El 5.11.2005 D. Luis María Anson publicó el artículo ‘Siete años después’.

El fundador de LA RAZÓN, que desde marzo de 2004 ocupaba el cargo de ‘presidente-fundador’, abandona junto esa presidencia – honorífica desde que asumiera la misma D. Mauricio Casals – su cargo en el Consejo de Administración del periódico y su despacho en la sede del mismo. Eso sí, seguirá siendo columnista diario.

05 Noviembre 2005

Siete años después

Luis María Anson

Desde hace mucho tiempo he defendido la idea, consolidad en el mundo anglosajón, de que no se debe permanecer más de ocho años en los cargos de dirección. Hace ya cuatro años que pensé dejar mis funciones en LA RAZÓN para dedicarme a escribir los tres libros que tengo comprometidos con mi editorial. No pude hacerlo; mis gentes consideraban imprescindible mi gestión en el periódico, todavía entonces sin consolidar. Hace cerca de ocho años que trabajo en este proyecto y hoy, al cumplirse los siete años de la salida de nuestro diario, LA RAZÓN está ya ganando dinero y se ha consolidado como uno de los grandes periódicos nacionales de referencia en la vida española. Dadas las dificultades de la empresa que pusimos en marcha en 1998, son muchos los que consideran que ha sido el mayor éxito de mi larga vida profesional. La excelente situación periodística y económica de la que goza ya el periódico me han permitido tomar la decisión de dejar mi trabajo, lo que se llama el día a día, en LA RAZÓN, si bien seguiré colaborando en sus páginas con asiduidad.

Quiero añadir algo que cada año he dicho al llegar esta fecha: nada me ha hecho disfrutar tanto en el ejercicio de la profesión como la fundación de este diario. Desde que se anunció su salida hasta su aparición, transcurrieron tres meses de éxtasis periodístico. El ejercicio profesional más interesante para mí el de la agencia EFE. Difícil será encontrar algo comparable en nuestra profesión a rastrear una noticia, perseguirla con la nariz pegada a la tierra como el sabueso y soltarla después, igual que a un pájaro, sin saber qué rumbo va a tomar en los periódicos impresos, hablados o audiovisuales. La puesta en marcha de la televisión digital, periodismo del siglo XXI, fue otra experiencia excepcional para mí, solo superada por la agencia de noticias, y después, por los meses de vértigo y rosas de la fundación de este diario.

Cada siete días a lo largo de muchas semanas, un director de medio de comunicación entró en su consejo de redacción anunciando que a la semana siguiente cerraría LA RAZÓN. No se cansó de hacer el ridículo que caía sobre él al salir del velatorio. Frente a tantas maniobras, tantas insidias, tantas calumnias y despropósitos como hemos padecido, el director y la redacción de LA RAZÓN se han limitado a trabajar sin despeinarse en réplicas y aclaraciones. Por la piel de este periódico han resbalado sin dejar cicatrices las palabras átonas, las sonrisas sofidias, las esquinadas voces y, con cierto cachondeo inextinguible, la escritura de ensortijados bucles de algún columnista colega.

Y aquí estamos. Siete años después, aquí estamos. LA RAZÓN no debe un céntimo a nadie, no ha pedido un crédito de consideración, dispone de una importante cartera de publicidad y un número creciente de lectores. Ha recorrido un camino erizado de dificultades, las propias de la puesta en marcha de una publicación y las ajenas del histerismo comercial y la visceralidad política, ya que durante muchos meses algún ministro del Gobierno de Aznar, caído después en desgracia, nos persiguió como a ratas. La redacción, joven, profesionalizara, seria y rigurosa, sabe bien el esfuerzo que será necesario hacer todavía para instalarse definitivamente en campo abierto. Pero el milagro de consolidar un periódico impreso en la época de internet y las plataformas digitales es ya un hecho. EL PAÍS fracasó con EL GLOBO; la ONCE con EL INDEPENDIENTE; Anaya con EL SOL; ABC con CLARO. LA RAZÓN, con una financiación discreta y solvente y con el apoyo de lectores y anunciantes, de distribuidores y vendedores de Prensa, está sorteando las dificultades que no pudieron superar nuestros colegas. Durante este año y a lo largo de varios meses se ganó dinero por primera vez. Si las cosas siguen así, el 2005 se terminará en números negros, tres antes de lo previsto en el plan de negocios.

No quise ocupar en ningún momento la dirección de LA RAZÓN porque, después de dirigir ABC, no me pareció procedente repetir ese ejercicio profesional. La Redacción del diario sabe bien hasta qué punto he respetado el trabajo excelente y serio de Joaquín Vila, primero, de José Antonio Vera, después, grandes profesionales del periodismo español. Durante estos seis años he cumplido lo mejor que he podido con mi papel de fundador del periódico y presidente de su Consejo de Dirección y he acudido todos los días y sin faltar un solo día, a mi despacho, y de forma habitual a la cita con los lectores de esta columna Canela Fina, vertiendo desde mi alfar la curiosidad todavía joven sobre la poesía, la novela, el teatro, el ensayo, la filosofía, la religión, las artes plásticas, la música, la ópera, la ciencia, la política, la economía, la sociología, la Prensa, la radio, la televisión, el deporte, las costumbres y la vida bulliciosa de cada jornada.

Me siento satisfecho con el trabajo realizado. Poco más puedo hacer del o que he hecho. Al finalizar el año 2000 giraron los portones del siglo XXI sobre los goznes envejecidos de la centuria que acabábamos de vivir. LA RAZÓN consolidará su triunfo si conecta definitivamente con las nuevas generaciones. Hay que abrir los labios del siglo XXI y sentir el aliento de los años que vienen. Volver la vista al pasado sería convertir estas páginas en estatuas de sal, como la mujer de Lot. El tiempo del siglo XX se ha hecho irremediablemente viejo. Hay que tomar el pulso futuro. Y eso sólo lo pueden hacer los redactores, las redactoras jóvenes del periódico, trabajando codo a codo con sus jefes de redacción, con sus subdirectores, con su director, todos ellos pertenecientes a la nueva generación. De ella son también destacados representantes los gestores de la empresa que edita LA RAZÓN: Mauricio Casals, desde hace años vengo diciendo que está llamado a altos destinos en la vida nacional; Santiago Barreno, Joaquín Parera y sus equipos, sin olvidar el trabajo impagable de José Creuheras y los miembros del Consejo de Amdinistración y de los accionistas. Quiero recordar también a todo el personal de talleres, al os técnicos, a los distribuidores, a los vendedores de Prensa, a todos cuantos han contribuido al éxito del periódico.

Puedo afirmar con satisfacción, como Octavio Paz, que la hora que a mí me corresponde está cumplida y bien cumplida. He fundado este diario. Lo he conducido hasta aquí, esquivando no sólo las dificultades propias de cualquier publicación nueva, sino las maniobras comerciantes histéricas y los viscerales acosos políticos. Naturalmente, seguiré como siempre en mi puesto en el periódico trabajando en él todos los días, como he hecho hasta ahora. A los jóvenes que lucharán por llevar adelante esta empresa y este sueño de LA RAZÓN quiero decirles con esperanza: “Ahí tenéis la antorcha, compañeros”.

Luis María Anson

05 Noviembre 2005

Un cinco de noviembre

José Antonio Vera

Tal día como hoy, hace ya siete años, nos juntamos aquí en Josefa Valcárcel 42 un grupo de locos para sacar a la calle un nuevo periódico impreso de pago en la era de internet y de la prensa gratuita. El escenario no podía ser más complicado. Todos los periódicos que habían salido en Madrid en los últimos 25 años con las excepciones de EL PAÍS y EL MUNDO, perecieron en el intento. Por eso la competencia nos daba días de vida, quizás como mucho meses y nos auguraba un futuro de problemas laborales y cine empresarial. Es verdad que tuvimos dificultades como no podía ser de otra manera, pero también lo es que salimos adelante gracias al esfuerzo, a veces sobre humano, de los que preferimos entrar en este inestable proyecto en vez de quedarnos acomodados en las empresas en las que estábamos. Otros, es verdad, prefirieron no correr riesgos y se mantuvieron tranquilamente en sus despachos de la competencia, prestos a presenciar el espectáculo de la desintegración de LA RAZÓN; al que ellos mismos iban a contribuir propalando cuentos y chismorreos. Pero no tuvieron esa suerte. Tuvieron la suerte de que este periódico salió adelante, y gracias a ello algunos de los viejos inquisidores encontraron en LA RAZÓN la colaboración que poco después les negaron sus empresas. Algo que alegra y que complace, la verdad, pues da una idea clara de hasta qué punto los que pusimos en marcha LA RAZÓN trabajamos duro, a veces sacrificando incluso la salud, para situarlo entre las principales cabeceras de la prensa nacional. Y da la idea también de que, por tanto, lo hicimos razonablemente bien, en contra de cierta competencia, que al ir retrocediendo en paralelo, no debió trabajo con el mismo acierto.

Es igual. Lo que yo quería hoy recordar aquí es aquel cinco de noviembre de hace siete años, que sigue siendo parte de la historia de este periódico, pues es bueno que los periódicos tengan historia y que incluso la recuerden. Aquel cinco de noviembre era un día de nervios, de poco dormir la noche anterior, de levantarnos muy temprano porque nos habíamos conjurado en cerrar el número-uno del diario a mediodía. ¿A mediodía? Sí, porque en los días previos tuvimos todos los problemas del mundo con la rotativa y con los números cero. En vez de cerrarlos a las doce de la noche, que era la hora fijada, lo hacíamos invariablemente entre las cuatro y las siete de la madrugada. Lo que constituía un desastre sin paliativos. Y como había que procurar que el primer ejemplar de LA RAZÓN estuviese impreso a medianoche, para así garantizar la presencia en los kioskos de toda España a primera hora, no hubo más remedio que adelantar el cierre del primer día a mediodía. Lo cual a los periodistas nos parecía una aberración, que debimos asumir tadas las circunstancias, pues Anson siempre lo decía: si el periódico no está en el puesto de venta a las seis de la mañana no servirá de nada haber hecho el mejor periódico de España, porque nadie lo comprará y nadie te leerá. Anson siempre estaba allí. A Anson se le ocurrió el nombre de este periódico, lo fundó y lo puso en marcha con el entusiasmo que le caracteriza. Luego nos reunió a gentes de su confianza para armar diferentes equipos en todas las áreas. Y después nos aleccionó sobre cómo y qué debía ser LA RAZÓN: un periódico diferente a los demás, con personalidad propia, con portadas distintas, que levantara noticias y creara una polémica cada día, para no pasar nunca desapercibido, que es lo peor que le puede ocurrir a un periódico.

Con esa doctrina y esas premuras montamos aquel cinco-ene un caos formidable, pero logramos cerrar la hora fijada. Más que una redacción de periódico aquello parecía una plaza pública: gente circulando en todas direcciones, entrevistadores de radio y televisión que entraban y salían, visitas variadas, los directivos de la empresa controlándolo todo , los equipos técnicos tratando de solventar problemas, refuerzos venidos de Barcelona para ordenar las entregas de las secciones porque no salía bien casi nada: ordenadores bloqueados, redactores cabreados, gráficos noqueados, fotos que se perdían… Total, un caos formidable de gritos, carreras, tensiones e histeria colectiva. Lo normal. Hubo un par de lipotimias y alguna gente lo pasó mal. Tan mal que pronto tuvieron que abandonar el barco, presos del estrés excesivo de aquellos días. Otros aguantamos aquí, con el estrés y con Anson, que eran casi lo mismo, empeñados en sacar adelante un proyecto condenado por algunos a morir antes de nacer. Y vaya si lo logramos. Anson, maestro de periodistas en éste y otros proyectos, puede estar satisfecho de lo que, con él, hicimos poco a poco sus pupilos.

Ahora el periódico está ya muy bien y lo normal es que, como tuve ocasión de escribir en otro momento, ninguno de los que partimos con él aquel cinco de noviembre lleguemos a la tierra prometida. Le ocurrió a Moisés y a su pueblo. Porque los tiempos cambian y hay que cambiar con los tiempos. Todo cambia y tenemos que cambiar con los cambios, pues el que se resiste al cambio siempre termina por ser cambiado.

José Antonio Vera

06 Noviembre 2005

Anson

Alfonso Ussía

Conocí a Luis María Anson cuando llevaba pantalón corto. Lo llevaba yo, no Anson. Dirigía una publicación monárquica clandestina ‘El Círculo Verde’, que se leía con ilusión y esperanza en mi casa. Era el niño entre los consejeros de Don Juan, escribía en ABC, tenía un Seiscientos que se sabía de memoria el trayecto Madrid-Lisboa y caía muy mal a los poderosos del franquismo. Fue corresponsal en la guerra del Congo y en la de Vietnam. Escribió un gran ensayo ‘La Negritud’ y se aprendió de memoria a Lai-Tai-Po. La fabulosa memoria de Anson para la Poesía y su fervor por el teatro. Cultura sobre Cultura. Yo escribía versos satíricos en el SÁBADO GRÁFICO de Eugenio Suárez y un jovencísimo Pedro Jota Ramírez me ofreció una columna en DIARIO16. Anson me llevó a ABC, la que sería mi casa natural durante más de veinte años. Allí, en el ABC de los Luca de Tena, fui feliz y libre. Cuando Anson abandonó ABC después de catorce años dirigiéndolo, le dediqué una despedida dominada por la tristeza y la preocupación. Fundó LA RAZÓN y Antonio Asensio me hizo una oferta fabulosa. Yo no tenía motivos para dejar ABC. Pero he seguido todos los pasos de LA RAZÓN, desde su primer número hasta hoy, ya como humilde parte de su contenido. La ‘Canela Fina’ diaria de Luis María Anson, única columna periodística con extensión discrecional, ha supuesto una lección encadenada de talento. Se dio el motivo de mi marcha de ABC, o me lo dieron hecho, o me lo provocaron, y me fui de la que creía sería siempre mi casa. Guillermo, Catalina y Soledad Luca de Tena habían perdido la mayoría y los viejos señoríos liberales e institucionales dieron paso a una gran empresa periodística periférica exclusivamente centrada en la rentabilidad. Y me recibió Anson con los brazos abiertos. Aquí soy feliz y libre, y me muevo entre una redacción joven y ensutiasta, y jamás, lo que se dice jamás, he sentido opresión o presión contra mi libertad y mi independencia. Hoy, siete años después de fundar LA RAZÓN, Luis María Anson permanece como colaborador de sus páginas y abandona el gran despacho de la segunda planta. Mi despedida triste y preocupada de ABC, se libera ne este caso de la preocupación. No de la tristeza. La presencia diaria del gran maestro del periodismo en las últimas décadas nos animaba a todos los que, de una manera u otra hacemos LA RAZÓN. Pero Anson y las circunstancias han tomado su decisión. Y escribo que no siento preocupación porque este periódico es estupendo, y lo hace gente estupenda, y los resultados animan al optimismo, y está enraizado en la opinión y la información de los españoles, y siempre será el periódico de Anson. Este periódico, ya sin Anson en su despacho pero con Luis María en sus páginas y siempre presente, no puede dejar que sus brazos caigan y sus ideales se diluyan. España, la Constitución, la Corona y la libertad necesitan de una voz fuerte y rotunda, de un compromiso fundamental que no se agriete por los intereses empresariales o los cantos de sirena emitidos desde el Poder. Y no vamos a defraudar a quienes confían en nuestro periódico por su pluralidad y su decencia. Se ha conseguido lo más difícil. Ser y estar. Permanecer y crecer ya es cosa nuestra. Y lo vamos a conseguir por encima de todo, sin claudicaciones ni prudencias, sin reservas y sin complejos. En este periódico, con una dirección, redacción y equipo gestor admirables, con sus páginas habitadas por grandísimos escritores de ideas y orígenes plurales y diversos, no se va a tolerar nunca la agresión contra lo que nos une, que es España. Y si el tripartido se molesta, que se joda. Y si Ibarreche nos enfila, que se la envaine. Y si el desbarajuste socialista pretende aniquilarnos, antes lo haremos nosotros con ellos. Lo tenemos más fácil. Este periódico es hoy, quizá, la única resistencia firme y diaria de lo que significa nuestra unión. Y eso es también herencia de Anson. España, la Constitución, la Corona, la libertad y el pluralismo. En este periódico no recortamos mapas ni aceptamos que el Poder socialista los pretenda recortar. En situaciones límite y peligrosas, la ambigüedad y la cobardía entran en los espacios de la estafa y el fraude.

Sea Luis María Anson despedido con tristeza y gratitud. Escriba sus libros pendientes con la tranquilidad que no se encuentra en el ejercicio diario del periodismo. Su mejor obra, este periódico, no va a decepcionarle. Ni a uno solo de sus ya centenares de miles d  lectores.

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