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Olona anunció su deseo de volver a Vox y ocupar un puesto directivo de relevancia como 'portavoz nacional', propuesta que fue rechazada por la cúpula del partido

Macarena Olona rompe con Vox al mes y medio de su retirada asegurando haber sido víctima de ‘dolorosas filtraciones’ de la dirección que rompieron el ambiente ‘familiar’ del partido

HECHOS

El 22 de septiembre de 2022 tras una entrevista de Dña. Macarena Olona en el periódico ABC, Vox notificó que daba por finalizada cualquier relación con la exdiputada.

23 Septiembre 2022

El caso Olona debilita a Vox

EL MUNDO (Director: Joaquín Manso)

EL ENFRENTAMIENTO desatado entre Macarena Olona y la dirección nacional de Vox ha sumido al partido en una importante crisis. No se trata de un asunto baladí. Primero, porque hablamos de la tercera formación con mayor representación en el Congreso, que cuenta con 52 escaños y cuya implantación territorial es clave para el sostenimiento de varios gobiernos de coalición y pactos de legislatura. Y segundo, no menos relevante, porque son los propios errores de Vox los que han desencadenado esta crisis. Tiene su origen en la toma de decisiones equivocadas y, sobre todo, en la falta de responsabilidad para asumirlas: la transparencia en las explicaciones ha brillado por su ausencia.

La primera muestra del desfondamiento del partido fueron las elecciones andaluzas, comicios que destaparon las desavenencias del aparato con Olona. Vox llevó a cabo una operación fallida, encabezada por una candidata «paracaidista» -como la propia Olona se ha definido-. En una campaña excéntrica, exacerbaron un andalucismo folclórico que desconcertó a buena parte de sus votantes y se apoyaron en padrinos de escasa idoneidad, como la líder radical Giorgia Meloni, de los ultraderechistas Hermanos de Italia. Muestra del nivel del fracaso es que, pese a crecer en dos diputados, no lograron lo que buscaban: ser determinantes en el Gobierno de la Junta.

Cierto es que Vox siempre ha apostado por perfiles controvertidos y de riesgo, tan propios de los partidos populistas. Basten como ejemplo los recientes exabruptos del vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, que ha llamado «imbécil» y «presunto delincuente» a Francisco Igea en el Parlamento autonómico. La misma Olona ha asumido un comportamiento errático difícil de comprender: tras los comicios andaluces, decidió dejar el partido abruptamente aduciendo motivos de salud; al cabo de un mes, dejó entrever que quería regresar a Vox.

El punto fuerte de Vox es su capacidad para colocar mensajes en la sociedad. E incluso eso ha descuidado, perdido hoy en su incompetencia para salir del bucle de este conflicto intestino. Porque, aunque Olona lo desmienta, es innegable que ha optado por plantar un pulso de poder a Santiago Abascal, descontenta con la posición que el partido planificó para ella. Ayer acusó a la cúpula de ausencia de «democracia interna» y de anteponer los «egos» al partido. La respuesta fue automática: Iván Espinosa de los Monteros dio por rota la relación de Vox con su ex portavoz en el Congreso.

Ahora es Olona quien debe aclarar sus intenciones. Hoy impartirá en Murcia una conferencia rodeada de simpatizantes de Vox desencantados, un grupo crítico que pretende aglutinar. Si ello se traduce en la puesta en marcha de un proyecto propio, se presume como un problema más para Abascal, que como líder solo ha mostrado insolvencia en este caso, ofreciendo por toda explicación balbuceos indescifrables.

Ante un horizonte en sí mismo complicado para la formación -la irrupción de Feijóo como alternativa a Sánchez puede arrastrar a muchos electores hacia el voto útil del PP-, el caso Olona debilita aún más a Vox.

Abascal ha sido incapaz de ofrecer explicaciones sobre lo ocurrido

24 Septiembre 2022

Olona era esto

Xosé Hermida

Vox prueba su propia medicina ante una dirigente jaleada cuando sus espectáculos incendiaban el Congreso

Cuánto se asombraron algunos en la última campaña electoral andaluza por la puesta en escena de Macarena Olona en los debates televisados. De repente, muchos descubrieron la retórica brutal y la argumentación onírica de la candidata de Vox, capaz de acusar al PP de fomentar la masturbación en las escuelas. Lo más sorprendente era que eso causase sorpresa, después de las performances que la ahora repudiada por su partido llevaba dos años y medio representando en el Congreso de los Diputados. Pero en estos tiempos ya se sabe que cuenta más lo que se dice en los platós de televisión que lo que se hace en la vetusta sede de la soberanía popular.

Desde que asomó por el palacio de las Cortes, la que se definía a sí misma como “diputada togada” —tiene plaza en la Abogacía del Estado— reunió una colección difícilmente igualable de espectáculos presididos por el exabrupto y el desplante. A la presidenta, Meritxell Batet, la comparó con el golpista Tejero y la acusó de “prostituir” la Cámara; a la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, le llamó “fea” y la trató de “Yoli”; sostuvo que los miembros del Ejecutivo son “auténticos delincuentes”; un día se presentó en el hemiciclo ataviada de paramilitar y sus últimas apariciones, ya investida candidata, fueron un continuo show electoral.

Macarena Olona hizo todas esas cosas con el enfervorizado aplauso de la bancada de Vox. Sus jefes le daban palmaditas en la espalda y las voces más autorizadas de la derecha tertuliana le reían las gracias. Un icono del antisanchismo había nacido. Un martillo lanzado como un cohete sobre Andalucía en la seguridad de que no habría objetivo que se le resistiese. Con todo su histriónico bagaje en el Congreso —reproducido y jaleado en las redes sociales de la derechaza valiente—, Olona era, por lo visto, una candidata irresistible, con un gancho popular al que no podían más que sucumbir los andaluces. Pasado por alto el pequeño detalle de que jamás había vivido en Andalucía, su candidatura se presentaba como un éxito garantizado.

Y llegó la campaña y Olona fue… Olona. Se disfrazó de andaluza, se transmutó en modelo de Julio Romero de Torres y soltó barbaridades en los debates. Nada que no se hubiese visto cada semana en el Congreso. Solo que ahora empezaba a suscitar murmullos de desaprobación en la galaxia de la derecha, que subieron hasta el ataque directo cuando las urnas frenaron las desaforadas expectativas de Vox.

Todo lo que vino después ha sido como un descubrimiento mutuo: Vox ha descubierto las maneras de Olona, y Olona ha descubierto que su partido se gobierna con reglas de cuartel militar.

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