13 junio 2007

Al contrario que Luis del Rivero (Sacyr) o Enrique Bañuelos (Astroc), Luis Portillo intenta que su entrada como accionista individual sea pactada con la cúpula del banco de Francisco González

Luis Portillo, ‘señor de los ladrillos’, entra en el capital del banco BBVA con el 0,5% y la aspiración de hacerse con la mayoría

Hechos

  • El 13.06.2007 se hizo público a través del diario EXPANSIÓN que D. Luis Portillo, titular del 0,5% de acciones del banco BBVA aspiraba a alcanzar el 2% de la entidad.

03 Junio 2007

EL 'ASALTO' FRUSTRADO DE BAÑUELOS AL BBVA

Rafael Navarro

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La ambición de Enrique Bañuelos no ha conocido límites. El presidente de Astroc, la inmobiliaria que ha protagonizado la subida más meteórica y el batacazo más sonado de la Bolsa española, quiso asaltar el BBVA. Aunque él asegura que el acercamiento fue amistoso, algunos de sus interlocutores afirman que le había puesto un precio concreto a la cabeza del presidente Francisco González, extremo que el empresario niega. En lo que sí coinciden banco y promotor es en que la entidad le pidió que se marchase del accionariado. Ocurrió en los meses previos a su descalabro en Bolsa.

Emprendedor insaciable, su negocio inmobiliario ha estado más próximo a las transacciones financieras, con el suelo como subyacente principal, que a la promoción de viviendas. Se ha dedicado a comprar terrenos, prepararlos para la edificación y venderlos. Quizás por eso a Bañuelos siempre le ha atraído el mundo de las finanzas y ha querido tener una posición relevante en un banco español. Intentó adquirir el 5% del Banco de Valencia, pero los propios accionistas le hicieron desistir de la idea, por el escaso papel en Bolsa de la entidad cuyo accionariado, muy atomizado, lo controla Bancaja (38,4%).

Su opción fue el Banco de Sabadell, una entidad de tamaño mediano que ha buscado en los últimos años un grupo estable de accionistas donde apoyar sus planes de crecimiento. Sin embargo, en el banco aseguran que su entrada no respondía a ninguna invitación. Llegó como cliente, de la mano del ex director de banca de empresas y actual consejero delegado de Astroc, Juan Antonio Alcaraz, y acabó posicionándose como principal accionista con el 6% del capital, hasta que, tras la caída en Bolsa, tuvo que vender su paquete a Unicredit, ayudado por el propio Sabadell, que se quitó al que se había convertido ya en un «accionista incómodo».

Pero su gran deseo era dar el salto al BBVA. Una operación en la que estuvo implicado durante meses y de la que el propio Francisco González fue consciente.

Apenas dos años antes, otro empresario del ladrillo, Luis del Rivero, intentó una embestida a través de Sacyr. Del Rivero tenía en noviembre de 2004 un 3,1% del banco en opciones de compra sobre acciones, que pretendía ejercitar, y aseguraba que podría contar con el apoyo del 0,5% de Juan Abelló y Demetrio Carceller y otro 4% que aglutinaría, entre la vieja guardia de Neguri, José Domingo Ampuero, ex vicepresidente del BBVA. Además, Del Rivero tenía el plácet de Moncloa.

Entre septiembre de 2006 y marzo de 2007, Bañuelos y otros empresarios quisieron también tejer una red que les permitiese tener un núcleo influyente en la segunda entidad financiera del país. El promotor estaba embriagado por la fuerte revalorización de las acciones de Astroc, que en poco más de tres meses ya había cuadruplicado su valor en Bolsa.

No contaba con un apoyo explícito de la Oficina Económica de Moncloa, como aseguró Sacyr durante su operación, pero Bañuelos sí se había encargado de tener buenos contactos con el PSOE. Su primer crédito para una empresa de miel en Sagunto lo logró de la caja de ahorros local a través de José María Cataluña, el ex secretario de finanzas de los socialistas valencianos y actual vicepresidente de Bancaja por la cuota del PSOE.

Algunas de las principales empresas españolas asumieron que tenía la simpatía del Gobierno cuando, en abril de 2006, recibieron la recomendación de aceptar a la Fundación Astroc como miembro de la Fundación Pro-CNIC, del Centro Nacional de Investigadores Cardiovasculares, cuyo patronato preside la ministra de Sanidad Elena Salgado. Sorprendía, sobre todo, que una compañía como Astroc, que había logrado unos beneficios de 65 millones de euros en el ejercicio anterior, estuviese dispuesta a donar un millón de euros cada año hasta 2012 junto a un grupo de 16 grandes patronos como Acciona, Endesa, Inditex, Prisa, La Caixa, Repsol, Telefónica, Gas Natural, Fundación Ramón Areces, Mutua Madrileña, Fundación Marcelino Botín o el propio BBVA.

Bañuelos afirma que entró por su amistad con su director, el cardiólogo Valentín Fuster. Aunque, si bien es cierto que a él siempre le había gustado estar próximo al poder, incluso del PP, no en vano su anterior donación, durante dos años, fue para la Fundación del Instituto Valenciano de Arte Moderno, el IVAM, de la Generalitat Valenciana, a la que también destinó dos millones durante dos años.

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La estrategia era más burda, pero no tan diferente a la de Sacyr. Durante los meses del otoño y el invierno del pasado año, Enrique Bañuelos mantuvo reuniones con varios promotores y constructores, a los que, según han relatado varios interlocutores a EL MUNDO, proponía tomar un 5% del BBVA con el propósito de controlar la entidad. Aseguraba contar con el apoyo de inversores de Madrid, Barcelona y Valencia, algunos de los socios de su compañía y con el respaldo de parte de la vieja guardia de Neguri que, todavía dolida con su salida de la entidad, respaldaría un núcleo duro. Algunos de los encuentros se produjeron en Valencia, otros en el Palacete Marqués de Salamanca, que había adquirido en el Paseo de la Castellana 56-bis, de Madrid, como sede de su fundación. Según han confirmado varios de estos interlocutores, Bañuelos les repetía a todos el mismo esquema: el objetivo inicial era el 5%, aunque a finales de diciembre barajó la posibilidad de llegar a entre el 10% y el 12%. Para tomar el poder tenían que provocar la salida de FG, para quien proponía una indemnización similar a la percibida por Ángel Corcóstegui como ex consejero delegado del Santander (108 millones de euros), quien dimitió en 2002 por «motivos personales», una decisión que acabó con la guerra entre ex directivos del extinto BCH y el Santander.

En diciembre de 2006, Enrique Bañuelos se dirigió a la Unidad de Gestión de Grandes Inversores del banco, la que mima las relaciones con unos 2.000 accionistas importantes. Informó al director del área, Tomás Blasco, de que él poseía un 1% de las acciones y que podía llegar a aglutinar cerca del 5% entre inversores de su sector. Blasco le agradeció la confianza en la entidad, pero le advirtió que desde la dirección nunca habían apoyado la creación de núcleos duros en el capital, según fuentes del banco.

A la cúpula del BBVA ya habían llegado algunas informaciones inquietantes y trató de comprobar si el presidente de Astroc había logrado aglutinar realmente tanto capital. De entrada, no constaba que él tuviese ese 1% de las acciones, podían ser opciones de compra, tal y como había ocurrido con Sacyr dos años antes, pero no títulos directos. Ni él ni ningún socio individual posee esa cantidad.

Bañuelos admite que un grupo de inversores quiso crear un núcleo duro, pero asegura que ni él tomó la iniciativa ni fue hostil: «Sí, es cierto que se me acercaron varios empresarios para crear un núcleo estable; yo había desayunado en varias ocasiones con Francisco González y me dirigí a Tomás Blasco para comentarle la proposición y para preguntarles si ellos estaban detrás de la operación. Él me dijo: ‘no estamos en eso’».

A principios de enero de este año, el empresario hacía público que controlaba el 5,24% de las acciones del Banco Sabadell, un capital de 544 millones de euros con el que se convertía en el principal accionista. A finales de ese mes se publicaba en la prensa que poseía el 1% del BBVA en futuros sobre acciones y que pretendía hacer oficial su posición en la junta general del banco que debía celebrarse en marzo. Si ejecutaba sus derechos, la inversión superaría los 685 millones.

Enrique Bañuelos, con apenas 40 años, causa impresiones contradictorias en el sector del ladrillo y en las finanzas. La rapidez de sus operaciones, basadas en opciones de compra, apalancamientos, expectativas de crecimiento y el respaldo de socios importantes que han accedido al capital de Astroc, como Amancio Ortega, Carmen Godia, Félix Abánades (Rayet) o Luis Nozaleda (Nozar), y la revalorización imparable de las acciones, que habían pasado de 6,77 euros -mayo- a más de 40 -enero- en apenas ocho meses, atrajeron a los inversores. Pero si algo falla en las actuaciones de Bañuelos es su incontinencia verbal. «Habla demasiado, no para, no deja hablar a los demás, cuando la prudencia y la experiencia de los negocios aconsejan escuchar», comenta uno de los empresarios que todavía comparte inversiones con el presidente de Astroc.

Tanta ha sido su locuacidad, que la hostilidad de sus planes sobre el BBVA llegó a oídos de FG por fuentes ajenas al empresario. No era de extrañar. El 3 de marzo volvió a exponer el plan del núcleo duro ante varios empresarios que se encontraban próximos a él en un multitudinario almuerzo en el hotel Valencia Palace de la capital del Turia. Era la comida anual que ofrece el Banco de Valencia a sus accionistas, la principal reunión del capital de la región, en la que se invita a los mejores clientes. La entidad acababa de celebrar la junta anual de accionistas en Palau de la Música, a escasos 100 metros del hotel. Bañuelos quiso sumar apoyos para el asalto, aunque no los logró. Él asegura que del único núcleo duro del que habló en esa reunión fue de uno en el Banco de Valencia, «me ofrecí por si algún día era necesario, para formar parte de él». Pero entre la incredulidad y la admiración de los presentes, pasó la gorra y lo que sí logró fue el compromiso de entrada de un nuevo accionista en Astroc: un millón de euros se sacó de aquel almuerzo al que asistía como invitado en su calidad de cliente.

Bañuelos estaba crecido. Las acciones ya no cotizaban al máximo histórico de 72,6 euros al que habían llegado una semana antes. Sin embargo, consideraba que los 48,5 euros a los que habían cerrado sus títulos la noche anterior obedecían a una lógica corrección de ajuste. Apenas seis días después, la revista Forbes lo elevaba al olimpo de los más ricos del mundo. Su meteórica fortuna, calculada en 7.700 millones de dólares, le situaba como la tercera persona más rica de España, sólo por detrás de Amancio Ortega y de Rafael del Pino.

Pero las informaciones que llegaban a FG no indicaban que la aproximación fuese amistosa. Ya no estaba dispuesto a seguir con el juego. Había llegado el momento de responder a la ofensiva. Ordenó al responsable de grandes clientes que le trasladase claramente su rechazo. Tomás Blasco telefoneó a Bañuelos y le dijo: «Consideramos que tu propuesta es hostil, desiste ya, no te queremos como accionista», según han confirmado a EL MUNDO fuentes de la entidad.

Bañuelos admite que «llegado un momento, me fueron llegando algunos comentarios de que estaba incomodando a Francisco González, que no era de su agrado». ¿Por qué? «No sé la razón, quizás no le caía simpático personalmente,… a mí me seguía interesando el banco, pero nunca voy con hostilidad, por eso no ejercité mis opciones», afirma el constructor.

El desaire del banco coincidió con sus días más duros. Las acciones de Astroc bajaron del máximo de 72,6 de febrero a la banda de los 40 euros en marzo. En abril, llegó el gran desplome, a finales de mes se situaba en el entorno de los 14 euros del que no se ha recuperado. A partir de ahí, tuvo que ceder parte de su capital a Rayet y Nozar hasta quedarse en minoría dentro del accionariado, con un 32%.

Astroc pide que se desvincule a la empresa de este «asunto personal» de su todavía presidente.