25 enero 1984

Miguel Herrero de Miñón elevado a la categoría de Vicepresidente, mientras que Fernando Suárez abandona la dirección

6º Congreso de AP – Manuel Fraga y Jorge Verstrynge reelegidos Presidente y Secretario General sin oposición

Hechos

El VI Congreso de AP reeligió a D. Manuel Fraga Iribarne como Presidente y a D. Jorge Verstrynge Rojas como Secretario General.

Lecturas

El VI Congreso nacional de Alianza Popular se celebra en Barcelona los días 27, 28 y 29 de enero de 1984. (El anterior congreso fue en febrero de 1982).

En él D. Manuel Fraga Iribarne es reelegido presidente del partido y D. Jorge Verstrynge Rojas seguirá como secretario general. La principal polémica se producirá en torno a D. Fernando Suárez González, que propone que los miembros de la ejecutiva sean elegidos por votación de lista abierta en la que entren en la dirección los 40 miembros más votados y así se puede saber qué dirigentes cuentan con más apoyo de los compromisarios. En contra de la propuesta se posicióna D. Jorge Verstrynge Rojas que prefiere que sea la dirección la que elabore la lista cerrada y los compromisarios la voten de manera conjunta. El Sr. Fraga Iribarne acepta mantener la forma del secretario general y D. Fernando Suárez González se retira de la ejecutiva de la que iba a ser vicepresidente.

La dirección queda de la siguiente manera.

  • Presidente – D. Manuel Fraga Iribarne.
  • Vicepresidente 1ro – D. Gerardo Fernández Albor.
  • Vicepresidente 2ro – D. Alfonso Osorio García.
  • Vicepresidente 3ro – D. Miguel Herrero Rodríguez de Miñón.
  • Secretario general – D. Jorge Verstrynge Rojas.
  • Secretario general adjunto – D. Carlos Robles Piquer.
  • Secretario general adjunto 2ª – D. Ángel Sanchís Perales.
  • Coordinadores – D. Rodrigo Rato Figaredo, D. José Ramón Claero Rodríguez, D. José María Aznar López, D. Luis Guillermo Perinat y D. Rogelio Baón.
  • Presidente del Comité Electora- D. Abel Matutes Juan.
  • Secretario del Comité Electoral – D. José Manuel González Pachecho.
  • Presidente del Consejo Político – D. Juan de Arespacochaga.
  • Secretario del Consejo Político – D. Antonio Navarro.
  • Presidente del Comité de Disciplina – D. Arturo García Tizón.
  • Vocales – D. Gabriel Camuñas Solís, D. José Ramón Lasuén Sancho, D. Luis Fernández Fernández-Madrid, D. Francisco Cacharro, D. Manuel Gasset, D. Álvaro Lapuerta Quintero, D. Carlos Ruiz Soto, D. José ManueL Romay Beccaria y D. Juan Antonio Montesinos.

Junto a D. Fernando Suárez pueden sentirse perdedores de este congreso los otros excluidos de la ejecutiva tales como D. Manuel Cantarero del Castillo, D. José Antonio Trillo López-Mancisidor o D. José María Ruiz Gallardón.

EJECUTIVA DE ALIANZA POPULAR

Los delegados arrojaron la siguiente votación: de 2.638 votos emitidos, 2.499 fueron favorables, 112 en blanco y 27 nulos.

MiguelHerrero MIGUEL HERRERO PASA A SER ‘UN PESO PESADO’ DE LA DERECHA

Una de las notas más destacadas de aquel congreso de AP fue el ‘ascenso’ de D. Miguel Herrero Rodríguez de Miñón que pasaba a ocupar una de las Vicepresidencias del partido del que formaba parte desde hacía apenas dos años. El antiguo portavoz parlamentario de UCD pasaba así a ser una de los ‘pesos pesados’ de la formación derechista, con aspiraciones a encabezarla. El propio Sr. Frrga aplaudió aquella designación: «Hemos tenido la gran alegría de comprobar en este congreso el resurgir, o mejor dicho la confirmación, de Miguel Herrero».

FIGURAS POLÍTICAS QUE HAN QUEDADO FUERA DE LA EJECUTIVA DE AP

Fernando_Suarez  D. Fernando Suárez

Los que fueran Vicepresidentes de Alianza Popular en el congreso de 1982, D. Luis Ortiz y D. Fernando Suárez, han quedado fuera de la ejecutiva. En el caso de D. Fernando Suárez se debe a sus propias discrepancias

 D. Guillermo Kirkpatrick

Otro de los grandes apartados es D. Guillermo Kirkpatrick, que tras varios años como Secretario General Adjunto, en este congreso se veía  fuera de la ejecutiva después de una desafortunada intervención parlamentaria en la que acusó al Gobierno del PSOE que, en el Exterior «sólo representaba a la España roja», un término guerracivilista que varios dirigentes de AP (y en particular el Sr. Herrero Rodríguez de Miñón) descalificaron públicamente. También fue criticado por participar en un acto en el Parlamento Europeo con parlamentarios de grupos calificados por el PSOE como ‘de extrema derecha’ como el Frente Nacional francés de Le Pen o Movimiento Social Italiano de Giorgio Almirante.

El siguiente congreso será en febrero de 1986.

30 Enero 1984

El congreso de Alianza Popular

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

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El VI Congreso Nacional de Alianza Popular, que ayer concluyó en Barcelona, no ha deparado ninguna sorpresa a los observadores. La reunión se proponía simplemente mostrar la capacidad organizativa del aparato del partido, crear un clima propicio para las próximas elecciones autonómicas en Cataluña, lanzar la nueva imagen liberal-conservadorade su ideología y confirmar a Manuel Fraga como indiscutible candidato a la presidencia del Gobierno en los futuros comicios legislativos.Desde su creación, a finales de 1976, Alianza Popular ha sufrido notables mutaciones doctrinales y ha pasado por numerosas vicisitudes. Construida en tomo a la vigorosa personalidad de Manuel Fraga, cuya apasionada vocación política le ha permitido cambiar de actitudes a lo largo de 20 años, Alianza Popular es hoy una plataforma para alcanzar el poder en unas elecciones democráticas. El viraje de Alianza Popular hacia la moderación, que en ocasiones descarrila de ese loable propósito a resultas de los arranques de humor de algunos de sus dirigentes, es una consecuencia directa de las abrumadoras pruebas dadas por la sociedad española de su rechazo a los extremismos estridentes y de su alineamiento mayoritario con los valores de la modernidad y las libertades.

La nueva imagen liberal-conservadora de Alianza Popular es más el resultado de un cálculo electoral que de un traba o teórico. No se trata tan sólo, y ni siquiera fundamentalmente, del contraste existente entre el talante autoritario de su líder y los férreos controles organizativos internos del partido, por un lado, y las propuestas doctrinales y los programas políticos, por otro. Sucede que, en su búsqueda del centro perdido (y hallado por los socialistas), Alianza Popular no puede tampoco sacrificar su clientela perteneciente a la derecha autoritaria e incluso a sectores involucionistas. La coexistencia, dentro de los órganos de dirección del partido, de gentes representativas de esas diversas y a veces opuestas mentalidades explica sobradamente las desconfianzas y los recelos que la nueva imagen, en sí misma positiva, de Alianza Popular suscita en la sociedad.

Al menos durante bastante tiempo, la mayoría de los españoles no se sentirán demasiado inclinados a asociar a Alianza, Popular con las libertades, tanto por la presencia en sus filas de antiguos gestores de la dictadura como por la escasa sensibilidad mostrada por sus parlamentarios a la hora de defender los derechos fundamentales. A lo largo de la actual legislatura, los diputados populistas desaprovecharon excelentes oportunidades para enmendar las insuficiencias de los proyectos de ley socialistas en materias como la asistencia letrada al detenido, el derecho de asilo, las reformas del Código Penal y la ley de Enjuiciamiento Criminal y el hábeas corpus, textos todos ellos criticados, por el contrario, como excesivamente permisivos. Tampoco a lo largo del debate sobre la despenalización parcial del aborto, que exigía cuando menos cierta delicadeza moral para comprender las razones del adversario, Alianza Popular mostró haber realizado grandes progresos en el camino de la tolerancia. Su antigua propuesta de reformar la Constitución para restablecer la pena capital ha quedado difuminada, pero no definitivamente excluida. Las propuestas de Alianza Popular en materia de política económica constituyen una variante en jerga tecnocrática del cuento de la lechera. A nadie le pueden salir las cuentas de un programa que se propone, simultáneamente, reducir el déficit y disminuir los impuestos, elevar el empleo y bajar la inflación, incrementar las prestaciones sociales y disminuir el gasto público. En materia autonómica, el diseño de Alianza Popular es uno de los secretos mejor guardados de la política española. El viejo proyecto de reformar el artículo 2 (para abolir el término nacionalidades) y el título VIII (para transformar las autonomías en descentralización administrativa) de la Constitución coexistió con el rechazo de los pactos de 1981 y de la LOAPA y con la campaña superautonomista de las elecciones al Parlamento de Galicia. En política internacional, el atlantismo incondicional de Alianza Popular resulta compatible con algunos reflejos antieuropeos, tal vez procedentes de la época en que Fraga postulaba que España era diferente. Ahora bien, en materia de moral y de buenas costumbres la solidez y la coherencia de los populistas resiste cualquier desafío. El divorcio, la despenalización parcial del aborto, las relaciones prematrimoniales, el adulterio, la homosexualidad, el nudismo, los conciertos de rock duro, la droga blanda y la educación sexual son condenados al infierno.

Aunque en su rumbo hacia el centro el buque insignia de Manuel Fraga sea Alianza Popular, la estrategia de la moderación le exige una coalición electoral más amplia, en la que están ya integrados, como fuerzas auxiliares, el Partido Demócrata Popular (PDP), nacido del sector democristiano de UCD, y una hasta ahora fantasmal Unión Liberal (UL), recientemente reforzada por antiguos militantes del extinto centrismo. Sucede, así, que los mimbres que forman la cesta de Coalición Popular son casi los mismos que compusieron Unión de Centro Democrático, no tanto por sus rótulos ideológicos, cuya mínima significación quedó demostrada en la crisis del centrismo y en la posterior evolución de sus dirigentes, como por el mundo de intereses que cimentan ambas formaciones. Aun sin poner en cuestión el liderazgo de Manuel Fraga, los dirigentes del PDD señalan el carácter meramente electoral de su coalición con Alianza Popular y subrayan que sus propias señas de identidad no se confunden con el conservadurismo de sus socios. Para los democristianos de Óscar Alzaga, así, el acuerdo con Alianza Popular descansa en la existencia de un adversario común y en las ventajas que la actual ley electoral concede a las grandes coaliciones.

En cualquier caso, la búsqueda de la moderación, reflejo de las exigencias electorales creadas por la modernidad y juventud de la sociedad española, es un rasgo inequívocamente positivo de las actuales orientaciones de Alianza Popular. Sin embargo, sólo el ejercicio del poder sería capaz de probar la profundidad y la consistencia de esa nueva actitud.

Memorias de Estío

Miguel Herrero Rodríguez de Miñón

1993

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Pag. 329

En el último momento y cuando ya todo parecía resuelto, Fernando Suárez declinó figurar como vicepresidente del partido si la elección de la Ejecutiva se realizaba mediante candidaturas cerradas, y de hecho, mediante una lista única encabezada por el propio Fraga. Este me ofreció a la vicepresidencia que así quedaba vacante, le rogué lo pensara dos veces y entre tanto, me reuní con el propio Fernando Suárez para convencerlo de que reconsiderase su decisión, lo que, claro está, no hizo. Fue así como llegué a la vicepresidencia del partido en el que pocos meses antes había ingresado.